El Estado el que tiene que solucionar eso. Volviendo a la película y su ulterior interpretación personal, ya que Dios es peronista, tenemos mucho por hacer.

DE LA PLATA DULCE A LA INDUSTRIA PRODUCTIVA

Por Julián Denaro (*)

La película “Plata Dulce” (1982), a través de estupendas actuaciones de grandes del cine como Federico Luppi, Julio De Grazia y Gianni Lunadei, describe la primera etapa de la destrucción de la Argentina, planificada por las corporaciones trasnacionales y el imperialismo colonialista.

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP

4/08/2021

La película “Plata Dulce” (1982), a través de estupendas actuaciones de grandes del cine como Federico Luppi, Julio De Grazia y Gianni Lunadei, describe la primera etapa de la destrucción de la Argentina, planificada por las corporaciones trasnacionales y el imperialismo colonialista.

Frases tales como “Quieren un mundo libre?

Entonces tengamos una economía libre!” han ido conformando desde los setentas una instalación de mentiras en buena parte de los países saqueados por las potencias dominantes. Festejaban diciendo: “Estamos entrando al mundo! Estábamos fuera!”.

Pero claro, estábamos fuera del mundo especulativo financiero porque estábamos operando en el mundo productivo.

La economía libre significaba eliminar las medidas proteccionistas y dejar entrar libremente productos importados al país.

Implicaba la libertad de acción del sistema financiero para, mediante elevadas tasas de interés, engordar capitales financieros con libertad para fugarlos del país, haciendo imposible la actividad productiva. Fue la primera etapa de la destrucción de la industria argentina.

En la película, se cuenta con claridad que era preferible mandar a fabricar una camisa en Taiwán, porque allí la mano de obra es esclava y por ende el costo de producción es muy bajo. Entonces luego importamos esa camisa barata.

Pero la proliferación de ese librecambismo se tradujo en el cierre masivo de fábricas con la generación de desempleo y pobreza estructurales que no existían hasta 1976, cuando se produce el golpe del 24 de marzo.

La Dictadura comenzó ese plan de desmantelamiento de la industria.

El segundo período de destrucción fueron los gobiernos de Menem y De La Rúa, desde 1989 hasta la explosión del 2001.

Cuando Cavallo, el Ministro de Economía y director del modelo instala la Convertibilidad, en 1991, se abren totalmente las importaciones. Y se podían comprar las camisas en Chemea a 10 dólares, 10 pesos.

Pero esas camisas baratas significaron el quiebre de la industria textil y de todas las ramas de nuestra producción nacional.

Hacia el 2001, el país quedó hecho cenizas, endeudado hasta la médula y con la mayor tasa de desempleo y pobreza de nuestra historia.

Pero la película termina con una escena en la cual empieza a llover, en la cual se refiere a que con una buena cosecha nos salvamos todos, porque dios es argentino.

Tal vez tendría que haber dicho que dios es peronista, porque la reconstrucción del país llevada a cabo desde la salida de la Convertibilidad hasta diciembre de 2015, se constituyó sobre la base de medidas proteccionistas y de impulso a las actividades productivas, con recuperación de ingresos y estímulo al consumo con desarrollo del mercado interno.

Lamentablemente, el gobierno de Macri, o de las corporaciones y el imperialismo a través de Macri, volvió a poner en acción, por tercera vez, un plan de destrucción y endeudamiento.

Levantó todas las restricciones al ingreso de productos desde el exterior, liberó el mercado financiero, elevó las tasas de interés para que este último engorde su riqueza a toda velocidad, y alimentó ese saqueo con el mayor endeudamiento externo de la historia.

Sí, mayor que la Dictadura y la Convertibilidad, ya que, medido en millones de dólares de incremento de endeudamiento externo por año, la Dictadura fue 5.000, la Convertibilidad 14.000 y el Macrismo 32.000.

Lógicamente, el enriquecimiento fue para las corporaciones, el sistema financiero trasnacional y los socios y aliados, en tanto que la pobreza y el desempleo fueron las consecuencias inevitables para nuestro pueblo.

Pero dios es peronista. Desde el primer día del gobierno de Alberto Fernández, se volvieron a limitar las importaciones, especialmente las de productos terminados, protegiendo a nuestra industria generadora de empleo.

Se bajaron súbitamente las tasas de interés cortando con la bicicleta financiera con vistas a transformar la organización económica de nuestra patria desde financiera hacia productiva.

Se sabe que la tasa de descuento de cheques era cercana al 80% en 2019, y ahora está por debajo del 30%. Esto es importante porque muchos que cobran en cheques y necesitan la plata con urgencia, van a cambiar los cheques por plata.

Cuando la desesperación es grande, la ventaja siempre opera a favor de quien presta el dinero, por eso la disminución de esta tasa se exhibe como un dato favorable.

Los tarifazos que incrementaron el costo de los servicios un 3.000% durante la gestión Cambiemos fueron una causa inflacionaria, pero además volvieron inviable la actividad productiva, cuyos costos se hicieron inalcanzables, al tiempo que destruyeron el consumo y la vida de muchos argentinos que tuvieron que endeudarse para poder pagar los servicios.

Con el nuevo gobierno peronista, el congelamiento de tarifas durante el 2020 fue seguido por actualizaciones tarifarias siempre por debajo de la inflación, haciendo factible la actividad productiva, el consumo y el camino de la recuperación.

Los créditos blandos, que incluyen modalidades de 24 cuotas con 6 meses de gracia, se han vuelto una herramienta oportuna para reactivar sectores que fueron muy castigados tanto por el gobierno de Macri como por la pandemia.

Rubros como textil, indumentaria, calzado, heladeras, lavarropas, autos, autopartes, bicicletas, motos, computadoras, maquinaria agrícola, tractores y juguetería están operando por encima de los niveles del 2019.

Tal es así que hasta la UIA confesó que en 46 de los 48 meses del gobierno del Pro hubo disminución en la ocupación manufacturera, y que van varios meses consecutivos de creación de puestos de trabajo.

Dentro de este panorama, es pertinente atender al problema del desempleo joven, que orilla el 30%, calculando una cantidad cercana a 700.000 jóvenes desocupados.

Recuérdese que durante los noventas, en plena Convertibilidad, era muy difícil la inserción al mercado laboral.

Por cierto, se observaban colas de varios metros de jóvenes esperando por una entrevista que la mayoría de las veces no se traducía en una incorporación.

Este problema fue solucionado durante el período kirchnerista, pero tras el mismo siguieron el macrismo y la pandemia, que hicieron reaparecer este esquema complicado.

Frente al mismo, el gobierno acude con el Programa de Empleo Joven.

Este consiste en otorgar becas de 15.000 pesos, financiar un porcentaje del salario a microempresas, pequeñas o medianas, reducir en un 90% las contribuciones patronales durante un año, e incrementar la actividad de oficinas de empleo y agencias territoriales.

Pues bien, no se trata de ser optimista sin motivo, sino de explicar las bases sobre las cuales es posible construirlo.

Perón contó que cuando asumió en 1946, hasta los alfileres que usaban las modistas eran importados, siendo inaceptable que en un país en el cual estaba todo por hacerse, existan 800.000 personas que no consigan trabajo.

Entonces es el Estado el que tiene que solucionar eso.

Volviendo a la película y su ulterior interpretación personal, ya que Dios es peronista, tenemos mucho por hacer.

JD/

(Hacé Click en Mirar en Youtube)

«PLATA DULCE» LA PELICULA COMPLETA
NAC&POP: (*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.