China es hoy un desafío al poderío global financiero, que actúa en forma paciente y estratégica generando confusión en los observadores más avezados acostumbrados a una lectura lineal.

CHINA, 5 MILENIOS DE HISTORIA Y UN SIGLO DEL PCCH

Por Marcelo Ramírez

Una gran nación con pasado imperial, un imperio de carácter contenedor, le permite el desarrollo de una sabiduría que conjuga la historia, las tradiciones y la idiosincrasia en lo que hoy conocemos como un “socialismo con características chinas”, una definición que pese a ser repetida por las autoridades del país, no suele ser tomada en cuenta para comprender de qué se trata China hoy.

 

 

Por Marcelo Ramírez*

Revista Mugica

julio 5, 2021

 China festeja el centenario de la fundación PCCh en una pequeña asamblea en la ciudad de Shanghai, entonces controlada por Francia. Con apenas 13 personas, entre las que estaba Mao Zedong, comenzaba un largo recorrido de un siglo que ha marcado a fuego la historia de esta nación, llevándola desde un país invadido por potencias extranjeras y al borde del desastre hasta una actualidad que la ubica rivalizando con el poderío de Occidente.

Hoy el Partido Comunista de China (PCCh) ha crecido desde esos 13 miembros iniciales hasta alcanzar los 95 millones, recorriendo un largo devenir desde la impactante Larga Marcha hasta la toma del Poder en 1949. Las acciones para la consolidación de China luego han despertado polémicas históricas sobre lo que significaron grandes decisiones como el Gran Salto Adelante que, si bien consiguió desarrollar la industria, el alto costo alimentario produjo una masiva hambruna.

China fue trazando un recorrido complejo y no siempre exitoso. Tensiones con la URSS derivaron en un enfrentamiento militar y en un acercamiento posterior con EE.UU. como pretendía Henry Kissinger para enfrentar a los soviéticos aislándolos. Las disputas internas condujeron a la Revolución Cultural con un costo político y humano impactante, que tuvieron hechos llamativos como la caída en desgracia de Deng Xiaoping, quien años después sería el arquitecto de las reformas que construyeron las bases de la actualidad china.

Analizar las razones que llevaron a estos cambios de rumbo nos conduce a algunas conclusiones, como que los procesos revolucionarios cometen errores y que su éxito radica en la capacidad de autocrítica y corrección para mejorar.

Las decisiones de China generan disputas en el exterior sobre si es un país comunista o si se ha volcado al capitalismo, muchos de esos debates tienen que ver con la rigidez ideológica que pierde en las formas el contenido profundo de lo que debe ser una revolución. La respuesta a estas inquietudes requiere que contemplemos a este país en su totalidad histórica de cinco milenios que han forjado una identidad cultural muy consolidada, y que hace que su actualidad exitosa responda a una combinación de factores que le da a China una carácter marcadamente nacionalista y tradicionalista que confunde a muchos marxistas dogmáticos.

Una gran nación con pasado imperial, un imperio de carácter contenedor, le permite el desarrollo de una sabiduría que conjuga la historia, las tradiciones y la idiosincrasia en lo que hoy conocemos como un “socialismo con características chinas”, una definición que pese a ser repetida por las autoridades del país, no suele ser tomada en cuenta para comprender de qué se trata China hoy. Esas características propias son el resultado de haber tomado una ideología europea como el marxismo y luego de décadas de ensayos, haber asimilado estas ideas y haberlas digerido a través de su propia historia para darles características especiales.

Deng inmortalizó una frase que ejemplifica la nueva etapa exitosa del PCCh cuando dijo que “no importa el color del gato sino que cace ratones”. China necesitaba resultados concretos y no dogmas ideológicos que se transformen en un obstáculo para el crecimiento necesario. Sus autoridades comprenden que el objetivo del PCCh debe ser que su sociedad prospere y tenga un buen vivir como máxima prioridad, y eso es en definitiva lo que decía Deng.

A la izquierda, Mao Zedong; a la derecha, Deng Xiaoping

Al igual que Putin en Rusia, la puesta en marcha de China como potencia que resurge de sus cenizas, si bien con otra ideología y otro punto de partida, es bucear en la historia para encontrar sus raíces desde las cuales edificar el orgullo nacional que le permita unir a su sociedad detrás de un objetivo nacional.

