Con el General Perón se iban 30 años de historia, jalonada por triunfos y derrotas que constituyen la experiencia histórica de la clase obrera y el pueblo argentinos.

DIECIOCHO AÑOS DE LUCHA

Por Julio Fernández Baraibar *

El 1° de Julio de 1974 yo tenía 27 años y era director del Izquierda Popular, el periódico quincenal del FIP. Tuve la fortuna de acompañar a Jorge Abelardo Ramos a Olivos ese día. Habían llamado a nuestro local para informar sobre el fallecimiento del General y para invitar a Ramos a asistir a la residencia presidencial. Ramos me dijo: «Venga, Julio, usted es periodista y esto es un momento histórico».

Por Julio Fernández Baraibar

NAC&POP

02/07/1974

18 años de lucha

Ha muerto Juan Domingo Perón.

El hecho soñado diariamente, durante 18 años, por todos los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas posteriores a 1955, por todos los políticos de los partidos oligárquicos, burgueses y pequeños burgueses, por los cadavéricos editorialistas de La Nación y La Prensa, por los invernadores y cabañeros de la Sociedad Rural y por sus enjoyadas esposas, se ha producido.

El hombre que sintetizaba y expresaba las más elevadas ambiciones del pueblo argentino, cuyo nombre fue bandera de lucha para los millones de postergados y humillados por la prepotencia oligárquica e imperialista, que alzó a los obreros rurales y urbanos de la Argentina semicolonial a la conciencia de su papel histórico, ha desaparecido.

Con el General Perón se van 30 años de historia reciente, jalonada por triunfos y derrotas que hoy constituyen la experiencia histórica de la clase obrera y el pueblo argentinos.
(…)

El pueblo argentino pudo ver, antes de su muerte, la nueva victoria de Perón.

El primero de Mayo, en el Congreso, expuso, por primera vez como presidente de la República, su programa nacional revolucionario y latinoamericano. Ese mismo día, él y su esposa serían silbados en Plaza de Mayo por nuevos grupos de viejo cipayismo.

A partir de ese momento, a los 78 años de edad, haría temblar nuevamente a sus viejos enemigos, la oligarquía terrateniente y el gran capital especulador e imperialista, así como a sus nuevos y bisoños aliados.

Pudo comprender la hipocresía de los partidos gorilas, gustosos de dialogar con el enemigo en aras de una unidad nacional solamente aceptada a condición de que el movimiento nacional no pudiese desarrollar su programa.

Pudo reconocer los embates del desabastecimiento y el mercado negro que acecharan contra su gobierno en los años ‘50.

Pudo ver, a los doce meses de su regreso definitivo a la Patria, que sus enemigos eran los mismos, que sus métodos no habían cambiado.

Y el 12 de junio pudo comprobar emocionado que el pueblo argentino del 17 de octubre no lo había abandonado.

Y este pueblo, que hoy lo llora viril y tiernamente, pudo redescubrir al Juan Domingo Perón de las grandes jornadas de lucha, llamando al combate, denunciado al enemigo.

“Y pegue, Perón, pegue” reclamaron los trabajadores hace menos de un mes.

Hoy comienzan a acostumbrarse a la idea de que ellos mismos deberán pegar a los enemigos de la Patria.

Sólo ellos tienen derecho de rodear a Isabel de Perón.

Sólo ellos serán los artífices de su propia liberación.

JFB/