21 de febrero de 1944/16 de julio de 2016. Carlos Nine, de aquí a la China

EL GRAN NINE 5 AÑOS

Por Catalina Pantuso

Hace cinco años nos dejaba Carlos Nine. En su libro “Informe Visual de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores” logró crear personajes que captan magistralmente el alma porteña. Le gustaba mucho la definición que alguien hizo de él diciendo que «pintaba en lunfardo.»
Amante del tango en todas sus manifestaciones, dedicó una serie inspirada “en el repertorio”, como el definió entonces, imágenes surgidas de “las insinuaciones argumentales literarias y sonoras de algunos tangos.”

 

 

 

Por Catalina Pantuso

 

Hace cinco años nos dejaba Carlos Nine. En su libro “Informe Visual de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores” logró crear personajes que captan magistralmente el alma porteña. Le gustaba mucho la definición que alguien hizo de él diciendo que «pintaba en lunfardo.»

Amante del tango en todas sus manifestaciones, dedicó una serie inspirada “en el repertorio”, como el definió entonces, imágenes surgidas de “las insinuaciones argumentales literarias y sonoras de algunos tangos.” Sus obras retrataron a Discépolo, a los compadritos, a los bandoneonistas y otros personajes milongueros. Fue elegido para homenajear al compositor y director de orquesta Osvaldo Fresedo en la estación Venezuela del subte H («Vida mía», «Pimienta», «Arrabalero», «Tango mío», «El once», «El espiante»

“Cuando uno dobla la esquina y se topa con un unicornio, no hay nada que se pueda hacer, es un unicornio. […] Mi trabajo disfruta y padece de la misma singularidad que mi tierra. No nací de un repollo, soy el resultado de esta cultura particular. Soy tan original o detestable como mi país, y me hago cargo de esa amorosa responsabilidad”. Carlos Nine.

Carlos Nine no se destacó solamente por sus fantásticos dibujos y sus magníficas ilustraciones, fue también pintor, escultor y realizador de películas de animación. Siempre recordaba que en la Escuela de Bellas Artes estaba prohibido hablar de historietas y se reía de aquello que consideraba como “la aristocracia del mundo del arte”; creía que “Es mucha responsabilidad andar con ese mote sobre la espalda”. El siempre se consideró un trabajador de las artes visuales. Le gustaba mucho la definición que alguien hizo de él diciendo que “pintaba en lunfardo”

Solía recordar que su padre era el violinista de una orquesta de tango que, en los fines de semana, animaba diferentes milongas barriales y por eso, desde chico, aprendió a disfrutar del 2X4. Desde siempre en muchas de sus obras —realizadas en tintas, óleos, pasteles y acuarelas— las imágenes tangueras se suben a las escenas y, algunas veces entablan un dialogo con los textos para trasmitir el sentir porteño. En su libro “Informe Visual de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores” logró crear personajes que captan magistralmente el alma porteña.

La obra de Nine tiene un estilo tan propio y original que se la reconoce de inmediato. En ellas se conjugan la destreza en el manejo de las diferentes técnicas y materiales con una mirada siempre transgresora, a veces satírica otras tierna y siempre admirable. Dueño de una paleta en la que predominan los colores cálidos, supo utilizar diversos materiales conjugándolos sin estridencias ni distorsiones. Sus trabajos se destacan por su humor, y concentra la mayoría de sus realizaciones en las técnicas de carbonillas y acuarelas. En “Much Arlo About Nothing” demuestra su habilidad para crear personajes únicos por su vitalidad y seducción.

Si bien transitó, con sus muestras individuales, por famosas salas de exposiciones y museos de Argentina y el exterior, siempre estuvo cerca de todos los públicos, sin distinción de clases sociales o edad. Amante del tango en todas sus manifestaciones, dedicó una serie inspirada “en el repertorio”, como el definió entonces, imágenes surgidas de “las insinuaciones argumentales literarias y sonoras de algunos tangos.” Sus obras retrataron a Discépolo, a los compadritos, a los bandoneonistas y otros personajes milongueros. Fue elegido para homenajear al compositor y director de orquesta Osvaldo Fresedo en la estación Venezuela del subte H (“Vida mía”, “Pimienta”, “Arrabalero”, “Tango mío”, “El once”, “El espiante”).

Una charla entre amigos

Una mañana de febrero del año 2000, me fui hasta la casa de mi amigo Carlos Nine para tomar un café, charlar largo y mirar algunas de sus nuevas obras. De ese encuentro largo, alegre y poco formal salió este reportaje que fue publicado en la revista Soles del mes de marzo (N°63) de ese año y que él también tuvo la gentileza de ilustrar. No tiene desperdicio y mantiene su vigencia.

