Maradona (FOTO) y Messi son hijos del potrero, y Riquelme, y Redondo, y el Kun Agüero, y Neymar

EL ULTIMO POTRERO

Por Ignacio Lizaso*

A las 10.50 de la mañana de ayer se produjo un duro enfrentamiento entre un grupo de vecinos que trataban de evitar que se echara una capa de cemento sobre el último potrero – léase canchita donde se puede jugar al fútbol sin pagar alquiler – que queda en Buenos Aires.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

28/08/2021

Los efectivos de la Policía de la Ciudad  pretendían que ese refugio, ubicado en el parque Centenario, perdiera su condición de baluarte de la cultura popular para comenzar a convertirse en una playa de estacionamiento.

«¿Ustedes quieren armar quilombo en plena campaña electoral? ¿Los manda la Cámpora?», denunciaba una oficial con gesto desafiante, rodeada por seis agentes de la repartición.

Un señor corpulento les salió al cruce dirigiéndose a uno de los agentes: «vos estuviste el miércoles amenazando que nos iban a sacar a machetazos; si vinieron a eso, dale,».

El cana dio vuelta la cara resuelto a escapando de la mira de una cámara de tevé.

«¿La van de piqueteros ustedes?», copó la posición taquera del diálogo la oficial con cierto parecido a aquella sargento nazi que terminó violando al pobre Giancarlo Giannini, protagonista de Pasqualino Sette Belleze.

Fiel a su ideología de armar negocios en espacios verdes de cuyo disfrute se priva a los porteños que no tienen jardines en sus casas, ni pueden pagar la cuota de un club, Larreta tercerizó el uso del potrero, como hiciera con el anfiteatro ubicado en el mismo parque.

El estacionamiento de vehículos aporta un ingreso a las arcas municipales.

Los cientos de niños, jóvenes y algún adulto que no pocas tardes y sábados y domingos se anotan en fervorosos picados, que se jodan.

Son populistas, seguro que van a votar a Santoro.

Pueden alquilar las canchitas apiladas en serie que suelen verse en algunos barrios o debajo de los puentes de una autopista.

Como resulta evidente que Larreta se siente más aristocrático usando dos apellidos, los que le corresponden son Rodríguez Díaz.

La Larreta original, de nombre Manuela, era una dama peruana que vivió en la década de 1830 y su madre es Díaz Alberdi.

Pues bien, la señora aprendió a jugar al badminton en Londres, el fútbol es barbarie, de manera que no esperen apoyo de los Larreta.

Pasadas las 11 el forcejeo no cesaba.

La resistencia corría por cuenta de 8 o 10 personas que no se movían del interior del potrero, deliberadamente inundado por personal de CABA para que visto de afuera, o por las cámaras de C5N, único canal presente, asomara como un lodazal inadecuado para la práctica deportiva.

Del verde césped y aún la tierra descuidada brotan plantas y flores, y es marco ideal para el esparcimiento del pueblo.

Del cemento sólo brotan baches y los tickets de pago por el servicio de parking.

No vamos a descubrir ahora la pasión futbolísitica que nos caracteriza a los argentinos.

Macri llegó a la jefatura de gobierno usando como trampolín la presidencia de Boca Juniors – a la que arribó sobornando a los capos de la barra brava, José «el Abuelo» Barritta y cuando éste cayó preso por el asesinato de dos hinchas de River Plate, y luego Rafael Di Zeo – y explotando la tragedia de Cromagnon.

Si hubiera arrancado en el Cardenal Newman de rugby o el Buenos Aires Lawn Tennis nunca habría ascendido en el plano político.

«De chiquilin te miraba de afuera como a esas cosas que nunca se alcanzan», escribió Enrique Santos Discépolo.

Antes de los bares lácteos («terriblemente lácteos», supo denunciar el poeta Raúl González Tuñón) y los McDonald´s el café fue un templo que en una época se supo definir como la universidad de la calle.

Por su parte el potrero fue y todavía es en el mundo de provincias un templo en el que se toma la primera comunión futbolera.

En la canchita del parque Centenario hay un pibe que la rompe, oimos comentar allá por diciembre en una de las colas forzadas por el covid-19.

Si Rodríguez Díaz no nos asfalta el alma para recaudar guita grossa para la campaña y sostener la candidatura de la orgullosamente bonaerense Vidal, ese pibe terminará en la sexta división de Atlanta o Ferrocarril Oeste, clubes de la zona, o con suerte lo ficharán en San Lorenzo.

Cómo se puede atentar contra el enorme placer de prenderse en un picado, minga de camisetas iguales, se tarda en conocer a los compañeros, entonces nace el grito: pasala-Polaco al rubio medio morfón, o tirá el centro, Fideo.

Y las broncas, a menudo liquidadas a trompazos, porque se juega sin referí y como los arcos no tienen red, hay que demostrar que la pelota no entró por afuera de un poste.

Maradona y Messi son hijos del potrero, y Riquelme, y Redondo, y el Kun Agüero, y Neymar se formó en un potrero paulista de Mogi das Cruzes y Mbappé en uno de Pontoise, en los suburbios de Paris.

La canchita del parque Centenario es el último reducto que le da aire de vida a la cuna del mejor fútbol.

Pará de balear la poca fiesta que le queda a la gente, Rodríguez Díaz.