Hacía dos o tres días que no salía a caminar por el barrio. Hoy es domingo, pienso, y el Parque Rivadavia debe estar animado.

CAMINATA (EL VIAJE DE ULISES)

Hago unos metros por la plaza y veo a una señora que está vendiendo unas divertidas medias. Les pego una mirada de reojo al pasar y me percato que se van acercando dos pibes, no más de 25 años, con pecheras de la CABA. Se arriman a la señora y, al pasar, escucho: – ¿Ud. quiere que le decomisemos estas cosas?, – Señora -ya en un tono más alto y prepotente-, Ud. quiere que nos llevemos estas cosas?
Me detengo en el acto.

 

 

Hacía dos o tres días que no salía a caminar por el barrio.

Hoy es domingo, pienso, y el Parque Rivadavia debe estar animado.

Me abrigo, me pongo el barbijo y bajo.

Efectivamente el parque está lleno de gente.

Hay feria, como todos los domingos, y la ancha vereda que da a la avenida Rivadavia es un ir y venir de personas, solas, en pareja, con los niños.

La verdad es que todo el mundo está con su barbijo y, si bien, como digo, hay mucha gente, se puede mantener una prudente distancia.

Hago unos metros por la plaza y veo a una señora que está vendiendo unas divertidas medias con todo tipo de personajes, reales y ficticias.

Les pego una mirada de reojo al pasar y me percato que se van acercando dos pibes, no más de 25 años, con pecheras de la CABA.

Se arriman a la señora y, al pasar, escucho:

– ¿Ud. quiere que le decomisemos estas cosas?

La señora responde con un murmullo ininteligible.

– Señora -ya en un tono más alto y prepotente-, Ud. quiere que nos llevemos estas cosas?

Me detengo en el acto.

Me doy vuelta y les saco dos fotos

La última la tomé de modo ostensible para que los retratados supieran qué estaba haciendo.

Con ello logré lo que quería, que me hablasen:

-Eh, señor, ¿por qué nos está filmando?

– Porque están cometiendo una notoria injusticia y amenazando a una pobre mujer que está tratando de llevar un peso a la casa, le respondo a viva voz, por supuesto.

– Nosotros estamos cumpliendo nuestro deber.

– Buscáte un trabajo honesto, le respondo, en homenaje a Papo.

-Ustedes son los ortibas de Larreta, el tipo que no puso un peso para ayudar en la , le agrego.

Ya la discusión se empezó a poner linda.

– Usted no tiene derecho a filmarnos, insiste el fierita con uniforme.

– Sí, tengo porque ustedes son funcionarios públicos amenazando a una ciudadana.

– Que pague los impuestos, me responde el fierita en tren AFIP.

Y ahí se armó, por primera vez en la tarde, la Gran Baraibar.

Siempre con el barbijo puesto, pero gritando como Demóstenes ante las olas del mar, profiero:

– Pero gil, ustedes me vienen a hablar de impuestos.

Hicieron desaparecer 45 mil millones de dólares y me venís a hablar de los impuestos de una señora que vende medias el domingo en la plaza.

Te das cuenta que por unos pesos los convirtieron en ortivas de los pitucos, en peón de patio de los dueños de estancia.

Y se me sucedían las imágenes en la cabeza una tras otra.

– Te repito, buscáte un trabajo honesto.

Y seguí caminando.

A pocos pasos se me acerca un señor, más o menos en mi franja etaria, que me hace algún comentario que no oí muy bien y le explico lo que acaba de ocurrir.

Termino mi explicación:

– Mientras tanto Macri hizo desaparecer 45 mil millones de dólares y estos salen a apretar por cinco guitas de impuesto.

Y ahí mi interlocutor se convirtió en un verdadero vecino de Caballito:

– Macri, dice usted. ¿Y los cincuenta mil millones que se afanó Cristina

Y entonces tuvo lugar la segunda Gran Baraibar de esta tarde dominical:

– Pero ¿qué decís, viejo pelotudo, ¿adónde esta esa guita que decís?

¿No ves que sos un gil que le llenan la cabeza de pelotudeces? le grité en afán docente.

El hombre apuró sus pasos mascullando no sé qué y se alejó mientras la Gran Baraibar continuaba a sus espaldas:

– Viejo bolas tristes, así es como les vamos a volver a ganar. Viva Cristina y la puta que te parió, vociferaba en el Parque Rivadavia, mientras el viejo de mierda se alejaba e intentaba perderse en la multitud.

Seguí caminando rumbo a Acoyte, que era, en principio mi proyecto de caminata, que nunca había imaginado sería tan divertido, una especie de viaje de Ulises por las veredas del barrio.

En Acoyte doy la vuelta y después de un breve respiro, comienzo el camino de vuelta.

Al pasar por la plaza vuelvo a ver a estos dos grébanos de la foto y solo deseo tener nuevamente un encontrón, deseo que, como casi todos los deseos, no se me realiza.

Veo que en el medio de la plaza, donde está el monumento en homenaje al Libertador Simón Bolívar hay mucha gente reunida y decido hacer una caminata exploratoria.

Al llegar me encuentro que se trata de una milonga, con clases de tango, donde se han reunido unas veinte parejas y mucha gente que las mira bailar.

Me resultan simpáticas las bellas evoluciones de la danza porteña bajo la espada en ristre del caraqueño y tomo algunas fotos y una pequeña grabación.

Decido volverme y a los pocos metros me aborda otro hombre de cabellera y barba canas debajo del barbijo, quien, como si me conociera, me empieza a comentar lo bueno que haya una milonga en el parque, que él solía ir a la de la Plaza San Telmo y que con la pandemia no ha podido ir.

Es locuaz y relativamente simpático.

Tiene un leve tono de papa en la boca sin que resulte ni excesivo ni molesto.

Sigue hablando, yo le respondo con monosílabos pero respetuosamente.

Hasta que en un momento y a propósito de nada me aclara, sin que se lo haya solicitado:

-Pero yo no soy peronista, ¡eh!

– Ah, sí, yo soy peronista, kirchnerista y cristinista.

Y ahí empezó una conversación que iría subiendo de tono y que iría aumentando mi sarcasmo hasta que este nuevo ejemplar caballitense, de apellido Noriega, sedicente descendiente de don Juan Manuel de Rosas, me dice:

– Porque Cristina no quiere la educación de nuestros niños. No quiere que vayan a la escuela.

Ahí, ¡Shazam! nuevamente apareció la Gran Baraibar.

– Ah, claro, pedazo de pelotudo a cuerda, por eso creo universidades, entregó computadoras, construyó nuevas escuelas mientras el hijo de mil putas de Macri y sus secuaces desfinanciaron la educación pública.

Otro pelotudo que ve TN, le digo, mientras le doy una palmadita en el hombro y me voy.

-Qué Dios te ayude, gil, fue lo último que oyó.

Es muy divertido, como se ve, salir a caminar por Caballito un domingo a la tarde.

 

 

Buenos Aires, 4 de Julio de 2021

 

Título original : El viaje de Ulises por el Parque Rivadavia

Foto Telam