El "virrey"Stanley calificó al congelamiento de precios de "bomba de tiempo" y recomendó acordar con el FMI

SE VIENE EL VIRREY «STANLEY» PATEANDO PUERTAS

Por Ignacio Lizaso*

Una de las vertientes del fraude que caracterizó a las elecciones hasta 1946 consistía en dar vida al milagro de que a miles de ciudadanos muertos se les cumpliera el sueño de una resurrección, fugaz, pero suficiente.

Marc Stanley y Joe Biden

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

31/10/2021

Una de las vertientes del fraude que caracterizó a las elecciones hasta 1946 consistía en dar vida al milagro de que a miles de ciudadanos muertos se les cumpliera el sueño de una resurrección, fugaz, pero suficiente.para permitirles votar sin moverse de Recoleta, Chacarita o La Tablada.

A pocos días de los comicios legislativos la alianza opositora muestra las caras de Juntos, pero está sostenida por el bloque judicial, el grupo Clarín y sus infinitos tentáculos, La Nación refundada por Bartolomé Macri y las más poderosas corporaciones, fogoneados todos – hasta ayer con control remoto – por el nuevo embajador yanqui, Marc Stanley.

Rigurosamente escogida por la conducción de esta alianza se integró una elite de difuntos, mezclados con algún lobbista, que ya forman cola frente a la puerta del Colegio Cardenal Newman, donde se ha logrado que figuren en los padrones.

Mientras aguardan al 14 de noviembre en los ratos libres participan en programas de tevé y radio expresando su fervoroso rechazo al plan de congelamiento de precios, la desigual pulseada por la deuda con el FMI o la amenaza de la insurrección mapuche.

Si bien se impide todo intento de tomar fotos que testimonien el fenómeno, vendedores ambulantes han podido identificar en primera fila a Domingo Cavallo, Diego Guelar, Susana Malcorra y Alejandro Werner, entre otros fósiles.

Según un vendedor de pochoclo, debilidad de Cavallo, que consume un kilo diario, impresiona el olor a formol que emana de la presencia del emperador de la convertibilidad, consecuencia de los años que pasó sumergido en un frasco gigante.

Al cabo de períodos de silencio de diverso alcance, natural en su carácter de extintos de la vida pública, curiosamente los cuatro han recuperado el habla en forma casi simultánea.

Después de la mortandad registrada entre los cautivos en el ghetto monetario llamado corralito, en 2005 Cavallo aspiró a ser candidato a diputado porteño, pero las encuestas lo disuadieron.

Bajo la mira y en 2013 se presentó como postulante a diputado en Córdoba y mereció el modesto 1 % de los votos. Fue cuando inició el tratamiento de buceo en el frasco de formol.

Ahora resulta que es consejero del inefable Javier Mileikovsky, que durante los diálogos instructivos blinda su nariz con una máscara antigás.

«Esto termina en hiperinflación», pronostica Mingo, que hace 3 años se atrevió a aconsejar secretamente a Macri que llevara a dólares los contratos laborales y las jubilaciones.

«Fui montonero y por lo tanto delincuente», dijo en confesión gratuita Diego Guelar sobre su militancia juvenil.

Y agregó: «los montoneros querían instalar el terrorismo de estado».

Ya sin el riesgo de pisar terreno minado desarrolló una exitosa carrera política.

Arrancó como diputado justicialista y llegó a ser embajador en Estados Unidos (nombrado por Carlos Menem) y en China (administración Macri).

Con su hermano Guido y la colaboración de Fernando de la Rúa fundaron el Banco del Oeste, entidad que en 1983 ofrecía intereses «superlativamente irreales», pero con documentación en negro.

La fábula estalló para derrumbe de una serie de pequeños y medianos empresarios que resultaron estafados en 100 millones de dólares.

La carátula del expediente podría ser quiebra, fuga y desaparición.

Cubierto Diego por sus fueros parlamentarios, sobre su hermano La Nación tituló con osadía no habitual: «¿dónde está Guido Guelar?».

Interrogante sin respuesta, se comentó que había sido visto en Miami y también a una cuadra del Obelisco.

Lo cierto es que nunca más se supo de su paradero.

Enganchado en la corriente macrista, en 2004 Diego fue nombrado asesor de relaciones internacionales del Pro.

Coherente con esos arrimes hace un par de años se lo vinculó con el negociado de los parques eólicos, un pase de manos entre la empresa española Isolux y la china Goldwin, con un beneficio de casi 70 millones de dólares para el holding de los Macri (y propinas para los futbolistas Carlos Tévez y Guillermo Barros Schelotto).

