A 47 Años de su asesinato, publico nuevamente lo que escribí el año pasado, este inmenso hombre que dió la vida por su pueblo, sigue sin tener en la Historia el lugar que merece.

RODOLFO ORTEGA PEÑA

Por Marcelo Duhalde

Rodolfo Ortega Peña es considerado uno de los grandes intelectuales del peronismo que hizo enormes aportes para el análisis y la recuperación de la verdadera historia argentina. Sus 14 libros publicados en colaboración con Eduardo Luis Duhalde, más los cientos de artículos en diarios y revistas, sus conocidas polémicas con los más encumbrados pensadores, demuestran su contribución, trayectoria y legado, a pesar de no ser aún reconocido como debería.

 

 

Por  Marcelo Duhalde

 

«Les habla Rodolfo Ortega Peña, peronista, candidato a diputado nacional por la Capital Federal por el Frente Justicialista de Liberación. Este año que ha transcurrido ha dejado como saldo y como símbolo de la dictadura militar la Masacre de Trelew. Dieciséis argentinos que luchaban por una Patria Liberada, por una Patria Peronista, fueron masacrados por las fuerzas de la represión. Desde la banca, nos comprometemos a investigar hasta las últimas consecuencias ese hecho y demostrar terminantemente lo que todo el pueblo sabe: que fue el ejército de ocupación quien fusiló a estos patriotas como hace 16 años fusiló al general Valle y en José León Suárez a otros tantos patriotas que luchaban por su liberación. Sabemos, como abogados, que es imposible una verdadera justicia en el tipo de sistema burgués que está al borde del final con este acceso del peronismo al gobierno y al poder. Porque realmente sólo un socialismo nacional, en el cual los medios de producción estén en manos de los trabajadores peronistas, garantizará por fin un orden y una justicia definitiva a salvo y resguardo de cualquier contrarrevolución gorila.»

(Estas palabras pertenecen al spot grabado en febrero de 1973, se emitió durante la campaña electoral que el 11de marzo consagró presidente a Héctor Cámpora)

Rodolfo Ortega Peña es considerado uno  de los grandes intelectuales del peronismo que hizo enormes aportes para el análisis y la recuperación de la verdadera historia argentina. Sus 14 libros publicados en colaboración con Eduardo Luis Duhalde, más los cientos de artículos en diarios y revistas, sus conocidas polémicas con los más encumbrados pensadores, demuestran su contribución, trayectoria y legado, a pesar de no ser aún reconocido como debería. Esta postergación es lo que lo emparenta con grandes hombres de la historia, que en sus trabajos con Eduardo, fueron reivindicados como es el caso de Felipe Varela, Facundo Quiroga, entre otros.

Para muchos, este pensador era la expresión cabal de lo que Gramsci definió como el intelectual orgánico, pero creo que hay algo más en él. La militancia sostenida a lo largo de toda su vida con una práctica permanente de participación cotidiana demuestra que el «Pelado» fue un militante de acción y de una brillante y permanente producción intelectual. Comenzaron en los ’60 con sus primeras publicaciones de revisionismo histórico, recuperando caudillos y hechos negados absolutamente en la versión oficial, como siempre adaptada a los intereses económicos y políticos de la oligarquía dominante. Mientras producían esos libros, militaban en la resistencia peronista y eran abogados de la CGT, de su autoría fue el importante Plan de Gremios en lucha, lanzado por la central obrera para enfrentar a el Plan CONINTES.

La posterior defensa de los presos políticos durante las dictaduras de Onganía y Lanusse no los privó de seguir produciendo profundos análisis e interpretaciones de la realidad que fueron motivadores y disparadores para una generación que se venía disponiendo a participar de la lucha por un país mejor.

A partir de la renuncia de Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación, su profunda convicción política e ideológica lo llevó a tener un duro enfrentamiento con el gobierno peronista, primero desde la revista Militancia y posteriormente desde la banca. Su presencia en la Cámara de Diputados de la Nación, como genuino representante de los intereses del pueblo que lo había votado; fue la de un fiscal incansable que señaló todos y cada uno de los desvíos que se producían, y sobre todo fue una caja de resonancia para los reclamos sociales y gremiales y que, como es habitual aún hoy, los medios concentrados no los reflejaban. Los trabajadores de Bagley, de Insud, de Colgate y de cientos de conflictos laborales en todo el país, lo tuvieron como uno más en sus asambleas, sabiendo que luego  convertiría en presentaciones en la Cámara las peticiones surgidas en las mismas, que fueron muchas veces la única visibilización de esas protestas.