Por momentos, parece un niño travieso que se asombra por todo. Se ríe con fuerza y su pelo siempre está siempre desordenado, pero en su taller hay luz y cada cosa está prolijamente colocada en su lugar. Nine crea historias y personajes en diferentes lenguajes expresivos. Agudo en la sátira, rápido en las respuestas, cálido con los amigos, talentoso y trabajador al mismo tiempo transgresor e inteligente, ganó diversos premios y expuso en el exterior. Nació en Buenos Aires, estudió en la Escuela Nacional de Artes Prilidiano Pueyrredón y actualmente vive en Martínez. Desde aquí sus obras viajan por toda América, Europa y también en el Lejano Oriente.

Para comenzar esta charla, podemos hacer una pequeña reseña de tus actividades durante el año 1999.

Comencé el año pasado con una muestra de mis dibujos, pasteles, acuarelas y relieves en el Centro Cultural Auditorium de la ciudad de Mar del Plata. También estuve paseando por Europa. Me invitaron a Noruega, país que no conocía; después fui a París y me pasé una semana estudiando en el Museo de Orsay. Iba todos los días a mirar atentamente cada uno de los cuadros, porque esa es también una forma de aprender, es como ir a la escuela. Me interesó especialmente ese lugar porque además de muchísimos pintores impresionistas y post impresionistas, allí funciona también el Museo de Artes y Oficios en el que se exponen las cosas que se fabrican: las maquinitas, y otros objetos industriales. Expuse durante un mes en Brasil, en el Museo del Trabajo de Porto Alegre, un bellísimo edificio antiguo, ubicado en el puerto y que fue totalmente reciclado y acondicionado como lugar de exposición para los artistas gráficos, pintores y grabadores. Además, descubrí que uno de mis mejores mercados es el Chino, ya hice dos libros para una editorial de Taiwan. Ellos son muy serios en respetar los contratos y pagan rigurosamente. Me llamaron, me dijeron que tenía unos dividendos para cobrar en Macao.

No es fácil llegar al público europeo, pero muchísimo más difícil es que te conozcan el la China. ¿Cómo lograste conectarte con los editores de ese país?

El rubro de la industria editorial que más vende es el infantil, y hay una Feria del libro infantil ilustrado muy importante en Bologna (Italia), que todos los años organiza un concurso del que participan más de dos mil artistas, para elegir solamente 80 dibujantes que exponen y participar en el catálogo. Yo fui seleccionado tres veces, en los años ’90, ’94 Y ’96. Si salís en ese catálogo, que como es lógico circula por todo el mundo, siempre hay alguna editorial que te va a contratar. De este modo me contactaron los chinos, ya que yo nunca viajé a ese país. Este libro editado por ellos ya se tradujo al inglés y también se exportó a Brasil, este es uno de los costados más interesantes de la globalización. Ahora estoy ilustrando todos los cuentos del verano que salen en la revista del diario La Nación y algunas notas periodísticas.

Si bien realizaste muestras muy importantes como artista plástico, gran parte de los premios internacionales que obtuviste se deben a tus ilustraciones. ¿Cómo es el oficio de ilustrador?

Para mí todo es un mismo fenómeno: el fenómeno plástico que lo engloba todo. Yo creo que con mi trabajo incomodo tanto a los historietistas como a los artistas plásticos. Por ejemplo en 1989 intervine en un famoso concurso abierto a todo el mundo, convocado a propósito de cumplirse los 25 años de la Escuela Panamericana de Arte, para hacer una interpretación de la Gioconda (que es el logotipo de esa institución). Allí mandaron sus cuadros muchos de los artistas consagrados de nuestro país. El jurado estaba compuesto por 25 personas, críticos y académicos de arte, diseñadores gráficos. Ya estaba casi como establecido que el primer premio se lo llevaba un artista plástico consagrado, pero resultó que por un voto gané yo. Te aseguro que se armó una batalla, el otro finalista retiró su cuadro ofendido porque, según su opinión, mi obra estaba en “otra jerarquía”.

¿Lo que esa persona estaba afirmando era que no podías competir con él porque no te consideraba una artista plástico?

Sí, creo que eso era lo que más le molestaba. En las artes plásticas también funcionan los grupos de poder y algunos tienen la manija para decretar qué es una obra de arte. Hay una historia del arte muy parcial; el estilo Barroco por ejemplo, está como medio demonizado. Así como el renacimiento produjo formas condenadas por la Reforma, la Contrarreforma no solo retoma aquellas formas sino que las potencia, las exagera aún más, llena más el espacio. Si hay un estilo que tiene que ver con Latinoamérica es el Barroco. Y además se desarrolla también en lugares periféricos de los países centrales, como por ejemplo en Sicilia y en Nápoles. Por suerte hoy puede verse un resurgir de todas estas ciudades como verdaderos centros culturales, en ellos se dieron los primeros cruces entre las diversas culturas. Anteriormente todo esto no era valorizado simplemente porque se pensaba que no reunían las condiciones de pureza exigidas, no era adecuado.

