Mary supo arriesgarse en el siglo XX para anticipar el siglo XXI

MARY TAPIA SE ANTICIPÓ AL SIGLO XXI Y DIÓ SU VIDA COMO COMPAÑERA PARA LOGRARLO

Por Catalina Pantuso *

Mari Tapia (FOTO) comprendió que muchas veces lo nuevo suele ser lo viejo que se había olvidado—especialmente en la indumentaria— y se empeñó en crear una moda que reflejara el espíritu argentino. Buscando las raíces comunes de nuestro pasado precolombino y colonial recorrió el Noroeste argentino, Bolivia, Panamá, Ecuador, Colombia y Paraguay investigando diferentes técnicas ancestrales.

Por Catalina Pantuso.

NAC&POP

16/06/2021

 

Mari Tapia fue una pionera de la actual moda étnica que desfila en las pasarelas de los principales centros de la moda internacional mostrando las colecciones de alta costura y que también se hace presente en las prendas industriales de las más importantes marcas de la indumentaria mundial.

Tucumana de origen se atrevió a transitar un camino difícil, superar infinidad de obstáculos y traspasar las fronteras de nuestro país para poder mostrar el mestizaje cultural que caracteriza a la Argentina y a toda América Latina.

Este 10 de junio se cumplió el décimo aniversario del fallecimiento de Mari Tapia y quiero recordar a mi querida amiga que no solo fue una gran diseñadora de moda argentina, sino también una mujer que supo armonizar durante su vida una inmensa creatividad artística con el amor maternal y el compromiso político.

A fines de los años 60, desde la ciudad de Buenos Aires, Mari desafió el protagonismo de la moda europea, buscó una identidad argentina y se atrevió a enfrentar los estereotipos internacionales.

Viendo el posterior éxito del “estilo folk” confesó lo siguiente: “Me da alegría.

Parece que sembré varias semillas que hoy están dando su fruto.

Cuando veo una vidriera con este tipo de diseños pienso que hoy está de moda, “mi moda (Mari Tapia 2006).

 “Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar.”

Conocí a Mari Tapia —para los compañeros peronistas “La Negra”— una tarde de 1972 mientras organizábamos el regreso de Perón.

Fue en una pequeña reunión improvisada, en la casa de un matrimonio amigo mío: “la Flaca” Iris y su marido Ricardo Gómez —conocido como “El Gordo Gómez”— que era el Secretario General de la Asociación Obrera Textil (AOT) de Moreno.

Allí, mateando y charlando desordenadamente estaban también Jorge Zanada y Franco Bottor.

Mi asombro fue total cuando, recién iniciado el diálogo, Mari sacó un paño de color natural y se puso a bordar unas vistosas flores en diferentes tonos.

Mientras todos discutíamos apasionadamente ella, de vez en cuando, levantaba la vista de sus labores y con una sonrisa hacía algunos comentarios cortos y certeros.

Yo —una italiana calabresa, nacionalizada argentina, hija de una ama de casa y de un albañil y estudiante de letras de la UBA— que también sabía hacer las labores tradicionales, comenzaba a hacerme amiga de una criolla tucumana —sus padres fueron Ana Rodríguez, hija de inmigrantes españoles, y Julio Tapia, un tucumano nativo de ocho generaciones— que había llegado a Buenos Aires, a los 15 años para cumplir con sus sueños de convertirse en actriz.

No sólo sabíamos coser y bordar sino que también supimos abrir las puertas para salir a jugar y nos jugamos con decisión, voluntad y coherencia.

Nos unió de inmediato el saber apreciar el valor del trabajo artesanal, el amor a las artes, la constancia en el esfuerzo y la pasión peronista.

Entonces yo no sabía que “la Negra”, sencilla en su apariencia y aguda en sus apreciaciones, ya era muy famosa por sus exclusivos diseños de indumentaria.

Ella tampoco sabía que yo era una estudiante de la carrera de letras.

Es que en los barrios pobres y de clase media del Gran Buenos Aires casi nadie prestaba mucha atención a la “movida cultural” del Instituto Di Tella, y mucho menos a las “propuestas revolucionarias” de los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras.