En diciembre de 2020, en medio de las investigaciones sobre Vicentín y la actitud complaciente del Banco Nación y su titular Javier González Fraga, responsable del otorgamiento irregular de préstamos, con un perjuicio de 18.500 millones de pesos para el banco, la nueva dirigencia de las huestes de Vicentín incorporó como asesor a Diego Guelar.

En agosto pasado el hombre, como bate el tango, rompió el silencio: «este gobierno está terminado», sentenció.

Llama la la atención que Molinos Río de la Plata, una de las corporaciones que rechazan con mayor firmeza toda propuesta oficial, en particular el congelamiento de precios, haya designado en un cargo directivo a Susana Malcorra, personaje que ha tenido mucho más predicamento en el plano internacional que entre nosotros.

La gordita, rubicunda señora prestó servicios en la ONU, donde incurrió en ocultamiento de denuncias por abusos sexuales de efectivos de Cascos Azules a menores de edad de Guinea, África.

Como gerente de Telecom en plena crisis de 2001 ordenó la rebaja de sueldos del personal y envió más de 400 telegramas de despido, frenados por la reacción sindical.

Con pretensiones fomentadas por Macri de aspirar a la secretaría general de la ONU, madame Malcorra desvió fondos de la Nación – se calcula que 1 millón de pesos – para la campaña a favor de su candidatura.

¿Macri la autorizó a disponer de ese dinerillo o se cortó sola, como insinúa que hicieron Gustavo Arribas y Silvia Majdalani en las faenas de espionaje?

La autoayuda de Malcorra se sancionó como peculado de servicios y malversación de caudales públicos.

Las denuncias más graves acaso fueron las formuladas por Jorge Taiana.

Como Canciller la consideró responsable de suscribir un acuerdo con Gran Bretaña en el que queda relegado el tema de la soberanía de la Malvinas y se franquea la puerta a los ingleses a la explotación hidrocarburífera en el Atlántico Sur.

Entonces titular del Parlasur, Taiana denunció, además, que ante su reclamo por la arbitraria detención de Milagro Sala, miembro de esa asamblea, Malcorra lo desestimó argumentando que la Cancillería, a su cargo, no tenía injerencia en la situación de Milagro, creada por Gerardo Morales con espíritu mengeliano.

Para desligarse de su mentor Macri, enmerdado en el envío de armas y gendarmes, declaró que en Bolivia se había producido un golpe de estado.

Respecto a los cuatro años de gestión opinó que había sido un error de Macri manejar el país como si fuese una empresa.

Refiriéndose a la postpandemia Malcorra fue contundente en la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI): «la clase media baja ha vuelto a ser pobre, y la media media está lindando con la pobreza, hay que construir proyectos de inclusión», dijo.

El congelamiento de precios tiende a constituirse en un factor inclusivo.

Esta Malcorra es la última adquisición de Molinos, enemiga a ultranza de ese plan..

Alejandro Werner es un argentino extrañamente hijo de Lito Werner, íntimo colaborador de José Ber Gelbard, el notable economista del peronismo.

Su padre se exilió en México y Alejandro adoptó esa como su segunda nacionalidad.

Fue subsecretario de hacienda (2006-2010) del país de Emiliano Zapata y Juan Rulfo.

En 2007 una de esas fundaciones que subvenciona la CIA lo consagró entre los jóvenes brillantes ubicándolo en lista de espera para ocupar cargos relevantes en el aparato continental.

Entre los argentinos la Fundación Eisenhower distinguió en esa línea a Esteban Bullrich, Laura Alonso y Hugo Alconada Mon.

Cartón lleno.

Posteriormente Werner dictó cursos en Yale y Massachusetts.

Estaba a punto para jugar en primera.

Y entró en el FMI.

Se lo considera el último responsable, detrás de Christine Lagarde, David Lipton y Roberto Cardarelli, del préstamo con el que Macri enterró al país por cien años.

Werner fue despedido en abril pasado.

Se ignora si cobró indemnización.

«Lideró el área regional en momentos desafiantes y la deja en forma para que continúe respaldando a nuestros países», se lee en el certificado del Fondo, tibia recomendación para futuros conchabos. (Mete terror eso de continuar respaldando… Cuídense porque anda suelto, dice Discepolín).

Werner es otro ex alto funcionario que se refugió en prudente silencio.

Hasta que de pronto sintió bruscos, irrefrenables deseos de expresarse.

«Argentina no va a pagar.

A lo sumo el acuerdo será un parche que no puede durar más de cuatro meses», acaba de vociferar.

Un observador anónimo de los tantos que aportan inquietudes como oyentes radiales deslizó una duda desopilante: ¿los Alejandro Werner y Lerner no serán una sola persona?

Y basó su teoría: Lerner es autor de una canción con una letra que cabe asociar con el mensaje destituyente del ex FMI.

