¿La oposición se suicida? No, siguen engañando a los incautos.

SIN ÉTICA NI MORAL

Por Luis Hipólito Alen

Las reglas de la moral, como código de conducta individual, condenan a estos sujetos. Mucho más los deberes éticos de cualquier legislador. Pero estos tipos no saben de moral ni de ética. Desparraman su veneno ante empleados de los medios que no se animan a cuestionarlos, no sea cosa que los reten. Hacen uso y abuso de la violencia de género, verbal en este caso pero violencia sin duda.

 

 

Por Luis Hipólito Alen*

05 agosto 2021

En estos días, como si la cercanía de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias perturbara todavía más algunas mentes que no se caracterizan precisamente por la lucidez, se multiplicaron los disparates y las agresiones entre una oposición que no tiene más que egoísmos y miserias como programa y que solo ofrece un discurso degradante, retrógrado, que no puede generar más que repudios. Gente sin ética ni moral. Hay que decirlo y explicarlo. Ética y moral son términos que, aunque de orígenes etimológicos distintos se refieren a lo mismo. A la costumbre, dentro del marco comunitario de valoración.

Ética viene del griego ethos, moral del latín mores. Son términos que significan lo mismo, sinónimos. Sin embargo, en el marco social ética y moral se han ido diferenciando a lo largo del tiempo, porque mientras que se habla de moral cuando se hace referencia a la conducta que se enmarca en valores sustentados en creencias esenciales, en una fe, en convicciones o en una determinada concepción del mundo. También se usa el término moral para hablar del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia. En cambio, cuando hablamos de ética nos referimos al comportamiento de los seres humanos en sociedad. Porque la moral y la ética son productos sociales, forman parte de la conciencia social, emergen de la existencia social y son históricas y concretas.

La ética no es inmutable, varía según el tiempo, el espacio y la concepción del mundo que se tengan. También se habla de ética cuando nos referimos al conjunto de obligaciones de aquellas personas que tienen una actividad profesional en común, o sea, a la ética profesional, que concluye en el dictado de un cuerpo normativo que contiene los deberes a los que deben ajustarse los profesionales de una determinada actividad, esto es, un código de ética. Aquí debemos introducir el término deontología, que desde lo etimológico designa al deber ser. Con esas aclaraciones, podemos examinar la realidad argentina y el actuar de distintos personajes, tanto los que se mueven en el ámbito de la política cuanto los que deambulan por los medios de comunicación social. Y vamos a encontrarnos con un conjunto variopinto de personas que no tienen ética ni moral y que son protegidas, desde los medios hegemónicos, por otras personas que desconocen cualquier regla deontológica.

En el festival de acusaciones cruzadas que ha caracterizado la presentación de las listas que competirán en las PASO para quedarse con la representación de la franja opositora al actual gobierno, como si fuera una gigantesca burla apareció la saltimbanqui que preside al PRO hablando de reglas éticas destinadas a regir la contienda interna. Más o menos como si un envenenador advirtiera acerca de los riesgos del cianuro. Y de repente, el pasquín fundado por Bartolomé Mitre en 1870 -que no es precisamente un ejemplo a seguir en la materia-, nos informa, el 31/07/2021, que “Así es el ‘manual de convivencia’ para las internas que debate Juntos por el Cambio”.

En principio, uno tiende a suponer que si ahora precisan un manual de convivencia es porque nunca les gustó verse acompañados, entre sí, a quienes pretenden ser candidatos. Para decirlo más claramente, quiere decir que a María Eugenia Vidal no le caen demasiado bien ni los seguidores de Ricardo López Murphy ni los deshilachados restos del radicalismo que postulan a Adolfo Rubinstein, el funcionario que primero aceptó ser degradado de ministro a secretario, y que hace poco reconoció que la salud -que era de lo que debía ocuparse-, no era prioridad durante la gestión del alejado seguidor de Netflix. O que a Diego Santilli la aparición de Facundo Manes le hace tanta gracia como la que le produciría ser pateado por un burro en sus partes pudendas.

