Lo que va de Halloween al Día de la Tradición

LA CULTURA DEL MAL

Por Carlos Caramello

Una sencilla, pero no por ello menos indignada reflexión sobre cómo la penetración cultural, atravesadas todas las napas de la sociedad tilinga, avanza denodadamente sobre los sectores menos pudientes que, aunque castigados, abrazan la religión del consumismo cipayo!

 

 

Por Carlos Caramello

Agencia Télam

03-11-2021

Fotograma revelador de una película superficial -casi vacua-, la celebración (si debe llamarse de alguna manera) de la Noche de Brujas en la Argentina deja ese regusto a que, probablemente allí, se encuentre el germen de tanta desazón y tanto desconcierto.

La necesidad cuasi enfermiza del ejercicio sin escalas de la gran tilinguería nacional ha excedido, largamente, a los recoletos sectores de las clases más pudientes y permea en una población “medio pelística” con necesidades básicas menos que satisfechas pero con deseos consumistas rayanos a la adicción.

De los barrios paquetes, los country y los enclaves para-aristocráticos, por acción y omisión de los medios masivos la cosa derrama hacia la periferia: barriadas populares que alguna vez persiguieron el paradigma de la felicidad, pero ahora acechan desesperadamente el instante fugaz de la satisfacción.

Pero ¡ojo!, eso sí: con debate. ¡Porque tan importante como la impostura es el reivindicarla! Si hay que discutir, discutamos naderías. Defendamos con compromiso militante la sobreactuación.

Asumamos felices esa pedagogía de contrabando que nos legaron como un mandato y vivamos este “cipayismo” módico de calabazas iluminadas con una vela marca ranchera en su interior, pero todo con el orgullo de la globalidad y la transculturalidad.

¡Bullshit! El término me gana porque no soy ajeno. Y porque hay expresiones que pierden su fuerza si se hace una traducción literal de la misma. ¡Mierda! No tiene ni la sonoridad ni la fatuidad imprescindibles para representar ese sentimiento que mezcla la rabia, el desencanto y, por qué no, cierto embelesamiento por una cuestión que avanza como el desborde de un río de montaña: arrasando con todo, lo mejor y lo peor del ser nacional.

“¿Que es entonces la Argentina? ¿Una masa que aun no se hace torta? ¿Algo todavía informe? ¿O bien el grito de protesta contra la mecanización del espíritu, la inteligencia demasiado inteligente, la belleza demasiado bella, la moral demasiado moral?

Bajo ese clima y en esa constelación de fuerzas, una protesta podría nacer, real y creativa, contra Europa si… si lo blando encontrara la manera de ser duro… si lo indefinido pudiera transformarse en programa, es decir, en definición”, reflexionaba hace ya más de medio siglo Witold Gombrowicz, novelista, dramaturgo y pensador polaco a quien, la Segunda Guerra Mundial dejó varado en estas playas por 24 años.

He aquí una definición posible, maestro: jóvenes más o menos famosas, más o menos mediáticas, voluntariamente sometidas a una sesión de 5 horas de maquillaje artístico para ir disfrazadas de Maléfica a la fiesta en la que se cruzarán con otras más humildes (pero no por ello menos aspirantes) que, con un atavío de bruja muy escotado y ceñido, intentarán colar en la foto.

Intelectualitos de redes sociales que pocos días antes defendían con solemnidad propia y argumento de prestado la pelea de la Nación Mapuche y ahora, con ademán displicente, giran despectivamente la muñeca para descerrajarte: “Bueno, che. Hay que dejar que la gente sea feliz. Vos pensá lo que quieras”.

¡Ahhhh pero, muchas gracias! Gracias por dejarme pensar. Yo sé que, en no mucho tiempo más, ya no vas a ser tan generoso con mi libre albedrío. Pero esa permisividad, ese altruismo de hoy me conmueve. Como me conmueven las razones con las que intervenís en el debate: “Si no querés festejar hoy Halloween, entonces tampoco festejes Navidá” (y lo dicen así, con acento en la “a” final porque la “d” va para el desuso).

Ayyyy Discepolín… Jesús y Jack- O´-Lanterns; La Biblia y La Fiesta Pagana: “lo mismo un burro que un gran profesor” … Milanesa empanada con aserrín porque así tiene menos gluten (aunque sepa a corcho). Argumentos bajas calorías. Guisos de tofu. Épica de horchata.

“Ahí está la madre de Dorrego”, sentenciaría Carlitos Balá, no sin razón. Porque probablemente allí se esconda, a la vez que se expande, el extravagante perfil de un país cuasi periférico que, sin embargo, figura tercero en el podio de las naciones con más cuentas off shore. Por esa hendija filtra la colonización cultural de la que todos tienen opinión, pero pocos razones. Allí se agazapa, con obsesión cromática, el verde dólar.

Por eso, como para cerrar la discusión, se pone el eje en esa trampa semántica que hace que las palabras “tradición” y “traición” reconozcan una misma raíz etimológica: el latín “traditio” (trasmisión, entrega).

Pero, mientras la primera refiere a la trasmisión de valores de una generación a otra, la segunda describe la entrega de algo o alguien al bando enemigo.

Es precisamente en ese instante cuando, sin dar crédito a lo que escuchan, abren los ojos como el dos de oros, suben una media sonrisa socarrona, te miran de arriba abajo como si hubieses ido a recibir el premio Nobel vestido de gaucho y, casi como sobrando el talle, te espetan: “Pero no seas anacrónico… ¿qué querés, bailar el pericón?” Y … sí. Amén. Telón.