Si bien las dos militábamos dentro del amplio espectro del Movimiento Peronista, nunca estuvimos encuadradas en las mismas agrupaciones —de las tantas que había en aquellos tiempos— pero, con total compromiso y autenticidad las dos caminábamos por las villas o barrios pobres del Gran Buenos Aires haciendo campaña por “El retorno incondicional de Perón a la patria y al poder”.

Durante aquellos años tanto para mí como para todos los compañeros de Moreno, “la Negra” era una actriz bastante desconocida que se empeñaba en despertar el interés por la cultura, especialmente por el teatro.

Ambas vivenciamos y transitamos las dos Argentinas que convivían en lo social, lo cultural, lo económico y lo político.

Mari conocía la pobreza de Tucumán con sus ingenios cerrados y yo las necesidades de los inmigrantes italianos que trataban de forjar un futuro más promisorio para sus hijos.

Hacíamos chistes y nos reíamos juntas porque mientras los “burgueses” descubrían el peronismo y muchos de ellos abandonaban la universidad para “proletarizase”—dejando por un rato las confortables casas de sus padres—nosotras trabajábamos para poder pagarnos nuestros estudios.

Las dos habíamos sido trasplantadas de nuestros lugares de origen y sentíamos nostalgias similares por nuestros pueblos de nacimiento.

En una entrevista realizada porMaría Laura Carrascal, Mari recordaba su infancia del siguiente modo: “desde chica quería ir a ver los carnavales, me llevaban y veía a las coyas con las faldas amplias en la procesión de la Virgen con flores de papel crêpe de colores por todos lados. Mi infancia estaba llena de ese color, del sonido del tamborcito y la chaya y todavía mis ojos siguen llenos de ese color.”

Yo escuchaba, junto a mi padre, el programa de la colectividad italiana que cada domingo se transmitía por la radio y me conocía de memoria muchas de las canciones del famoso “Festival della canzone italiana” que se realizaba en San Remo y se trasmitía en diferido por la televisión argentina.

Mari Tapia había llegado a Buenos Aires con el propósito firme de convertirse en actriz, por tal motivo su compromiso político siempre dio, especialmente, en el ámbito cultural.

Recordando que para el primer peronismo los únicos privilegiados eran los niños —una de las consignas que se escuchaban en las manifestaciones de la JP era: “Que lindo que va a ser el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel”— y mientras el dúo musical Vivencias cantaba “Con tantos niños afuera ¿qué hacemos en la vidriera?” Mari Tapia y Jorge Zanada, junto a un grupo de amigos con inquietudes actorales y de diferentes procedencias políticas, escribieron la obra de teatro infantil “La rebelión de los juguetes” que ella dirigió personalmente.

El espectáculo, durante un año, estuvo de gira en diferentes villas y barrios pobres del área Metropolitana.

Merece un recuerdo especial la presentación realizada en la Villa 31 donde trabajaba el padre Carlos Mujica.

Posteriormente la Mari junto a Franco Bottor —obrero textil y delegado de la AOT que había participado en el “Grupo Octubre”— escribieron y pusieron en cartel, en el teatro del sindicato de Luz y Fuerza de Capital, la obra “Moreno: el dormitorio del Oeste” en la que se planteaba, muy especialmente, el problema de la falta de fuentes de trabajo en esa localidad del Gran Buenos Aires.

Nos dimos un abrazo cuando se estrenó la película “Los Hijos de Fierro” (1975), versión libre del poema homónimo de José Hernández, dirigida por Pino Solanas.

Mari estaba muy feliz por su destacada interpretación de “Alma”, un personaje ficticio creado por el director, y también por haber actuado junto a figuras ya consagradas como Juan Carlos Gené y Arturo Maly.

El reencuentro inesperado

Pasó el tiempo y, aunque las dos nos quedamos en Buenos Aires, la dictadura militar del ’76 nos distanció totalmente.

Nos volvimos a encontrar en 1986 cuando ya me había recibido de socióloga —la literatura se había quedado a mitad de camino— y ella tenía su local en Recoleta.

Este reencuentro también fue por mera casualidad.

Yo estaba haciendo unos trámites, sin mucho apuro, y me detuve frente a una vidriera que exhibía el estilo de ropa artesanal que más me gustaba.

Entré de inmediato y allí, en su taller entre telas, botones hilos de colores y puntillas, bordando como sólo ella sabía hacerlo, encontré nuevamente a Mari.

