De 1946 a 1953 meta clausuras y "cana" al desabastecimiento.

¿QUE HACÍA PERÓN CON LOS QUE SUBIAN LOS PRECIOS, LA USURA Y EL DESABASTECIMIENTO?

Por Ignacio Lizaso*

«Éstos no se aguantan el desabastecimiento. ¡Se van a tener que ir!», gritó Mauricio Macri.»¡Vamos, vamos que se van!», se lo oyó bramar bailoteando a Martín Tetaz,exaltado en el ring de un club de barrio.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

25/10/2021

«Éstos no se aguantan el desabastecimiento. ¡Se van a tener que ir!», gritó Mauricio Macri, hoy humilde seguidor de los pasos fugitivos de la justicia de sus sirvientes, el Gordo Stornelli y Pepín Rodríguez Simón, lanzado a un vano, desesperado intento de retomar el comando partidario.

Poco antes había pontificado: «pierden en noviembre y se tienen que ir».

El fantasma del desabastecimiento lo impulsó a corregir la profecía.

«Jefe del Pro», insiste en nombrarlo La Nación, órgano de su propiedad y ariete fundamental del operativo retorno, simulando olvidar que él le cedió oficialmente ese título a la Bullrich.

¿Quién podría hacer suyo el desafío destituyente del cremado Macri?

Pues el glandular mamario Martín Tetaz, que se atrevió a sintetizar la esencia de su proyecto.

«¡Vamos, vamos que se van!», se lo oyó bramar bailoteando exaltado en el ring de un club de barrio.

La amenaza de desabastecimiento y el canto a la destitución revelan un rumbo mucho más agresivamente golpista que los anteriores planteos de la oposición.

En el orden institucional del país, con una situación económica alarmante para gran parte de los ciudadanos, en medio de complejas negociaciones con el FMI y el brusco salto del dólar, a tres semanas de las elecciones, el armado del proceso de desabastecimiento puede inscribirse en los escalones iniciales de la línea del asfixiante bloqueo que las corporaciones yanquis han aplicado en Cuba, Chile y Venezuela.

El fenómeno no es nuevo, claros antecedentes son los registrados hace 75 años, durante el primer mandato peronista.

El desabastecimiento es un viejo recurso de las empresas más poderosas, aliadas a la oligarquía.

Ante notorias maniobras que apuntaban en esa dirección a meses de asumir el gobierno fue programada una campaña de precios máximos a regir por 60 días con la consigna: disciplinar al mercado, movilizar al pueblo.

Comenzó a identificarse a los responsables llamándolos agiotistas, especuladores y (sin eufemismos) usureros.

En 1947 se proclamó en Tucumán la independencia económica.

«Hemos recuperado lo que otros vendieron y entregaron.

Al afán mercenario sucede el sentir hondamente patriótico.

Está a salvo la dignidad argentina y nuestros hijos, dueños de la riqueza que la providencia nos legó, deben ser celosos guardianes de todo cuanto hemos devuelto a la Nación para que nadie, jamás, vuelva a intentar la empresa suicida de uncirnos a la conducción foránea», subraya un fragmento de la declaración.

Pronto asomaron señales de desabastecimiento.

En 1948 se creó la Dirección de Vigilancia de Precios y miles de inspectores salieron a la calle.

La cita de cifras es ilustrativa.

En ese momento había en Buenos Aires 90.000 comercios habilitados.

Entre 1948 y 1949 se realizaron 158.000 inspecciones, en ningún caso menos de 2 por comercio.

Más de 70 titulares de carnicerías, verdulerías, restaurantes, lecherías, panaderías, surtidores de gasolina y locales de venta de hielo (no se había extendido la compra de electrodomésticos) fueron procesados.

Las penas iban de 5 a 10 días de clausura, multas de 50 a 500 pesos y de 15 a 30 días de prisión, delicado detalle, a comerciantes de sexo masculino.

Una curiosidad: en 1952 todavía regían precios máximos en rubros tan disímiles como el corte de pelo, la entrada al cine y una taza de café.

Un recuadro de humor gráfico de la época mostraba a varios señores elegantemente trajeados subiendo a un ómnibus y se daba el siguiente diálogo.

«¿Quiénes son?».

«Los productores de alimentos».

«¿Adónde van?».

«Los llevan a planificar el desabastecimiento a Sierra Chica».

Sierra Chica era un penal ubicado en el sur bonaerense.

En 1953, cuando culminaron las campañas de control, 873 infractores durmieron en el más prestigioso Devoto o Sierra Chica.

«Condenamos el egoismo, la codicia, la falta de sentimiento patriótico de ciertos sujetos inescrupulosos y especuladores que crean un desabastecimiento artificial elevando los precios de alimentos y alquileres, y lucran con el trabajo y la sangre del pueblo.

Es preciso imponer orden al mercado, penar a los comerciantes criminales y levantar el espíritu de los consumidores», sentenciaba Perón en 1948.

A esa firme posición se apareaba la mujer.

