A este hombre le hicieron dar un paso adelante y se ubica como segundo de Horacio, pero cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que parezca.

MEZCLA DE KENNEDY Y BRAD PITT, EL DOS DE LARRETA, ES LA «CARA AMIGA» DE LA EMBAJADA YANQUI.

Por Ignacio Lizaso*

– Ese del pelo revuelto es. Aquí creen que el aire que tiene da una mezcla de John Fitzgerald Kennedy y Brad Pitt. Aire que vende, mírelo cómo se mueve, la sonrisa. – ¿Quién se cree? ¿Edward Praden?

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

05/07/2021

– Alguien que tiene ojo clínico.

No doy nombres.

En la Rural, para nosotros basta decir reservado-de-gran-campeón para saber que se trata de un toro de máximo pedigrí y porte ganador.

A este hombre que acaba de entrar siempre lo hemos considerado en esa categoría.

La pulseada empezó entre Macri y Horacio.

Ya no es así.

Horacio se ha convertido en número uno de Cambiemos, el Pro, como quieran nombrar a la oposición.

Entonces a este hombre le hicieron dar un paso adelante y se ubica como segundo de Horacio.

Segundo, pero cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que parezca.

Subrayando el cerca redondeó su semblanza el invitado que sólo hacía pausas para chuponear su habano Cohiba, 30 euros la unidad, única excepción que se permite la oligarquía a quebrar el riguroso bloqueo a todo lo que huela a Cuba.

Su interlocutor contó el diálogo no por infidente, sí para presumir por haber integrado la elite que el domingo último tuvo acceso a la embajada de Estados Unidos, noche de celebración de un nuevo aniversario de la independencia.

El recién llegado era el senador Martín Lousteau. Edward, claro, es el embajador yanqui, Edward Prado, al que por su intensa gestión desestabilizadora del gobierno de Alberto Fernández no son pocos los que han pasado a llamar Praden.

Después de un período en que manejó sus apariciones públicas con prudencia – «estoy contra los extremos, tanto del gobierno como de la oposición, soy un moderado», solía insistir -, la semana pasada el senador Lousteau se arrojó de lleno a la acción conjunta con el periodismo de guerra.

Presuntamente contenidos, se ignora por cuanto tiempo, los vómitos golpistas de la Bullrich y la Carrió, el hombre cayó en una siniestra grosería.

Al mencionar a las más de 90.000 víctimas fatales del Covid trazó infames paralelos: 150 veces los muertos de Malvinas y 3 veces las víctimas del terrorismo de Estado de la dictadura 1976-82, multiplicó ágilmente el sendor.

Paralelos que antes corrían por cuenta de energúmenos como Waldo Wolff o Fernando Iglesias.

Cumplía así con «ese paso adelante que le hicieron dar», posición que demanda otra cara, otra voz.

Plenamente distintas a las que venía cultivando Lousteau.

Se sabe, es cuestión de practicar.

Al final sale.

En las alternativas de su carrera política, sin alcanzar los abismos a que se ha lanzado la Bullrich, asoman bruscos virajes.

Durante el gobierno bonaerense de Felipe Solá fue ministro de producción y presidente del Banco Provincia.

A lo largo de los 4 meses y medio que se desempeñó como ministro de economía de Cristina Fernández de Kirchner llevó su firma el esquema de retenciones que desencadenó el conflicto con «el campo».

El lock-out patronal provocó su renuncia.

En 2013 fue candidato a diputado por UNEN, a la par de una figura respetable: Alcira Argumedo,y la Carrió.

En 2015 peleó de igual a igual con Larreta la jefatura de gobierno de CABA (no faltaron denuncias de componenda, esos refugios de la derecha a la hora de la derrota).

Punto clave, acaso natal, de su condición de Kennedy Pitt: a fines de ese 2015 Mauricio Macri lo designó embajador en Washington, misión que cesaría en abril de 2017.

En 2019 Macri insinuó: «con Martín nos estamos conociendo», sondeo con miras a que lo acompañara en la fórmula presidencial.

No aceptó Martín, que se incorporó al Senado y no tiene empacho en admitir que hoy se comunica parejamente con Macri y Alberto Fernández.

Si se aprecia quiénes son sus managers se puede esperar cualquier cosa del flamante Kennedy Pitt.

Enrique Coti Nosiglia es (según el argot del boxeo) quien aparece en su rincón.

Acusado con Luis Barrionuevo de ser propietarios de prestadoras de servicios de salud y fúnebres ligados al PAMI, como relevante miembro de la Coordinadora, Nosiglia fue uno de los gestores del arreglo para que Carlos Bulgheroni les cediera la dirección del diario Tiempo Argentino.

Según el ex director de Tiempo, Raúl Burzaco, tal cesión se concretó a cambio de que Bulgheroni, el más importante petrolero argentino, explorara sin licitación previa los yacimientos de Loma de la Lata.

En manos de la Coordinadora meses después, en septiembre de 1986, el diario cerró sus puertas.

El personal ocupó las instalaciones.

Borrados Nosiglia y los pujantes jóvenes de la Coordinadora, CésarJaroslavsky (radical, partido gobernante) y José Luis Manzano (peronista) se comprometieron a mediar para el cobro de indemnizaciones.

A una minoría se le pagó parte del monto correspondiente, el resto quedó colgado por el patrón que representaba a la flor y nata juvenil de la UCR.

Cuando Carlos Menem fue elegido presidente, Manzano, Jaroslavsky, Nosiglia y Barrionuevo, buenos muchachos, armaron un pacto secreto para ordenar la labor del parlamento.

Hay paraísos fiscales y hay infiernos fecales.

Otro que anduvo detrás de Lousteau fue Daniel Angelici, operador de Macri en la mesa judicial.

Nosiglia y Angelici han venido ejerciendo firme poder sobre la barra brava de Boca Juniors.

En las últimas elecciones del club el Tano acusó de traición al Coti, que en minutos de descuento respaldó a Ameal-Riquelme.

«Mala junta» es el título que eligió Julio de Caro para uno de sus tangos.

Para completar su elaborado lanzamiento se han motorizado dos vetas que intentan humanizar la imagen de Kennedy Pitt.

Para pagar sus estudios en el Nacional Buenos Aires y la Universidad de San Andrés, aquel veinteañero Lousteau supo oficiar de profesor de tenis y en calidad de corresponsal, a raíz del 11/S, viajar a Pakistán, enviado por la revista Planeta Urbano y el diario La Razón.

Además le hicieron un complaciente reportaje televisivo por zoom.

En un momento aparecía un niño en la pantalla, su hijo, Gaspar.

Sorprendido, el senador interrumpía el diálogo y supurando ternura preguntaba: ¿tomaste la merienda?

No.

Sobre una mesa había café y galletitas.

¿Querés probar una de estas galletitas?, ofrecía el padre.

El chico hacía un gesto de aceptación, cuando tomaba un par de galletitas el padre decía: ahora dejanos seguir trabajando.

Gaspar se alejaba de la pantalla.

Gracias, amor, lo despedía el padre.

Sonrisa y ¿en qué estábamos?

En que sos un self made man y un padre modelo, sintió ganas de aportar el periodista, método que asegura avanzar en la carrera de mercenario.

«Juntos por el Cambio debe poner más coraje, pero desde la convicción, no desde los gritos», concluye el senador Lousteau.

Basta de gritos, claro.

Pero ¿no suena como graznido de cuervo que sobrevuela carroña eso de mancillar la memoria de un desaparecido, apenas uno, mister Kennedy Pitt, digamos el más moderado?

IL/