Mi sorpresa fue enorme cuando me di cuenta de que “la Negra”, mi compañera de militancia de los ’70, era la famosa diseñadora de modas que había llevado los colores y las texturas latinoamericanas al mundo.

Después de recordar antiguos proyectos políticos y algunas heridas del alma comenzamos un diálogo mucho más profundo que se continuó hasta su muerte.

Conversamos un largo rato como si nunca hubiésemos dejado de vernos y empezamos confesando todo de lo que, por razones de la militancia, habíamos callado durante los años ’70.

Como al pasar, sin darme mayores detalles, Mari habló sobre el atrevido desfile performance realizado en los “Baños Colmegna” en el que las modelos, sostenidas en los hombros por fisiculturistas semidesnudos, lucieron minivestidos, faldas largas, camisolas y pantalones que lucían guardas y accesorios típicos del NOA y la increíble experiencia de la presentación, en el Centro de Arte del Instituto Di Tella, de “Pret-a-porter Pachamama”.

También me confesó como aprendió a sonreír discretamente ante las pretenciosas demandas de algunas de las adineradas clientas de su boutique, entre las que figuraban reconocidas figuras del espectáculo como: María Luisa Bemberg, Marta Minujín, Suna Rocha, Mercedes Sosa, Dominique Sandá, Nacha Guevara, Teresa Anchorena, Nequi Galotti y Dalila Puzzovio.

Por mi parte le conté sobre mi experiencia sindical y evoqué aquellos tiempos en los que me había hecho la estúpida cuando algún gerente del PAMI no se aguantaba mis reclamos gremiales.

Periódicamente nos juntábamos a tomar un café.

Durante algunas horas compartíamos nuestro amor por la literatura, en especial por la obra de Luigi Pirandello, nuestras experiencias como madres y comentábamos los esfuerzos que debíamos realizar para conciliar nuestros objetivos profesionales con nuestras obligaciones familiares.

Le expresé mi profunda admiración por su trayectoria, —ya se había posicionado como la primera diseñadora de la moda argentina—, y ella me comentó los esfuerzos realizados junto a su pareja, Jorge Zanada, para concretar los desfiles realizados en el Theatre de l`Epee de Bois de París y en el Center for Interamerican Relations de Nueva York.

Su asombro también fue grande cuando supo que yo, sin ser médica, había logrado convertirme en la gerente de prestaciones de la Obra Social del Personal de Dirección de la Industria Perfumista (E.W.HOPE)

En una misma dirección, transitando sendas diferentes.

Más de una vez, en diferentes eventos sociales importantes, me vestí con alguna de sus prendas.

Sin embargo quiero recordar especialmente el día en que, por primera vez, entré en la Casa de Gobierno.

Fue el 8 de julio de 1989, como una de las invitadas al acto de asunción del presidente Carlos Menem.

La Tana, argentina por opción, hija de un albañil y de un ama de casa, entró en el Salón Blanco luciendo un hermoso conjunto de pollera y saco de picote de lana cruda con ribetes de terciopelo multicolor en el ruedo de la falda.

A la Tana le sentaba muy bien el diseño netamente argentino creado por Mari “la Negra” Tapia.

En el año 2000 Mari Tapia expuso, junto a otros argentinos, en un stand de la prestigiosa “Il Artesanato in Fiera” que se realizó en Milán.

En esa oportunidad conoció a Jorge di Molfino quien la contrató para que sus prendas fueran vendidas en las boutiques de “Fatto a Mano” en Milán, Roma y Florencia.

En una entrevista realizada por Susana Pereyra Iraola para el diario La Nación, la diseñadora afirmó: “Lo asesoré sobre el barracán, que los collas tejen a mano, pieza por pieza.

Para la cantidad que necesitábamos recurrimos a la Hilandería Jujeña, donde se hacen los barracanes de 1,40 m de ancho, en telares semiautomáticos.

Es bastante similar al hecho a mano: los mismos empleados son collas, llevan la cultura incorporada.

También compramos botones de asta hechos a mano, fajas, ponchos.” (…)

Me preguntó si me sentía en condiciones de hacer una gran producción, controlar la calidad y cada detalle.

Yo que siempre había trabajado con modistas, prenda por prenda, busqué talleres y elegí tres, en uno de los cuales trabaja un sastre boliviano.(…)

Fue difícil, pero pude llevarme bien con los talleres grandes.

