Horacio González era alguien con quien cualquier conversación terminaba siendo algo para disfrutar.

HOMENAJE

Por Luis Hipólito Alen

Brillante como docente, los cientos de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que lo tuvieron como profesor extrañarán sus clases, donde el saber que trasmitía se unía con su simpatía natural y su humor indestructible.

 

 

Por Luis Hipólito Alen

«Contra Mitre», columna editorial del Doctor Luis Alen,

Director de la Licenciatura en Justicia y Derechos Humanos de la UNLa.

23 junio 2021

 

Hoy no vamos a empezar por hablar de los detractores de la verdad, los malversadores del lenguaje, los propagandistas del odio, los difusores del miedo, como hacemos todas las semanas. Por el contrario, hoy esto empieza con un homenaje a un pensador que fue todo lo contrario. Y vale la pena citar palabras que aparecen justo en la Tribuna de Doctrina, un medio que estaba en las antípodas de su posicionamiento ético y político.

Dijo el 21/06/2021 Diana Fernández Irusta al dar la noticia “Murió Horacio González, ex director de la Biblioteca Nacional y referente de Carta Abierta” que González “Siempre cultivó cierta inclinación por los márgenes; una aproximación a lo popular que articulaba con una erudición afable, digresiva, heterodoxa. Quizás uno de los momentos más paradójicos de su vida haya ocurrido en diciembre de 2005, cuando asumió como director de la Biblioteca Nacional. La institución cuya histórica lista de directores se inicia con Mariano Moreno e incluye a Paul Groussac y Jorge Luis Borges es, desde ya, un espacio ligado a varios de los rasgos que marcaron sus inquietudes: la interrogación por el lenguaje, el laicismo, la ilustración como camino de emancipación personal. Pero también un ámbito que le impondría la lógica del funcionario: en tanto director de la Biblioteca terminó ocupando un lugar de poder”.

Horacio González era alguien con quien cualquier conversación terminaba siendo algo para disfrutar. Brillante como docente, los cientos de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que lo tuvieron como profesor extrañarán sus clases, donde el saber que trasmitía se unía con su simpatía natural y su humor indestructible. Tenía claro su rol de intelectual, aunque aclaraba “Los que cargamos con el dificultoso letrero de intelectuales no hacemos sino revelar la parte explícitamente emergente de debates, creencias y sentidos velados que subyacen en todo grupo humano, en toda sociedad. De ahí la célebre sentencia gramsciana –que en verdad toma de Benedetto Croce–, respecto de que ‘todos somos intelectuales’. Es decir, todos somos retoños de un manojo profundo de leyendas, frases arcaicas dormitando en la conciencia y textos memorables que fragmentariamente sobreviven en nuestra conversación” (“El que lea estas palabras”, Página 12, 08/01/2012).

Fernández Irusta recuerda “su modo de estar en el mundo: el universitario de raíz barrial, el militante difícil de encuadrar con rigidez, el docente de gestos contraculturales. Un intelectual que defendía el pensamiento crítico sin apelar al marxismo o a los métodos de investigación de las ciencias sociales, sino inicialmente a la mixtura entre tercermundismo y nacionalismo que nutría las Cátedras Nacionales y luego al pensamiento de Ezequiel Martínez Estrada y el potencial interpretativo del ensayismo”. González era capaz de en pocas líneas clarificar cuestiones que otros no logran descifrar en miles de palabras. Por eso decía que “la forma eminente de la vida intelectual consiste en examinar de forma explícita los poderes que se poseen. Un grado mayor de conciencia sobre las formas disciplinarias o coactivas, que incluso pueden residir ocultamente en las callosidades de nuestro propio lenguaje, es lo que caracteriza la actitud intelectual. Ejercer la crítica se convierte así en una tarea de múltiple significación, pues implica necesariamente revisar el lado interno de nuestras manifestaciones públicas, esos recónditos cimientos que no siempre sabemos declarar como el obstáculo mismo que también nos habita”.

