Un marciano pensaría que se trata de un país lleno de potenciales suicidas.

MORAL Y POLÍTICA

Por Juan Alonso

Cristina que posibilitó el éxito electoral de 2019 y la unidad ahora es presentada como una especie de «Cruela» ante un público absorto por el desconcierto, la angustia y la desesperación por los precios de los alimentos y el costo de la vida.

Por Juan Alonso

NAC&POP

17/09/2021

Se trata de un librito de bolsillo.

Excelente para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero.

Allí Albert Camus resumió todos sus artículos de la revista «Combat» antes y después de la Guerra como parte fundamental de la Resistencia Francesa.

En una de sus notas no se nuestra piadoso con los traidores sino que propone defender «el espíritu» cristiano sin ser cristiano y sin ser el Papá Pío XII.

O sea: para Camus el perdón no estaba en sus manos.

Por la misma época, Rodolfo Walsh militaba en la Alianza Libertadora Nacionalista y veía al Peronismo con ojos muy críticos.

Luego del golpe de 1955 su visión cambió cuando notó la masacre del poder real e investigó su libro  antológico sobre los fusilamientos en los basurales de José León Suárez.

En un punto, Camus y Walsh no tranzaron con el enemigo y dieron todo de sí como hombres de acción y de palabras.

Sus obras son fundamentales y de alguna forma advierten sobre esta época de fundamentalismos de derecha y caída del valor de la solidaridad humanitaria y del compromiso colectivo.

El capitalismo depredador y los poderes fácticos (grandes compañías de medios de comunicación y la industria agraria, entre otros) están promoviendo con éxito aparente la presunta fractura del Frente de Todos.

Sobre el asunto, hay diversas versiones.

Todas distintas.

El Presidente Alberto Fernández publicó un texto en redes sociales en donde agradece el apoyo de gobernadores y movimientos sociales.

Faltaron otros agradecimientos que Alberto no ponderó.

Y la derecha lo sabe. Infobae, Clarín y La Nación martillaron con la idea fuerza de una crisis del Gobierno y lograron instalar que la culpable (según ellos) sería la Vicepresidenta.

Curioso: Cristina que posibilitó el éxito electoral de 2019 y la unidad ahora es presentada como una especie de «Cruela» ante un público absorto por el desconcierto, la angustia y la desesperación por los precios de los alimentos y el costo de la vida.

Que Wado renunció, que Wado se queda, que el vocero presidencial sería el único vocero universal que no habla, que la CGT apoya al Presidente, que el Movimiento Evita moviliza, que no, porque Alberto le habría pedido al Chino Navarro que no baje desde Sierra Maestra como hizo durante los 4 años de la pandemia macrista.

Un marciano pensaría que  se trata de un país lleno de potenciales suicidas.

Si el kirchnerismo rompe con el Frente de Todos, no vendrá Fidel como Cristo y los peces  para repartir, sino la peor derecha para guillotinar cabezas como ya están amenazando desde sus propios medios con sus periodistas rentados.

La única movilización posible en estas circunstancias tan difíciles sería pensar en un 17 de octubre con el Frente de Todos unido y concentrado para luchar, resistir y vencer en noviembre.

Todo lo demás no ayuda y representa un vacío semejante a los procesos de fracasos  radicales (Alfonsin, De la Rúa) que nada tienen que ver con la historia de gestión del kirchnerismo y del peronismo en el poder.

No es posible ser social demócrata cuando en Madrid ganó el franquismo y los neonazis y el PSOE representa lo mismo que la familia Clinton en EE UU.

Resumiendo: el status quo.

En las calles hay hambre y jóvenes comiendo deshechos ajenos.

Muy pronto se cansarán y tomarán desde las solapas la comodidad de la clase media consumidora de bienes con su alienante inclinación de vacío.

Con el dinero que gasta la clase media en hacer terapia comen miles de familias del Bajo Boulogne en la zona Norte del Gran Buenos Aires donde reina el clan Posse hace 40 años.

Pero eso, claro, no sería «autocracia» para la derecha y su narrativa.

La dificultad de los procesos populares es la culpa y el miedo.

Como sucede en el PSG de Messi el juego debería desarrollarse con la pelota contra el césped, la mirada en alto y la cabeza despierta.

Si los mismos jugadores repiten la salida por el medio todo el equipo retrocede. No es por el centro.

Es por arriba.

Desde el medio se sacan los goles que nos convierte el rival por graves errores en la defensa y en la distribución del juego de los muchachos que corren por el medio.

Una encerrona que necesita de corazón y pases cortos para llegar al triunfo en el otro arco.

Si se trata de ganar o perder es mucho mejor que sucede sin abandonar nuestra identidad colectiva.

Sin piedad.

JA/