Presión electoral, fantasía golpista y recuperación obrera, e historias paralelas entre 1961 y hoy

“SEÑOR PRESIDENTE, ME QUIEREN DERROCAR”. – “BUENO, A MÍ ME QUIEREN MATAR.”

Por Ignacio Lizaso*

Tan crudo diálogo, se produjo en marzo de 1961, fue protagonizado por Arturo Frondizi(FOTO), candidato a ser derrocado, y John Fitzgerald Kennedy (FOTO), la presunta víctima fatal. Poco después se cumplían las dos amenazas.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

15/09/2021

En marzo de 1962 un golpe de estado expulsaba del gobierno a Frondizi y en noviembre de 1963, en episodio aún hoy tan oscuro como el bombardeo del 11-S, era asesinado Kennedy.

Frondizi había ido a EE.UU., donde convenientemente adobado se prestó al acuerdo para la creación de la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y la Alianza para el Progreso, destinadas a alinear a los países de la Patria Grande contra la fresca revolución cubana.

En medio de la Guerra Fría, la épica consagración de Fidel Castro como modelo continental era un fantasma que obsesionaba a Kennedy y la CIA.

En una reunión realizada en Punta del Este, hubo un solo voto contra la Alianza, aportado por el Che Guevara, delegado cubano.

Tan honda era la obsesión que el 17 de abril la ansiedad los impulsaría a embarcarse en la aventurada invasión a bahía de los Cochinos, tres días más tarde reducida a rotundo fracaso por los milicianos de la isla.

La certeza de los informes de la CIA, garantizando la adhesión de comandos opositores que venían perpetrando sabotajes y atentados, terminó asemejándose a los pronósticos electorales de los expertos nativos en encuestas.

El recuerdo surgió el lunes en charla de amigos originada por los resultados de las Paso.

Kennedy tenía un suculento seguro de vida, ¿le habrán pagado indemnización a Frondizi, echado del laburo?, saltó el comentario, humor negro con toque de actualidad.

Hay relación entre varios aspectos que muestran curiosas afinidades entre la presente realidad con la vivida en 1961.

La actual, signada por la derrota del Frente de Todos en las Paso, es opuesta a la de hace 60 años, cuando se asistió al último triunfo progresista en comicios capitalinos.

La destituyente tapa de Clarín mostrando al helicóptero en que «Chupete» de la Rúa abandonó la Casa Rosada sugiere que el deseo de Héctor Magnetto se hermana con el temor de Frondizi confiado a Kennedy.

En otro orden, cómo no asociar el alevoso proyecto de eliminación de las indemnizaciones laborales con la devolución, ese año, de la CGT a los gremios.

Período cargado de expectativas aquel 1961.

Proscripto el peronismo, comenzó con un triunfo progresista en las elecciones capitalinas, fenómeno que no volvería a repetirse.

(Por supuesto, el éxito del guitarrista Erman González en 1993, durante la avanzada neoliberal menemista, queda excluido del relevamiento).

La única banca de senador fue para Alfredo Palacios, a quien ningún par podía discutirle el rótulo de último romántico de la política argentina.

A riesgo de caer en el ridículo el dirigente socialista – pionero desde 1904 en la promoción de leyes a favor de la clase obrera – nunca resignó las características de su aparición física, del sombrero al poncho, pasando por la corbata de moño y el bigotazo, los notorios rastros de la tintura y su inclinación a resolver ofensas y acusaciones falsas en lo que entonces se llamaba campo del honor.

A partir de 1945 este campo dejó de ser escenario de aquellos duelos dignos de los mosqueteros de Dumas; se lo ve despoblado y cubierto de malezas.

En las Paso, todavía difíciles de digerir, la oposición se limitó a mantener sus fuerzas, mientras el Frente perdía posiciones, sobre todo en territorio bonaerense.

Adelantándose a los comicios Mauricio Macri lanzaba un ultimátum: cambian o se van.

Ahora se suma al coro de Bullrich, los Iglesias, Negri y otros simios que claman por la renuncia de Alberto Fernández como si las Paso hubieran sido no ya las elecciones de noviembre próximo, sí las presidenciales de 2023.

Volvamos al nuevo intento de desterrar las indemnizaciones laborales y a un episodio también registrado en la citada época, acaso como eco del triunfo de Palacios.

Un mes más tarde Frondizi dispuso la devolución de la CGT a un grupo de veinte gremios, diez de los cuales respondían al peronismo.

En la conducción se destacaban los nombres de Andrés Framini, Augusto Vandor y José Alonso.

Sobre la central obrera pesaba la intervención decretada en 1955.

La medida parió la violenta reacción del general Carlos Toranzo Montero, comandante en jefe del ejército, para quien el respaldo popular a Palacios, que siempre había proclamado su apoyo a la Cuba de Castro, y la restitución de la CGT a los «delincuentes de la dictadura» marcaban el peligro de que el país cayera «bajo el yugo del comunismo».

Eran días de fragote casi ininterrumpido.

Hasta que se hizo efectivo un golpe disfrazado de continuidad partidaria.

Detenido Frondizi en la isla Martín García ocupó su cargo José María Guido.

Opaco abogado de Río Negro, fue la marioneta habilitada por ser presidente del Senado.

Con la independencia que preserva esta etapa de la CGT es evidente que la ofensiva contra las indemnizaciones constituye un desafío a la posición y en especial la autoridad de la central obrera.

Ya que se demandan actitudes más firmes por parte del gobierno, recordemos que la CGT había convocado a un acto multitudinario para el 18 de octubre festejando el 17.

El amigo del filoso humor negro. remató su actuación con un planteo conjetural.

Imaginemos un encuentro entre Alberto Fernández y Joe Biden, jaqueado sin asco tras el regreso del Talibán, ¿se reiteraría el diálogo Frondizi-Kennedy?.