"Ponen la bomba y escapan, aumentan los precios y se hacen los angelitos, preparan la falta de carne y dicen que no tienen nada que ver." (Perón).

ANTES DEL BOMBARDEO, MAS BOMBAS EN EL SUBTE Y EN PLAZA DE MAYO PARA ABRIR LA GRIETA

por Ignacio Lizaso *

Volvió a revivirse el cobarde bombardeo de plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Hecho curioso, apreciamos testimonios coincidentes en trazar un paralelo con la destrucción de la población vasca española de Guernica por aviones italianos y alemanes. Poco más de dos años antes, el 15 de abril de 1953, se había producido un terrible atentado en la misma plaza, mientras Perón hablaba en un acto organizado por la CGT.

por Ignacio Lizaso

NAC&POP

16/06/2021

Hubo 6 víctimas mortales, cifra sensiblemente inferior a las más de 300 de 1955.

Fue esa una de las muestras iniciales de la hoy tan mentada grieta.

Perón recién había iniciado su mensaje cuando estalló la primera bomba, dotada de 50 cartuchos de gelinita, en un hotel ubicado en la calle Hipólito Yrigoyen, entre Bolívar y Defensa.

El presidente interrumpió el discurso advirtiendo que se trataba de un atentado.

En seguida resonó un segundo estallido, bomba provista del doble de potencia de la anterior, que estalló en la vecina estación del subte A.

«Por más que tiren bombas y no paren de inventar rumores no vamos a permitir que nos acobarden», reaccionó Perón.

Como eco inmediato creció un coro de decenas de miles de voces repitiendo una consigna: «¡leña, leña…!».

«Ponen la bomba y escapan, aumentan los precios y se hacen los angelitos, preparan la falta de carne y dicen que no tienen nada que ver.

Es una guerra psicológica organizada y dirigida desde el exterior con colaboradores que actúan adentro.

Hay que buscarlos y donde se los encuentre, colgarlos de un árbol», continuó el diálogo de Perón con el pueblo, texto que hoy conserva plena vigencia.

Pausa y remate: «si demuestran que pueden hacer algo útil por el país los vamos a perdonar».

Tras rápida acción policial fueron individualizados responsables y ejecutores del atentado, que pudo tener consecuencias mucho más graves si hubieran explotados otros artefactos colocados en la azotea del edificio del Banco Nación.

El historiador Félix Luna – insospechable de filiación peronista – considera que el atentado había sido obra del «ala unionista del radicalismo», que entonces encabezaba entre otros Miguel Ángel Zavala Ortiz, con el apoyo de jóvenes de la FUBA.

Se acusó como ideólogo a Arturo Mathov, diputado nacional, y como jefe del operativo, a Roque Carranza, en 1983 ministro de Raúl Alfonsín.

Una nota de Página 12 sostuvo que «Mariano Grondona en Hora Clave, habría reconocido su participación » .

Los detenidos se beneficiaron con una amnistía dictada por Perón en 1955.

Esa noche se registraron señales de revancha.

Se prendió fuego a los edificios de la Casa Socialista, avenida Rivadavia al 2100; la Casa Radical, Tucumán al 1600, y la lujosa sede del Jockey Club.

Los intentos de incendio del edificio del diario La Nación, San Martín al 300, y el Petit Café, Santa Fe casi Callao, fueron abortados por efectivos policiales.

Al justipreciar los daños el titular del oligárquico Jockey Club, Manuel Anasagasti, declaró que se habían robado partidas de vino «con sello y número de catálogo» de la institución.

Carajo… Perón nunca había pisado Palermo, ni San Isidro, los hipódromos que explotaba el Jockey, y encima semejante agresión.

La grieta con tales caballeros asomaba como imposible de borrar. Sin embargo a mediados de 2009 el presidente del Jockey, Bruno Quintana, entraba a Balcarce 50 tan sigilosamente como Hornos, Borinsky y otros buenos muchachos lo harían entre 2016 y 2019 para urdir el menú no precisamente vegano, se diría que antropófago, de la mesa judicial.

Su nombre no figuró en el registro oficial.

Se ignora el objetivo de la sorprendente visita y con qué funcionario había pactado un encuentro.

Lo cierto es que 56 años más tarde de aquel 15 de abril de 1953, Quintana – apellido de refinada avenida cerca a la Recoleta – se presentó alzando una bandera blanca.

Ningún medio, ni siquiera La Nación, diario amigo y vocero por excelencia, informó sobre el brote sano hallado en el alma putrefacta de la grieta.

El diligente Rodríguez Larreta habrá ordenado cubrirlo para que la cara del odio luzca impecable.

No sabemos qué puede haber cambiado desde el triunfo del Frente para Todos.

Según allegados al nuevo presidente del Jockey, Miguel Crotto Sojo, la bandera blanca habría sido enviada a Tokio para asegurar la calidad del servicio de tintorería.

La grieta está hecha una pendeja.

IL/