Serán siempre meta-físicas, más allá de la física, de la fisiología o del cerebro o de la anatomía.

NI LA CONCIENCIA RESIDE EN EL CEREBRO NI EL AMOR HABITA EN EL CORAZÓN

Por Ana Jaramillo*

Cuando una habla de la voluntad, de la ética, de la libertad o el libre arbitrio, o las pasiones, nos acusan desde la supuesta “ciencia” de hablar de metafísica. Quizás, algunos científicos no saben qué es la metafísica.

¿Qué es un pensamiento, sin la pasión, sin la voluntad, sin la fantasía?
¿Qué es una fantasía que no haya sido nutrida de pasión moral, de trabajo
del pensamiento?1
Benedetto Croce

Por Ana Jaramillo

MEGAFON/UNLa

NAC&POP

06/11/2021

Cuando uno habla de la voluntad, de la ética, de la libertad o el libre arbitrio, o las
pasiones, nos acusan desde la supuesta “ciencia” de hablar de metafísica.

Quizás, algunos científicos no saben qué es la metafísica y quienes se enojan tampoco.

Por metafísica entendemos que quiere decir lo que está más allá de la física.

Algunos sostenían en un tiempo, que se denominó así porque eran los libros de Aristóteles que  estaban después de los libros de física.

Si entendemos el conocimiento científico como sostiene Juan Samaja, entre otros,que enseña que la ciencia es un fenómeno socio-cultural y existe una contradicción interna con sus dos requisitos de universalidad o necesariedad así como la exigencia de comprobabilidad, no se puede hablar de que la conciencia está en el cerebro      2

Cuando Giambattista Vico en el siglo XVIII escribió la Ciencia Nueva, sostenía que lo único que podemos saber es lo que hacemos los seres humanos y las demás cosas se las dejaba a la Providencia.

Más tarde se comenzó a distinguir las ciencias humanas y sociales de lo incognoscible, como quien creó el mundo, los planetas o el universo.

Mientras tanto los físicos, químicos y matemáticos avanzaban raudamente en su investigación científica y sus leyes universales y comprobables.

Sin embargo, ambas investigaciones se llaman científicas, las humanas y socialesasí como las llamadas ciencias duras que establecen leyes universales y comprobables.

Como sostiene Samaja, existe un lado oscuro de la razón.

No podemos hacer leyes necesarias, universales y comprobables ni sobre la conciencia, la libertad, el amor, el
miedo, o cualquiera de las pasiones humanas.

Cuando Hegel escribe la Fenomenología del espíritu, o la Ciencia de la experiencia de la conciencia, también pretendía encontrar la posibilidad de hacer una ciencia de la conciencia a través de la experiencia buscando las esencias.

Actualmente, el antropólogo mexicano Roger Bartra, nos habla del exocerebro, que tiene que ver con la libertad o la ética, o el libre albedrío que no están en el cerebro, sino en las historias individuales o sociales como la experiencia, las costumbres, las épocas de la historia, la cultura, etc., que dan por tierra el racionalismo y el
positivismo que desconoce la historicidad en las “ciencias sociales”.

La metafísica no es un conocimiento baladí, sino intentar comprender el alma humana con las diferencias históricas sociales, individuales de acuerdo a las creencias, los pueblos, la moral, las costumbres, etc.

Serán siempre meta-físicas, más allá de la física, de la fisiología o del cerebro o de la anatomía.

Debemos también reconocer los avances de la neurociencia para conocer la fisiología del cerebro, la neurología o la bioquímica, pero estamos convencidos que la conciencia no se genera en el cerebro, que puede existir fisiológicamente en todos los seres humanos con sus variantes, pero allí no reside la conciencia que se va formando de acuerdo a las experiencias individuales, colectivas, nacionales o globales.

Por eso Roger Bartra sostiene que “el problema se complica para quienes quieren abordar el tema de la conciencia solamente desde la neurología, y suponen erróneamente que la introducción de variables exocerebrales es como abrir la puerta a la metafísica.