Todo pasa por mi tamiz: compro las cintas, los forros, los hilos, lo que haga falta. No paré de trabajar”.

La criolla tucumana supo conquistar con su moda argentina a los refinados italianos.

Nuestra amistad se fue profundizando en el tiempo porque las dos sentíamos el mismo interés por el mestizaje cultural.

En tiempos en los que se imponía el concepto anglosajón de “multiculturalidad” ambas coincidíamos en que la categoría americana de “mestizaje cultural” era mucho más fiel y apropiada para definir la cultura argentina y latinoamericana.

Mari Tapia comprendió que muchas veces lo nuevo suele ser lo viejo que se había olvidado—especialmente en la indumentaria— y se empeñó en crear una moda que reflejara el espíritu argentino.

Buscando las raíces comunes de nuestro pasado precolombino y colonial recorrió el Noroeste argentino, Bolivia, Panamá, Ecuador, Colombia y Paraguay investigando diferentes técnicas ancestrales.

En más de una oportunidad afirmó que “Crear una moda argentina se convirtió en mi obsesión”.

Este trabajo de campo sistemático hizo que la periodista Felisa Pinto la distinguiera como “antropóloga de la moda”.

Lejos de un planteo “indigenista” supo utilizar los materiales autóctonos —barracán, lana de oveja negra, aguayos, chaguas y cuero de buches de avestruz— combinados con detalles de terciopelo, seda encajes y puntillas europeas.

Creó un estilo propio, primero inspirada en las culturas coyas y wichí y posteriormente en la de los mayas de Guatemala y los otalavos de Ecuador.

En una de sus declaraciones afirmó: “Hay que detenerse en la dimensión cultural que representa, la identidad llevada a la moda, inspirada en las auténticas raíces que nos brinda la tierra.

Siempre hago como si la moda no existiera.

Escucho una música interior a la que siempre le soy fiel.”

Yo abandoné la sociología médica e hice un Master en Gestión y Políticas Culturales; estudié especialmente el sincretismo cultural que caracteriza a América Latina.

Investigué los objetivos, métodos, realizaciones y herencias del Proyecto de las Misiones Jesuíticas en Argentina.

Cuando en el año 2009, se realizó en el Teatro Nacional Cervantes, la presentación del libro “El Umbral” que incluyó mi trabajo, Mari Tapia y Jorge Zanada me acompañaron como verdaderos amigos.

Mari Tapia fue una mujer comprometida con su gente y con su historia, el diseño de moda fue su modo particular de manifestar su ideología.

En uno de los tantos reportajes que le hicieron afirmó: “Acá hay una gran desvalorización de lo nuestro y una excesiva valoración de lo extranjero; espero que las nuevas generaciones aprecien en estas señales, en estos rastros y en las marcas de mi trabajo como creadora de ropa, la riqueza de esto tan valioso que constituye la identidad amplia, rica de la cultura argentina, y se animen así a mirar para adentro”

Su consagración, premios y homenajes

En 1999 sus diseños fueron seleccionados y exhibidos en la exposición “Siglo XX Arte Argentino”, en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires y al año siguiente presentó “Pret-á-porter Pachamama” en la Sala Cronopios del CC Recoleta.

Durante  el año 2001 participó, junto a otros trece diseñadores argentinos, en “Buenos Aires Alta Moda”; fue homenajeada como Creadora Argentina por la Sociedad Científica Argentina; fue galardonada con el Premio Tijera de Plata a la Trayectoria por la Cámara Argentina de la Moda y con el Premio Tijera de Oro a la Mejor Diseñadora de ese año.

2002 la Fundación Konex, como máxima exponente de la categoría Diseño de Indumentaria, Mari Tapia recibió el Konex de Platino que le otorgó el Gran Jurado de los Premios Konex 2002 a las Artes Visuales.

“Sentí una alegría tan grande el día que me llamó el presidente de la Fundación, el doctor Luis Ovsejevich, para anunciármelo, a las 9.

Me siento bien, muy contenta, en mi mejor época, como si Dios se hubiera decidido a darme una mano.

Puedo disfrutar el reconocimiento: un homenaje, el premio, ahora esto.

¿Será que hay un advenimiento de argentinidad y se han acordado de mis 36 años de trabajo?”.