Pero vayamos a la nota, así nos enteramos de que “El texto, al que tuvo acceso LA NACION, iba a ser presentado durante el fin de semana por los jefes de los partidos que integran la alianza opositora a nivel nacional: Patricia Bullrich (Pro), Alfredo Cornejo (UCR) y Maximiliano Ferraro (CC). Sin embargo, un nuevo dardo de Elisa Carrió contra Manes, el postulante que apalanca el radicalismo en el terruño bonaerense, obligó a postergar la difusión del compromiso ético”. Recordemos, de paso, que la profetisa del caos nunca cumplido dijo que el neurocandidato era un mitómano. De todas maneras, el texto de marras es “una suerte de reglamento interno para los precandidatos de la principal coalición opositora que se subirán al ring electoral en los próximos comicios de medio término. Bullrich fue la encargada de escribir una primera versión del ‘código de ética’, que circuló durante los últimos días entre asesores y autoridades de Pro, la CC y la UCR”. Parece una noticia falsa, difundida por quienes no quieren a los opositores en cuestión, pero no.

Vamos al texto: “Los candidatos de Juntos por el Cambio -cualquiera sea la denominación que la coalición adopte en cada jurisdicción- defienden y sostienen los principios y valores republicanos y democráticos de gobierno, así como el sistema federal, la libertad individual, la libertad de prensa y la libertad religiosa, el respeto irrestricto a la propiedad privada y a todos los derechos, deberes y garantías enunciados en la Constitución Nacional, el valor del trabajo y del esfuerzo personal, la defensa de los honestos contra las acciones de quienes delinquen, la educación como forma de promoción social, la división de poderes, la independencia de los órganos encargados de administrar justicia y de los organismos de control, la publicidad de los actos de gobierno, la igualdad ante la ley, la rotación de las funciones ejecutivas, la autonomía de las provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Caramba. Una manifestación de esas características apunta con mucha precisión al modo de actuar de quienes, al parecer, la están formulando.

¿La oposición se suicida? No, sigue engañando a los incautos. “Por tanto, cada uno de los candidatos promete: 1. No mentiré ni mantendré reservas respecto de mis propias ideas o de las acciones que proyecto para el caso de resultar elegido. Me comprometo a la verdad, que tiene valor por sí misma y es fuente de toda confianza”. Suena de fondo una canción que habla de cuando la mentira es la verdad.

La siguiente promesa que debe hacer el pretendiente a candidato es “2. Transmitiré con claridad mis ideas e iniciativas, expondré las dificultades que desde mi punto de vista existan para llevarlas a cabo y explicaré correctamente por qué considero que el público, según mi criterio, debe preferir mi lista a la de otros candidatos de la coalición o de otros partidos”. Por lo que han venido demostrando, sus ideas e iniciativas se refieren casi con exclusividad a cómo echar mano de la mayor cantidad de riquezas (que deberían ser distribuidas equitativamente en el cuerpo social) por lo que es difícil, cuando no imposible, que vayan a decirlo públicamente. Además, esta gente cree que se la debe preferir a los demás porque son populistas feos, sucios y malos. Lo que nos lleva al tercer principio: 3. “Actuaré y me expresaré en todo momento con respeto y lealtad respecto de mis oponentes internos y del público. No me referiré a ellos con criterios discriminatorios de cualquier tipo, sean de carácter religioso, étnico, de edad, sexual, orientación sexual, identidad de género o pertenencia social. Tampoco promoveré ni me involucraré con ellos en rencillas innecesarias que pudieran afectar el prestigio de nuestra fuerza”. Se ve que hay muchos que lo entendieron al revés, pero de eso vamos a hablar más adelante.

“4. En los debates, escucharé los argumentos de mi oponente interno, estableceré con él un diálogo sincero y democrático, sin trampas y centrado en el respeto mutuo; valoraré su contribución a la política y le facilitaré las posibilidades de expresarse, sin intentar bloquear o interrumpir sus explicaciones”. Como dijimos, Carrió dice que Manes es un mitómano, Manes que Larreta usa los fondos de la ciudad autónoma para bancar a su candidato en provincia, y así sucesivamente.

