El cambio de modelo productivo y de la traza del río

LA BAJANTE DEL PARANÁ: UN ARGUMENTO Y UNA OPORTUNIDAD

Por Tomás Pérez Bodria

El Paraná nos sigue enseñando y convocando. Nos enseña que es impensable que poderosos intereses meramente mercantiles garanticen su cuidado. Y nos convoca a servirnos de él, sin dañarlo, para satisfacer los intereses de los argentinos. Nos enseña que el mercado interno no requiere la multiplicación de la navegación por sus aguas de grandes masas flotantes que sigan horadando sus costas.

 

 

Por Tomás Pérez Bodria

 

El río Paraná sufre la bajante más importante y pronunciada de los últimos 70 años. De seguir así, socarronamente, se me ocurre pensar que en lugar de ser dragado, requerirá ser asfaltado.

Pero más allá de toda chanza, siempre útil para sobrellevar las luchas, lo cierto es que esta bajante viene a poner de manifiesto el agotamiento ha que ha llegado su explotación al servicio del modelo productivo extractivista-exportador. Fundamentalmente, de materias primas.

La poderosa reacción que generó la intención apadrinada por el ministerio de transporte de la nación -rechazado por la mayoría de la militancia del FDT y por buena parte de su dirigencia- de prorrogar la privatización de la red troncal fluvial con eje en el río Paraná, permitió posar la mirada de millones de argentinos en el rol estratégico central que conlleva para la soberanía nacional este hermoso y grande río.

Pero la bajante histórica por la que atraviesa, no sólo refuerza la conciencia sobre dicho rol, sino que acrecienta su primacía. Ello por cuanto viene a quedar muy en claro que su cuidado, protección y utilización racional, con respeto de su incidencia ambiental, de salud pública, económica, histórica y de su  relación ancestral con nuestros pueblos originarios, sólo puede garantizarse estando íntegramente bajo el control y administración del estado argentino..

Desde el punto de vista del transporte de nuestro comercio exterior -exportación e importación de materias primas y productos con valor agregado- la bajante fortaleció la postura de quienes sostienen la necesidad de habilitar un canal alternativo al de Punta Indio, como es el de Magdalena. Tanto para fulminar el inaudito divorcio vigente entre nuestra red fluvial y el frente marítimo argentino, con todas sus incidencias, en especial las relativas a la incorporación efectiva del sur de la patria a sus diversas expresiones productivas, como para tomar la definitiva decisión de limitar la navegación de nuestro río a barcazas de menor calado, con su consecuente reducción del daño ambiental y, a la vez, el incremento de fuentes de trabajo que ello significa. El comercio interior debe prevalecer frente al comercio exterior sobre sus aguas.

Los grandes buques, de tan enormes dimensiones que ponen ya en tela de juicio la salud hasta de los mares que surcan y cuyo tamaño se pretende seguir incrementando al ritmo de la voracidad de las exportadoras de los recursos naturales de nuestros países y de los de otros continentes expoliados por los poderosos del mundo, deberán tener vedado su tránsito por las aguas de nuestros ríos.

La exacerbación de las ganancias de las cerealeras, a partir de los  ahorros logísticos que representan estas grandes embarcaciones, pretendidamente cargadas al máximo de sus capacidades, a costa de nuestro río Paraná y todo cuanto significa e implica, indudablemente debe quedar definitivamente desechada en el marco del debate sobre el control de la red fluvial argentina.

De hecho estamos observando que los productos se siguen exportando en medio de la bajante, a pesar del incremento del costo de la logística que supone el traslado por tierra hacia los puertos de aguas profundas de Bahía Blanca y Quequén (1). Es decir que los mayores costos no desalentaron a las cerealeras ni a las empresas a cargo de los fletes.