La red de procesos simbólicos exocerebrales no es un fenómeno metafísico, sino una sólida realidad fincada en la materialidad del mundo, pero que no puede ser reducida a explicaciones bioquímicas y físicas, estudio de la interacción entre redes neuronales y las simbólicas nos enfrenta a una situación más compleja, pero puede facilitar-no complica-el entendimiento delos mecanismos mentales del libre albedrío” 

Cuando vimos la tapa del libro “La conciencia en el cerebro” de Stanislas Dehame, quienes estudiamos filosofía, sociología o ciencias humanas, nos alarmamos ante el positivismo ahistórico que pretende hacer leyes físicas de la condición humana, cuando precisamente es la conciencia moral social la responsable de modificar las leyes
jurídicas con el transcurrir de la historia para acoplar las leyes jurídicas a la modificación de la moral social general.

Si no fuera así, la esclavitud sería legal como en la democracia griega y la conciencia no se rebelaría.

Las democracias tampoco son las mismas que en la Grecia antigua y tampoco son las mismas encada país con su cultura.

Si etimológicamente la “conciencia” deriva del “conocimiento compartido”, para nosotros, la formación de la conciencia no es un proceso físico neuronal, sino un proceso histórico y por lo tanto sociocultural, situado en una época y en un lugar.

Cada pueblo tiene sus creencias, sus costumbres, su conciencia social de acuerdo a su propia historia como también existe la conciencia individual de acuerdo a su propia experiencia personal e histórica, o colectiva cuando sienten o creen que algo está contra su moral, contra su criterio del bien y del mal, como podríamos citar muchos colectivos que luchan contra el cambio climático, la ecología, el feminismo, todos surgidos de la
conciencia moral social general.

No es lo que planteaba el solipsismo cartesiano, que comprobaba su existencia a partir de su pensamiento.

Siempre será un conocimiento compartido.

La metafísica no es lo que algunos creen que es, como si fuera un devaneo estéril, problemas filosóficos banales o el propio psicoanálisis.

No sabremos quién creó el universo, pero sí sabemos quienes hacen y transforman la realidad social, más allá de quienes crean en la racionalidad y eficiencia como paradigma hegemónico, siempre existirán las pasiones inexplicables por la razón.

La conciencia entonces, implica un conocimiento compartido que es también una relación con otros u otro,u otra.

Será un proceso histórico que desarrolla, junto con otros, nuevos sentidos y criterios de lo que está bien o mal.

Por eso, quizás Bartra concluye su libro Cerebro y Libertad, sosteniendo que “la conciencia, entendida como un impulso que permite a las personas darse cuenta de su yo, forma parte de un circuito que no se aloja solamente en el cerebro… no podemos aceptar la idea de que hay un módulo moral en el sistema nervioso central capaz de determinar las decisiones éticas de los individuos…la libertad se basa en la presencia de prótesis culturales artificiales ( el lenguaje en primer lugar) que suplen funciones que el cerebro no puede realizar por medios exclusivamente biológicos”.

No podemos aceptar que la cultura sea una “prótesis artificial del cerebro”, ya que la cultura como el lenguaje, es el producto de la creencia y creatividad del ser humano, es el producto de la imaginación humana que tampoco es físico- química, de las nuevas demandas de la sociedad, que toman su tiempo a través de la accióny lucha colectiva, como ahora es el lenguaje inclusivo con la irrupción de los derechos de las mujeres.

LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA

Para el diccionario etimológico, la conciencia significa conocimiento compartido, que surgiría del latín conscientia , cum scientia, con conocimiento.

Significa también para el diccionario etimológico de Chile, ser consciente del bien y del mal,partícipe de un
conocimiento que comparte con otro.

La Real Academia Española también sostiene que la consciencia, “es el conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios”.

Más allá de la etimología, creemos que no se llega a la conciencia a través del solipsismo cartesiano famoso por su apotegma “pienso luego existo”.

Para tener consciencia, sea individual, social o nacional debe compartirse con la otredad, con el otro algún conocimiento, por eso es un proceso constituyente.

Sostenemos el inverso, “existo, luego pienso” y cuando existimos es siempre con otros, en el mundo, en un lugar y tiempo por lo cual, la moral social cambia también.

