El modelo económico de Macri – Vidal – Larreta es el mismo que el de Manes, Milei, Espert, Loustau, Bullrich y Santilli.

LA LIBERTAD PARA EL PODER CONCENTRADO ES SOMETIMIENTO Y OPRESIÓN PARA EL PUEBLO

Por el Profesor Julián Denaro*

La desregulación de la dictadura cívico militar de 1976 trajo consigo el enriquecimiento de los sectores dominantes a cambio de destrucción del aparato productivo nacional con generación de pobreza y desempleo estructurales que no existían y también el robo de empresas.

Julián Denaro (*)

NAC&POP
3/09/2021

Dejar en claro las consecuencias de la libertad de acción para los sectores de poder económico concentrado, nunca peca de repetitivo o insistente sino que se puede jactar de responsable en términos de convocar a la toma de conciencia de los pueblos.

La desregulación propuesta por la dictadura cívico – militar de 1976 a 1983 trajo consigo el enriquecimiento de los sectores dominantes a cambio de destrucción del aparato productivo nacional con generación de pobreza y desempleo estructurales que hasta el momento no existían y también el robo de empresas a través de asesinatos y torturas, además del robo de bebés y, si fuera poco, la guerra de Malvinas, un endeudamiento exorbitante, millones de libros quemados, persecuciones políticas permanentes, etcétera.

Por tanto, para pasarla mejor en el futuro, debe tenerse presente adonde no hay que ir o volver.

En términos de modelo económico, aquel fue reiterado durante el menemismo (1989-2001) y el macrismo (2015-2019).

A veces resulta bien representativo el mensaje de un posteo de instagram, el cual sugiere que en las elecciones deberá elegirse entre quienes trajeron vacunas para salvar vidas y los que mandaron armas a Bolivia para asesinar y derrocar un sistema democrático, por cuanto siempre es oportuno mirarse a uno mismo y responder la pregunta: ¿De qué lado de la mecha te encontrás?

Ha quedado evidenciado que sin lugar a dudas son los modelos económicos los que traen consigo un resultado u otro resultado. Irrebatiblemente, es la organización de la sociedad a través del Estado, de la ley, la que va direccionando.

Es muy evidente cuando se recuerda que la mortalidad bajó de 90 por mil a 56 por 1000 durante el gobierno de Perón desde 1946 a 1955, con Ramón Carrillo al mando del ministerio de Salud y la Fundación Eva Perón produciendo bienes indispensables para asistir a los sectores más vulnerables.

Es menester generar este marco conceptual para remarcar que fue el cambio de modelo económico el que disminuyó los males para nuestro país, que al momento de asumir Alberto Fernández, en diciembre de 2019, no tenía ministerio de Salud, disponía de hospitales casi terminados desde hacía cuatro años sin inaugurarse y padecía de una situación económica y financiera insostenible.

En síntesis, cuando apareció la pandemia del coronavirus, en marzo de 2020, nuestro sistema de salud no estaba en condiciones de evitar un colapso sanitario, pero las perspectivas fueron menos desfavorables al haber pasado de un modelo económico direccionado hacia el enriquecimiento del sector financiero especulativo trasnacional, hacia otro orientado a mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de nuestra patria.

Se recuperó la estatura de ministerio para Salud, se terminaron e inauguraron los hospitales, se ampliaron las camas para atención en terapia intensiva, se fabricaron respiradores, se volvieron a entregar vacunas gratis a los jubilados, y se comenzó con la fábrica de vacunas contra el covid, tras lo que devenimos en ser uno de los doce países del mundo productores de vacunas, lo que indudablemente es un orgullo.

Claro está, para evitar una prematura saturación del sistema de salud, se procedió a una cuarentena inevitable, que causó daños económicos, pero consiguió salvar a nuestra población de que haya enfermos sin camas o respiradores, y que se vea a gente muriendo en las calles sin asistencia y a la deriva absoluta.

Esto que se evitó no es un dato menor, ya que su ocurrencia se ha observado aún en países desarrollados como Italia o Estados Unidos de Norteamérica.

Mucha gente se pregunta cómo han sido los números, ya que se sabe que mucha gente que murió de otras enfermedades no se hubiera muerto con un funcionamiento normal del sistema de salud.

Entonces se diseñó un índice que se denomina “Exceso de Mortalidad 2020”, el cual indica cuanto aumentó la mortalidad en 2020 respecto al promedio de los cinco años anteriores.

Con este se puede arribar a datos muy útiles para poder elaborar pensamientos más cercanos a cómo han ocurrido las cosas en la realidad.

El promedio mundial muestra un incremento de mortalidad en 2020 del 14,3%, con lo cual Argentina se ubica por debajo, siendo su porcentaje del 12,6%.

Países como Alemania con el 5,7%, Francia con el 10,6% o Canadá con el 11,7% se encuentran por debajo, pero al mismo tiempo países con mayores recursos sufrieron un exceso más penoso.

