Recuperar el patriotismo como concepto fortalece la Soberanía

EL PATRIOTISMO COMO CONCEPTO

Por Jorge Rachid

Estamos hablando de colonialismo cultural, elemento esencial del diseño de destrucción de la memoria colectiva como práctica necesaria del control político y económico del país, que sucede desde hace más de 50 años, con la irrupción de la cultura dominante neoliberal que no sólo consolida el relato mitrista de los vencedores de Caseros, como mirada eurocentrista y dependiente, sino que consolida y reconstruye al Estado Colonial al servicio de los intereses mercantiles primero y financieros ahora.

 

 

Por Jorge Rachid

 

Ambas palabras, desalojadas del lenguaje cotidiano de la vida y la política, obedece a un vaciamiento cultural de la historia y tiende a una amputación del futuro, desprovisto de miradas estratégicas y determinaciones nacionales, que contengan las demandas del pueblo como destino común. Entonces no es una casualidad que tanto el patriotismo como la soberanía, forman parte del catálogo de “palabras nostálgicas” en los discursos neoliberales.

Estamos hablando de colonialismo cultural, elemento esencial del diseño de destrucción de la memoria colectiva como práctica necesaria del control político y económico del país, que sucede desde hace más de 50 años, con la irrupción de la cultura dominante neoliberal que no sólo consolida el relato mitrista de los vencedores de Caseros, como mirada eurocentrista y dependiente, sino que consolida y reconstruye al Estado Colonial al servicio de los intereses mercantiles primero y financieros ahora, de una capitalismo llamado global, pero en realidad universal depredador de las materias primas y buitre en lo macro económico.

Ese Estado, que termina desplazando al capitalismo productivo, que hoy se extraña frente a la devastación producida por la financiarización de la economía, la exclusión de las mayorías populares, el desempleo y la desindustrialización del país, que junto al abandono de la I+D en Ciencias y la intrusión del lucro en los sistemas solidarios de salud, educación y previsionales que alteraron el mapa de una Comunidad Organizada, reemplazándola por la ideología individualista y egoísta, del saqueo financiero neoliberal, es un Estado neocolonial.

Se podrá aducir que las últimas etapas democráticas, fueron no sólo avaladas por la decisión popular del voto y que esa circunstancia le dan la legitimidad de origen. Es cierto en términos teóricos, cuando se plantean los acontecimientos como sucesión de fotos que impiden ver la película, como es la circunstancias del endeudamiento externo desde la dictadura militar, la apropiación monopólica de medios hegemónicos, con la consecuente operación de ataque sistemático a todo el aparato productivo nacional, tanto privado como nacional, pero además en ese mismo tiempo se fueron desmontando los aspectos básicos del Estado de Justicia Social, que constituyeron el pilar de la cultura solidaria de los argentinos, consolidada desde hace 70 años, con la irrupción del peronismo, como expresión sincrética de la identidad mestiza, morena, criolla y profundamente americana, de la Patria Matria Grande.

Esa deconstrucción cultural era esencial al colonialismo, a los fines de comenzar a diluir la memoria e identidad, en la conciencia colectiva del pueblo en una manipulación a la sumisión, a la naturalización de situaciones de ajustes, ante planteos macro económicos que desplazan los ejes de las preocupaciones populares, de las cuestiones sociales y de calidad de vida, a los aspectos exclusivamente económicos en la construcción del modelo nacional. Eso lleva en un paso a la extranjerización de la economía y endeudamiento eterno, que les permite acotar los márgenes soberanos de decisión política de cualquier Gobierno elegido por la voluntad popular, que termina encerrada en una lógica dependiente, más allá de los intentos de modificación, siempre fallidos, de los aspectos estructurales del funcionamiento de ese Estado Colonial, como funciona hoy.

Las generaciones que han vivido bajo la cultura dominante neoliberal, van naturalizando aspectos básicos de la dominación, tanto en su mirada, como conjunto de ideas formativas de memorias colectivas, con referencias externas tanto culturales como de modelos sociales y productivos, importados, recibidos sin beneficio de inventario que terminan arrasando la industria nacional y produciendo los abismos de desempleo, funcionales a las flexibilizaciones de las relaciones laborales, la pérdida de los derechos sociales y la entrega del patrimonio nacional, al saqueo financiero y extranjerización de la economía.

