Abundan los personajes que ostentan un cinismo de yeso.

SABE BIEN CÓMO DOMAR A LOS «ZURDOS DE MIERDA», POR ALGO SE LLAMA «NI LEY»

Por Ignacio Lizaso*

Estamos a punto de ingresar en ese segundo semestre que el macrismo nos enseñó que puede ser una fantasía tan inasible como la sortija de la calesita en manos de cualquiera de sus ministros de economía.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

22/06/2021

Los aprestos para el armado de listas con miras a las próximas comicios legislativas muestran – sobre todo en capital y provincia de Buenos Aires – duros enfrentamientos en las filas del Pro y un clima acaso más definido y por ello menos belicoso en las del Frente Grande.

No fue casual la mención de la calesita.

En una y otra trinchera se aprecia la creciente práctica de antiguos juegos infantiles, juegos callejeros que no demandaban ningún gasto: las estatuas, las escondidas y la mancha venenosa.

Abundan los personajes que ostentan un cinismo de yeso, otros que ocultan sus propósitos últimos y no faltan los que basta que sus dedos se deslicen sobre la espalda de un aspirante a candidato para inocularle las más graves enfermedades preelectorales infecciosas y quitarle la más ligera chance de éxito.

Ha pasado a manifestarse con gritos de barra brava la puja entre el descendido a funcionario de la FIFA y Horacio Rodríguez Larreta.

Mientras sus furiosos tironeos amenazan con descuartizar a la Vidal y al Santilli, en el tapete han aparecido candidatos que no se sabe si cuentan con sostén valedero o se autopostulan sin el más leve pudor.

A juzgar por la forma en que se pelan los naipes como en el más rante nivel de escolaso, se diría que el tapete es de felpa verde.

Entre tales sujetos con desenfrenada prepotencia ha ganado nombradía Javier Milei.

Ante el calibre de las expresiones que vomita su boca los mustios labios de la Bullrich y los rojos de Carrió asoman como sometidos a censura fascista.

Todo aquel a quien apunte sus fierros es «un zurdo de mierda».

A veces hace precio y se queda en zurdito.

El Papa es nefasto, el presidente de la Nación y Kicillof están enfermos.

Milei cruza a la vereda opuesta y en la pared escribe una pintada: el capitalismo sacó a la gente de la pobreza.

En medio del combate de pronto sorprende: «Cristina Fernández de Kirchner va de frente, cuando hace una promesa la cumple, no engaña», reconoce.

«Si hoy fuera el último día de mi vida me abrazaría a Conan, leería un poco de economía, me volvería a abrazar con Conan, me divertiría un rato con una amiga y al final me abrazaría de nuevo con Conan», ha proclamado Milei.

Conan es un mastín inglés «precioso, formidable», elogia, con el que duerme en la misma cama desde hace más de 15 años. «Sólo con él puedo convivir», remata.

No tiene reparos en confesar que su padre, que era chofér de colectivos, le ha dado terribles palizas, castigo que ha dejado notorias secuelas.

La madre era cómplice, admite, por eso los odia.

Buscó su destino siendo arquero de Chacarita Juniors y luego cantante de rock.

Hasta que la tablita cambiaria de Martínez de Hoz lo impulsó a dedicarse a la economía.

Un rasgo clave de su imagen es una edificio capilar con aires de quincho.

Resulta habitual que le pegunten si es una peluca, entonces se limita a asegurar que no, simplemente ocurre que nunca se peina.

Con esa pelambre indomable y su fiera mirada celeste Milei es una versión 2021 del hombre de las cavernas.

Si le llegaran a asignar una cuota de poder condenaría sin piedad a los «zurdos de mierda».

El discurso no andaría con vueltas.

Minga de derechos humanos, desafiaría, para ustedes me llamo Ni Ley.

IL/