Overton, abrí la ventana que la campaña viene de Covid

LA “VENTANA DE OVERTON”

Por Carlos Caramello

Hubo un tiempo en el que existían cosas inaceptables. Temas absolutamente revulsivos para la humanidad en su conjunto. Cuestiones que no podían atravesar el filtro de lo social. Pero, allá por 1980, un ingeniero y doctor en derecho, llamado Joseph Paul Overton le encontró el agujero al mate, a pesar de ser nativo de Michigan.El tipo, que más allá de sus títulos estaba absolutamente dedicado al lobby y los grupos de think-tank

 

 

Por Carlos Caramello *

Revista Mugica

agosto 12, 2021

 “Si te atribuyes la bendición de la lluvia

es probable que te hagan responsable de la sequía

Sabiduría Cherokee

 

Hubo un tiempo en el que existían cosas inaceptables. Temas absolutamente revulsivos para la humanidad en su conjunto. Cuestiones que no podían atravesar el filtro de lo social. Pero, allá por 1980, un ingeniero y doctor en derecho, llamado Joseph Paul Overton le encontró el agujero al mate, a pesar de ser nativo de Michigan.

El tipo, que más allá de sus títulos estaba absolutamente dedicado al lobby y los grupos de think-tank (una absoluta novedad por esos días), puso en valor un concepto de comunicación política que luego, en 2003, cuando él ya había fallecido, se dio a llamar: La Ventana de Overton. Y que no es otra cosa que tomar una idea tabú, impensable, y convertirla en algo popular, hasta deseable.

Esta teoría suele explicarse tomando como ejemplo el “canibalismo” a fin de utilizar un práctica condenada por las sociedades contemporáneas pero, para que el artículo se ajuste a su título, voy a emplear la pandemia de Coronavirus y su resultante en muertes en la Argentina, para demostrar como, gracias al método propuesto por Overton, aquel remedo de suicidio colectivo que en marzo de 2020 parecía inconcebible, en campaña política 2021 se ha vuelto hasta natural… y hasta legal.

Se hace necesario aclarar en este aspecto que, aunque la derecha en la oposición no haya pensado en un primer momento en esta herramienta, desde el primer día tuvo muy claro la potencia comunicacional que éste virus ofrecía para que, un sector que había sido desalojado del poder por sus ineficiencias y errores en el gobierno, pudiese confrontar sin necesidad de hablar del pasado.

Pensar Lo Impensable

Superar lo inaceptable es el primer paso que propone Overton. Permitir el paso de aquello que mantendría la puerta cerrada y, por lo tanto, necesita entrar por la ventana. Para colar por ahí es imprescindible un amparo potente, algo que movilice a la sociedad, y esto se logra partir de la intervención de unos pocos sujetos que gocen de prestigio y sean, a la vez, formadores de opinión. En el caso del Covid 19, luego de unos pocos días de cuarentena estricta -que produjeron el deseado colchón para que no desbordaran los sistemas sanitarios- desde la Ciudad de Buenos Aires empezaron a alzarse voces que reclamaban por las libertades individuales y esgrimían derechos constitucionales de tránsito y desplazamiento. Algunos irreprochables sabiondos del Derecho hicieron oír sus añagazas que, rápidamente, el Gobierno porteño, apalancado por un grupúsculo de la Derecha más reaccionaria, salió a apoyar sumando el tema de la economía a los discursos leguleyos.

En síntesis, tal y como lo propone Overton, algunos “expertos” que no necesariamente tenían saberes sanitaristas ni epidemiológicos, ingresaron en el debate para exigir que “todas las voces” sean escuchadas y así obligar a repensar eso que, hasta pocos días antes, era impensable y que se sintetizó en la frase del líder espiritual del PRO, Mauricio Macri: “Que se mueran los que se tengan que morir”.

Radicalizar lo Radical

Lograda esa apertura, se incorporan al debate los sujetos más radicalizados, más fanáticos, más delirantes. Los que, naturalmente, son presentados como pensadores de pasado mañana, una suerte de “avant garde” filosófica de la Pandemia y sus resultados locales. Y aunque la mayoría son representantes intelectualoides de la gerontocracia en el poder (Sebreli, Sarlo, Brandoni, sólo para hilvanar algunos ejemplos) todos expresan pretensiones de novedad y de futuro. O sea, intervienen posando de abiertos para, de esta manera, arrinconar en la esquina de la intolerancia (que aquellos que siempre suben la apuesta no dudan en calificar de fascista) a quienes pretenden transitar por experiencias más conservadoras que, en otras latitudes, han demostrado su eficacia, al menos en los que a cantidad de muertes refiere.

En este punto, aparecen las vacunas contra el Covid 19 y se produce una suerte de bipolaridad opositora que bien podrá considerarse la reinterpretación de la Ventana de Overton o, en todo caso, un aggiornamiento que podría ser denominado La Mirilla de Lilita La banderola de Carrió porque, mientras bajo el pretexto del ejercicio de las libertades intrínsecas al ser humano, los intelectuales carcamanes organizan marchas y contramarchas, la líder de la Coalición Cívica denunciaba al presidente de la Nación y demás funcionarios por envenenar a la población con el uso de Sputinik V, versión rusa del suero.

