El Primer Plan Quinquenal, de Perón consistió en 76.000 obras que llevaron al pleno empleo en pocos meses.

SIN BANCO CENTRAL NO HAY SOBERANÍA

Por Julián Denaro*

Para argumentar frente a los perversos enunciados de Milei, es atinado recurrir a la genial obra de Adam Smith, titulada “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las Naciones”, de 1776.

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
15/10/2021

Conociendo el planteo del conservadurismo ortodoxo neoliberal, que propone achicar el Estado con vistas a incrementar la libertad de acción del poder concentrado, es decir, ellos mismos, ahora han subido la apuesta.

Como se ha reiterado para dejar en claro, libertad para ellos significa abuso del ejercicio de su posición dominante, consiguiendo manejar todos los precios de compra y venta, incluidos los salarios, para ellos enriquecerse a mayor velocidad, cuya consecuencia es la extracción de una porción creciente de ingresos al conjunto del pueblo, que sin la protección del Estado, queda sometido a los caprichos del poder fáctico, padeciendo aumentos de pobreza, desempleo y exclusión.

Una muestra de lo antedicho es reflejada por la frase de Espert, quien sostiene sin pudor que hay que terminar con la legislación laboral del peronismo.

Pretende convencer a los desinformados que él propone un futuro moderno a cambio de lo anticuado obsoleto, pero la legislación laboral peronista es de avanzada en diversos sentidos tales como conquista de derechos, mejora en el nivel de vida de la clase trabajadora, y en términos humanistas con sensibilidad social que, además, apuestan a fortalecer la demanda nacional a través de un consumo fortificado que tracciona a la producción generadora de empleo, crecimiento y desarrollo.

Pero como se ha mencionado, ahora subieron la apuesta de enunciados desvergonzados.

Milei dice que quiere cerrar el Banco Central e ir camino hacia la dolarización de la economía, reafirmando que la inflación es unicausal.

Esto es, que bajo una postura monetarista extrema, los aumentos generalizados de precios son solamente provocados por la emisión monetaria que, eliminando nuestro Banco Central, se daría por tierra.

Entretanto, el delirio de Milei lo hace afirmar que la Convertibilidad fue el mejor período de la Argentina moderna y que Menem fue el mejor presidente desde 1983.

Previo a continuar el análisis, se insiste sobre el hecho de que la inflación no es el peor de los males, ya que si así fuera, el período de la Convertibilidad (1991-2001) hubiese sido un período favorable.

En cambio fue, hasta ese momento, el período más destructivo de la economía argentina, incrementando la pobreza, el desempleo, la desindustrialización, el endeudamiento, la exclusión social, la inequidad y la extranjerización.

Pero además de las contundentes comprobaciones teóricas, históricas y fácticas, se acaba de demostrar recientemente, que la emisión monetaria no es la única causa de inflación, siendo que ni siquiera es la principal.

El 2019 transcurrió casi sin emisión monetaria y la inflación se elevó al 55%, tras lo cual el 2020, que a causa de la contracción económica causada por la pandemia del Coronavirus necesitó una emisión record en términos relativos, bajó la inflación al 34%.

Pues bien, para argumentar frente a los perversos enunciados de Milei, es atinado recurrir a la genial obra de Adam Smith, titulada “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las Naciones”, de 1776.

Allí explica que en las sociedades primitivas, las mercancías se valuaban en cantidad de cabezas de ganado.

Tras lo cual, por razones incontrovertibles, se dio uso a los metales como medio de cambio, por resultar un elemento no perecedero y fácilmente transportable, lo que los convierte en instrumentos aptos para la circulación y el comercio.

Aquellas barras groseras hacían, pues, en aquellos tiempos, las funciones de moneda.

Sin embargo, tropezaba con dos grandes inconvenientes: la incomodidad de pesarlos y el problema de contrastarlos.

Esto viene a cuento de que antes de que existiese la moneda acuñada, el pueblo estaba expuesto a los fraudes y engaños más groseros, ya que, en lugar de una libra de pura plata o cobre, se podía recibir, en cambio de sus bienes, una masa adulterada de los materiales más bajos y baratos, aunque tuvieran la apariencia de los codiciados metales.

Para evitar abusos, facilitar los cambios y fomentar por este procedimiento el comercio y la industria, en todas sus manifestaciones, se consideró necesario, en cuantos países adelantaron algo en el camino del progreso, colocar un sello público que lo convierta en un medio de cambio socialmente aceptado, con las características de homogéneo, durable y fácilmente transportable.

Queda a la vista que la importancia del Banco Central es primordial, erigiéndose en garante del funcionamiento monetario, consiguiendo ser el agente financiero del Gobierno Nacional, oficiando de Banco de Bancos y respaldando la circulación siendo el prestamista de última instancia.