Hoy las técnicas de producción y reproducción de las imágenes cuentan con nuevas tecnologías y nuevas formas de comercialización. ¿Cuál es tu visión en el ámbito de las artes plásticas?

Yo parto de la concepción de que el artista es un puente importante en la comunicación de diferentes contenidos, y para poder cruzarlo tenés que tener destreza y también hay que adquirirla. Es obvio que, si ejercitás la destreza y no tenés nada que decir, te vas a morir como un salame.

¿Alguna vez tuviste problemas con algún autor a quien no le gustó como ilustraste su obra?

Sí, me pasó varias veces, y me lo tengo que aguantar. A veces tengo que convencerlo, negociar. En otras oportunidades me doy cuenta que el otro tiene razón. En esta profesión, generalmente, se acuerda con el intermediario, al autor del texto muchas veces ni lo conozco. En general a los escritores no le importan las imágenes, le da lo mismo que esté o no ilustrado. Es el editor el que decide quién va a ilustrar. Por ejemplo los que escriben libros para niños consideran que los dibujos son meramente decorativos, no piensan que son una parte fundamental de la obra. Lo ven simplemente como un dibujito simpático, alegre, no tienen una exigencia visual importante.

¿Estás afirmando que, en términos generales, todavía no hay una cultura de interrelación entre el mensaje escrito y la imagen plástica como unidad?

No existe esto porque no hay educación visual, se cree que a lo visual se accede impunemente. El cuadro está colgado, está indefenso. Yo lo miro si quiero. El cuadro no grita, está dispuesto como una mujer desnuda en la cama, ni siquiera hay que conquistarla. Entonces, cualquiera puede impunemente decir «esto es bueno o malo»; y no es así, hay que prepararse para mirar del mismo modo que hay que aprender a leer. En el texto hay que meterse y tomarse el trabajo de leerlo. Muchos de los que se atreven a escribir no tienen la más remota idea de lo es que una imagen. Pero son lo suficientemente pícaros. Cuando venden la edición de un libro infantil en Europa, lo comercializan con las ilustraciones, pero el artista plástico no cobra un centavo porque el escritor se considera el único autor. La realidad es otra, la persona que realiza las imágenes termina de completar la idea, pero esto no se reconoce casi nunca. El guionista de historietas, si se mueve con astucia, es el que gana más dinero, porque es mucho menos trabajoso realizar cinco guiones que realizar cada una de las ilustraciones para los diferentes cuadros.

¿Esto quiere decir que el ilustrador no cobra derechos de autor?

Exactamente. Los derechos los cobra solamente el escritor. Es el editor quien compra el trabajo y no te considera co-autor. Yo siempre digo: el ilustrador animó tu fiestita. Es que la imagen no grita, no chilla, no te cierra la puerta. En esta discusión yo les sugiero que vendan el libro sin los dibujos, a ver quién se los compra. En algunas oportunidades existe un verdadero reconocimiento al trabajo conjunto, por ejemplo la editorial Emecé publicó en noviembre del ’99 “El Príncipe Feliz”, el bellísimo cuento de Oscar Wilde, traducido nada menos que por Jorge Luis Borges, y yo hice las ilustraciones utilizando la técnica del pastel. Los tres figuramos en la tapa, y los tres tenemos un lugar en la solapa del libro.

Muchos suponen que el artista comienza a trabajar, justo en el momento en se le presenta la inspiración. Todavía existe el mito generalizado de que los a los creadores no se les puede encomendar una obra específica. ¿Cómo te sentís cuando tenés que trabajar a demanda y presionado por el tiempo de entrega del material?

Muy bien, la presión puede ser también un estímulo. Es un condicionamiento que te empuja, tenés que hacer algo para salir. Yo hice laburos en condiciones desesperantes, sin tiempo para andar cavilando mucho ni hacer evaluaciones, uno rápidamente tiene que echar mano a recursos que por ahí tenías escondidos, entonces encontrás soluciones plásticas que antes no se te habían ocurrido. Una noche me llamaron pidiéndome una ilustración urgentísima para “The New Yorker”, trabajé toda la noche y al otro día les mandé el boceto que me lo aprobaron por e-mail, y me animé a mandar el dibujo por el mismo medio. Ellos consultaron con el responsable técnico para ver si la imagen tenía el nivel de definición exigido para ser publicada. Consideraron que era óptima y a los dos días estaba impresa.

¿Cómo evaluás las nuevas técnicas de comunicación y reproducción en el ámbito de las artes plásticas?