Su claro posicionamiento político, consecuencia lógica de su compromiso intelectual, no necesitaba recurrir al agravio ni a la descalificación del adversario para afirmar sus ideas. Fernández Irusta lo reconoce así: “En una época signada por la polarización política y cultural, propios y ajenos le reconocían la actitud amable y la disposición a reconocer al otro. En 2014, tras la muerte de Tulio Halperin Donghi -figura emblemática de las élites intelectuales con las que siempre confrontó- escribió un artículo en Página 12 donde destacaba la altura intelectual del historiador fallecido”. En una charla que tuvimos cuando participó de un homenaje a Eduardo Luis Duhalde, mientras recordábamos las múltiples dimensiones en las que ese gran luchador por los derechos humanos se había desempeñado, supo definirlo con una agudeza que no precisaba de complejas elucubraciones: podía hablar de Wittgenstein y del Polaco Goyeneche, sabiendo quiénes eran y qué hacían. Algunos le criticaban una supuesta tendencia a extender sus disertaciones en múltiples direcciones. Podía hacerlo porque veía que para llegar a destino era posible tomar distintos caminos, si es que la meta final estaba clara. Entonces se tomaba el tiempo necesario para descifrar los pro y los contra de cada sendero y así elegía el mejor. Estas palabras son un pobre tributo para alguien de la enorme estatura humana de Horacio González, escritas con la conmoción que produce la noticia de su desaparición.

Antes de pasar a los análisis de cada semana, cerramos con esta declaración del gran Horacio: “Pero no podemos eximirnos de entender el rastro evidente de poderes indeclarados que son el “interior” de una vida intelectual, cultural, artística, cinematográfica, literaria, poética, novelística, que aún reclama muchos más exámenes lúcidos de su propia situación efímera, tal como la conocimos en el inmediato pasado. La vida del país, nuestra propia vida precaria, la esperanza nunca agrietada pero siempre abismal, la opción por una creencia reparatoria que no desmerezca su libertarismo aun en el interior de instituciones estatales, la pasión por renovar los lenguajes políticos tal como se dieron el último medio siglo, nos llevó a que nuestras denuncias fueran también formas del anuncio. El que lea estas palabras, en el mismo acto de hacerlo, en el instante en que pase por este renglón, sabrá que el augurio se mantiene de pie”. Lo sabemos y lo reafirmaremos. Pero vamos a los escritos de personajes que representan lo opuesto al homenajeado.

El 19/06/2021 Jorge Fernández Díaz decía que “Hace falta una nueva épica republicana”. El novelero en cuestión se refirió al fundador del pasquín que le paga. No para contarnos las mil y una falsedades que don Bartolo pergeñó durante su vida, sino para elogiarlo desde las palabras de otro. Así contó que “Reseñando la tarea intelectual de Mitre, un profesor de literatura llamado Javier Roberto González, que fue decano de Filosofía y Letras de la UCA y es investigador del Conicet, nos advirtió aquella tarde que esa mezcla de historiador y polémico hombre de acción logró emular a Tito Livio y construir una nación sobre la base de dos héroes indiscutibles: San Martín y Belgrano. Contra lo que afirman sus enemigos nacionalistas, esas dos legendarias biografías mitristas buscaban crear una unidad nacional, superadora de las parcialidades que habían engendrado las guerras civiles”. Qué cantidad de disparates, reunidos en una sola frase.

La tarea intelectual del fundador de LA NACIÓN se resume aclarando que tradujo mal a Dante Alighieri, y escribió peor la historia del país. Mitre emulando a Tito Livio… Como si el artillero que solo ganó una batalla cuando su oponente lo dejó vencedor, cumpliendo acuerdos nada dignos, hubiera construido un imperio colosal. Que se lo nombre como constructor de una nación podría ser aceptable, si se dijera también que esa construcción fallaba por sus bases y lo era de una nación a la que casi se condenaba al sometimiento al extranjero desde el mismo comienzo. Pero que se diga que lo hizo sobre la base de sus biografías de Belgrano y San Martín, y que las mismas son legendarias, solo podría ser comprendido si recordamos que las leyendas contienen poco de verdad y mucho de fantasía. Mitre no buscó la unión nacional sino sobre la base de la destrucción de sus enemigos. Si algo hay que reconocer de sus biografías, es que tuvo la astucia suficiente como para comprender que al Estado-Nación que buscaba consolidar le hacían falta héroes fundadores, aunque tuviera que convertirlos en figuras a veces casi irreconocibles. Agrega el Fernández novelero elogios de su propia cosecha, y dice que “Mitre diseña con esta operación todo el imaginario argentino, porque las dos figuras elegidas son identitariamente representativas de toda la comunidad y no de una parte; porque poseían una perspectiva que entusiasmaba a todos y también por ser modelos imitables para el ciudadano común”. El problema no radica en las figuras elegidas sino en el uso que se hizo de las mismas, el recorte arbitrario de sus mejores rasgos para hacerlos encajar en el molde del héroe mítico que poco o nada tiene de humano.

