A la actual vicepresidenta la desprecian por inercia los incultos y los desclasados, pero la aborrecen concienzudamente aquellos que comprendieron el peso histórico de su figura.

ELLA

Ella conjuga el fuego indomable –revolucionario- de Evita y la muñeca política de Perón. Es, sin dudas, la dirigente política más importante de la región del último medio siglo. Y encima, es peronista.
Quien realmente se jacte de comprender la política, de analizarla, de desmenuzarla, concluirá que Cristina es la piedra en el zapato de la Derecha.

 

 

La Noción

17/02021

 

Pregúntele usted, estimado lector, estimada lectora, a su gorila más cercano a quién odia más: si a Perón, a Evita, a Néstor o a Cristina.

Notará que 9 de 10 pronuncian el nombre de la actual vicepresidenta con el ceño fruncido.

No es casualidad.

La figura de Cristina hoy relega el odio al peronismo en su totalidad, y a sus fundadores en particular, al segundo lugar.

A la actual vicepresidenta la desprecian por inercia los incultos y los desclasados, pero la aborrecen concienzudamente aquellos que comprendieron el peso histórico de su figura.

Ella conjuga el fuego indomable –revolucionario- de Evita y la muñeca política de Perón.

Es, sin dudas, la dirigente política más importante de la región del último medio siglo. Y encima, es peronista.

Quien realmente se jacte de comprender la política, de analizarla, de desmenuzarla, concluirá que Cristina es la piedra en el zapato de la Derecha.

Los anula electoralmente y los pone en jaque en lo discursivo.

Es impredecible, aunque de algún modo, siempre hace lo que esperábamos que hiciera. O lo que necesitábamos que hiciera, y no lo sabíamos hasta que lo hizo.

La elección de Alberto Fernández como cabeza de fórmula para las elecciones del 19 es solo un ejemplo.

Cristina, además, no se calla nunca.

Esto molesta en demasía. Un peronista es irreverente, cuestionador, contestatario.

Una mujer peronista es todo lo anterior, pero mucho más indigerible para el poder real, que sabemos, es sumamente machista.

Esto último se vio reflejado en las funestas portadas de diarios y revistas que degradaron a Cristina infinidad de veces, no por su capacidad o sus ideas, sino más bien por su condición de mujer.

De mujer sumamente capaz y con ideas que hacen peligrar sus negocios y vulneran su modelo de des-país.

Cristina tiene un pie en el pasado, su pertenencia partidaria la moldea, le da un marco teórico a su accionar, la posiciona en el lugar histórico de quienes enfrentaron a los detractores del Pueblo.

Pero su presente inacabable y sin fecha de vencimiento, le permite al peronismo replantearse así mismo, romper su propio molde, aggiornarse a las necesidades modernas para permitir que nazcan nuevos derechos.

El futuro del país está inevitablemente sujeto al ejercicio de Cristina.

Ella es la ventana a la Argentina del mañana. Ocupando el rol que demande la hora, puso siempre primero a la Patria, después al Partido y por último a Ella misma.

Quizá por eso los ataques no le hacen mella.

Porque comprende que ella debe ser el blanco de todos los dardos en beneficio del país y la supervivencia del movimiento.

Su silencio los atormenta y sus palabras los invalida.

El peronismo necesitó de ella para volver al poder y los antiperonistas tuvieron que desgastar su imagen hasta el hartazgo para llegar a terminar su mandato en 2019.

Siempre en el centro de la escena política, Cristina moderniza al peronismo constantemente y lo dota de vitalidad. Pero su gracia no se limita a revitalizar solo al movimiento al que ella pertenece

¿Acaso no es el radicalismo que se acercó al kirchnerismo el único que todavía tiene pulso?

La otra UCR, la que se inclinó por el macrismo, condenó a las banderas centenarias yrigoyenistas a la extinción.

Por decantación, la figura de Cristina esteriliza a su vez al discurso gorila.

El peronismo se moderniza a la vez que el antiperonismo, hoy antikirchnerismo, o más bien anticristinista, quedó estancado en el odio personal hacia su figura.

En tiempos de feminismo y cuestionamientos a la sociedad patriarcal, el que el odio hacia peronismo de Perón haya sido sustituido por el odio hacia la yegua, no hace más que desenmascarar el sexismo jurásico del antiperonismo.

Otra prueba de esta “machiruleada” (como diría ella) es el argumento estúpido de que “Néstor era bueno, pero ella no”.

Si supieran lo ridículos que se oyen cuando dicen eso.

Ya no se discute al peronismo. Ni al presidente, que es hombre.

No se discute el modelo que votamos en las últimas elecciones.

Los medios hegemónicos y los referentes de la oposición, centran sus críticas únicamente en Cristina.

En lo que ella hace y deja de hacer.

Y en lo que creen que hace en las sombras. Les quita el sueño y los desvela.

Son los primeros promotores de su grandeza. Mientras haya Cristina, habrá peronismo para rato.

Y Cristina está siempre presente en boca de nosotros y en sus bocas sucias llenas de odio.

A disfrutarla nosotros que comprendemos de la historia. Es un orgullo ser contemporáneo a Cristina.

Retomando la idea de una contratapa de José Pablo Feinmann en Página 12 de hace unas semanas, a la actual vicepresidenta la odian los mismos que odiaban a Perón, pero quizá la odien más que al Pocho.

Con eso basta para asegurarse un lugar dorado en la historia nacional.

 

La Noción