“5. No utilizaré ni instigaré a la utilización de las redes sociales de manera agraviante o desleal ni propiciaré que otros lo hagan por mí respecto de mis oponentes, sea con identidad propia o con personalidad fingida u oculta”. Esto es casi una confesión de qué es lo que han venido haciendo desde hace tiempo, y causa pavor y preocupación a la legión de trolls que la derecha usa cotidianamente para agraviar a todo el mundo. Pero no se preocupen, cuándo se ha visto a los candidatos de la derecha cumplir con lo que prometen.

“6. Procederé con honestidad en la fiscalización de las elecciones, cuidaré y haré cuidar el voto de mi oponente interno tanto como el de mi propia lista”. O sea, si hay que comprometerse a esto es porque hasta ahora no lo han hecho.

“7. No estableceré acuerdos con personas de otros partidos políticos a fin de obtener ventajas sobre mi oponente interno”. Con razón Pichetto no es candidato. Pero, ¿qué hacen en las listas Stolbizer y otros por el estilo?

“8. Honraré el compromiso con mi partido, por cuya lista aspiro a ser elegido. En caso de acceder al cargo para el que me presento, permaneceré en el bloque de Juntos por el Cambio hasta el final de mi mandato y cumpliré con su plataforma”. No hay mucha confianza en la fidelidad de los candidatos, parece.

“9. Una vez definidos los resultados formalmente, los aceptaré con grandeza de espíritu y unificaré esfuerzos con quien fue mi oponente interno para el triunfo de nuestra coalición”. ¿Grandeza de espíritu? Pedir peras al olmo no da resultado, muchachos.

“10. Cumpliré, antes y después de la elección, con la letra y el espíritu que figura en el enunciado de este compromiso, sus principios y valores”. Bueno. Pero tamaña manifestación no cuajó. Demasiados compromisos incumplibles. Por las dudas, Laura Serra, el 02/08/2021, nos cuenta que “Elisa Carrió no da por saldada su disputa con Manes y desconfía de Morales”.

La pitonisa de Exaltación de la Cruz seguramente estaba aburrida. Para peor no figura en ninguna lista. Todas las barbaridades que se le ocurrieron para hablar del gobierno no agotaron su necesidad de confrontar continuamente con alguien. Dice la cronista que “Carrió cree que detrás de cada movimiento de Manes está Morales, uno de los promotores de su candidatura contra Diego Santilli, el hombre de Rodríguez Larreta en Buenos Aires. Carrió recela de Morales y de sus ambiciones presidenciales. Por ello, por más ‘acuerdo de convivencia’ que se promocione en Juntos por el Cambio –como el que se difundió ayer– la tensión estará latente mientras persista esta disputa soterrada, aunque feroz, por el liderazgo de Juntos por el Cambio”.

Para los lectores de la Tribuna de Doctrina, vaya una aclaración para que no sufran: no es de don Joaquín de quien sospecha Lilita, sino de Gerardo, el carcelero de Milagro Sala. Y esto ocurre porque “en diálogo con radio La Red, el gobernador jujeño sostuvo que el jefe de gobierno porteño ‘ya lo corrió a Mauricio [Macri] y le pasó el cepillo a Patricia [Bullrich]’; sostuvo que Rodríguez Larreta ‘ya se cree presidente’ y lo tildó de ser ‘responsable fundamental’ por la ‘campaña de desprestigio’ contra Manes”. El sátrapa fronterizo quiere resucitar el pasado, con multitudes que seguían al radicalismo, y se imagina al frente de la marea de boinas blancas. Y el porteño cree que las multitudes lo tienen que seguir a él. Por suerte, uno cree que esas multitudes no pretenden suicidarse.