Tales son los ejemplos de Inglaterra con el 13,7%, Italia con el 15,4%, Bélgica con el 16%, o quedando en el podio de lo terrorífico países como Chile con 17%, España con el 18%, Brasil con el 20%, Estados Unidos de Norteamérica con el 20,5%, México con el 51%, Ecuador con el 63% o Perú, que llegó al 93%.

Hasta septiembre de 2021, somos el país número 18 en vacunas siendo el 31 en población, teniendo una aplicación ya realizada de 42 millones de vacunas, y teniendo a 14 millones de personas con las dos dosis aplicadas, lo que vale decir, un 32% de la población.

Pero todo esto no es otra cosa que una decisión respecto a políticas de Estado.

Macri, el expresidente, había dicho, literalmente: “que se mueran los que se tengan que morir”.

Así que, luego de lo expuesto hasta aquí, pueden imaginarse cuáles hubiesen sido los resultados si hubiese continuado el modelo económico de Macri – Vidal – Larreta, que es el mismo que el de Manes, Milei, Espert, Loustau, Bullrich o Santilli.

Se recuerda con mucha claridad a Vidal, siendo gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, cuyo tamaño supera al de Italia, Inglaterra o Nueva Zelanda, siendo asemejable al de Polonia, pero donde se concentra la tercera parte de la población de nuestro país, decir que no iba a inaugurar ningún hospital nuevo.

Por cierto, tampoco inauguró ninguna universidad ni ninguna escuela.

Por el contrario, el gobierno de Vidal cerró 47 establecimientos educativos, luego de que el período kirchnerista (2003-2015) haya creado e inaugurado 17 universidades en el conurbano bonaerense y 280 escuelas en la provincia de Buenos Aires, dentro de las 2100 construidas en el conjunto del país.

Al mismo tiempo, resulta inconcebible que el gobierno de Vidal haya incrementado la deuda de la provincia de Buenos Aires en un 68%.

Tras esto, afortunadamente, el actual gobernador de dicha provincia, Axel Kicillof, acaba de conseguir la reestructuración de cerca del 98% de la mencionada deuda.

No quedan dudas de que es la orientación de política económica del gobierno lo que se traduce en unos resultados u otros, o más bien, en sus contrarios.

Si bien pareció un poco fuerte decir que en las próximas elecciones había que elegir entre el modelo económico que trajo vacunas para salvar vidas y su contrario que envió armas a Bolivia, la descripción que sigue no es menos terrorífica.

Los que enviaron armas a Bolivia son los mismos que votaron en contra del Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas, los cuales permitieron financiar la construcción de viviendas y gasto social necesario especialmente en épocas de pandemia.

Por supuesto que quien escribe desea que se transforme en un impuesto a pagar todos los años, en vez de ser un aporte extraordinario por única vez.

Pero sin embargo, ellos decían que era antiinversiones, que era confiscatorio y demás disparates desmenuzados en otros escritos anteriores.

Asimismo, votaron en contra de declarar servicios públicos esenciales a internet, telefonía y televisión, aduciendo que iba en contra de las inversiones.

Y también votaron en contra de la ley de zona fría, orientada hacia quienes viven en regiones donde se sufren mucho las bajas temperaturas para que paguen menos por los servicios.

Y fueron los mismos que votaron en contra de la recuperación de los Fondos Previsionales, Aerolíneas Argentinas, YPF, etcétera.

Pero como son los mismos que manejan los medios de comunicación y los canales de difusión dominantes, instalando agenda en las noticias, proceden a inundar de enunciados contradictorios.

Esto es así porque no pueden decir la verdad de sus intenciones, y entonces proceden a las contradicciones, que generan locura al tiempo que dan rating, alejando al electorado de las posibilidades de pensar con cordura para decidir acordemente.

Por tanto, podríamos resumir contraponiendo uno y otro modelo económico.

Por un lado, el modelo nacional, popular e inclusivo, que procura mayores justicia y equidad.

Por el otro, la derecha conservadora aún disfrazada de libertaria, que desmantela el Estado culpándolo de todos los males.

Pero justamente ahí está la clave de la disputa.

El achicamiento del Estado y la desregulación absoluta permiten libertad de acción para que los poderes concentrados saqueen libremente, sometiendo al pueblo y llevando a la desdicha de los habitantes de la nación.

Aunque justamente, cuando el pueblo se organiza a través del Estado para dirigir la actividad económica, estableciendo leyes y regulando los abusos de los sectores dominantes, se mejora en términos de justicia social.

Esto último es el espíritu del peronismo.

Nada menos que por todo esto, muchos somos peronistas, y por eso estamos obligados a explicar los motivos.

Precisamente, el desconocimiento de los mismos, ocasiona que numerosos individuos, presos del desconocimiento o la confusión, voten aún en contra de sus propios intereses.

En suma, nuestra obligación y nuestro compromiso conllevan un profundo sentido social. Este es uno de los motivos por los cuales se dice que el peronismo es amor.

JD/

 

(*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.