"El pueblo no odia. Odian las minorías. Conquistar derechos provoca alegría. Perder privilegios provoca rencor. " (Arturo Jauretche)

LOS SOTRETAS DEL ODIO

Por Ignacio Lizaso*

¿Patricia Bullrich odiaba al coronel José María Pedro Noguer cuando en diciembre de 1976 sus todavía delicadas manos depositaron en la casa de ese hombre, intendente de San Isidro, un caño de gelamón que explotó sin ocasionar víctimas fatales?

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

23/09/2021

Mauricio Zarzuela, ex ladronzuelo de barrio que una noche, huyendo de la cana, se refugió en una unidad básica del Abasto, se afincó allí y terminó siendo dirigente gremial y el encargado de ocuparse de la formación partidaria inicial de la Bullrich.

¿Habrá sido ese hombre al que llamaban el Víbora, el que le enseñó a Patricia a odiar a los gorilas familiares y amigos, es decir los Luro, Pueyrredón, Lynch, Alvear y demás deudos?

De regreso del dorado exilio, ¿quién se encargó de actualizar y orientar el destino de su opulenta carga de odio, que bruscamente había cambiado de rumbo?

¿Fue el odio ahora dirigido a la clase media baja y los obreros lo que la impulsó a meter un caño que reventó la economía popular al disponer el descuento del 13 % de las jubilaciones en el desgraciado 2001?

Adolfo Bullrich, que acumuló la base de la fortuna de la familia vendiendo las tierras que el Zorro Roca le arrebató a los mapuches y otras tribus indígenas en la llamada conquista del desierto, ¿odiaba a los mapuches, de ahí la leal adopción de ese sentimiento, 60 años después, por parte de Patricia, confirmada por su complicidad en la muerte de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel?

¿Elisa Carrió odia realmente a CFK o sus permanentes insultos y ataques se deben al fracaso de sus aspiraciones presidenciales tras cuatro intentos fallidos, frente a la trayectoria de Cristina: dos períodos en la Casa Rosada, el actual ejercicio de la vicepresidencia, el encabezamiento de un golpe de estado que acaba de denunciar la propia Carrió y sobre todo la condición de personalidad descollante en la política argentina?

¿No ha podido metabolizar Carrió haber obtenido en 2011 el 1,7 % de votos frente al 54 % de Cristina?

¿Odia Carrió a Aníbal Fernández, lo que explicaría la sucia campaña contra el flamante ministro de seguridad acusándolo de conexiones con el narcotráfico y la muerte de Nisman, raíz de la derrota en las elecciones de 2015?

Uno de sus fugaces alianzas se dio con Pino Solanas en 2013 enfrentando a CFK y a Macri.

En 2015 Solanas seguía sosteniendo que Macri era un corrupto y Carrió se prendía a Cambiemos.

Pino nunca se lo perdonó. «Ella se consideraba heredera de Lisandro de la Torres y su carácter de Fiscal de la Nación. Le sobraron un par de letras, se quedó en la Fecal», fue cáustico Solanas.

¿Esta odiadora serial odiaba realmente a Macri cuando lo acusó de ser un corrupto, antes de ser artífice del armado de Cambiemos?

¿Macri odiaba a Horacio Rodríguez Larreta cuando ordenó que fuera objeto de operaciones de espionaje?

¿Fue producto del odio la escena en que Larreta humilló a su padre político haciéndolo subir al estrado en la presentación de la lista de la Vidal y sin dejarlo abrir la boca lo arreó hacia la platea anónima, donde se es uno más?

¿Javier Mileikovski odia a todo el mundo o sólo al pobre Kovski, y por eso ha mutilado su apellido?

Atacado por militantes críticos de todo extremismo uno de sus descargos fue: «cualquiera es puto con el culo ajeno», frase que despierta interrogantes de diversos colores.

Un único emprendimiento promueven la banda de Juntos y los francotiradores a lo Mileikosvki: la industrialización del odio.

«El ocaso del hombre no comienza cuando deja de amar, sí cuando deja de odiar.Si no tiene a quien odiar está condenado a odiarse a sí mismo» (Emile Cioran).

Mientras continúan deshojándose almanaques y más allá de que drones y pandemias maten sin piedad, que se saluden veganos y antropófagos, y el celular no cese de quitarle espacio a la biblia, por estos días, antes y después de las Paso, su majestad el odio se manifiesta en nuestro país con transparente impunidad y objetivo marcadamente golpista.

Lanzados a promover, inculcar, inyectar el odio se alinean los Macri, Carrió, Bullrich, y mercenarios de la calaña de Leuco, Majul, Longobardi.

El sabio Arturo Jauretche los calificaba de profetas del odio.

Respetando la rima, optamos por degradarlos de profetas a sotretas.

En abrumadora mayoría estas expresiones van dirigidas a CFK y dentro de la renovación del gabinete al citado Aníbal Fernández (casualmente, o no, seguidor del pensamiento de Jauretche).

En las guerras de trincheras en que pesaban infantería y caballería, los generales observaban a distancia las batallas, los soldados combatían.

