"La vida que queremos requiere no de uno, sino de muchos períodos de gobierno”. CFK

99 DÍAS Y 500 NOCHES

Por Francisco Balázs

La deuda es y será el escollo principal de la recuperación argentina. La destrucción del aparato productivo y su impacto en la estructura social, desempleo y precarización es fruto de un modelo político que acecha con virulencia y lo seguirá haciendo.
Si lo que está en juego es la disputa por dos modelos de país.

 

 

Por Francisco Balázs

Revista Mugica

La Revista que se Ocupa del Asunto

septiembre 9, 2021

El domingo pasado, el presidente Alberto Fernández publicó en el portal de noticias Infobae una carta dirigida a los argentinos titulada El día 100.

Allí expresó, en uno de sus principales párrafos: “Desde que asumimos el gobierno, solo contamos con 99 días de normalidad sanitaria.

El resto, fue básicamente poner de pie un sistema de salud abandonado y enfrentar los contagios de un virus desconocido.

Todos nuestros planes originales se trastocaron porque las prioridades repentinamente fueron otras”.

La carta continúa con un llamado a volver a recuperar el camino que se había trazado el gobierno hasta la irrupción de la pandemia.

A tres días de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), el gobierno nacional se encuentra lejos de poder mostrarse triunfante en una batalla que la pandemia no impedía librar y que resultaba impostergable: derrotar ampliamente a la oposición en el debate político que debía abrirse tras el peso de sus catastróficos cuatro años de gobierno y sus consecuencias, peores que la producida por la pandemia propia.

Es sabido por todos que la pandemia hubiera tenido un menor impacto de no haber sido por el estado de ruina en la que el macrismo entregó el gobierno el 10 de diciembre de 2019.

Desde entonces, la estrategia elegida por Alberto Fernández fue no confrontar con la oposición y con los sectores dominantes del poder económico.

Sobrevalorando su propia capacidad de diálogo y consenso, se fue abandonando la oportunidad de encarar las medidas de orden estructural,  empujado por el contexto de una pandemia y la urgencia que imponía su imprevista e inédita gravedad.

En cambio, fue la oposición quienes sí entendieron y aplicaron la regla básica que no hay mejor defensa (aun de lo indefendible de sus 4 años de gobierno) que un buen ataque, animándose a subir el nivel de confrontación al ir descubriendo un camino despejado hasta llegar al límite, como ocurrió recientemente, de acusar al gobierno del Frente de Todos de haber endeudado al país más que en los 4 años de macrismo.

Más que temeridad es la impunidad que otorga lo permitido.

Desde el primer día que asumió la presidencia, Fernández supeditó los largos primeros nueve meses de su gobierno a obtener un acuerdo de renegociación de deuda con los acreedores externos confiando que esto traería aparejado un clima favorable a la recuperación de la economía basada en calmar la incertidumbre de sector financiero, y en promover la entelequia de la llamada confianza de los inversores (categoría extraída del manual de zonceras neoliberal).

Esto no sólo no sucedió, sino que tuvo que enfrentar las recurrentes embestidas contra el tipo de cambio que llevaron a las variadas cotizaciones del dólar paralelo a niveles elevadísimos con el consecuente impacto inflacionario, prolongando la inercia que ya venía de las brutales devaluaciones de los dos años anteriores (2018 y 2019).

El acuerdo con los acreedores privados, sin duda favorable, no debía necesariamente poner en suspenso medidas que avanzaran gradualmente sobre problemas estructurales que, otra vez, en el contexto de la crisis heredada debían al menos ponerse sobre la mesa como objetivos de un plan de gobierno, en sus prioridades y tiempos de aplicación.

Establecer una hoja de ruta clara de lo que hay que hacer, entre ellos cómo va a crecer la economía argentina para dar respuesta a demandas impostergables de pobreza y exclusión social que no se resuelven con la recuperación de los pocos motores que quedaron en pie con capacidad de recuperar y traccionar rápidamente al actividad económica.

En cuanto al Fondo Monetario Internacional, el otro frente externo de endeudamiento, y el más brutal por sus conocidas e irregulares condiciones por decisión política del emisor, es decir del FMI y sus países miembros, el acuerdo se encuentra todavía en curso, limitando, hasta hace un par de meses, la aplicación de políticas expansivas en detrimento de controlar el gasto y de mostrar mejoras en las cuentas públicas.

En este punto vale destacar las recientes declaraciones de Emmanuel Álvarez Agis, ex viceministro de economía de Axel Kicillof, y hombre de consulta regular del presidente Fernández. quien afirmó que la deuda con el FMI no será posible de pagar ni en diez años, lo que es reconocido tanto por las autoridades del FMI como por el gobierno nacional.

Es decir, el acuerdo con el FMI, aun en caso de que llegue después de noviembre, está condenado a ser revisado en el futuro de manera recurrente.

La deuda es y será el escollo principal de la recuperación argentina.

La destrucción del aparato productivo y su impacto en la estructura social, desempleo y precarización es fruto de un modelo político que acecha con virulencia y lo seguirá haciendo.

Si lo que está en juego es la disputa por dos modelos de país, eso significará enfrentar un claro período de discusiones y medidas que por cierto no serán hijas del consenso con los energúmenos que compone gran parte del arco opositor, político, empresarial y sus portavoces mediáticos.

Para el las elecciones legislativas del 14 de noviembre seguramente habrá más datos y resultados mostrables, palpables para exponer a la población como reafirmación de un proceso de recuperación que se irá sintiendo lentamente pero que tardará en hacerse extensivo a las grandes mayorías.

Como dijo semanas atrás Cristina Fernández utilizando el slogan de campaña del gobierno: “La vida que queremos requiere no de uno, sino de muchos períodos de gobierno”.

Eso requiere ganar muchas elecciones, y sólo será posible enfrentando al adversario político y los poderes económicos que no cederán solidariamente ninguna de sus posiciones dominantes.

Queda, a partir del resultado de noviembre, favorables en mayor o menor medida, comenzar a transitar los dos años restantes con la idea de que la vida que queremos sea posible y no interrumpida por auto limitaciones que provienen de una idea confusa de la corrección y de los límites que el adversario trabaja en imponer, porque así operan para que su regreso siempre este a la vuelta de la esquina.