Es cuando desde el análisis político deben defenderse las palabras, como trincheras del pensamiento nacional y popular, ya que su pérdida y dilución, permite al colonialismo asentar sus bases culturales en función de sus intereses. Si el Movimiento Nacional y Popular abandona los objetivos estratégicos que afianzan la soberanía nacional, va encontrando en cada etapa de la vida nacional, un piso de derechos cada vez más bajo, por lo cual se comienza la reconstrucción desde más atrás, con un Estado que ahoga iniciativas innovadoras, que siempre resultan cosméticas cuando pasan y generan una guerra nuclear cuando enfrentan aspectos centrales del Estado Colonial. Es que el poder concentrado lucha por sus privilegios, defendiendo ese Estado a su servicio, construido por décadas.

Entonces el patriotismo emerge como una pieza necesaria en el conjunto de objetivos a reconstruir, en especial para evitar que sea utilizado con fines esencialmente superficiales, emocionalmente provocados, en fechas Patrias o en luchas políticas sectoriales, antes que como discusión profunda, sistemática, de recuperación de memoria e identidad nacional plena, como relato histórico y como descripción de la realidad nacional e internacional, con mirada soberana y determinación política revolucionaria de Patria Matria Grande, liberadora de las sujeciones imperiales, tanto económicas como políticas que someten al mundo de hoy.

Sin ese debate de fondo, todo se discute en el andarivel del colonizador, en su agenda, en el marco de los elementos preestablecidos por un Estado funcional a intereses foráneos, un Estado mínimo al servicio del capital privado, antes que un Estado amplificador de derechos al servicio de las mayorías populares y gestor de un modelo social y productivo solidario, que reencuentre a los argentinos en un destino común, que construye la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación.

Ese desafío del Movimiento Nacional y Popular, se sustentará sin dudas en la filosofía doctrinaria de un peronismo que sigue dando respuestas a las demandas de la hora actual, en especial en sus aspectos del fortalecimiento de los seres humanos como vertebradores de los modelos de desarrollo y del cuidado de la naturaleza como contribución a la Humanidad, frente a un mundo depredador, brutal e inhumano, que se ha basado en la extorsión y el colonialismo emergente su presencia hegemónica en el país, sumiéndolo en una serie sucesiva de llamadas “crisis”, siempre atribuidas al carácter del pueblo argentino, culpabilizando al mismo de su deterioro.

A lo largo de la historia fue así, desde la invasión colonizadora caracterizando a los pueblos originarios de No humanos, luego institucionalizaron la colonización con los gobernadores y luego los virreyes, instalando procesos y leyes de sus propios países centrales, desde lo cual todos los nativos criollos eran tratados de súbditos. Luego del proceso de emancipación, los “decentes” europeístas catalogaron a los habitantes de las pampas como la barbarie, una excusa para postergar los reclamos de las provincias argentinas, todas preexistentes a la Nación institucionalizada, pero sometidas por el poder unitario y porteño europeísta, de traficantes y contrabandistas. Siguió con las luchas entre unitarios y federales, entre los créditos de la Baring rivadavianos y los degüellos a los caudillos populares, pasando por Mitre, Urquiza y Sarmiento como líderes del pensamiento colonial, enfrentado por José Hernández y el mismo Alberdi póstumo, entre otros patriotas, mientras el colonialismo cipayo se subía a los barcos franceses e ingleses para remontar el Paraná y crear una nueva república tapón: La Mesopotámica. Siguieron siempre los movimientos populares poniendo los muertos y los colonizadores las deudas, persiguiendo a Irigoyen y Perón y recurriendo a las dictaduras cívico-militares cuando no pudieron controlar la expresión popular organizada.

De ahí que la recuperación de las banderas revolucionarias de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, junto a la Tercera Posición internacional en la construcción de la Patria Matria Grande, se erige como una demanda de la hora, como única forma de vencer al colonialismo estructural que domina la escena institucional y cultural argentina desde hace 5 décadas, conformando una sujeción que clausura un desarrollo independiente del país.

El Frente de Todos es hoy expresión que comienza a recorrer ese camino, lento por cierto, pero con un objetivo común: neoliberalismo Nunca Más, lo cual constituye un primer vallado al avance colonial, que deberá desmontarse con habilidad e inteligencia, ante la fuerza brutal de la antipatria, que siempre se expresa con dolor social intenso y muerte. Ese camino deberá recorrerse con la paciencia necesaria de acumular musculatura en el campo popular, Comunidad Organizada, con la movilización necesaria, para apuntalar las medidas a adoptar que siempre originarán una reacción nuclear por parte de los dueños del poder, como viene sucediendo hasta hoy.

 

JORGE RACHID

PRIMERO LA PATRIA

www.lapatriaestaprimero.org

CABA, 10 de agosto de 2021