En materia política los líderes dictan a quiénes y por qué hay que odiar a través de discursos y eslogans.

Cunpliendo dócilmente ese dictado la soldadesca masturba su odio y acaba.

Hace dos días nos tocó ser testigos de un episodio que revela esta exaltación partidaria.

Alrededor de las 20.15 del lunes entramos a la sucursal de una cadena de supermercados situada en la avenida Angel Gallardo, frente a la clínica San Camilo.

Nos sorprendió que todos los pasillos se veían poblados por un público mucho más numeroso que el todos los días.

Los clientes se movían con inusual rapidez llenando los carritos en un estado de ansiedad que bordeaba la desesperación.

Íbamos a comprar manteca, pero el sector reservado a los lácteos se hallaba casi desierto.

Miramos a quienes nos rodeaban, ninguno desviaba la vista de las góndolas.

En eso oímos una voz de mujer que preguntó: «¿qué pasa?».

Una pausa y la misma voz agregó: «¿pasa algo?».

Nadie se distrajo, los clientes actuaban como cartoneros hurgando en las góndolas, que parecían los contéiners callejeros de basura.

Ante tamaña indiferencia, alzando el tono la voz proclamó: «entonces es cierto, lo dijo Lilita».

Pausa y dramático remate: «se viene el golpe de estado, por eso se llevan todo».

La mayoría de los presentes quedamos paralizados, la primera reacción fue para identificar a la autora de semejante anuncio.

Era una señora de unos 70 años, parada junto a un carrito, el único carrito vacío, los demás rodaban atestados de paquetes.

Madame estaba poseída por poderes sobrenaturales.

«No se aguantaba más. Se les acabó la fiesta a estos zurdos», bramó.

La proclama no iba a quedar en tan crudo adelanto, nos acercamos a la oyente de Carrió.

Durante unos minutos, sumándose a la vorágine compradora, madame empezó a descolgar a dos manos paquetes de fideos y latas de atún.

Después, agitando una botella de champán, se ubicó en la cola para pagar y sintiendo que dominaba la situación dijo en tono dramático: «yo tengo un cáncer».

Era imposible eludir el efecto que produjo la confesión.

Madame envolvió ese efecto en silencio.

Luego planteó: «¿saben quién me lo hizo?».

Breve pausa y develó: «Cristina me lo hizo».

La absurda denuncia provocó chistidos, comentarios que era imposible descifrar porque las voces se superponían y un grito: «tomátelas, loca».

¿»Quién me dijo loca? Que dé la cara», desafió.

Apagando la voz alguien informó: «guarda que el marido es un juez».

Entonces la magistrada ya no anduvo con vueltas: «ella fue, sí, ella, Cristina…, que sepan todos de lo que son capaces».

En ese momento un muchacho le explicó: «lo que pasa es que mañana cierra esta sucursal, están vendiendo todo al 50 %».

Mirada estupefacta de madame.

Era de rigor una oscura retirada, pero antes necesitó demostrar que no estaba dispuesta a arriar banderas.

«Ya van a ver que lo del golpe no es chiste. Esa enferma nos quiere convertir en Venezuela», alcanzó a despacharse al abandonar el carrito.

Quedamos impresionados por el cacerolazo verbal. Como suele suceder, se nos ocurrían cosas que pudimos decir mientras duró la escena.

Así que se lo hizo Cristina… ¿Dónde se lo puso?

Debe ser un tumor soviético, dicen que Putin le regaló 19 tumores,

Como testigos ajenos al estallido quizás nunca habíamos apreciado de cerca tan genuino y delirante brote de odio.

No es común asistir a la galopante metamorfosis del ama de casa que va a comprar tapas de empanadas y se reencarna en militante consternada al descubrir que la patria está en peligro.

La patria neoliberal bendecida por el embajador Edward Prado, la patria con el pueblo excluido, su sentido de patria.

Nos había impresionado la expresión de los ojos de madame cuando anunciaba una especie de prólogo del juicio final.

Pero costaba definir con precisión semejante mirada.

Hasta que surgió una palabra. Lava.

Recordamos una película en la que se había filmado la erupción de un volcán asiático.

La lava era un alud de bolas de fuego que arrasaban la ladera del volcán.

Eso era, los ojos de la mujer vomitaban relámpagos de lava, sobre todo cuando decía: «ella, sí, ella fue, Cristina…».

Si partiendo de los ojos cobrara realidad esa modesta versión de drones llameantes la magistrada no hubiera trepidado en disparar apuntando a la cabeza de CFK.

El mandato de las usinas de odio no admite confusiones.

Frente a la obediencia debida a tal mandato cabe una misión: combatir alegremente (recomendaba Jauretche) al mesiánico derrotero del odio.

«El pueblo no odia. Odian las minorías. Conquistar derechos provoca alegría. Perder privilegios provoca rencor. Nuestro enemigo trata de desmoralizar, entristecer al pueblo. Nada se puede hacer con el rencor y la tristeza. Venimos a combatir por el pueblo alegremente»  Arturo Jauretche, creador de calificativos como vendepatria,oligarca, cipayo.

IL/