«En esta lucha nuestra misión es no pagar un centavo de más de lo que marcan los precios máximos, controlar y denunciar.

Nuestro hogar, sagrado recinto, está en peligro», elevaba su voz Eva Perón.

Un realismo que torna a cobrar vigencia a partir de la desembozada acción de corporaciones de rancia estirpe conservadora y de un personaje, Horacio Rodríguez Larreta que por más que cambie de disfraces nunca deja de ser el heredero del inodoro de Macri, bendecido por Edward Prado y el emir Magnetto, y resuelto a cumplir el objetivo pendiente.

Informe ultrasecreto. Mario Vargas Llosa le habria (ía, Clarín,ía) cobrado 50.000 dólares a Macri por tirarle el centro a la cabeza: «¿y qué piensa hacer si lo reeligen presidente?».»Lo mismo, pero más rápido»).

Ese es el objetivo de Geniol Larreta (agudo hallazgo, caricatura del Turco Asis inspirada en la calva testa, plagada de clavos, alfileres y anexos, del muñeco publicitario de Geniol).

Desabastecimiento ha pasado a ser un símbolo de la galopante ansiedad opositora.

Al margen de los resultados del 14 de noviembre los primates carnívoros no soportan esperar al 2023.

Los 40 y pico mil millones de dólares aportados por el FMI, a exigencia de Donald Trump, sólo alcanzaron para la fumata de los gomías, no para quebrar la pésima imagen de Macri y su banda.

Ahora el combate es cuerpo a cuerpo y valen desde la antigua puñalada trapera al más soflsticado dron.

Se trata de continuar pasando factura por las víctimas de la pandemia, negando lo mejor de la política oficial y las desastrosas consecuencias de la gestión neoliberal macrista.

De poner el gemido en cielo en salvaguarda de la salud de los hijos de Nik.

De alertar sobre el sostenido avance de la guerrilla mapuche.

De proceder a una exhumación más del manoseado cadáver de Alberto Nisman.

Ha trascendido que grupos progresistas de la comunidad judía han recibido un angustiado mensaje de Nisman: «knekht mikh de una vez, que termine por dios este calvario» (knekht mikh quiere decir amasíjenme en yiddisch).

En aquellos años finales de la década de 1940 en que se intensificó el consumo masivo cambiaron la dieta diaria y las formas de entretenimiento.

A este cronista, joven habitante de Villa Pueyrredón, le tocó asistir a conquistas emparentadas con un mundo mágico.

Familias que llegaban del interior, todos a laburar sin asco y al tiempo la compra de la heladera Siam, las salidas de la noche del sábado a los bailes, los cines de Lavalle y el Palacio de las Papas Fritas, las vacaciones en Mar del Plata y el soñado binomio de sumar el-terrenito-y-la-casita.

Y Eva Perón entregando bicicletas y máquinas de coser, ese pedido, nada superfluo, contenían la inmensa mayoría de las cartas que ella tomaba en sus manos.

Se aprobaron créditos destinados a la gente, las pequeñas empresas de entonces, ciento de miles de tallercitos, y también para corporaciones y productores agropecuarios.

Sorprende la enumeración de beneficiarios de los créditos: Bunge&Born, Bullrich,, La Martona, Santamarina, Magnasco, Sola, Atucha, Anchorena.

No sería extraño que algunos de ellos hayan usado el dinero en la compra de padrillos ingleses para sus haras de cría de caballos pura sangre de carrera, a los que más de un obrero peronista le habrá jugado 3 ganadores y 2 placés en la popular de Palermo..

Como cierre cabe distinguir el alto espíritu consumidor del Oso Leiras.

Operario de la Grafa, en el café de la esquina brava del barrio: Artigas y Larsen, hizo dos anuncios.

Había decidido encargar un traje a medida y con esa pilcha se iba a levantar a una piba que venía relojeando y salía de la fábrica a las 8.

El Oso estrenó, nomás, el traje, sólo faltaba definir cómo iba a atracar a la piba.

Tengo que pensar bien qué le digo, explicaba la demora.

Mañana la encaro, avisó un jueves.

Varios espectadores nos acomodamos a lo largo de los 10 o 15 metros de vereda que ella debía atravesar hasta la esquina.

A las 8 menos 10 el Oso dominaba la región.

El intenso aroma a colonia Lancaster enmarcaba la escena.

En eso apareció la piba casi pegada al cordón de la vereda.

El Oso avanzó un par de pasos y dijo: ¿cuándo usamos todo eso?

¿Y, Oso?, le preguntaron.

La mató la pilcha, yo sabía, explicó.

El noviazgo fue breve, tuvieron dos hijos.

Levantar el espíritu y defender el sagrado recinto son apelaciones de las que acaso emane un sonido romántico.

Pero no eran verso: hubo miles de inspectores en la calle, comercios clausurados, multas y usureros en cana.

El pueblo no se sintió solo.

En un comedor popular de la calle Necochea, cuando el televisor reprodujo la frase de Tetaz una de las cocineras retrucó: no nos vamos un carajo.

IL/