Eso si, no pierden el tiempo para que los mayores costos disminuyan a la brevedad posible. Y, como resulta del indignado artículo publicado el lunes 16 de agosto por Mempo Giardinelli en el diario Página 12 (2), la «patria multinacional de la soja» como la diera en denominar Horacio Tettamanti, ya obtuvo del mismo ministerio de transportes de la nación que diera vida al nefasto decreto 949/2020, el llamado a licitación BCyL N°28/2021 “Mejoramiento Pesado de Vías en Sectores Varios, Línea General Belgrano, Año 2021 «que convoca al recambio de las vías de tren en Chaco y Catamarca, para lo cual se dispone la compra de 36.000 durmientes de quebracho… Que se sumarán al ya denunciado desmonte de más de 2 millones de ejemplares de esa especie arbórea arrasada en la última década y que fue hiper denunciado inútilmente» (artículo citado).

Como la necesidad tiene cara de hereje, las vías férreas hasta ahora abandonados para satisfacer las necesidades de los argentinos, se optimizan con urgencia para dar gusto al afán de ganancias de quienes se sirven a su entera necesidad de nuestro comercio exterior. Y para ello, por supuesto, una nueva depredación de nuestros bosques, pasa por una cuestión menor. Y el afán de seguir ahorrando para engrosar hasta el infinito sus obscenas ganancias, hace que desistan de las alternativas a los durmientes de quebracho que, como bien lo explica Mempo, existen y se utilizan en el resto del mundo.

Las multinacionales, por definición apátridas, merecen nuestra denuncia. Los argentinos que las sirven cipayezcamente, nuestro más enérgico repudio.

Se debe enriquecer el debate que iniciamos tras la «causa del Paraná, incorporando la imperiosa necesidad de modificar de cuajo nuestra estructura productiva. Seguir fomentando el modelo exportador de materias primas en crudo, que en la Argentina explica en el año 2020 el 51,77 % de sus exportaciones (3), aniquila toda posibilidad de desarrollo autónomo. Y aún más cuando advertimos, al mismo tiempo, que durante los primeros cinco meses de este año 2020, mientras los índices de los precios de alimentos no paraban de crecer -siguen incontenibles- y se tornan inalcanzables para los magros salarios argentinos, el porcentaje de la agroexportación sobre las exportaciones totales fue el más alto desde 1986 y la colocación de productos industriales la más baja desde 1991.(4).

Mientras tanto otros países que también poseen apetecibles recursos naturales, como por ejemplo Brasil, en el año 2019 el porcentaje exportado de materias primas sólo alcanza al 34,8 del total de sus exportaciones (5),

La Argentina tiene un potencial de producción de alimentos para 400 millones de personas, sólo contabilizando nuestra riqueza agropecuaria. Se multiplica varias veces si incorporamos la extraordinaria riqueza ictícola del país. Sólo la vigencia de un sistema productivo-institucional conformado en resguardo de los intereses de las grandes empresas multinacionales empresariales y financieras, sumado a un escasísimo amor a su patria y a su pueblo de muchos gobernantes, permite comprender que un cincuenta por ciento de su población se encuentre bajo la línea de pobreza y que seis millones de compatriotas no alcancen a satisfacer sus necesidades básicas alimentarias.

El Paraná nos sigue enseñando y convocando.

Nos enseña que es impensable que poderosos intereses meramente mercantiles garanticen su cuidado. Y nos convoca a servirnos de él, sin dañarlo, para satisfacer los intereses de los argentinos.

Nos enseña que el mercado interno no requiere la multiplicación de la navegación por sus aguas de grandes masas flotantes que sigan horadando sus costas. Que el comercio internacional está en baja en todo el mundo -los países se cierran sobre si mismos-, que sólo exportan los saldos de producción que resultan de la plena satisfacción de sus propios mercados y que el libre comercio es un mito.