A mí me sirven muchísimo. Por ejemplo cuando tengo que mandar mis trabajos al exterior y en lugar de enviar un original mando un CD y me evito el riesgo de perder una obra. También podés circular por el mundo mucho más rápidamente. Yo me siento muy renacentista, me interesan todas las artes, el teatro, la ópera, el cine. Las disciplinas tienen que cruzarse y uno puede elegir diferentes instrumentos para conformar su propia orquestita. No podés encasillarte, no alcanza con ocupar un nichito y perderte todo lo demás. El tiempo es un estímulo. Uno cambia, piensa de otra manera, quiere inventar otras cosas. Ahora estoy haciendo, junto a uno de mis hijos, dibujos animados, que es algo que nunca había encarado. Lo vamos a presentar en un festival de animación independiente, que se realiza todos los años en Francia, donde se presentan todos los productos que aún no circulan en el mercado.

Empezamos dando una mirada a todo lo que hiciste el año anterior. Para finalizar este reportaje, ¿podrías anticiparnos qué estas preparando para este año 2000?

Posiblemente en marzo vuelva a exponer mis cuadros en Porto Alegre. Estoy terminando un libro que se va a editar en Suiza, una ficción histórica del oeste Americano, es un libro humorístico que lleva por título Estampas del Oeste. Estoy haciendo también la versión francesa de un libro que ya salió aquí, que se llama “El colmado”, y que fue publicado por la editorial Colihue. Para Francia también estoy trabajando en otro libro cuyo protagonista es una especie de pato comunista, que se llama “Saubon”. Este nombre ridículo responde a que el personaje es existencial; tiene dudas sobre su identidad porque no sabe muy bien qué es (si bien su padre era un pato su madre era una oca); era afiliado al partido comunista, con la caída del Muro de Berlín, sigue siendo marxista pero tiene que reactualizar lo que piensa; considera que a las ideologías le faltaba erotismo. En Italia se edita la traducción de un libro que publiqué en francés, “Fantagás”. Para el final de este año, en Francia se publica “Gesta Dei” (Trabajos de Dios), una recopilación de ilustraciones que hice para el diario Le Monde desde 1993.

Biografía muy sintética

Carlos Nine nació en Haedo, provincia de Buenos Aires, el 21 de febrero de 1944. Se educó en Argentina, donde fue reconocido no sólo por dibujos y sus pinturas sino también por sus relatos literarios, esculturas, diseños, dibujos animados y hasta por su incursión en la publicidad. Sus comics fueron editados en revistas de cuatro países, su trabajo fue publicado en siete países y participó en innumerables exhibiciones internacionales.

Egresado de las antiguas escuelas de arte “la vieja Belgrano” y de “la Pueyrredón”, perfeccionó sus estudios con maestros de la talla de Alberto Breccia, Albino Fernández, Antonio Pujía y Aída Carballo.

Trabajador incansable, publicó en revistas de Europa, Estados Unidos y China. Supo colaborar con diarios y revistas, como Sur, La Nación, Clarín de Argentina; Le Monde (Francia), The New Yorker o The New York Times (Estados Unidos). En Francia editó, entre otros, los libros Crímenes y Castigos (1991) y Fantagas (1995), con textos y dibujos propios. También publicó una adaptación del capítulo 16 de la primera parte de El Quijote en la obra colectiva “Lanza en astillero” (2005)

Recibió una enorme cantidad de distinciones, entre las que merecen destacarse: el Premio Konex de Platino, como el ilustrador más destacado de la década en la Argentina (2012); Mejor Diseñador Extranjero, Salón Internacional Español de Arte de Comic; Primer Premio Competencia de la Escuela Panamericana de Artes Finas y el Clio de Plata, Nueva York, 1993.

Carlos Nine falleció el sábado 16 de julio de 2016. Tenía 72 años. Sus imágenes siguen deleitando y haciendo pensar a chicos y grandes en buena parte del mundo. Lo mejor que podemos hacer es recordarlo con sus propias palabras: “Yo dibujo básicamente para mí. La mayor parte de los dibujos míos no se conocen. Creo que dibujar sirve para completarte como persona. La gente cree que uno tiene que dibujar para publicar, y sino no dibuja. Pero es lo mismo que ir a una oficina entonces. Digamos, vos dibujás porque tenés vocación. Si tenés vocación es independiente de si tenés éxito comercial, si triunfas en la vida, si te publican todos los diarios, si no te publica nadie. Uno dibuja porque le gusta. Ahora, si además podés vivir de eso, genial. Pero si no fuera así ¿entonces dejás de dibujar?, no. Si es sincero el sentimiento vocacional que tiene, lo hace más allá de que seas un fracasado económicamente. Sino quiere decir que el tipo que triunfa con la guita es un gran dibujante, y la mayor parte de los tipos que tienen mucha plata con el dibujo, son malos dibujantes”.