No me devuelven lo que me quitaron, pero no me quitan los que gané en medio de la oscuridad afectos sinceros y sólidos.

RECALCULANDO

Por Fernando Esteche

Mi buen nombre y honor no lo da ni lo quita ni los monopolios mediáticos ni los jueces…Soy quien soy, irremediablemente.Por eso este sosiego, este alivio no puede obturar el dolor y la injusticia de compañeros.

Por  Fernando Esteche

NAC&POP

13/10/2021

Estaba hablando con Julio de Vido sobre la ley de los agroindustriales y los hidrocarburos, cuando la noticia se coló por todas las pantallas posibles que rodean nuestra cotidianidad.

Es casi imposible evitar el viaje mental para revisitar cada momento de aquel tiempo penal.

Lo primero fue alojarme un ratito en un abrazo de tres, con Flor y Lorenzo, largo, apacible, tratando de espantar inexplicables ganas de llorar.

Mandé mensajes a algunos compañeros y compañeras para cerrar un círculo que se había abierto con un primer watsapp que les anunciaba entonces que iba a presentarme a una comisaría para terminar preso, en diciembre de 2017.

Cuando mandaba aquellos primeros mensajes, estos últimos de ahora eran inimaginables, lejanos.

Me recordé el viajecito en el camión penitenciario esposados, engrillados, con casco y chaleco, con el gordo, especulando a qué penal llegaríamos…dándonos ánimo.

Los primeros momentos del ingreso y la eternidad de los dos primeros días embuzonado en HPC sin noción del tiempo.

Me acordé la primer Navidad en el pabellón 3 rodeado de tantas carencias y angustias, de mesas austeras, vestidas con de pizzas tumberas, con 49 internos más, mientras la TV anunciaba “navidades vip” de los presos políticos.

Volvieron los ruidos, los olores, los dolores.

La vida organizada en torno de los turnos de teléfono.

La desnudez disciplinada, el verdugueo gratuito. Los uniformes y los guardapolvos y los reglamentos.

La camaradería, la solidaridad.

Las visitas…las familiares, y las de tantos y tantas que se llegaron hasta Marcos Paz.

La llegada temprana de Graciela y José, de la Liga Argentina por los Derechos humanos, José arrastrando sus piernas cansadas, llegando siempre como cada vez que nos ha tocado estar en esos lugares.

Después APDH.

Después tantos.

Los cumpas que venían con sus credenciales de abogados para visitarnos un rato, hasta que descubrieron el yeite y ¡no dejaron entrar más abogados sin orden del tribunal a visitar presos!

Las bananas clandestinas que nos traía Sergio Burstein (una vez llegué a comerme cuatro durante la visita por era imposible pasarlas).

Los libros imposibles que disparaban debates formidables que nos traía siempre Jorge Elbaum.

Las medialunas compartidas con Julián, charlas, libros, tratar de entender algo de todo.

Los mantecoles y la pila de libros de CICSO, además de películas clásicas con las que solía caer Martín García.

Las milanesas de Georgina que traía Gabriel Mariotto y a la que seguramente nos hemos quedado debiéndole algún tupper.

Las llegadas de Guillermo Moreno, con su intempestiva dignidad que solía poner por momentos las cosas en su lugar frente a muchachos de uniforme que a veces se excedían en sus vigilantes funciones.

Las clases que tomaba, que me dictaban mis colegas de la Facultad de Periodismo, que se llegaban para dictarme cursos de posgrado y para contarme un poco del afuera.

Mis compañeros organizando colectas para las tarjetas de teléfono, la solidaridad que se organizaba creciente y militante desde el Foro.

El 24 de marzo cuando embriagados de posibilidad celebramos la liberación de Carlos Zanini y Luis D´elía…una conversación con Cynthia García…la sensación de soledad y derrota cuando nos negaron la excarcelación.

Estos mismos que ahora en un gesto judicial suponen que “nos devuelven” el buen nombre y honor son los que recurrentemente me negaron la revocatoria de la preventiva una y otra vez.

Podría uno pasarse este amanecer, que hoy parece ser más azul, acariciando este teclado todo el tiempo para construir palabras que relaten lo inenarrable. Pero no se trata de eso este intento.

Sin mi familia, cada cual sabe, yo no podría haber transitado esta instancia con entereza y dignidad…no sé, está vuelta me agarró o más viejo o más débil o más asustado…sin la presencia puntual cada tres días de los míos hubiera sido más difícil todo.

No me devuelven lo que me quitaron, pero no me quitan los que gané en medio de la oscuridad que son afectos sinceros y sólidos.

Mi buen nombre y honor no lo da ni lo quita ni los monopolios mediáticos ni los jueces…Soy quien soy, irremediablemente.

Por eso este sosiego, este alivio no puede obturar el dolor y la injusticia de compañeros y compañeras condenados por el mismo dispositivo de lawfare que creó esta causa infame, y compañeros y compañeras aún prisionizados por esto.

Por lo demás quedan, claro, deudas con cada mención no hecha a tanto abrazo y tanta historia.

FE/