¿Qué se puede hacer con semejante ejemplar de flaca canallescamente delirante?

PATRIA NO SE HACE ASI

Por Ignacio Lizaso*

El primer indicio de que el ala duramente fascio-golpista de «Juntos» iba a usar suciamente a las islas Malvinas en la campaña electoral lo aportó Patricia Bullrich. Ahora Sabrina Ajmechet de «Juntos» la remató. (FOTO)

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

05/08/2021

La vocera del sector hawk (halcón en inglés) propuso que como seguro de caución se les cedieran las Malvinas a Pfizer a cambio de un lote de vacunas.

En buen romance esa cesión equivale a empeñar las islas en un Monte Pío.

Después saltó Martín Lousteau a proclamar que las víctimas fatales de la pandemia sumaban cinco veces el número de los compatriotas caídos en 1982 en la guerra, desigual en poderío, contra británicos, ghurkas y otras yerbas.

Manejo tramposo de cifras indignas de establecer paralelos, pero tácito reconocimiento de que hubo argentinos que dieron su vida en defensa de la bandera nacional.

Tras cartón asoma una tal Sabrina Ajmechet y grita que las Malvinas no existen, que son un invento, que nunca fueron argentinas, que son las Falklands y pertenecen a los kelpers, y que continuar reclamando en defensa de nuestra soberanía es irracional, puro sentimiento.

Temiendo quedarse corta en el vómito cipayo coincide con su madrina política, la Bullrich, en que no hubo 30.000 desaparecidos y que el terrorismo de estado fue una suma de operaciones contra grupos subversivos.

Más allá de tales minucias, esta mujer miembro del plantel de profesores de Unicaba, la universidad creada por Larreta, integra la lista de candidatos a diputados de Juntos.

La madrina le brinda respaldo: es una joven académica dispuesta a revertir la decadencia política y reconstruir la esperanza y el futuro, elogia.

No dice, tampoco la ahijada, que antes de ese futuro carente de proyectos, pero pleno de esperanzas, hubo un tiempo, el pasado, no lejano, hasta hace 20 meses, que el PRO y Juntos necesitan silenciar y si es posible, eliminar.

El 19 de marzo de 2013 Ajmechet escribió en su cuenta de twitter: «haga patria, mate un judío».

Las huestes larretianas disfrazadas de palomas declaran que semejante convocatoria antisemita es ajena a su ideología y su discurso.

Entonces la flaca pela un argumento de la manga encogida como un prepucio dormido: nunca pudo haber lanzado ese grito amenazante porque, dice, ella es judía, no tan rigurosamente como su abuela, prisionera en Auschwitz.

Hubo que averiguar qué se sabe de la protagonista de semejante performance de cuño vendepatria.

Mientras escribimos esta columna, ¿la Bullrich todavía será la nodriza que le da la teta? (El todavía cabe porque en 2015, a último momento, Cambiemos bajó la candidatura de Fernando Niembro por un hecho de corrupción, que además lo apartó de la pantalla de ESPN).

Han ido surgiendo datos.

Entre sus antecedentes académicos figura haber entregado una nota con su firma para que la publicara la revista Pol His, que rechazó el texto por ser plagio de material elaborado por otros autores.

Ante la acusación Ajmechet se fue dócilmente al mazo.

El plagio es un delito, una estafa intelectual.

Un dato más.

Los dirigentes de Juntos estimaron que lo declarado negando a las Malvinas era «un papelón», adjetivo que habría deslizado el propio Larreta y que no es extraño que se le atribuya a Sabrina.

Curiosa casualidad, una empresa de la familia, S. Ajmechet e hijos S.A., es líder en la impresión de toda clase de papeles, desde los refinados de seda a los de embalaje, sin aclarar si su producción incluye los papelones.

¿Qué se puede hacer con semejante ejemplar de flaca canallescamente delirante?

Leónidas Lamborghini, obrero textil y uno de los más extraordinarios poetas hondamente argentinos pregonaba: hay que asimilar la distorsión del sistema y devolverla multiplicada por mil.

Una acción inmediata sería inyectarle la misma medicina que ella aplica para caracterizar a las Malvinas como suelo extranjero.

Transitemos esa línea.

Sabrina Ajmechet no existe, es un invento parido durante alguna resaca de la Bullrich.

En realidad se llama Sabrina Kamchatka, nombre que procede de un par de vertientes.

Una pelicula argentina, basada en un guión de Marcelo Figueras, con Darín y Cecilia Roth, narra la historia de un niño de 10 años que busca refugio en un país imaginario, Kamchatka, que ha descubierto en un juego de tácticas y estrategias de guerra.

En esa tierra desconocida, irreal, confía en sobrevivir al horror cotidiano en que está sumergido.

La acción transcurre a fines de la década de 1970, pero el protagonista la cuenta 30 años después.

Los padres del niño son dos de los desaparecidos durante la dictadura encabezada por Videla y Massera.

También Kamchatka porque es una isla llena de volcanes que derraman ríos de lava llameante y pertenece a los rusos y koriaks que la habitan, rusos, sí, como los de Gamaleya y la maldita y ponzoñosa sputnik, y sobre todo por las cinco ´k´ de Kamchatka, koriaks y sputnik, letra que provoca voluptuosas diarreas mentales en las filas de Juntos.

Tener que darse vuelta la tercera vez que le digan chau, Kamchatka, puede resultar insoportable para la flaca académica.

No se hace patria matando a un judío, no importa si Rubén Beraja o Waldo Wolff.

No se hace patria matando a un negro, sea George Floyd o Martin Luther King.

Tampoco se hace patria matando a ciudadanos palestinos como Ismael Haniyeh o Farid Jacir.

Ni asesinando a Rodolfo Walsh o a Santiago Maldonado, o condenando al suicidio a René Favaloro y a Milagro Sala a una arbitraria, infrahumana prisión a lo largo de 2.027 días.