«Se busca presidente que no venga a trabajar», escribió Lerner, y a nadie se le escapa que hay un sólo candidato que satisface con creces semejante atributo.

Por si no alcanzara con esa prueba Lerner ha compuesto otro tema con un título ideal para ser coreado en la campaña: «Juntos para siempre».

Quizás con alusión a estos textos, que Werner con W hubiera firmado sin ruborizarse, Lerner con L se atajó: «no ser oficialista no significa ser golpista».

La noche del jueves 28 en su discurso sobre la irresponsabilidad de los grandes capitales frente a la dramática realidad de amplios sectores de la población mundial Joe Biden procuraba dar la impresión de haber escuchado los recientes mensajes del papa Francisco.

Al rato la voz de Stanley, fijando instrucciones al gobierno en materia económica y geopolítica, sonaba con el acento de la del obispo Lue durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810.

Un solo español, un solo embajador – aún antes de asumir, sentado en el bidet de su casa – se bastan para perpetuar la dominación virreinal.

Uno y otro discurso tornan a exhibir una contradicción: los lineamientos de la política casera yanqui y la que adopta en el orden internacional suelen no exhibir estrecha relación con la que establece respecto a Argentina y buena parte del continente latinoamericano, vulgo el patio trasero.

De ahí la distancia que separa la palabra de Biden, disfrazado de humanista, del aullido de Stanley, un lobo haciendo lobby.

En medio de la campaña por el contención de precios, boicoteada a cara de perro por la oposición, desde Washington y sin haber pisado nuestra tierra, Stanley calificó al congelamiento de «bomba de tiempo» y recomendó acordar con el FMI a través de un plan de ajuste de gastos sociales y miseria popular, apartarse de China y franelear con EE.UU. votando contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, a pesar de los aparentes acercamientos de Biden con La Habana.

Ha sido absoluta la sujeción de la política socioeconómica de los gobiernos de derecha en la década infame y el neoliberal de los 90 a la presión de las grandes corporaciones locales y extranjeras, la yunta mediático-judicial y las embajadas inglesa y yanqui.

Desde 1932 hasta 1943 el imperio del grupo Bemberg no anduvo con vueltas: logró que Federico Pinedo y Pedro Groppo se alternaran prolijamente como ministros de Hacienda de Agustín Justo, Roberto Ortiz y Ramón Castillo. Otto Sebastián Bemberg fue un adelantado de la trayectoria del acusado de insanía y probado extorsionador Franco Macri.

En actitud similar a la de los Bemberg, en 1989 Carlos Menem pisoteó sus promesas preelectorales y puso al frente de Economía a Miguel Ángel Roigt, capo de Bunge&Born.

Cinco días más tarde murió Roigt, sin titubear el caudillo riojano lo reemplazó con Néstor Rapanelli, heredero en B&B del extinto.

José Alfredo Martínez de Hoz y Cavallo no tuvieron obstáculos en cumplir con los mandamientos de sus superiores.

Y después de la plena recuperación obrada por Néstor y CFK el país cayó en las garras de Toto Caputo, Prat Gay, Baldío Dujovne, Aranguren con el logo de Shell tatuado en el pecho.

La banda de Ceos al ataque.

La exhumación de Cavallo, el ingreso de Guelar a Vicentín y de Malcorra a Molinos, y la dureza con que Werner aprecia el acuerdo con el FMI indica que quienes confían en los enjuagues bendecidos por la embajada yanqui no han perdido la fe en semejante padrino.

Se ignora el cachet que pagó Macri durante su mandato para ser invitado a un diálogo con Bill Clinton en la fundación oval del ex presidente.

Tampoco se sabe cuánto le tocó oblar a Horacio Rodríguez Larreta por las fotos tomadas en un almuerzo compartido con el mismo Bill.

La bendición, tata… Cómo no, m´hijo.

Prácticamente todos los políticos que pasan por la Casa Blanca suelen entregarse a la patriótica, lucrativa misión de hacer lobby por las corporaciones amigas o abrazarse con políticos de segunda clase.

Al margen, claro, de los 400.000 dólares anuales que les asigna el Estado como retiro.

Ronald Reagan, Jimmy Carter, los Bush, Clinton y un Harry Kissinger tan poderoso como el más presidente han practicado tan viril deporte.

Guardando las distancias de rigor, en el campo local están disponibles los ceos de cabotaje, como Guelar y la Malcorra, y resta tirarse un lance con los parches de Werner.

Habrá que observar a qué dirección apuntan las aspas del molino.

Y estar atentos a la misa inaugural (y el sermón, por cierto) del obispo Lue.

Se nos presenta una foto de La Nación, se ve a la Bullrich arrodillada, los labios entreabiertos, tragando la hostia sagrada.

IL/