El 80% de la producción agropecuaria de nuestro país, productos primarios y agroindustria, salen al mundo usando los puertos del Paraná.

ECONOMIA: IDENTIFICACIONES SOBERANAS Y EL RÍO PARANÁ

Por Julián Denaro* (FOTO)

Conseguir una distribución más justa y equitativa del total de riqueza producida por el país es un irrenunciable objetivo e insistente foco de atención. El incansable saqueo al que nos someten las corporaciones trasnacionales y el imperialismo, condicionan los recursos disponibles.

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
12/08/2021

Conseguir una distribución más justa y equitativa del total de riqueza producida por el país es un irrenunciable objetivo e insistente foco de atención.

Al mismo tiempo, el incansable saqueo al que nos someten las corporaciones trasnacionales y el imperialismo colonialista, condicionan significativamente los recursos disponibles. La doble lectura se puede expresar de la siguiente manera para visualizar ambos problemas:

Si ordenásemos desde el número uno, el más rico, hasta el número 45 millones, el más pobre, y aún si ese ordenamiento no se modifica con el paso del tiempo, los mecanismos de concentración hacen que el 70% del conjunto sea más pobre.

Y eso es consecuencia de que el 10% de arriba es más rico o, manifestado adecuadamente, que el 10% de arriba se quedó con lo que antes estaba distribuido en el conjunto inferior.

Pero además, los canales a través de los cuales agentes extranjeros nos extraen recursos, resultan en que encima tengamos menos para repartir.

Como se ha destacado reiteradamente, el ejemplo claro es el gobierno de Macri, que comenzó en el 2015 con un Producto Anual de 600.000 millones de dólares, cuando estábamos ubicados en el puesto 20 del mundo, disminuyendo a 430.000 millones de dólares y descendiendo al puesto 28 en 2019.

Queda a simple vista que los dos problemas operan simultáneamente.

Por esto debe urgentemente intervenirse sobre la matriz de distribución de ingresos, en sentido contrario a la concentración de ingresos, que significa que unos pocos se apropian de un porcentaje cada vez mayor de la torta. Indudablemente, el gobierno de Alberto Fernández ha tomado cartas en el asunto desde su primer día, habiendo comenzado un período que requiere ser constante y duradero en el tiempo.

Ambos conflictos se ponen en juego cuando se aborda el asunto del Río Paraná, que oportunamente conviene resaltar en este momento.

Por un lado, la enorme riqueza ictícola, es decir, los ingresos provenientes de la pesca de las enormes variedades de deliciosos peces y, por otro lado, sabiendo que se trata de comunicación fluvial internacional, que comunica tres países, que son Brasil, Paraguay y Argentina, añadiendo que además tiene salida al Océano Atlántico a través del Río de la Plata.

Esta propiedad no es un dato menor, ya que el 80% de la producción agropecuaria de nuestro país, tanto de productos primarios como de la agroindustria, salen al mundo usando los puertos de dicho río.

Durante el gobierno de Menem (1989-1999) se entregó la concesión de los mencionados puertos a corporaciones extranjeras, que se apropiaron del manejo del producto de toda esta riqueza y de las vías comerciales interregionales e internacionales.

El caudaloso drenaje fue penoso desde entonces, pero con vistas a recuperar la soberanía sobre el Paraná, coexisten dos cuestiones favorables en este momento.

Una es el vencimiento de aquellas concesiones, después de 30 años.

La otra, que tenemos un gobierno peronista, vale decir, nacional y popular, que dentro de su espíritu posee la voluntad de mudar ese estratégico manejo, desde las corporaciones trasnacionales al Estado argentino.

Así las cosas, el gobierno postergó un año las definiciones, con la perspectiva de robustecer el poder político necesario para actuar de la mejor manera, que implica la instalación en el debate público.

Nunca es inapropiado insistir, para nunca dejar de tener presente, que los números proporcionados por diversas investigaciones en el tema, estiman que en tan solo tres años de lograda la recuperación de la soberanía sobre el Río Paraná, un plan integral de explotación sería capaz de dejar en cero el total de la deuda externa de nuestra nación.

Por su parte, tampoco resulta inadecuado recordar que la deuda externa en moneda extranjera, fue incrementada durante el gobierno de Macri desde el 11% al 45% del PBI, siendo los correspondientes valores en millones de dólares, redondeando, 70.000 y 200.000.

Al mismo tiempo, corresponde complementar el desarrollo de esta estratégica cuestión, con la mención de que la enorme riqueza tanto ictícola como comercial y turística, también incluye al Río de la Plata y al Mar Argentino que, de hecho, es la mayor región de pesca del mundo perteneciente a un país. Asimismo, además de añadir los mariscos a la descripción de su riqueza ictícola, debe resaltarse la desbordante riqueza petrolera y la comunicación tanto con la Antártida como interoceánica.

Tal es así, que estos son los motivos que causan el conflicto internacional referido a la soberanía sobre las Islas Malvinas, que son Argentinas.

Tan clara y evidente es esta disputa, que se vuelve imprescindible la necesidad de incrementar los reclamos de soberanía, tanto en el tema Malvinas como en el tema Río Paraná.

Mediante la conciencia de nuestro pueblo, con actividad creciente, deben instalarse como temas de discusión mediática y en la mesa de los argentinos, lo que nosotros consideramos estratégico, en vez de solamente responder los enunciados que instalan los poderes hegemónicos a través de los medios de difusión que manejan.

Se deben constituir sólidas identificaciones en este sentido, lo cual no es algo menor.

Las identificaciones son primordiales en el desarrollo humano.

De hecho, la identificación con nuestros progenitores y con los valores y costumbres familiares, resultan los primeros ejes organizadores, así como la educación inicial.

Ofician como leyes que regulan, moldean y direccionan la energía vital, así como proporcionan el espacio cultural sobre el cual cada ser humano crece y se desarrolla en sociedad. Jacques Lacan explica que en la psicosis, la falta de cohesión que se vuelve desintegración, es posible cuando falta la ley que organiza.

Así las cosas, véase cuán importante y trascendente es contribuir a crear y solidificar una profunda asociación entre los valores y estos elementos identificatorios concernientes a la Soberanía Nacional, indispensables para conseguir la Independencia Económica y lograr la Justicia Social.

JD/

(*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.