En la época del "colo" andábamos perseguidos y proscriptos en la Justicia Social y la Liberación Nacional.

¡HASTA SIEMPRE, COLORADO MAURICIO RUTINELLI!

Por Antonio Coria (FOTO)

En los tiempos jodidos de Onganía, el Colorado se hizo un lugar en la CGT. de los Argentinos de Punta Alta, y ahí anduvo, con Colubri, el Viejo Valessi, el Negro Facchini…

Gentileza de Cris Bidegain crisbi@fibertel.com.ar

 

¡HASTA SIEMPRE, COLORADO MAURICIO RUTINELLI!

 

Por Antonio El Negro Coria.

 NAC&POP

03/11/2009

Pese a que quienes hoy, convertidos en burócratas de la política, de su mismo palo, no le dieron bola a sus esperanzas particulares (reincorporación al trabajo de empleado bancario que le robaron los tiranos y la desgracia menemista; alguna pensión; algo que le ayudara a acomodar su vida familiar centrada en sus hijos, a los que, si bien ya mayores, no dejaba de ponerles el ojo y la palabra encima, con santa pachorra y también a veces con alguna bronca que descargaba en conversaciones con sus amigos).

El Colo no dejaba de pensar – como cuando desde los grupos que alimentaba nuestro querido cura de todos Coco Segovia (impactado testigo del Concilio Ecuménico que convocara el cura Roncalli, Juan XXIII) había empezado a modelar sus ideas de Revolución.

Esta, por ahora, para el Colo pibe,  no era más que armar algunos alborotos en el secundario, algunos reclamos por el transporte a Bahía o reuniones-conferencias en el Scalabrini Ortiz de Punta Alta y puteadas a los milicos en cualquier partido de fútbol que fuera.

Simpatizante enfervorizado que acaba de perder Sporting, era Mauricio, porque

 Era de los de la segunda hornada de la generación que nos sucedió a los que desde el ’55 veníamos dale que dale en la Resistencia.

Cuando nos encontramos en la calle (tiempos jodidos de Onganía), el Colorado – como la mayoría de los pibes de su edad – se hizo un lugar en la C.G.T. de los Argentinos de nuestro pueblo (su amada Punta Alta, a la que le metió de todo desde el lugar que la comunidad requiriera sus ideas, algunas veces medio locas.

Como comerciante, afiliado Justicialista, últimamente taxista (que si bien le permitía comer creo que mucho no le resultaba porque había varios a quienes no nos cobraba ni la nafta).

¡Para qué mierda somos amigos! me dijo más de una vez al llevarme a Bahía.

Ahí anduvo, junto a los trabajadores, él mismo un trabajador más, con Victorio Colubri, el Viejo Valessi, el Negro Everardo Facchini y a las puteadas más de una vez con el Gordo Rigoni.

Con todos quienes se habrá encontrado ahora ¡vaya uno a saber en qué senderos de la eternidad!, para seguir empujando ideas a favor de sus semejantes.

Hijos y amigos, amigos e hijos por quienes siempre se preocupó, hoy lo lloramos, pese a que alguna vez entre él y yo hubieron fuertes agarradas por el dolor que le causaban mis duras críticas a los responsables contemporáneos de la desgracia nacional.

 ¿Como era el Colo?

Seguramente que, a la hora que hoy, sus hijos y amigos estaban echando tierra sobre su ataúd en el cementerio de nuestro pueblo.

Mientras él, muy insólito, andaba a los saltos de contento, ya con Valessi, el Goyo, Colubri, Rigoni, Facchini, la pibita Cereijo, la que, junto a varios pibes puntaltenses que esconden los buenudos, nos arrebataron los esbirros, nuestros enemigos, el 24 de marzo.

Como no recordar aquella tarde de junio que nos encontramos (él reuniendo sus compañeros capitalinos de JTP) para recibir del Líder en Plaza de Mayo que –mi único heredero es el Pueblo – frente al anuncio de medidas que hoy, para mitigar en algo el hambre de los únicos privilegiados (como recordaba el Colorado, apretando dientes, de niños y adolescentes cuando reivindicaba a Evita) hizo su querida Presidenta.

 Compañero MAURICIO RUTINELLI, querido amigo, ejemplo para tus hijos: la sorpresa desde la que ayer decidiste partir, hasta ahora me había quitado el habla.

 Tanto, que fue una amiga tuya (aunque no se hayan conocido, anda, como los mejores cristianos, en la misma que vos) la que, al micrófono, tuvo que explicar porqué no me dio el cuero para hacer el programa en la Radio.

 ¡Qué ocurrencia la tuya, hermano!, como me dice telefónicamente desde la estación de trenes de Ituzaingó el Negrito Joaquín, transmitiendo la desorientación del Ruso y de Norberto.

 ¡Ya imagino como se pondrá la Vieja Nelly!, que vive por aquí, cuando se entere de tu partida; cuánto encerrará cuando diga –otro pibe se me fue.

 ¡Y ni te cuento!, el desconcierto de mi madre, que ayer mismo a la mañana, me dijo hace un rato, estaba preparándote una de las plantitas del jardín de su casa (que tanto les elogiabas a mis padres, la Victoria y el Antonino) porque, insistió, desde su voz con tristeza también, -Yo se las había prometido el año pasado.

 Descansa en paz, COLORADO RUTINELLI, que los sueños levantados no serán arriados.

 Como alguna vez estampaste con aerosol:

 ¡Venceremos! ¡Fé, que venceremos!

 AC/

 

N&P: El Correo-e del autor era Antonio Coria antonioacoria@yahoo.com.ar