Aceptar lo Aceptable

Fabricado este consenso de pocos -aunque potentes- a través de un fuerte respaldo de los medios concentrados (cuyos periodistas estrellas decían a los gritos que “no era para tanto”, definían a la cuarentena de 15 días como “la más larga del mundo” y expresaban públicamente que justificarían esa medida “si hubiese 20.000 muertos”), el choque contra los que se oponían a las medidas aperturistas se profundiza. Y, como “nada de lo humano me es ajeno… sobre todo lo económico”, la Derecha empieza a golpear el oído social con la cantinela “así van a quebrar la economía”, casi como advirtiendo que no era porque ellos habían endeudado a la Argentina por 100 años y habían fugado más de 80.000 millones de dólares.

Se tensa la cuerda y, sin abandonar ninguna de las acciones anteriores, se lleva aquello que en principio era horroroso, al plano de lo aceptable. “No es lo mejor -admiten- pero es aceptable” y reclaman más apertura mientras combaten las vacunas que llegan a la Argentina y exigen otras con las que no se había llegado a un acuerdo y que, aunque en aquel momento s hubiera acordado, no hubiesen sido provistas de todos modos.

Científicos poco rigurosos muestran logros de otros países incomparables con Argentina; empresarios de la salud nada escrupulosos reclaman aumentos para sus empresas de medicina prepaga; periodistas que tienen la misma relación con la ciencia que Macri con la decencia hacen lobby para los laboratorios que aún no han podido vender sus productos a la Argentina; padres aburridos de sus hijos reclaman el regreso a la presencialidad y, como todos sienten un poco de responsabilidad en el fondo, aceptan lo del otro para que el otro acepte lo suyo. El presidente sale al cruce. Dice “Prefiero un 10 por ciento más de pobres que tener 100.000 muertos” pero la cosa se desliza por los rieles de lo “aceptable” y nadie da ya mucha bola.

Sensatez para lo Sensato

Pero, que algo sea aceptable no es suficiente si pretendemos volver virtud aquello que nació viciado. Y entonces hay que apelar a la sensatez. Porque desde Durán Barba a esta parte, lo importante es el sentido común. Y para eso, nada mejor que la Historia que, en su devenir, siempre produce algún hecho que justifique lo que se necesita justificar. Disclaimer. Es la hora de los descargos de responsabilidad. Por más que desde el hemisferio Norte lleguen noticias de una segunda ola de virus que se evidencia peor que la primera, la Ciudad puede abrir las escuelas porque los alumnos necesitan contacto; y los padres pueden mandar a sus hijos porque la Ciudad les ha prometido burbujas sanitarias y además “la escuela no contagia”, y todos podemos viajar en colectivo porque hay que trabajar y entonces abrimos las ventanillas y… y… y todos tienen razón porque es sensato. A pesar de que mueren docentes y no docentes, los pibes se pasan el virus como si cambiaran figuritas y la curva de contagio crece en forma exponencial, la apertura es sensata porque la Suprema Corte dice que la medida es sensata. Total, al final de todo, la culpa es del Gobierno nacional.

Popular, aunque no sea Populoso

Es sabido que no hay sensatez ni sentido común si no vienen acompañados de ídolos populares, aún cuando los que acompañan no sean realmente muy populares. Y, entonces, hay que abrazar aquello que sí tiene consenso entre millones de hombres y mujeres. Y, en la Pandemia, fracasada la campaña de los “anti-todo” lo que alcanza verdadera aprobación son las vacunas

Entonces, Lilita explica que no dijo que fuesen veneno sino que Putin envenena a sus opositores; el jefe de Gobierno de CABA sale desesperado a querer comprar dosis (a hacer el anuncio, bah, porque cuando Axel Kicillof se propuso comprar, lo hizo); Sarlo explica que no le ofrecieron “vacunarse por debajo de la mesa” y Macri, que había asegurado que no iba a inmunizarse hasta que no estuviese vacunado “el último de los argentinos”, viaja a Miami y se aplica una dosis de J&J para -dice- donar la que a él le correspondía.

Y allí empieza otro debate: si se vacuna poco, si hay cantidad suficiente, por qué todas las que llegan no se aplican ni bien las bajan del avión, cuándo le compramos a los laboratorios a los que no les compramos y otra sarta de boberías que no tienen nada de sensato pero alimentan la discusión.

Politizame lo Político

Los decretos presidenciales no alcanzan porque todo el mundo hace lo que quiere. La ley que establece la relación entre contagios y aperturas no consigue quorum para ser tratada. Todas las curvas crecen. Llegamos a 40 mil infectados en un día. Con los índices de pobreza trepando, alcanzamos la tristísima suma de 100.000 muertos. Los diarios más importantes de la Argentina hacen una tapa toda negra con la cifra. La oposición -que juraba que el Covid no existía y que las vacunas eran veneno-, ahora pide a los gritos celeridad en la vacunación. Ya no alcanza con una dosis, ni con dos: necesitamos tres y que la tercera sea de Pfizer. En los vacunatorios de CABA, junto con la ficha en la que registra la aplicación te dan un panfleto con la cara de Rodríguez Larreta y un speech sobre la excelencia del sistema en la ciudad… Y Overton, desde su tumba, vuelve a sonreír porque, una vez más, aquellos que era impensable, se ha vuelto políticamente correcto. Al borde de los 110.000 muertos, los controles se relajan. Todos apuestan a la extensión de la inmunidad. Todos pivotean la campaña para las elecciones de medio término sobre la afilada aguja de las jeringas. Todos se pasan facturas por el tratamiento que se le ha dado a la crisis. Nadie está libre de pecado –sobre todo algunos opositores- pero tampoco nadie se hace totalmente responsable de nada…

Por suerte, la ventana de Overton sigue abierta, porque, atención electores: hay que mantener ventilados los espacios de la comunicación política.