El objetivo que viene será robustecer el comercio en la región y moldear al bloque para que esté en condiciones de negociar en conjunto con otras regiones

LO ESTRATÉGICO DE LA INTEGRACIÓN REGIONAL

Por Julián Denaro*

Con la vuelta de un modelo de activa intervención del Estado, con Alberto Fernández, hubo 306.700 empresas que recibieron el ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción) y 250.000 que consiguieron créditos subsidiados al 0% o al 24%, que es por debajo de la inflación

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
19/08/2021

Las expectativas futuras modifican acciones presentes, motivo por el cual se destaca la confirmación de que Argentina, a través de su Jefe de Estado, Alberto Fernández, presidirá la CELAC, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, durante el próximo 2022.

Claramente, esto supone abrir un escenario que tenderá a su expansión, fortalecimiento e integración.

Se advierte oportuna esta mención, considerando que expectativas favorables hacia el futuro alimentan la inversión y desinhiben el consumo, lo mismo que pronósticos desfavorables desalientan la inversión y atemorizan el consumo.

El objetivo que viene será robustecer el comercio en la región y moldear al bloque para que esté en condiciones de negociar en conjunto con otras regiones, además de defenderse entre los socios latinoamericanos de los ataques desestabilizadores planificados por las potencias imperialistas y colonialistas como EEUU.

De hecho, la CELAC somos todos los países de América excepto EEUU y Canadá.

or consiguiente, resultará conveniente que se transforme en una asociación estratégica para, adicionalmente, mejorar las negociaciones con otros bloques tales como la Unión Europea, posicionando los intereses de la CELAC de manera concertada.

No se trata de una cuestión menor, irrefutablemente.

Latinoamérica es cuatro veces el tamaño de Europa, y mucho más que cuatro veces si comparamos en riquezas y recursos naturales.

Este último es, indudablemente, el motivo por el cual las potencias hegemónicas han preferido que estemos divididos en vez de unidos y asociados.

Se sabe perfectamente que de estar coordinados como bloque, sería más difícil para ellos saquear nuestra riqueza, por cuanto siempre han procurado que estemos desunidos, con vistas a que tal objetivo sea más sencillo.

Por su parte, Latinoamérica tiene una población de 650 millones de personas, más o menos parecido a Europa, que suma 750 millones, aunque en un territorio mucho menor.

Queda expuesto de manera elocuente que urge como indispensable y estratégico que los treinta y tres países Latinoamericanos conformemos un sólido bloque, que consiga defenderse de los abusos a los cuales nos han sometido los imperialismos durante siglos, y para conseguir un crecimiento con desarrollo que logre disminuir la enorme inequidad padecida dentro de nuestra Patria Grande.

Se presenta una nueva oportunidad histórica, como la hubo cuando coexistieron en la región las presidencias de Lula Da Silva en Brasil, Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Pepe Mujica en Uruguay, Evo Morales en Bolivia y Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández en Argentina.

Aquello fue desarmado por los gobiernos puestos por el imperialismo norteamericano, siendo sus emblemas más serviles Mauricio Macri en
Argentina y Bolsonaro en Brasil.

Dicho esto, también resulta pertinente complementar este asunto con el recuerdo de la inminente incorporación argentina al BRICS, allá por el 2015.

No se trata de algo menor, puesto que dicho bloque, compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, constituye la mitad de la población del mundo y la cuarta parte del producto global.

Queda a la vista cuán importante es, luego de las políticas desintegracionistas del gobierno de Macri, nuestra activa revinculación con este grupo de países, especialmente Rusia y China, para formar parte de estratégicos acuerdos de política económica, comercial y financiera, en este nuevo mundo multipolar.

Más aún, el contexto actual, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), requerirá del rol del Estado como garante de mayor equidad en el mundo, que aplicado a los problemas latinoamericanos, correspondería decir para disminuir la inequidad y la injusticia.

Así lo indica el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuando informa que la distancia entre ricos y pobres fue para América Latina el doble que en las economías desarrolladas.

Un efecto manifestado por los mencionados organismos internacionales, es que la relocalización de la producción hacia Europa y EEUU tiende hacia una baja en los niveles de empleo y de salarios de los países latinoamericanos, lo cual acentúa las complicaciones de la problemática precedente.

Adicionalmente, los devastadores efectos de la pandemia aceleraron gran parte de las tendencias preexistentes, adquiriendo mayores dramatismo y padecimiento.

Para reforzar la comprensión acerca del rol central del Estado, pueden citarse algunos datos irrebatibles.

Uno es que quienes pregonaron la desregulación económica y el achicamiento del Estado, durante 2018 y 2019 en Argentina, redujeron el PBI más del 8%, destruyeron más de 200.000 empleos formales del sector privado y causaron el cierre de más de 20.000 empresas.

Con la vuelta de un modelo de activa intervención del Estado, a partir de la presidencia de Alberto Fernández, hubo 306.700 empresas que recibieron el ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción) y 250.000 que consiguieron créditos subsidiados al 0% o al 24%, que es por debajo de la inflación, para afrontar la pandemia con perspectivas de supervivencia, sin lo cual no hubiesen podido.

Y ahondando en datos crediticios, los préstamos a la industria otorgados por el Banco Nación aumentaron cerca del 10% este año, en tanto que la Banca Privada disminuyó sus préstamos a la producción cerca de un 25%.

Así, queda a la vista que el Estado ocupa un rol clave para la recuperación económica, cosa que a la banca privada evidentemente no le interesa. Inclusive, en lo que tiene que ver con créditos comerciales, se muestra un incremento crediticio de la banca privada del 30%, al tiempo que el Banco Nación lo aumentó un 85%, corroborando las conclusiones anticipadas acerca de la vital actividad del Estado.

Sobre este escenario, conviene tener un panorama informativo que evite la contaminación de las mentiras que el poder concentrado difunde a través de su herramienta mediática.

Ellos inundan televisión, radio, periódicos y redes con la noticia de que las empresas se van del país.

Bueno, aunque es verdad que algunas se fueron, un informe de David Cufré detalla que son solamente 19 las firmas extranjeras que se retiraron del país, de las cuales 10 cerraron y 9 vendieron sus acciones a capitales nacionales.

Pero el mismo informe muestra que durante el mismo período, 896 empresas incrementaron sus inversiones, lo que suma más de 30.000 millones de dólares, y se divide en 177 empresas extranjeras, 701 de capital nacional y 18 de capital mixto.

Con astucia, David Cufré tituló su informe declarando que los anuncios de inversión le ganan por goleada al éxodo de empresas, 896 a 19.

Qué importante es estar atento para no dejarse engañar…

En suma, podríamos entender que vienen épocas de oportunidades, lo cual es bienvenido, pero nos obliga a comprometernos con vistas a lograr mejoras en términos de integración, inclusión y desarrollo.

Eso sí, nunca será mejor que con la Gran Patria Grande Latinoamericana Unida, Asociada y Coordinada.

Ese será el camino.

Tal como anticipó Juan Domingo Perón: Unidos o Dominados.

 

JD/

 

NAC&POP: (*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/