Estas ideas nacionalistas y tradicionalistas no representan contradicción alguna para las autoridades. Sin complejos de ser señalados como fascistas, China hace lo que debe hacer para mejorar las condiciones de vida de su pueblo.

Lejos ya de la destrucción de la cultura ancestral en épocas de la Revolución Cultural, el PCCh comprende que debe liderar un pueblo cuya inercia cultural es tan grande que no se puede cambiar sino que hay que interpretarla y adaptarla a los desafíos actuales. El marxismo chino entonces es entendido como una herramienta más en la construcción de una nación, apta para el análisis y la construcción pero que debe armonizar con los valores históricos. No se trata de destruir los valores tradicionales, de quebrar la idea de nación sino todo lo contrario, de unir y afianzar.

Vemos entonces un reverdecer de la cultura histórica, revalorizando las 55 etnias que acompañan a la Han mayoritaria. El rescate de la historia imperial, de los valores de Kong Zi (Confucio para las occidentales) es fundamental para estructurar la sociedad china desde la administración pública hasta la ética y las costumbres ciudadanas. China adquiere entonces características nuevas en base a las viejas.


Estatua de Kong Zi (Confucio).

Es interesante además señalar que la idea de una sociedad confucionista, marcada por el verticalismo y la jerarquía donde cada uno tiene su función y lo prioritario es la nación, la familia y el individuo, en ese orden, es la misma que se extendió en otros países de Asia Oriental.

La filosofía japonesa y coreana de disciplina, jerarquía y dedicación que tantos frutos para el desarrollo de esos países trajo, tienen que ver con esa cultura y no con el sistema político. Japón y Corea son capitalistas, China socialista, sin embargo esas ideas sobre cómo debe funcionar una sociedad son comunes y responden a las tradiciones y no al sistema en sí mismo.

Por eso resulta caprichoso creer que China es “autoritaria” por el comunismo. China tiene esas características de autoritarismo según la óptica occidental por su filosofía tradicional, más aún, las “libertades” de Occidente no son vistas como respeto a los DD.HH. sino como signo de anarquía, desorden y corrupción moral.

Un concepto central para comprender estas sociedades como la china es la idea ancestral de armonía como eje de la cultura tradicional, que vemos cómo se proyecta en la política, que no duda en asociarse con las corporaciones occidentales para obtener capitales y tecnología que le permita desarrollarse más rápidamente. Lo hace suavemente, sin discordias, en armonía. No era solo una metáfora vacía, es una realidad aplicada.

China conoce a Occidente mucho mejor que a su país, inclusive que el propio Occidente a sí mismo. China sabe que la ambición del capitalismo occidental individualista le permitirá obtener lo que necesita porque infantilmente creyó que de esa manera controlaría a un país de 1400 millones de habitantes y con una larga historia.

El resultado ya lo comenzamos a ver. China es autónoma y cuando Occidente advierte que lejos está de ser una nación tercermundista subordinada y llena de corrupción en sus clases dirigentes como señalaba su propia propaganda, es tarde para dar marcha atrás. China aprovechó las décadas de deslocalización productiva para sentar una base de desarrollo propio con una conducción independiente, preparándose pacientemente para el día después en que Occidente se volviera hostil.

China sigue cultivando la idea de la armonía no levantando la voz en temas internacionales, presentándose a sí misma como una nación media moderadamente próspera cuando en realidad ya es una superpotencia, pero planifica a largo plazo y se prepara para el futuro.

El gigante asiático entiende que la soberbia no es buena consejera y prefiere la cautela y el perfil bajo para avanzar sin que sus futuros enemigos se alerten antes de tiempo. Por ello mismo China hace años ha acelerado la modernización de las FF.AA., previendo que luego de las presiones diplomáticas y económicas va a llegar la militar, la forma final de obligarla a cambiar de rumbo.

China observa y sabe que el tiempo juega a su favor, el pensamiento de su conducción es que Occidente se haya sumergido en una profunda crisis moral cuyo único desenlace posible, como lo muestra la historia, es la caída. Lo que en Occidente se ve como una “deconstrucción” social para China son síntomas de una corrupción terminal que la llevará a liderar el mundo sin necesidad de desafiar a Occidente, solo hace falta esperar el tiempo necesario para que las condiciones maduren.