Cuando lo que distingue a figuras como las de Belgrano y San Martín es que eran profundamente humanas, y desde esa humanidad asumieron un compromiso que por cierto nada tenía que ver con el que llevó adelante don Bartolo. Tampoco puede aceptarse la afirmación de Fernández Díaz de que “Belgrano y San Martín anclan su gloria en una derrota personal, factor que inadvertidamente genera un glamour del fracaso. Es la idea de que los próceres máximos únicamente son aceptados como tales cuando verificamos que acabaron en la pobreza, la renuncia o el ostracismo; cuando los vence la ingratitud nacional, certificación última de que eran demasiado buenos para un país tan malo”. No, Fernández. Belgrano y San Martín no fracasaron, aunque bien les gustaría a los aduladores del mitrismo que así fuera. Al contrario, siguen vivos y peleando por la definitiva independencia. Claro que pelean desde una trinchera muy opuesta a la del novelero.

El resto de su columna es un conjunto de sus lugares comunes: atacar todo lo que tenga algo de defensa de lo nacional o de lo popular, reivindicar tristes cultores de una falsa intelectualidad -tan distintos a Horacio González-, como Sebreli y su crítica a figuras tan caras a la argentinidad como las de Gardel, Evita, el Che Guevara y Maradona. Postular la necesidad de una nueva épica conjurando a Mitre es una forma segura de conducirnos al desastre para muchos, y la ganancia de unos pocos que, seguramente, leen LA NACIÓN casi como si fuera la biblia.

Un asustado Joaquín Morales Solá advierte el 20/06/2021 sobre “El peligro de una oposición desordenada”. Al cronista del genocida Operativo Independencia lo preocupa, cuándo no, la presunta influencia de una Cristina Fernández de Kirchner más radicalizada, más mandona y más vengativa. Morales dispara sus opiniones como si fueran verdades reveladas que no precisan prueba alguna, lo que le permite sostener que “Un principio de colonización cristinista de la Justicia Electoral puede percibirse cuando son nombrados dos jueces cruciales para el control de las elecciones; los dos responden a esa facción política. Uno es Alejo Ramos Padilla, juez electoral de La Plata con jurisdicción en la monumental provincia de Buenos Aires; el otro es Daniel Bejas, designado en la clave Cámara Nacional Electoral, la máxima autoridad electoral del país”. Claro, a Ramos Padilla no le perdonan la investigación que llevó adelante en Dolores y que puso al descubierto la infame trama tejida por espías, funcionarios, fiscales, jueces y empleados de los medios que se dedicaron a fabricar causas para perseguir a los opositores (y de paso llenarse los bolsillos).

En apoyo de sus temores llama a Mario Negri, que en uno de sus arranques de furia gritó que “estamos a siete votos de Venezuela”. Seguramente en estos días se le ocurrirá, como al coro de la derecha vendepatria y antiamericana a la que pertenece, que si el oficialismo consigue esos siete votos seremos como Nicaragua, la nueva bestia negra de nuestros neoliberales. Morales sigue con sus preocupaciones y dice que “Llama la atención, en ese contexto, una oposición invertebrada, con media docena de candidatos presidenciales para dentro de dos años y más dispuesta a mirarse el ombligo que a observar lo que sucede en el país”. Y encolumnado con lo peor de los malos, opina como el domador de reposeras que María Eugenia Vidal olvidó sus promesas y por temor a una nueva derrota decidió mudarse a la Capital, donde su candidatura no correría riesgos.

Las simpatías de Joaquín son claras, cuando uno lee que “Jorge Macri los aguarda a Santilli y a Espert (y, tal vez, a Ricardo López Murphy) para presentarles batalla en territorio bonaerense. Santilli y Jorge Macri aspiran a gobernar la provincia más grande del país en 2023. Patricia Bullrich, que creció mucho como figura pública desde que el cristinismo volvió al poder, espera a Vidal para desafiarla en una contienda interna en la Capital. Cuidado: Bullrich irá contra Rodríguez Larreta más que contra Vidal. Noticias que van en sintonía con las opiniones del dormilón que solo interrumpe su descanso para ver series de Netflix o para decir gansadas como que el coronavirus es una gripe un poco más fuerte (ni siquiera en eso es original, sino que lo copió de otro disparatado como Bolsonaro), y que está de acuerdo con los que piensan que la ex gobernadora que no construía hospitales ni quería universidades dejó de ser la leona que la derecha precisaba para ser un gatito más.