En la Argentina de los años setenta, la preeminencia absoluta del mercado interno y el control de nuestros recursos naturales, con una aceptable distribución de la riqueza, herencia del sistema productivo peronista cuya fortaleza resistió varias dictaduras militares, determinó que la desocupación fuera apenas del 4% de su población activa. Pese a la revolución fusiladora y su plan Prebisch, Frondizi con Alzogaray y su ajuste de cinturones, Illia con sus debilidad política de orígen, Onganía con la propuesta liberal de  Krieguer Vasena y la continuidad de Lanusse, los argentinos pudieron sostener un nivel de vida muy superior al de nuestros hermanos latinoamericanos. La llegada del neoliberalismo de la mano de la sangrienta dictadura militar acaecida a partir de 1976 y la traición que en nombre del peronismo llevó a cabo Carlos Menem y su continuidad con la Alianza, explican buena parte de sus actuales penurias.

Retomar aquella senda que el general Perón inició el 4 de junio de 1946 no es ya conveniente, sino una obligación impostergable para recobrar el rumbo que nuestro país jamás debió abandonar.

A eso también nos convoca el Paraná. Nos convoca a despojarnos de las ataduras externas que impiden nuestro desarrollo. A desconocer una deuda pública claramente odiosa, según nos enseñara el Libertador General San Martín, que son aquellas tomadas en perjuicio del pueblo (6). A no depender de un comercio exterior sólo alimentado en la necesidad de obtener divisas para «honrar» esa deuda espuria, que redunda en un claro impedimento para disponer libremente de nuestros recursos en post de conformar un sistema productivo industrial y tecnológico, destinado a dar respuesta a los requerimientos de consumo necesario de nuestra población, amigable con la Pachamama, sin necesidad de guardar relación con aquel otro, de carácter meramente suntuario o sobreabundante, tan promovido por los mentores de la rentabilidad infinita.

La experiencia argentina demuestra que los pronunciados aumentos en el volúmen del comercio exterior estuvieron asociados a una abrupta disminución del PBI, mientras que la fuerte contracción del comercio, condujo a un gran salto en el crecimiento (período peronista 1946-1955). Es decir que el comercio exterior, en líneas generales ha sido nocivo para la Argentina (7).

Escuchemos entonces a nuestro Paraná. Acudamos a su convocatoria.

 

NOTAS

1) En julio y agosto último, el total de toneladas de maíz embarcadas y programadas a embarcar desde puertos argentinos asciende a 9,1 millones de toneladas, de las cuales el 67% tienen como origen los puertos del Gran Rosario, mientras que el 30% los puertos de Bahía Blanca y Necochea/Quequén.

«Esta es la menor importancia relativa de los puertos del Up-River (y, paralelamente, la más elevada proporción de los del sur de Buenos Aires) desde al menos el 2018», indicó el informe de la Bolsa rosarina -Fuente: Bolsa de comercio de Rosario-

2) Mempo Giardinelli, «Los bellos durmientes», Pág. 12, 16/8/2021)

3) INDEC, mapa dinámico, año 2020.

4) Hay que remontarse a 1986, hace 34 años, precisa un informe de Marcelo Elizondo, especialista en comercio exterior y negocios internacionales, para encontrar que en igual período la suma de las ventas al exterior de “Productos Primeros” (PP) y “Manufacturas de Origen Agropecuario” (MOA) supere el 71% que alcanzó en los primeros cinco meses de 2020. Esos dos rubros conforman el sector “agroexportador”, principal proveedor de divisas de la economía argentina a través de la venta de materias primas de la agricultura, ganadería, pesca y frutihorticultura, o de bienes (en especial, alimentos) elaborados a partir de esas actividades (Infobae, 21/07/2020)..

5) Cifras Mrio. de Economía de Brasil, año 2019 (soja: 11,6%, maíz: 3,2%, Petróleo: 9,9%, minerales: 10,1%)

6) Jorge Cholvis, en su artículo San Martín y la deuda odiosa.

7) Ravi Batra, «El mito del librecomercio», Verlat S.A.; junio de 1994, págin18