Pero además, y muy especialmente en lo que refiere a la estructura productiva desequilibrada existente en nuestro país, la emisión de una moneda nacional, le permite al gobierno manejar las políticas monetaria, fiscal, cambiaria y arancelaria, satisfaciendo múltiples necesidades de la sociedad, la industria y el comercio, que en definitiva van en conjunto.

Yendo al caso específico de Argentina, nuestro Banco Central fue creado en 1935 por capitales anglosajones aliados con la oligarquía nacional, dentro de cuyos nombres figura la familia Pinedo, pero sirviendo de este modo a los intereses colonialistas de Inglaterra.

Véase cuán trascendente resultó la Nacionalización del Banco Central hecha por el gobierno de Perón en 1946, que el manejo de la plata de los argentinos por los mismos argentinos, sirvió para financiar el Primer Plan Quinquenal, que consistió en 76.000 obras que llevaron al pleno empleo en pocos meses, además de conducir a nuestra nación hacia el crecimiento y el desarrollo.

Casi de inmediato, en 1947, se creó el Plan Siderúrgico Argentino con Somisa.

Muy poco después, en 1948, se creó el Astillero Río Santiago, lo que fuera el padre de la Industria Naval Argentina para construir una Marina Mercante Nacional.

En 1949 se creó Aerolíneas Argentinas como nuestra aerolínea de bandera, y la lista continúa.

Para tener una idea de la importancia de lo presentado aquí, los Fletes del Comercio Exterior suman cerca de 7.000 millones de dólares por año, de los cuales la tercera parte es ganancia, es decir, 2.000 millones de dólares a cada año.

Claro, si no son ganancia nuestra a través de nuestra propia marina mercante, son ganancia de las corporaciones trasnacionales que tenemos que contratar para tales fines.

Pero además, colocar un impuesto de sólo el 2% a los Fletes permitiría autofinanciar la construcción de buques todos los años, demostrando que el Estado es el actor clave para apalancar el desarrollo nacional.

Y avanzando hacia necesidades urgentes de la época actual, no podríamos financiar la satisfacción de las necesidades de los sectores vulnerables sin la capacidad de emitir moneda.

Exponiendo la perversidad de Milei, nosotros no emitimos dólares, tras lo cual dejaríamos a hermanos argentinos, que son personas igual que todos, a empeorar su padecimiento, su exclusión, abandono, marginación y sufrimiento.

Por eso nunca está de más recordar que la Nacionalización de los depósitos bancarios que hizo el gobierno de Perón en 1946, sirvió para que el caudal de ahorro constante del pueblo argentino, en vez de financiar la ganancia de la banca trasnacional, consiga ser dirigida a canales de producción y distribución, como el Ministerio de Obras Públicas para generar obras de infraestructura, el Banco de Desarrollo Industrial para levantar industria y el Banco Hipotecario Nacional para construir viviendas.

En esa línea, se puede aumentar la tasa de encaje al 100%, para que los bancos no puedan jugar con nuestra plata y seamos nosotros, a través del Estado, quienes manejemos nuestros propios recursos.

Esto pudo ser clarificado por un informe de Andrés Asiaín, que notifica que del total de recursos monetarios disponibles, los bancos privados prestan tan sólo el 36% al sector privado, quedando el 64% en forma de Bonos del Gobierno a manos de los propios bancos.

Esto es, lo mismo que se expone en la Constitución de 1949, nada ha cambiado bajo el sol en este sentido.

Pues entonces, si se aumentaran los encajes al 100%, podríamos redireccionar nuestra plata hacia inversiones, además de garantizar los depósitos protegiendo nuestros ahorros.

Así, se podría recuperar el crédito regionalizado para la actividad económica.

Vuelve a quedar claro que estamos entre dos modelos de país.

Uno que sirve a la especulación financiera y la concentración económica, cuyas consecuencias son la destrucción del crédito productivo, la destrucción de nuestra moneda nacional como reserva de valor, el endeudamiento, la extranjerización y la dependencia con aumentos de pobreza, desempleo y exclusión.

Ese es el Modelo Neoliberal, Conservador, que sirve a los intereses de la oligarquía aliada con el imperialismo colonialista anglosajón.

El otro, el Modelo Nacional y Popular, NAC&POP, que tiene como horizonte el desarrollo productivo, la independencia económica y el bienestar social.

¿Se puede estar en el medio?

¿Existe el medio?

Si la respuesta lógica es negativa: ¿De qué lado estás?

JD/

 

NAC&POP:  Julián Denaro, es economista (UBA), columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/