Trabajo, créditos no bancarios y jóvenes: la agenda que impulsará Arroyo en el Congreso

LOS DESAFÍOS DE LA ARGENTINA

Por Juan Alonso

El resultado de las elecciones legislativas determinará cómo, cuándo y quiénes pagarán la monumental deuda externa que nos dejó Mauricio Macri. La frase de Cristina Fernández de Kirchner no fue nada casual el fin de semana pasado. El país se debe un fuerte debate que debería explicar la profundidad de la crisis social y económica antes y después de la pandemia. Los desafíos de la Argentina son muchos.

 

 

Por Juan Alonso

Infobaires24

31 de julio de 2021

 

 

El resultado de las elecciones legislativas determinará cómo, cuándo y quiénes pagarán la monumental deuda externa que nos dejó Mauricio Macri.

La frase de Cristina Fernández de Kirchner no fue nada casual el fin de semana pasado.

El país se debe un fuerte debate que debería explicar la profundidad de la crisis social y económica antes y después de la pandemia. Los desafíos de la Argentina son muchos.

El primero y principal vacunar a toda su población, pensar en una nueva normalidad que no sea letal, y crecer con valor agregado en un mundo bipolar donde EE UU y China controlan el comercio, las rutas marítimas, la ciencia, la tecnología, la fabricación masiva de computadoras y teléfonos celulares, y el acceso a la información con satélites y cables de fibra óptica que atraviesan las aguas de Oriente y ponen en jaque el Cuerno de África, pasando por el tamiz del Pentágono en el nodo virtual de San Pablo y Nicaragua, potenciando el aislamiento de Cuba con sanciones inhumanas con la excusa de la democracia formal y la narrativa sobre la libertad individual.

La pandemia dejó muy claro que el acceso a Internet es un derecho humano y que se trata de una cuestión vital para la educación y la vida.

La nueva Guerra es netamente tecnológica y se basa en el control masivo de la creación de sentido.

Plataformas, redes sociales, antisociales, portales de noticias, diarios, y hasta el clásico periodismo comercial del status quo capitalista y las grandes corporaciones multinacionales como Google y Amazon juegan con estas armas de la virtualidad y el lenguaje encriptado de los algoritmos para lograr el consumo de los consumidos.

Nos enfrentamos a un planeta en peligro de extinción porque las grandes potencias como EE UU, China, Rusia, India, y los países del Occidente de Europa emiten gases contaminantes que están produciendo el calentamiento global al borde la suba a 2 grados, inundaciones en Canadá y el derretimiento de los polos.

En el Norte la temperatura anduvo trepando por encima de los 40 grados y en Sur el mar Atlántico se tragó una casa entera en la Costa argentina durante una Sudestada.

Algo no está bien.

La lógica de acumulación del sistema de producción económica está haciendo estragos.

Según el INDEC, las manufacturas agropecuarias componen nada menos que el 43% de las exportaciones argentinas.

Es decir que los mayores acopiadores de tierras, vacas, cerdos, trigo, maíz y soja facturan millones de dólares a China.

El mayor comprador de soja del mundo, además, controla gran parte del tendido oceánico de fibra óptica y compite con EE UU por el control de los puertos nacionales.

Por su parte, las corporaciones empresarias de EE UU explotan el oro, la plata, y el petróleo de la Argentina con la minería a cielo abierto.

Con la Constitución de Juan Perón de 1949 eso sería imposible pero la lógica depredadora neoliberal instituyó la condición de peso del mercado.

De la misma forma funciona la emisión distorsionada de noticias falsas para el consumo.

Ejemplo: desde los puertos de Rosario salen las mayores exportaciones agropecuarias del país y están controlados por multinacionales chinas y norteamericanas.

Lo propio se produce con la pesquería de merluza y calamar en el Atlántico Sur con una enorme depredación de nuestros recursos en la milla 201 y la plataforma continental de la Argentina hasta Malvinas, donde funciona una base militar de Inglaterra para dominar nuestros recursos naturales.

