La isla descubierta en el siglo VII por los indios taínos es en la actualidad conocido como Haití, que en lengua taína significa “montaña en el mar”.

LOS HOMBRES DE LA BOLSA

Por Teodoro Boot

Tras el derrocamiento de Magloire, en 1957 gana las elecciones y es proclamado presidente, en medio de la algarabía de la mayoría de los haitianos, ignorantes de que, en algún momento y sin que nadie llegara a advertirlo, el benévolo Papá Doc había sido poseído por el temible Barón Samedi.En los casi treinta años reinaron en Haití, los hombres de la bolsa que despacharon hacia el mundo de los muertos a más de 150 mil almas.

 

 

Por Teodoro Boot,

La verdad verdadera, Editorial Ciccus

 

Durante la ceremonia de Bois Caiman celebrada el 14 de agosto de 1791, bajo el signo de Leo, el hougan Dutty Boukman dirigió el juramento para luchar por la libertad, bendecido por la sacerdotisa Cecile Fatiman, quien ofrendó a los dioses el reglamentario cerdo negro.

Con este sencillo acto comenzó lo que sería la independencia del tercio occidental de la isla que Cristóbal Colón había llamado La Española.

Cristóbal Colón fue un comerciante genovés que al servicio de la corona española se internó en la mar océano con el propósito de llegar a Japón.

La expedición resultó un fracaso: en el camino se topó con dos islas, a las que nombró Isla Juana y La Española.   detrás de ellas con todo un continente que le impedía el paso.

Sin embargo, hoy es recordado y homenajeado por un acto involuntario que los indios taínos habían llevado a cabo  voluntariamente 800 años antes y sin hacer tanta alharaca.

El tercio occidental de la isla descubierta en el siglo VII por los indios taínos es en la actualidad conocido como Haití, que en lengua taína significa “montaña en el mar”.

Para mayor información, es el nombre del primer país americano que, lugo de la ceremonia del Bois Caiman, en un mismo acto declaró su independencia y abolió la esclavitud.

En 1907, en esa montaña que se erguía en medio de Caribe, un 14 de abril, bajo el auspicio de Aries, en el seno de una humilde familia de agricultores provenientes de la  Martinica, llegaba al mundo un niño al que llamaron François.

No obstante su origen y la pobreza familiar, conseguirá comenzar sus estudios universitarios en la facultad de Medicina y con el tiempo y debido a su esforzado trabajo en la lucha contra diversas enfermedades que afectaban a los sectores más postergados, llegará a ser director general del Servicio Sanitario Nacional y, poco después, ministro de Sanidad y de Trabajo.

En el trayecto, cosechará considerable popularidad, hasta ser considerado el médico padre de los pobres, “Papá Doc”.

Todo iba bien hasta que en 1950, al oponerse al gobierno del coronel Paul Eugène Magloire, quien también había nacido en 1907, aunque un 19 de julio, lo que como todo el mundo sabe, está regido por el signo de Cáncer, François se ve obligado a pasar a la clandestinidad.

Tras el derrocamiento de Magloire, en 1957 gana las elecciones y es proclamado presidente, en medio de la algarabía de la mayoría de los haitianos, ignorantes de que, en algún momento y sin que nadie llegara a advertirlo, el benévolo Papá Doc había sido poseído por el temible Barón Samedi.

El Barón Samedi es uno de los espíritus intermediarios entre los hombres y Bondye, el regente del mundo sobrenatural.

Pero no es un ánima cualquiera, sino un omnisciente espíritu de la muerte y el sexo violento, un obsceno y siniestro dios del porno duro, aficionado a la ingesta ex-cesiva de ron.

El Barón Samedi tiene también el don de la resurrec-ción.

Si lo encontramos de buen humor, puede prolongar-nos la vida indefinidamente. En caso contrario, cavará an-tes de tiempo nuestras tumbas, donde seremos enterrados vivos o, peor todavía, nos convertirá en zombies, muertos vivientes eternamente a su servicio.

De recordarse el carácter sádico del Barón, su afición al sexo y los numerosos símbolos fálicos e instrumentos de penetración de que se rodea, se advertirá, sin necesidad de ulteriores comprobaciones, lo dolorosa que puede llegar a ser la existencia de un zombi.

Extrañamente, el Barón es tenido por ser un juez tan cruel y sádico como sabio, y un gran mago de comportamiento grosero y libertino que no niega su amor a ninguna mujer hermosa.

Para el Barón Samedi, todas las mujeres de la tierra son hermosas.

Para cumplir sus fines, tiene bajo su control una le-gión de espíritus. Visten de negro y usan anteojos oscuros, como el propio Barón, al que ayudan a llevar a los muertos al mundo terrenal.

En esta nueva encarnación del Barón Samedi, Françoise Duvallier tenía a su servicio una legión de espíritus que lo ayudaban a llevar a los vivos al mundo de los muertos.

Los espíritus al servicio de Françoise Duvallier vestían de negro como él y también llevaban anteojos para el sol.

Formalmente llamados Voluntarios de la Seguridad Nacional, eran conocidos como Tonton Macoutes, en créole, literal-mente, “los hombres de la bolsa”.

Inmune a la acción de los humanos,  en 1971 Papa Doc fue asesinado por una diabetes mellitus.

En griego, la palabra diabetes significaba “compás” y también “paso” y fue utilizada por Areteo de Capodocia, en el segundo de sus sentidos etimológicos, para referirse a una enfermedad caracterizada por la eliminación de grandes cantidades de orina.

La palabra mellitus (del latín, “miel”) fue añadida en el año 1675 por el doctor Thomas Willis, luego de comprobar que la orina de un paciente diabético tenía sabor dulce.

El Barón Samedi no tuvo la menor relación con los originales deleites del doctor Willis, pero sí con la Constitución de Haití, según la cual, luego de transformarse en divinidad, Papá Doc sería sucedido por su hijo Jean Claude, un obeso adolescente conocido como Baby Doc, que gobernó hasta ser derrocado por una insurrección popular del  7 de febrero de 1986, bajo el signo de Acuario.

Si bien en 1986, el cuerpo de Francosise Duvalier fue desenterrado y, como corresponde, ritualmente apaleado, la maldición no pudo ser conjurada y, en la actualidad, gracias a la tala indiscriminada de los bosques, la sobreexplotación de sus recursos, el monocultivo y la eficaz ayuda internacional, Haití es un exótico desierto tropical en el que las lluvias arrastran periódicamente toneladas de barro de las laderas de las montañas, sepultando las casas y sus habitantes. Ostenta varios récords: el de pobreza, el de mortalidad infantil, el de analfabetismo, el de enfermos de sida, y así.

En los casi treinta años en los que esta versión siniestra de Dr. Evil y su hijo reinaron en Haití, los hombres de la bolsa despacharon hacia el mundo de los muertos a más de 150 mil almas.

Ni el propio Barón lo hubiera hecho mejor.

 

Fuente: Teodoro Boot, La verdad verdadera, Editorial Ciccus