Citemos alguna de las frases que publica Manes. Preguntado por las críticas de Margarita Stolbizer a la presencia de Jesús Cariglino en su lista, contestó que no podía importar noruegos. O sea, los noruegos son mejores que los candidatos que incluyó en su lista pero están tan lejos… Mientras tanto, Stolbizer está molesta pero de la lista no se mueve. Ahora que logró ser candidata no la van a sacar así nomás. Y vamos a la columna del Morales de LA NACIÓN. El 04/08/2021 el cronista del genocida Operativo Independencia amonesta: “Las visitas a Olivos: un mal ejemplo”. Pero no se refiere a los camaristas Hornos y Borinsky, no vaya usted a creer que le dio un ataque de periodismo serio. No. Morales Solá se mete en un tema que inauguró, en el canal del pasquín de los Mitre-Saguier, Carlos Pagni, cuando creyó encontrar pruebas de la degradación del gobierno en las visitas de Sofía Pacchi a la quinta de Olivos.

Con un tono pretendidamente sardónico, el ex procesado por espiar donde no debía insinuó que en esas visitas había algo indebido. Vamos a aclarar que una de las reglas de la deontología comunicacional -que existe, aunque en la Argentina no haya un código de ética periodística-, obliga a chequear la veracidad de una noticia, mucho más cuando puede afectar la dignidad de una persona. Pero Pagni no cumplió esa regla. Si lo hubiera hecho, se habría enterado de que Sofía Pacchi trabaja para el Estado, asistiendo a la Primera Dama Fabiola Yáñez. Por ende, nada raro había en sus visitas a Olivos. Pagni no podía ignorar que con su comentario destapaba una caja de Pandora. Porque en reportajes y tuits sucesivos algunos de los personajes más deplorables que pululan por la Cámara de Diputados, formando parte del bloque opositor, agregaron a las visitas de Pacchi las de Florencia Peña y Úrsula Vargues, atribuyéndoles un carácter de escándalos sexuales. Una acusación infundada y miserable, propia de la violenta misoginia con la que Fernando Iglesias y Waldo Wolff suelen exhibirse. Odio y desprecio por las mujeres, mucho más si tienen ideas políticas, adhieren al populismo denostado y encima osan disfrutar de su sexualidad.

Las reglas de la moral, como código de conducta individual, condenan a estos sujetos. Mucho más los deberes éticos de cualquier legislador. Pero estos tipos no saben de moral ni de ética. Desparraman su veneno ante empleados de los medios que no se animan a cuestionarlos, no sea cosa que los reten. Hacen uso y abuso de la violencia de género, verbal en este caso pero violencia sin duda.

A esas visitas se refiere Morales Solá, que de todas maneras no se atreve a suscribir los dichos de Iglesias y Wolff, sobre los cuales opina que “Los diputados opositores sacaron los reflectores del verdadero centro del conflicto y lo llevaron al territorio inasible de la rumorología. Sus deslices hirieron también la sensibilidad de muchas personas y la dignidad de las mujeres. La campaña electoral permite muchas cosas, pero debe respetar ciertos límites políticos y morales”. Oiga, Joaquín, no son deslices, son ataques malintencionados y discriminatorios que deben ser objeto de sanción. Pero como decía, a Morales lo que le molesta es que “El problema no es con quién se vio el Presidente, sino por qué lo hizo. El problema, en fin, no son los nombres de las personas que lo visitaron, sino la decepción que el Presidente produce en muchos argentinos que vivieron -y viven- con miedo la pandemia, la enfermedad, la muerte y un violento cambio en sus hábitos de vida. El conflicto es del Presidente con la ley y con el necesario respeto que les debe tener a los ciudadanos del país que gobierna en excepcionales condiciones históricas. El conflicto es de Alberto Fernández, no de quienes lo visitan”.

El cronista corre el eje y trata de hacerle creer a la sociedad que estos chicos traviesos cometieron un desliz, pero que el malhechor es el Presidente, que se le ocurre recibir a una actriz que va a pedir que se abran fuentes de trabajo para sus colegas. Petición que hicieron otros, incluido Luis Brandoni, también visitante de la quinta presidencial. Atender esos reclamos es parte de la tarea presidencial. Claro que como Alberto no juega al tenis ni al futbol con camaristas y fiscales, ni mira Netflix desde las 19 hs., ni se dedica a domar reposeras en las largas vacaciones que tampoco disfruta, no es un ejemplo a seguir. Ocurre que soplan malos vientos para los amigos de la Tribuna de Doctrina.