La decisión de someter al pueblo argentino a una política económica que lo condene a la miseria y a la exclusión ya estaba tomada. Muchas de esas empresas son las que posteriormente elaboraron las listas de los trabajadores que debían ser eliminados para poder llevar adelante sus espurios intereses. En este contexto la presencia de Rodolfo Ortega Peña, era un continuo hostigamiento para el sistema que necesitaba silenciar y disciplinar a la sociedad, su permanente aparición en los medios alentaba la protesta social. Era lógico creer que los que detentaban el poder no le permitirían a Rodolfo que siguiera tiempo más siendo la oposición más firme y decidida en nombre del Peronismo Revolucionario.

Sistemáticamente rechazó cualquier tipo de custodia y terminaba las discusiones sobre su seguridad afirmando que su actividad sólo se podía llevar adelante de la manera que él lo hacía, tajantemente remataba con firmeza «en definitiva la muerte no duele. Lo que duele es la defección, el abandono, el hacer sentir al pueblo que uno lo ha traicionado.»

Había también otro Rodolfo. Podría interpretarse que el abogado, periodista, historiador revisionista, escritor, defensor de presos políticos y sociales, diputado nacional, avanzado estudiante de la carrera de Filosofía y Letras, además cursar   Ciencias Económicas, que hablaba o leía en cinco idiomas, podía parecer una especie de rata de biblioteca. Pero no, todo lo contrario, era un hombre tremendamente vital, un enamorado de la vida. En su juventud había sido buen jugador de tenis y con el correr de los años quedó como un eximio jugador de ping pon. A final de los ’60 integraba una fuerte defensa en el equipo de fútbol de la editorial Sudestada, donde compartíamos la formación con mis hermanos Eduardo Luis y Carlos María, con Roberto Carri, Alfredo Andrés, Panuncio, Mario Hernández, Lalo Panceira, y yo, entre otros.

Una afición a la que le dedicaba tiempo era ir al Luna Park a ver box,  seguió la trayectoria de Nicolino Loche, casi con devoción.

No era frecuente la ida a la cancha, pero su condición de hincha de River, compartida por los tres duhaldes (Eduardo Luis, Carlos María y yo), motivaba para asistir especialmente a los superclásicos, cuando éramos locales.

Rodolfo tenía un extremado sentido del humor, permanentemente estaba haciendo bromas, aún en los momentos más difíciles o dramáticos, sin que esto fuera para nada restarle importancia o compromiso a lo que sucedía.

Amante de la música, todos los ritmos eran bienvenidos, clásica, folklore, rock, bossa, etc., pero el fanatismo por Troilo y Goyeneche llevó al dueto que formaba con Eduardo a quitarle horas al descanso para compartir muchas noches el exquisito fraseo del Polaco, en una pequeña pero célebre tanguería de la calle Tucumán.

Nada de lo mundano le era ajeno y disfrutaba cada minuto de su vida intensamente.

Ortega Peña asumió su banca en marzo del año 1974, en remplazo de uno de los ocho diputados que respondían a la Juventud Peronista, que renunciaron en disconformidad con las leyes que se estaban aprobando, como la reforma del Código Penal, que traicionaba lo prometido en la campaña y el mandato del electorado. Al asumir puso su banca al servicio de los trabajadores y participó de los conflictos sociales y gremiales a lo largo y ancho del país. En el recinto y en la calle dio memorables debates, convirtiéndose en un fiscal implacable e insoportable para el sistema. Comprobación de esto es que la siniestra Triple A, comandada por José López Rega, lo eligió para que fuera el primer asesinato reconocido oficialmente por esa organización paraestatal, con la que se dio inicio al terrorismo de Estado, hoy condenada por la justicia de nuestro país. Por este mismo motivo al asumir Rodolfo no se integró a la bancada del FREJULI y creó su propio Bloque de Base, unipersonal, y juró «Porque la sangre derramada no será negociada».

Quizás sus propias palabras terminen de representar fehacientemente el pensamiento del que fue llamado por Eduardo Luis “el tribuno del pueblo”.