Incluso Hegel quería o pretendía hacer una ciencia universal del espíritu a través de la fenomenología, y de la dialéctica del amo y el esclavo a través de la cual, finalmente el esclavo tomaría conciencia y se liberaría.

Sin embargo, y a pesar de la dialéctica de su Espíritu absoluto termina identificando el Espíritu Absoluto con el Espíritu Objetivo del Estado Prusiano.

La otredad, la alteridad se va cambiando con la historia en cada pueblo, en cada etapa, y la consciencia también cambia, ya que compartimos entre nosotros otros conocimientos y a su vez modificamos nuestra concepción de lo que está bien o está mal.

Está efectivamente más allá de la física, más allá de la neurología que puede ser idéntica entre dos cerebros, pero sus experiencias, sus relaciones con el otro o lo otro que comparte, modifican la conciencia.

También sabemos que la conciencia no es lo mismo que la autoconciencia, que se refiere también a relacionarse consigo mismo, es ser conscientes de uno mismo a través de su relación con los otros.

Más allá de nuestras creencias “metafísicas” o las de los “neurocientíficos”, seguramente seguirán los dichos populares ante quien no es consciente del bien o del mal, que es un “descerebrado” o quien no tiene piedad, seguirá siendo una persona “sin corazón”, cuando no compartimos conocimientos o tenemos una idea del bien y del mal diferente.

Pero seguramente todos tienen cerebro y corazón físicamente.

Para los que tienen problemas físicos son importantes los neurólogos y sus investigaciones físico químicas
con sus intervenciones quirúrgicas y sus medicamentos que suelen mitigar sus dolencias.

Lo que no pueden remediar son los dolores del alma, aunque digan peyorativamente que es metafísica.

Nos seguiremos preguntando cómo se genera la pasión, la fantasía, la esperanza, la voluntad, la desilusión, la melancolía, el libre arbitrio, entre tantas pasiones que se pueden describir más a través de la poesía y el arte que por cualquier experimento físico químico.

Ya sabemos que el presocrático Demócrito, que era filósofo y matemático alrededor de 400 años antes de Cristo, cortaba gatos para ver dónde estaba la bilisnegra o melaina chole o atra bilis.

De allí había surgido el nombre de la melancolía en griego antiguo.

Mientras algunos creían que estaba loco, es considerado por algunos como el padre de la física o de la ciencia moderna.

Desde la física o la metafísica, seguiremos investigando el poder.

Porque aprendimos con «La formación de la conciencia nacional», de Hernández Arregui, que no somos lo mismo que los que creen en la avaricia y los individualistas, que no les importa que haya hambre en un país que produce alimentos, que no reparen en la injusticia social y siguen humillando y ofendiendo al pueblo trabajador

Podrán decir que los cerebros humanos y los corazones son los mismos, pero no son las mismas conciencias que viven con otros, la solidaridad, la benevolencia, la pasión por la justicia social, y el destino de la nación ante quienes no les importa el destino del país, ni la injusta realidad y que les da lo mismo vivir en un país u otro, una cultura u otra.

AJ/

NAC&POP: Ana Jaramillo es doctora en Sociología y rectora de la Universidad Nacional de Lanús. Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctorada en igual disciplina por la Universidad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Obtuvo también la maestría en Sociología en Flacso -México- revalidada por la UBA. es autora del libro «El enigmático suicidio»  presentado como tesis doctoral en la UNAM y la continuación de la primera investigación en el libro «Fueye y melancolía». Consultora de la Organización Internacional del Trabajo en México y Perú y autora de numerosas publicaciones en México, Italia, Japón, Perú y Argentina. Desde 2003 es Miembro del Comité asesor para la Paz creada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y Miembro del Consejo Académico del Instituto Provincial de la Administración Pública dependiente de la Subsecretaría de la Gestión Pública de la Provincia de Buenos Aires (2004). MG/N&P/

NOTAS:

  • 1 Croce, Benedetto: El carácter de la filosofía moderna, IMÁN., Bs.As, 1959
  • 2 Samaja, Juan: El lado oscuro de la razón, JVE, Bs.As, Argentina
  • 3 Bartra, Roger: Cerebro y libertad, FCE, México 2013