Fundadores del Nacionalismo Popular Revolucionario

FORJA UNA TRADICION QUE TIENE 86 AÑOS

Por Ernesto Jauretche

Lo de FORJA fue lo que en filosofía llaman ruptura epistémica. No fueron contra las consecuencias sino que revelaron las causas, no se quedaron en la crítica al pensamiento dominante: se internaron y cambiaron la forma de analizar la realidad, develaron la existencia y la fecundidad del sujeto social pueblo, y le imprimieron un salto en calidad a la lucha por la igualdad, la dignidad y la justicia.

 

 

Por Ernesto Jauretche

 

La Década Infame no era tan infame por el fraude político y  la corrupción mercantil de sus clases dirigentes como por el dominio colonial de la cultura y la miseria estructural que interpretaba el tango.

Era un país sometido económicamente a una potencia europea, con un pueblo subordinado, ignorante de las causas de su propia miseria, donde los peones votaban a los patrones y el debate político era entre el socialismo librecambista y el nacionalismo oligárquico en disputa por ver quien servía mejor al amo extranjero, donde la pobreza era lo normal y la dependencia estaba naturalizada: somos americanos, criollos  brutos, negros a los que no nos gusta trabajar y además inferiores intelectualmente; peor aún:  tuvimos la desgracia de que fracasaran las invasiones inglesas.

Esas eran las verdades reveladas, lo cierto, lo inalterable, instalado por los medios de comunicación y las clases dominantes en la calle, en la escuela, en la universidad, en la lógica del conocimiento y en las raíces de la enseñanza.

En ese escenario aparecen los muchachos de FORJA, unos jóvenes audaces que tuvieron su primera batalla contras las convicciones instaladas por el colonialismo cultural en sus propias conciencias.

Mucho se parece aquella situación a la actual circunstancia nacional, aunque ya no es una Nación imperial la que nos domina: hoy, un partido político representa en el sistema democrático a las conciencia adocenadas, apenas estamos empezando a revisar la servidumbre de la justicia al poder concentrado de los monopolios y la finanza global, una economía donde el peso descomunal del FMI –el moderno Estatuto Legal del Coloniaje- impide cualquier intento de emancipación.

Sin embargo, mucho ha crecido la producción intelectual del campo nacional; aunque apenas roza la hegemonía cultural del imperio porque carece de los recursos de despliegue y propaganda que la hegemonía colonial le niega.

Lo de FORJA fue lo que en filosofía llaman ruptura epistémica. No fueron contra las consecuencias sino que revelaron las causas, no se quedaron en la crítica al pensamiento dominante: se internaron y cambiaron la forma de analizar la realidad, develaron la existencia y la fecundidad del sujeto social pueblo, y le imprimieron un salto en calidad a la lucha por la igualdad, la dignidad y la justicia.

Pusieron en crisis ese dominio mental, lo denunciaron y después adoctrinaron, y lo convirtieron en acción por la liberación material y espiritual de un pueblo que los necesitaba sin saberlo, el hombre que estaba solo y esperando, el espectador que bajó de la tribuna y se tomó toda la cancha. Y, desde ese pensamiento nacional, refundaron una nueva y poderosa doctrina: el nacionalismo popular revolucionario, latinoamericano y antimperialista.

El lema “Somos una argentina colonial; queremos ser una Argentina libre” abrió el cauce hacia una elaboración teórica que les permitió asegurar que no habría justicia social sin soberanía nacional ni independencia económica,  bases de un movimiento nacional que se inauguró como identidad social y política con el peronismo.

Ese núcleo de corajudos pensadores, profesionales, intelectuales y políticos merece en nuestros días mucho más que un reconocimiento: es hora de elevarlos como ejemplo y de emular su osadía y generosidad haciendo conciencia de la necesidad urgente de enfrentar con herramientas nacionales la violenta ofensiva de los tutores de la colonización cultural. Una batalla que no sólo compromete al periodismo  militante y a los centros de difusión del pensamiento nacional sino a las mismas casas de estudio de todos los rincones de la Patria, sin distinción de disciplinas ni niveles, donde se están formando las  nuevas generaciones de argentinos.

Estudiosos y docentes de ideas pretendidamente universales en detrimento de un pensamiento situado, local, propio, nacional, haciendo valer premios y títulos otorgados por prestigiosas fuentes de inteligencia cosmopolita, dominan el  mundo académico y profesional… y trágicamente hasta el marco de reputaciones que atesoran capitanes políticos que jamás pisaron los barrios de nuestras ciudades ni los campos del interior profundo.

Profesionales que reciben el título de escuelas estatales financiadas por la ciudadanía como patente de corso, especialistas en lucros, canonjías y beneficios individuales, sin vocación de servicio ni noción de sus responsabilidades por el país.

Dirigentes que dominan el oficio de los influencers, eficaces prescriptores de potentes marcas y patentes en las redes, la estadística y la encuesta pero que ignoran el lenguaje y las vivencias de las mayorías argentinas. La distancia cultural que los separa del pueblo es paralela a su ineptitud para hacerse cargo de las necesidades y los intereses del pueblo argentino, al que le deben sus títulos y sus cargos.

Es hora de introducir en los contenidos curriculares de todas las disciplinas claros componentes de defensa del interés nacional, de la solidaridad social y de aquellos asuntos esenciales de la historia que señalan los actores, la acción y los momentos culminantes de nuestras luchas por la emancipación nacional y social, por la grandeza de la Nación y la felicidad de su pueblo.

¡Homenaje a los 30 mil militantes nacionalistas populares revolucionarios caídos!

¡Vivan los muchachos de FORJA, Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón!

VIVA LA PATRIA

 

Ernesto Jauretche

La Plata

29 de junio de 2021