Periódicos, canales de TV, portales de internet se pueblan cada seis meses de lamentos sobre la pobreza creciente.

DE ESO NO SE HABLA

Por Artemio López

Nada se dice de la distribución del ingreso y la concentración en pocas manos, situación que explica el empobrecimiento masivo.  El 20% más rico obtuvo el 48,7% de los ingresos, mientras que el restante 80% de la población obtuvo el 51,3%.

De eso no se habla

Periódicos, canales de TV, portales de internet se pueblan cada seis meses de largos y lánguidos lamentos sobre los números de pobreza crecientes.

Nada se dice sin embargo de la distribución del ingreso y la concentración en pocas manos, situación que explica el empobrecimiento masivo.

Al respecto es de observarse que proyectando los informes que publica el INDEC sobre la Evolución de la distribución del ingreso (EPH), el coeficiente de Gini (que es una medida de la desigualdad, la cual indica mayores niveles de inequidad, cuanto más cerca se encuentre de 1) pasó de 0,427 del segundo trimestre de 2016 a 0,435 en el cuarto trimestre de 2020.

Este empeoramiento de la estructura social echó por tierra el avance obtenido durante las gestiones kirchneristas, cuando en trece años con altibajos, pero de manera tendencialmente sostenida, se había logrado sacar de la pobreza a millones de habitantes – en especial niños- y reducir ostensiblemente el Gini que había dejado la crisis del 2001, que arrojaba en un extravagante 0,538 para el año 2002, según los datos del Banco Mundial.

Así mismo como se observa en los cuadros que acompañan esta columna, en el cuarto trimestre de 2020, la brecha de ingresos promedio entre el 10% de la población con ingresos más elevados y el 10% de la población con ingresos más bajos fue de 21,3 veces y 24,8 veces en 2021 empeorando notablemente.

A su vez, el 20% más rico obtuvo el 48,7% de los ingresos, mientras que el restante 80% de la población obtuvo el 51,3%. Esta situación de desigualdad afecta en mayor medida a las mujeres.

Adicionalmente se observa que los varones obtienen ingresos promedio 29% superiores a los de las mujeres.

Estas circunstancias de inequidad distributiva explican por qué el mar de pobreza que atraviesa la Argentina hoy y es necesario reflexionar sobre ello.

Qué resulta de extraño observar 40,6% de pobres donde el mercado de trabajo remunera con ingresos formales por debajo de la línea de pobreza a los trabajadores ocupados plenos?

Qué de raro tiene un 40,6% de pobreza general donde el sueldo mínimo vital y móvil, así como las jubilaciones mínimas se ubican en torno a los $23.000 mensuales y cubren apenas el 40% de la Canasta Básica Ampliada de pobreza?

Qué de inesperado supone un 40,6% de pobreza en un país donde el 10% más rico acapara el 32,3% del ingreso total y el 50% más pobre apenas accede al 20,5%.

Ninguna sorpresa, nada extraño, lo único inesperado resulta que no se debatan estos temas y menos que no se dispongan de políticas adecuadas para darle solución o al menos comenzar a transitar el camino hacia una sociedad mucho más equitativa que la actual.

En resumen y para no extendernos con cifras que siempre borronean el mensaje: Disponemos de un discurso semestral piadoso sobre la pobreza, ya rayano en lo religioso y muy poca cosa más en materia de comunicación y análisis.

Casi nada para un país como la Argentina, donde el problema de los millones de pobres que crecen día a día son unos pocos ricos que se enriquecen cada vez y de los cuales ni siquiera se habla, estimados lectores.

 

Artemio López