Morales lo explica: “Macri tiene la certeza de que Cristina se propone ponerlo entre rejas. No se equivoca. Un reciente informe de la Inspección General de Justicia concluyó que el fideicomiso que hizo con su fortuna, cuando fue presidente, no significó nada. A los pocos días, la Oficina Anticorrupción tomó ese informe y lo denunció a Macri penalmente por enriquecimiento ilícito. Macri nació rico; no necesitaba de la función pública para enriquecerse”. A ver. Si el ingeniero sin ingenio termina entre rejas será porque los jueces decidieron que su trabajo es, justamente, administrar justicia. Porque el informe de la Inspección General de Justicia lo que informa es que Macri no incluyó en el fideicomiso de marras muchos de sus negocios, que continuó explotando mientras pasaba unos ratos para él muy agobiantes en la Casa Rosada, dedicado a empobrecer a los argentinos, endeudarlos y si se les ocurría quejarse, mandar a los cosacos de la saltimbanqui a reprimirlos. Si nació rico, según sus propias confesiones, es porque su padre cometió delitos. Lo dijo mientras era presidente, aunque no rechazó la riqueza mal habida. Y es una falsedad tantas veces repetida, esa de que los ricos no necesitan de la función pública para enriquecerse, que ya nadie la cree. Porque la historia demuestra que los ricos como MM usan a la función pública para hacerse más ricos y para enriquecer a sus amigos y secuaces. A costa de la desgracia de las mayorías, claro está.

El final de la columna resume los miedos del escriba: “Un eventual triunfo del oficialismo disciplinará en el acto a muchos jueces, que harán cola para firmar absoluciones de kirchneristas y condenas de opositores. También encolumnaría al peronismo detrás de una jefatura única e indiscutible: la de Cristina Kirchner, que ya es la jefa virtual del peronismo”. Una imagen de pesadilla, la que daría un país con jueces de verdad y con la jefatura de Cristina. Pero esos fantasmas del futuro no hacen que los escribas del pasquín de los Mitre-Saguier olviden sus tareas de hoy. Por eso el 21/06/2021 nos cuentan que “Jorge Lanata fulminó a Ignacio Copani luego de su canción sobre Pfizer”. Lanata es otro personaje de la fauna que el dinero logra reunir. En estos tiempos no escatima gestos para demostrarle su fidelidad al poder, no sea cosa que alguno se acuerde de cuando posaba de progresista o algo parecido, y por eso exagera su reclamo por la vacuna de Pfizer y pretendidamente agudo y ácido se la agarra con Ignacio Copani, al que designa como el boludo de la semana.

El ignoto periodista no se priva, tampoco, de aclararnos que “para completar su postura, el periodista le hizo un pedido al laboratorio: Pfizer, te damos los glaciares y yo también te doy los soldaditos, pero por favor llevate a Copani de acá. A su vez, preguntó: ¿Se puede ser tan boludo?”. Jorgito, ya sabemos que sos capaz de entregar todo aunque no te lo pidan. Pero no hagas preguntas que tienen la respuesta en tus espejos.

El 22/06/2021, Carlos Pagni cuenta sobre los tiempos que se vienen y dice: “Elecciones 2021: preparando la batalla”. Para el escriba, hay que tomar en cuenta las opiniones que valen la pena, esto es, las de los gerentes de compras de las grandes corporaciones que, oh casualidad, defienden al capitalismo; las de la OCDE, la organización de países desarrollados a la que ha aspirado ingresar la Argentina durante el gobierno de Macri, y las de la agencia Bloomberg. Casi como si solamente escuchara a los que le pagan. Y claro, esas opiniones solo son halagüeñas para aquellos que defienden al capitalismo más salvaje. A gusto de LA NACIÓN, podría decirse. Amigo de las teorías conspirativas, Pagni imagina que los distintos sectores que confluyen en el Frente de Todos tienen ya en mente sus candidatos, sobre todo para la provincia de Buenos Aires. Empieza por decirnos que “Se habla de Victoria Tolosa Paz, una figura tradicional del peronismo de La Plata, que es la mujer de Pepe Albistur, por lo que orbita alrededor de Alberto Fernández”. Eso parecería bastante normal, pero el cronista dispara que “Desde la Casa Rosada, curiosamente, lanzan el nombre de Fernanda Vallejos. Tiene poco que ver con las ideas de la Casa Rosada. Es más bien alguien que tiene más que ver con las posiciones de Cristina Kirchner, más radicalizadas desde el punto de vista de la economía”. A ver… entonces Alberto no quiere a su candidata sino a la del kirchnerismo, que a su vez, según Pagni, tiene su propio candidato.

