Es mejor ganar, pero si se pierde, es mejor aprender, que se hizo mal,

SOBRE LAS ELECCIONES DEL 14 DE NOVIEMBRE

Por Pascual García

A propósito de las próximas elecciones se a entrado en un estado de ansiedad y desazón ante la posibilidad de un triunfo de la derecha por desconocimiento de los sectores populares del mecanismo que rige el desarrollo social.

Por Pascual García

NAC&POP

30/10/2021

Esto es producto del desconocimiento, por los sectores populares del mecanismo que rige el desarrollo social.

Claro que es mejor ganar, pero si se pierde es mejor aprender.

Que se hizo mal, porque una vez en el gobierno no se supo o no se pudo gestionar el manejo del cuerpo social.

Para ejemplificar mejor los hechos, transcribo algunos conceptos de Nicolas Lenin emitidos en el folleto «Las elecciones a la Asamblea Constituyente y el Poder Sovietico, del año 1919.»

Dice Lenín:

“El proletariado puede conquistar el poder estatal, puede implantar el régimen soviético, puede satisfacer económicamente a la mayoría de los trabajadores a costa de los explotadores.

¿Es suficiente todo esto para alcanzar el triunfo total y definitivo?

No.

Sólo los ilusos demócratas pequeñoburgueses y sus principales representantes de hoy día los «socialistas» y los «socialdemócratas» pueden imaginarse que, bajo el capitalismo, las masas trabajadoras están en condiciones de adquirir la conciencia, la firmeza de carácter, la sagacidad y la amplia visión política necesarias para tener la posibilidad, sin pasar por una larga experiencia de lucha, de decidir por simple votación, o en general de decidir de antemano, por cualquier procedimiento, cuál es la clase o el partido que han de seguir.

Eso es una ilusión.

El capitalismo dejaría de ser capitalismo si, de una parte, no condenase a las masas a un estado de embrutecimiento, agobio, terror, dispersión (en el campo) e ignorancia, y si, de otra parte, no pusiese en manos de la burguesía un gigantesco aparato de mentiras y engaños para embaucar en masa a los obreros y campesinos, para embrutecerlos, etc.

Por eso, sólo el proletariado es capaz de sacar a los trabajadores del capitalismo y conducirlos al comunismo.

No cabe ni pensar que las masas trabajadoras pequeñoburguesas o semipequeñoburguesas puedan decidir de antemano el complicadísimo problema político que plantea el dilema: «con la clase obrera o con la burguesía».

Son inevitables las vacilaciones de las capas trabajadoras no proletarias, es inevitable que estas capas adquieran la experiencia práctica que les permita comparar la dirección de la burguesía y la dirección del proletariado.

Esta circunstancia es la que constantemente pierden de vista los devotos de la «democracia
consecuente», quienes se imaginan que con votaciones se pueden resolver los problemas políticos más importantes.

En realidad, estos problemas, si se trata de problemas agudos y exacerbados por la lucha, los resuelve la guerra civil, en la que desempeña un papel enorme la experiencia de las masas trabajadoras no proletarias (los campesinos en primer término), la experiencia de comparar, de confrontar el poder del proletariado con el poder de
la burguesía.

Las vacilaciones de la población pequeñoburguesa se manifiestan con particular nitidez en las zonas donde es menor la influencia del proletariado: primero, a favor de los bolcheviques, cuando éstos dieron la tierra y cuando los soldados desmovilizados llevaron la noticia de la paz.

Después, contra los bolcheviques, cuando éstos, en aras del desarrollo internacional de la revolución y del mantenimiento de su foco en Rusia, aceptaron la paz de Brest e «hirieron» los más profundos sentimientos pequeñoburgueses, los sentimientos patrióticos.

La dictadura del proletariado no fue del agrado de los campesinos, principalmente en aquellas zonas donde había más excedentes de cereales, cuando los bolcheviques demostraron que exigirían rigurosa e imperiosamente que esos excedentes fueran entregados al Estado a precios fijos.

Los campesinos de los Urales, Siberia y Ucrania se volvieron hacia “la derecha”

Comienza un nuevo viraje hacia el bolchevismo.

Los campesinos acogen a las tropas rojas como a sus liberadores.

Los partidarios de la democracia «consecuente» no han meditado en la significación de este hecho histórico.

Lo mismo que antes, siguen arrullándose con el cuento infantil de que, bajo el capitalismo, el proletariado puede «convencer» a la mayoría de los trabajadores y atraérselos firmemente a su lado mediante votaciones.

Pero la realidad nos demuestra que únicamente después de una lucha larga y encarnizada es cuando la dura experiencia sufrida por la vacilante pequeña burguesía la lleva a la conclusión, una vez comparada la dictadura del proletariado con la dictadura de los capitalistas, de que aquélla es mejor que ésta.

Las raíces económicas de estas vacilaciones han sido puestas de manifiesto con toda evidencia por la ciencia económica, cuyos postulados han sido repetidos millones de veces en los periódicos, en las proclamas y en los folletos de los socialistas de la II Internacional.

Pero la gente no sabe aplicar esos postulados a la época peculiar de la dictadura del proletariado, y suplanta la lucha de clases por prejuicios e ilusiones democrático-pequeñoburgueses (acerca de la «igualdad» de las clases, la democracia «consecuente» o «pura», la solución de los grandes problemas históricos mediante votaciones, etc.).

No quiere comprender que el proletariado, al conquistar el poder estatal, no interrumpe su lucha de clase, sino que la continúa en otra forma y con otros procedimientos.

La dictadura del proletariado es la lucha de clase del proletariado a la cual sirve de instrumento el poder estatal y una de cuyas tareas es demostrar a las masas trabajadoras no proletarias, mediante una larga experiencia, a través de una larga serie de ejemplos prácticos, que para ellas es más beneficioso apoyar la dictadura del proletariado que la dictadura de la burguesía, y que fuera de eso no puede haber ninguna otra solución”.