Las señales son inequívocas cuando el país asiático se posiciona en defensa de los valores tradicionales como ha hecho el delegado del máximo organismo asesor del gobierno, Si Zefu, quien afirma que muchos hombres jóvenes de China se habían vuelto “débiles, tímidos y autodestructivos” y traza una “Propuesta de Prevención de la Feminización de Hombres y Adolescentes”, promocionando en las escuelas nuevas  prácticas masculinizantes.


1/12/2021 – Ellen Page es noticia por declararse transgénero, mientras China promociona la llegada de su robot sonda Chang’e 5 a la Luna.

El comunismo chino poco tiene que ver con estas corrientes occidentales y más aún, da señales de querer mantener su distancia ante lo que, como ya dijimos, ve como signos de decadencia.

Las bases del desarrollo chino y lo que proyecta a futuro no tienen que ver con las ideas de construcción en boga en Occidente sino en el desarrollo de la alta tecnología como la espacial, la Inteligencia Artificial, y la cuántica, entre otras; el desarrollo de la fuerza nuclear como el as de espadas de sus FF.AA., la recuperación del prestigio internacional y de la consolidación de una sociedad hiperdisciplinada de acuerdo a sus tradiciones y necesidades.

Si quedan dudas de cuál es la meta final de China podemos ver el derrotero de Jack Ma, el máximo exponente de la clase empresarial de las empresas tecnológica como Ali Babá, quien no comprendió que el poder sigue siendo el del Estado y del PCCh y sus negocios deben “armonizar” con los intereses nacionales.

Jack Ma se dirigió en una reunión de personas de alto perfil en el país con un discurso bastante controversial en el que criticaba el sistema financiero chino, acusó a los bancos chinos de operar con una mentalidad de “casa de empeño” y criticó a las autoridades por “gestionar un aeropuerto como si fuera una estación de trenes” en referencia a las regulaciones en el tema de finanzas digitales.

El empresario se había transformado en un Bill Gates chino, sus acciones eran extravagantes y se asemejan a  lo que nos tienen acostumbrados este tipo de empresarios en Occidente, pero ese tipo de conducta extrovertida es algo que en China no está bien conceptuada. Su actitud fue demasiado para la paciencia del PCCh, el sistema político no toleró ese papel y rápidamente cayó en desgracia, su grupo empresario entró en decadencia por las medidas impulsadas por el Estado chino y el mensaje para el resto fue muy claro.

Entre otras cosas, Ma fue destituido como presidente de la Universidad Hupan, la escuela de negocios de élite que fundó en 2015 para crear una clase empresarial acorde a sus ideas. Ingresar a esa universidad era para pocos cuando solo 207 ejecutivos corporativos chinos se encuentran entre los exalumnos de la escuela, los ingresantes deben  encabezar una startup que gane un mínimo de RMB 30 millones (alrededor de 4.5 millones de dólares) en ingresos, haber pagado impuestos por más de tres años y contar al menos con 30 empleados.

La respuesta entonces a si China es parte del globalismo corporativo occidental es contundente, mientras este último promueve corporaciones privadas que toman las decisiones y subordinan a los Estados, el modelo chino es el opuesto.

No solo eso, el gobierno chino ha tomado nota de las intenciones de Ma y cómo sus ideas pueden extenderse en la comunidad empresarial, por lo que ha tomado más medidas para regular a los gigantes tecnológicos lanzado una investigación antimonopolio contra Alibaba y un ente regulador que indicó que 12 compañías, incluidas los gigantes corporativos como  Tencent y Baidu, fueron multadas debido a que habían violado el código antimonopolio chino.

Jack Ma animando una fiesta de su corporación y gráfica con el desplome

China es hoy un desafío al poderío global financiero, que actúa en forma paciente y estratégica generando confusión en los observadores más avezados acostumbrados a una lectura lineal. Una muestra de cómo el PCCh ha sabido adaptarse a las circunstancias sintetizando la historia china en un modelo exitoso como actual, algo que debería llevarnos a reflexionar sobre las políticas a seguir y la importancia de no asumir modelos culturales globales ajenos para desarrollar, en cambio, modelos propios en base a nuestras tradiciones e historia y así construir una sociedad vigorosa y pujante, en lugar de “deconstruir” lo que ya tenemos.

 

* Marcelo Ramírez. Analista geopolítico. Director de Contenidos de AsiaTv.

**Foto de portada: Asamblea en la Plaza de Tiananmen, Beijing, China.