“¿Hay un apellido en el PJ más bonaerense que Cafiero? ¿El actual Jefe de Gabinete podría ser un buen candidato para presidir la lista del oficialismo en estas elecciones bonaerenses? En el kirchnerismo, mucho más que en la Casa de Gobierno, dicen que sí”. Gente rara, la de este Frente, que no propone sus candidatos sino los de otros. Ojo, en el caso del kirchnerismo es porque tiene la perversa intención de, una vez consagrado diputado el Jefe de Gabinete, hacerse con ese cargo.

Ahora es el turno de Juntos por el Cambio. “Larreta, María Eugenia Vidal y los radicales piden que Macri se esconda un poco porque le quieren hablar de economía al elector, en un clima muy recesivo, y la figura del expresidente les complica esa conversación. Claro está, hay algo de trampa detrás de todo esto: necesitan esconder a Macri porque, al mismo tiempo, le quieren ganar. Hay un duelo por el 2023 y por la candidatura presidencial de Macri, Larreta, Vidal o de cualquier otro”. O sea que muy juntos no parecen estar. Como siempre, aparece el nombre de la profetisa que no acierta una, o sea “Carrió, que mira la situación social y el descontento, y quiere proponerse como la garante de la unidad”. Ahí vienen los radicales, que ya no son en nada parecidos a aquellos seguidores de Leandro N. Alem o de Hipólito Yrigoyen. Que también quieren terciar en esa interna y ganar puntos. “En línea con esto, cobra sentido la figura de Martín Lousteau en la Capital y la de Facundo Manes en la provincia”.

Si alguien se pregunta ganar puntos para qué, Pagni le aclara “Todo esto es el juego interno donde se pone en funcionamiento la necesidad de ganar la elección y conquistar el electorado; la necesidad de definir roles para 2023, sobre todo en Juntos por el Cambio, porque Cristina Kirchner le resuelve ese juego al oficialismo; y la necesidad de ir reacomodando la cotización de cada grupo”.

Después la columna navega por aguas conocidas, esto es la crítica al manejo de las relaciones exteriores que hace el gobierno de Alberto Fernández, sobre todo en relación a Venezuela y Nicaragua. Que en realidad, son la preocupación de los Estados Unidos, que no importa quién sea el presidente tienen en claro que hay que disciplinar a los rebeldes. Con el gran garrote de Theodore Roosevelt, que de ser posible lo manejarán otros, dispuestos a cumplir las órdenes del patrón del norte. Que seguramente mira las próximas elecciones con mucho cuidado, tanto que Pagni cierra su nota advirtiendo que no hay arreglo con el Fondo Monetario. “El acuerdo no se firma por razones electorales. Habrá que ver el resultado de las elecciones, para ver si ese resultado autoriza, con Cafiero o sin Cafiero en jefatura de Gabinete, con Guzmán o sin Guzmán en Economía, a llegar a un acuerdo con el Fondo para el año próximo”. Ya sabemos. Cuidado con lo que se vota, miren que estamos a siete diputados de ser Venezuela. O Nicaragua, que viene a ser lo mismo.

¿La pandemia? Ausente con aviso de estos análisis. Porque la llegada de vacunas por millones y el éxito del plan de vacunación de la provincia de Buenos Aires no son buenas noticias para la Tribuna de Doctrina. Kiciloff es el peligro del futuro, admirado por Cristina y con ese apellido bolche. Si le va bien con las vacunas es malo para la derecha. Además no compró las de Pfizer, a pesar de tanta propaganda de los escribas. La verdad, como se puede apreciar, está muy lejos de ser una preocupación para LA NACIÓN y sus columnistas. Tanto camino que se abre, tantas acechanzas que se presentan. Qué falta nos va a hacer Horacio González para enseñarnos por dónde llegar.