El trazado oceánico de la fibra óptica submarina es idéntico a la planificación de las rutas comerciales del saqueo dominadas por el Imperio Británico en el siglo XIX.

Nada ha cambiado demasiado salvo la pulsión entre colaboracionismo societario y tensión constante entre EE UU y China con la aparición en escena de Rusia y Japón.

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Brasil con Lula construyó una pujante industria de grandes mega-estructuras para hacer puertos propios en todo el planeta y planificó un cableado de fibra óptica que iba a unir Brasil con Portugal y el ingreso toda Europa.

EE UU se opuso y China invirtió en la instalación de cables oceánicos de Internet para unir Brasil con África.

Aquí el cable oceánico que une Miami con Argentina está a la altura de Miramar.

En el mapa mundial no somos una conexión de mucho flujo como lo es San Pablo, pero eso no significa que los servicios de inteligencia de las principales potencias (EE UU, China, Rusia, Reino Unido, Francia, entre otros) dejen de intervenir con múltiples pinchaduras y vulneraciones de la seguridad cibernética nuestras conversaciones y operaciones en la Web.

Francia se quejó por la intervención de EE UU e Inglaterra y China fue demandada por EE UU por una pinchadura de 18 minutos hecha con agujeros en los cables de fibra óptica de los sistemas vulnerados.

Ni hablar de la puja satelital por el control del espacio infinito en una carrera que incluye la incursión en Marte y el lado oscuro de la Luna.

Lejos de estas disputas mundiales de grandes países y empresarios mega-millonarios estadounidenses, la Argentina tiene que lidiar con la pretendida imposición norteamericana en asuntos como la deuda externa, las vacunas, y Cuba.

La tercera vía dio algún sesgo de certidumbre: el Gobierno Nacional trajo más de 42 millones de vacunas al país y cerró contratos importantes con Moderna y Pfizer por más de 20 millones de dosis.

Un esquema geopolítico diplomático y pragmático que le permitió a Alberto Fernández acordar al mismo tiempo con EE UU, China, Rusia, Inglaterra e India.

Lo que no es poco en un mundo endeble con una crisis severa.

En este contexto de alta complejidad, la mayor ocupación de la Argentina luego de las legislativas será ganar volumen político para realizar las reformas pendientes.

Una de ellas es el Poder Judicial donde se reproducen los intereses de los dueños de las empresas de energía y los alimentos conectados con los medios de comunicación y asociados.

Entre los países vecinos crece la tensión. El poder fáctico de Chile quiere olvidar las protestas sociales que movieron de cuajo al sistema de explotación.

En Colombia la extrema derecha ahora exporta criminales: en Haití fue asesinado un Presidente por sicarios colombianos y dominicanos que resultaron contratados en Miami con más de cinco millones de dólares.

Lo curioso es que el magnicidio es investigado por el FBI como en Netflix. Brasil repudia a Bolsonaro y la sombra de Lula crece.

Perú enfrenta a los peores corruptos mafiosos después de la Colonia y la hija de Fujimori parece la encarnación de pesadilla de la alcaldesa de Madrid y los lazos del Partido Popular con los franquistas protectores de Mauricio Macri en la FIFA.

La saga del guión de El Padrino hubiese referido a “la ofensa de la inteligencia” ante semejante espectáculo.

Por eso, Macri no sabe cómo eludir la acusación del Estado Plurinacional de Bolivia que tarde o temprano lo podría llevar al banquillo de los acusados por delitos de lesa humanidad tras su colaboración en el Golpe contra Evo Morales en noviembre de 2019.

Hay 70 mil municiones que llevó la Gendarmería Nacional en un avión Hércules C-130 piloteado por un integrante de la Fuerza Aérea Argentina.

En el cotidiano pueblerino donde todos se conocen y campea el aire venenoso de envidias y egos, la interna electoral en Santa Fe se parece a un cuento de Juan José Saer.

Padre e hijo se pelean a cuchillo a la vera del río por el amor de una mujer maltratada que nunca los amó.