Una de sus obras de más relevancia son los cuatro tomos de la "Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina"

GREGORIO SELSER, MAESTRO DE HISTORIA DE LA PATRIA GRANDE

Por Ignacio Lizaso*

Gregorio Selser era más bien bajo, abdomen que se hacía notar, cabello en lenta retirada, siempre vistiendo traje gris, corbata desajustada, pero el rasgo más notable de su figura era el bagayo de carpetas, recortes, decretos que el brazo derecho apretaba contra ese flanco de su cuerpo.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

30/08/2021

Gregorio Selser era más bien bajo, abdomen que se hacía notar, cabello en lenta retirada, siempre vistiendo traje gris, corbata desajustada, pero el rasgo más notable de su figura era el bagayo de carpetas, recortes de diarios, copias de decretos y confusa papelería que el brazo derecho apretaba contra ese flanco de su cuerpo.

El bagayo en cuestión obligaba al brazo a extenderse no menos de medio metro para tenerlo asegurado.

Selser entraba a la redacción de La Prensa dando pasos cortos y echaba el bagayo sobre su escritorio.

Resoplaba y se ponía a escribir notas de la sección a su cargo.

A 65 años de distancia cuesta entender que un militante izquierdista que a los 15 había caído preso por vender en la calle Florida bonos de apoyo a los republicanos en la Guerra Civil Española, hubiera ingresado a un diario furiosamente antiperonista y proyanqui, y le encomendaran ocuparse de la información cotidiana del ministerio de industria, cuyo titular era Alvaro Alsogaray.

De vuelta de un temprano exilio en Montevideo, Goyo llegó como secretario privado del embajador argentino en Uruguay, Alfredo Palacios.

El romántico lider socialista – partido al que Selser se había afiliado – tenía buenas relaciones con el director de La Prensa, Alberto Gainza Paz, y le pidió un puesto de cronista.

Todo indica que habría un acuerdo en el sentido de que la ideología de Selser debía mantenerse ajena a la hora de redactar la información.

Lo curioso es que un año después del derrocamiento de Perón las notas se limitaban a difundir con objetividad la actividad del ministerio, que ya exhibía datos del pensamiento de Alsogaray.

En su casa Goyo trabajaba sin pausa en la creación de una obra que terminaría abarcando 47 libros y alrededor de 7.000 artículos periodísticos.

Estando en La Prensa, para estupor de las autoridades del diario y algunos de sus compañeros, Selser publicó «Sandino, general de hombres libres».

A la par, sin desprenderse de un solo bagayo, iba armando uno de los archivos más importantes sobre la realidad de la Patria Grande.

Una de sus obras de más relevancia son los cuatro tomos de la «Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina», en los que. denunciando y se explaya sobre los crímenes y la corrupción de los tiranos de la región y el rol de los jerarcas políticos de USA: Kissinger, Haig, Brzezinski.

En 1976 fue detenido brevemente en Ezeiza, lo que decidió su exilio en Méjico, país que ya no abandonaría.

Radicado en el distrito federal fue profesor de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma), se siguieron editando sus libros y como periodista escribió para las revistas Confirmado y Cuestionario, el periódico uruguayo Marcha y los diarios La Opinión y Pagina 12, y decenas de publicaciones de latinoamericanas y europeas.

Su amigo Rogelio García Lupo hizo que colaborara con Prensa Latina y Juan Gelman le encargaba notas para la agencia italiana Inter Press Service (su seudónimo era Manuel Luffe) .

Atento lector de Selser, Naom Chomsky lo consideró un «individuo excepcional».

No falta, además, un crítico (Jorge Boccanera) que afirma: en «Las venas abiertas…», de Eduardo Galeano, «late la obra de Selser».

«Trabajo para que cuando me toque morir el mundo sea mejor de como me lo presentaron, con menos miseria, menos explotación, más alegría de vivir, más justicia, más libertad», supo fantasear Goyo, que alguna noche sorprendió admitiendo que le hubiera gustado ser poeta como Rilke o Heine.

Hay una biografía de Selser, su autor es Julio Ferrer.

Las hijas de Goyo advierten que el texto trampea al ocultar aspectos de su ideología.

Irene Selser sostiene que Ferrer – a pesar de su expreso requerimiento – se negó a incluir en su biografía hechos como la censura de Goyo al fusilamiento en Cuba de militares acusados de narcotráfico y a la desviación hacia el autoritarismo de la revolución sandinista.

«Mi padre era un hombre sin compromisos partidistas y por ello, capaz de criticar a la izquierda con la que siempre se ha identificado», dijo en un reportaje de Página 12.

Este cronista fue compañero de Goyo en La Prensa.

De aquella época rescata rescata una extraña confesión

Las contadas noches en que traía escritas sus notas elegía a alguien y solicitaba humildemente incomprensible inusual confesión de Goyo: «sólo tengo miedo al sufrimiento físico, la tortura».

Confesión que cobró vigencia cuando en 1991 le diagnosticaron un cáncer.

Poco después se suicidó.

El último encuentro se produjo a fines de la década de 1980.

Íbamos caminando por Peña hacia Pueyrredón y de pronto vimos a un hombre que abría la puerta de un edificio.

Figura inconfundible, era él.

Nos acercamos antes que entrara.

«Goyo», fue la única palabra que atinamos a decir.

Se dio vuelta y con una sequedad desusada habló apagando la voz: «andáte».

Como no nos apartábamos insistió: «¡andate!, ¡a ver si…».

Y se metió en el edificio sin completar la frase. ..

Se acaban de cumplir 30 años de su muerte.

Gregorio Selser, patriota de hombres libres…

IL/