La Comisión de Refugiados (CORE) de la República Oriental del Uruguay acaba de dictaminar que el prófugo de los tribunales argentinos, Fabián Pepín Rodríguez Simón, no es un perseguido político. La consecuencia lógica de ese rechazo debería ser la extradición del armador judicial -y apoderado- del ingeniero sin ingenio para que afronte las acusaciones que se acumulan en su contra. ¿Será este un motivo más para que el funcionario de la FIFA retrase su vuelta al país? ¿Temerá el dormilón ser él también un imputado por los tribunales que tantas satisfacciones le dieron, cuando perseguía a gusto y placer a opositores y espiaba hasta a los propios? Conductas, vale decir, que están reñidas por completo con la ética y la moral.

Volvamos a los misóginos y violentos. Parece que no encuentran muchos defensores, ni siquiera entre sus conmilitones. Solo voces tan desautorizadas como las de Pablo Avelluto, un convencido de la anticultura, o la del negacionista que honra su apellido, Darío Lopérfido, se alzaron en su defensa. La cabeza de la lista que cobija a Iglesias, antes orgullosamente bonaerense y ahora feliz de haber vuelto a la capital, ha dicho que no comparte esos dichos. Aunque también dijo que se sentía orgullosa de todos los candidatos de su lista, con los que compartía valores. Una simple operación de lógica llevaría a la conclusión de que Vidal comparte los valores de Iglesias, que como está más que claro son antitéticos con cualquier comportamiento ético o moral.

Otra nota de Laura Serra, esta vez del 04/08/2021, nos dice que “En Juntos por el Cambio nadie defiende a Fernando Iglesias, pero afirman que el oficialismo sobreactúa para desviar la atención sobre las visitas a Olivos”. Explica la cronista que “Iglesias es un hombre de Mauricio Macri y, como tal, ocupa el cuarto lugar en la lista de candidatos a diputados nacionales por la Capital que lidera la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. En la noche del lunes, cuando estalló el escándalo, un revuelo se desató puertas adentro de Juntos por el Cambio. Nadie ahorró críticas hacia el diputado –los primeros en rechazar sus dichos fueron Cristian Ritondo y Silvia Lospennato, las principales autoridades de su bloque- y todos lamentaron de que sus dichos sobre la actriz Florencia Peña y su visita a Olivos hayan abierto un flanco en la campaña de Vidal. Justo cuando la oposición había encontrado en el escándalo sobre las visitas a Olivos un ariete para perjudicar al oficialismo”. ¿De qué escándalo habla la cronista? Se suma, de alguna manera, a lo que Morales Solá pretende instalar, que curiosamente es lo mismo que sostienen los dirigentes de la oposición, para los cuales lo de Iglesias es “un exabrupto” por el que no debe ser sancionado, pero lo grave es que Fernández trabaje de Presidente y reciba gente en tal carácter.

Entrando a otra cuestión, que se reitera en estos días, nos enteramos de que en otra entrevista del Canal LA NACIÓN+ Beatriz Sarlo, que alguna vez pareció ser una intelectual, nos avisó que las Islas Malvinas son “territorio británico” y que el paisaje isleño se asemeja al del “sur de Escocia”. No contenta con eso, también explicó que para el momento de la usurpación, en 1833, la Argentina no existía. Tamaños despropósitos no deberían pasar desapercibidos. Porque la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas ocupadas por el Reino Unido forma parte de nuestro contrato social, y se expresa hasta en las disposiciones transitorias de nuestra Constitución. Alguien que posa de pensadora crítica debería, al menos, tener un poco de respeto. Eso sería un comportamiento ético. ¿Será mucho pedir?

 

 

* «Contra Mitre», columna editorial del Dr. Luis Alen, Director de la Licenciatura en Justicia y Derechos Humanos de la UNLa.