En 2006, realizó una muestra retrospectiva de Mari Tapia, ideada por Felisa Pinto, en el ciclo “Malba moda, Identidad Criolla” y en el 2007 se expuso en el MALBA (PK) “Retrospectiva Mari Tapia” (Colecciones privadas 1966-2006).

En mayo de 2018, en el Museo Nacional de la Historia del Traje, se inauguró la muestra homenaje “Íntima: Mary Tapia” donde se exhibieron sus prendas, fotos, postales y relatos que recuperaron el legado cultural de la tucumana que convirtió en vanguardia al telar argentino.

Mari supo arriesgarse en el siglo XX para anticipar el siglo XXI

En la mañana del viernes 10 de junio de 2011 Mari Tapia falleció de un aneurisma de aorta. Se fue tan discretamente como cuando llegó a Buenos Aires, despedida solo por su familia y un grupo de amigos.

Sin embargo, ella sigue más vigente que nunca.

Su tesón y audacia trazaron la senda que marcó el éxito de otras diseñadoras de modas con identidad nacional.

Sus más famosas continuadoras fueron la boliviana Beatriz Canedo Patiño y la sudafricana Desre Buirski.

Beatriz Canedo Patiño, fines de los años ochenta creó la marca “Alpaca Design” y se convirtió en la diseñadora boliviana de mayor proyección internacional.

Exportó sus prendas a todo el mundo y vistió a famosos, mujeres y hombres cercanos al poder.

Su cliente más notorio fue el ex presidente Evo Morales y también lucieron sus creaciones Juan Pablo II y la reina Sofía de España.

Ella sostuvo que Para ser elegante, un hombre no necesariamente tiene que usar corbata (…)

La verdadera elegancia proviene del interior.

No importa si uno se pone la alta costura más cara”.

Desre Buirski nació en Sudáfrica, trabajó en Estados Unidos e Indonesia y, a principios de 1994, volvió a su país.

Profunda admiradora de Nelson Mandela, le regaló una de sus camisas, el 7 de mayo de 1994, durante una visita a una sinagoga de Ciudad del Cabo; desde ese momento se convirtió en su diseñadora.

El presidente, consciente de ser la imagen de la nueva Sudáfrica, quiso mostrar una estética acorde a la nueva etapa institucional.

El país dejaba de ser un lugar donde la libertad era sólo para unos pocos blancos y sus camisas, confeccionadas en seda y pintadas a mano, se convirtieron en un ícono del fin del apartheid.

Buirski creó para Mandela 155 diseños y abrió su propia marca: “Presidential”, esas creaciones se venden, en la actualidad, a precios que van desde los 120 a los 370 euros, dependiendo del diseño, tejido o si el dibujo ha sido pintado a mano.

A fines del siglo pasado y en los inicios del presente siglo, el Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela y el ex presidente boliviano, Evo Morales, fueron dos ejemplos emblemáticos de los profundos cambios sociales y políticos y también marcaron nuevas tendencias en la moda internacional.

Tal como Mari anticipó a mediados del siglo XX ellos, en lugar de ajustarse a la moda, impusieron su propio estilo.

La actual “moda étnica”, que muestran las raíces de las culturas autóctonas de América y África —históricamente catalogadas como “moda popular”—se encuentran tanto en la producción industrial de las de marcas lowcost como en alta costura.

Al escribir estos recuerdos se me ocurrió buscar en Internet los personajes notables de la ciudad tucumana de Monteros.

Encontré que se encuentran once personalidades, las más importantes son el General Julio Argentino Roca, dos veces presidente constitucional de nuestro país, y Bernabé Aráoz militar, gobernador y caudillo de la provincia de Tucumán durante las décadas de 1810 y 1820.

Otra de las figuras que se mencionan es el legendario “Mate Cosido”, un bandido calificado de “delincuente” por algunos y de “benefactor” o “rebelde” por otros, que pasó a ser un célebre personaje del folclore regional del Norte argentino.

A pesar de todos sus esfuerzos y de los múltiples reconocimientos nacionales e internacionales Mari Tapia no figura entre las personalidades ilustres de Monteros, su lugar de nacimiento.

Tristemente se cumple, nuevamente, aquello de que “nadie es profeta en su tierra”.

 

Mari Tapia: se arriesgó en el siglo XX y anticipó el siglo XXI