En octubre de 1977 los jefes eran los argentinos Pablo Piacentini y Juan Gelman, y entre los redactores José María Pasquini Durán y Juan Francia.

OS BRASILEIROS SOMOS DIREITOS E HUMANOS.

Por Ignacio Lizaso*

No sería extraño que a partir del fin de semana venidero los medios de prensa adictos a Jair Bolsonaro usen aquel eslogan impuesto 43 años atrás por la dictadura cívico-militar encabezada por Videla y Massera, en vísperas de disputarse en tierra argentina el Campeonato Mundial de Fútbol.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

09/06/2021

Hacerse cargo a último momento de llevar adelante una nueva edición de la copa América es un hierro candente al que Bolsonaro ha echado mano sin guantes, limitándose a frotarlas con dióxido de cloro.

Si bien se anuncia que el Supremo Tribunal Federal de Brasil decidirá hoy si aprueba la realización del certamen, todo indica que su fallo será favorable al exultante deseo del caricaturesco mandatario.

El objetivo de la conducción de la dictadura instaurada en 1976 era, a través del mundial, contrarrestar las denuncias formuladas sobre todo en Europa por graves violaciones a los derechos humanos.

Ya sumaban miles los desaparecidos y los llamados grupos de tareas aterrorizaban al pueblos desembozada, impiadosamente.

Bolsonaro trata de aferrarse a la copa para mejorar la imagen de su gobierno y mostrar otra cara del Brasil arrasado por la pandemia y la situación económica de las mayorías populares.

El socialista Julio Delgado planteó que con casi 500.000 víctimas fatales – segundo país en el orden mundial detrás de Estados Unidos -, darle vía libre a la copa es una absurda aventura de especulación política personalista.

Bolsonaro no dispuso del prolongado tiempo que tuvo la dictadura 1976-1982 para idear una campaña de difusión partidaria.

Desistieron Colombia por la crisis social en que está sumida y después las autoridades argentinas por el avance de la pandemia.

En ese punto Bolsonaro pegó un grito sancionado en el fútbol: ¡mía!

No conforme con haber incurrido frente al Covid-19 en la obcecuente actitud de imitar burlonamente la posición de su admirado Trump y quitarle relevancia a la gripesinha, ahora insiste a ultranza en esa línea oscurantista de desprecio por la vida.

Si fuera un gesto individual bordearía lo suicida, pero como arrastra a decenas de miles de sus compatriotas y aficionados visitantes pasa a ser irresponsablemente criminal.

En medio de un panorama de caótica emergencia la improvisación salta a la vista. A tres días de la fecha de iniciación del certamen no se sabe qué va a suceder.

Citados por la Conmebol los capitanes de las selecciones participantes se negaron a tener contacto con el desbarbijado Bolsonaro.

Presiones cara a cara, no.

Los jugadores de Brasil intentaron ir más allá y en principio afirmaron que no saldrían a la cancha.

A lo que la Confederación los amenazó con tomar severas medidas.

Al amainar la rebeldía Claudio Casagrande, dirigente del fútbol que se formó en el ámbito gremial junto al recordado Sócrates, los llamó cobardes (aclaración para mauricios, patricias y vivianas, la mención a Sócrates se refiere al talentoso jugador y médico paulista, no al filósofo griego).

Cabe rescatar que el clima de terrorismo de Estado que se vivía en nuestro país en 1978 originó que el mundial tuviera un gran ausente, acaso el futbolista más brillante en ese momento en que aún no se había asistido a la plena consagración de Maradona.

Astro de la selección holandesa y el club Barcelona, Johan Cruyff – acaban de cumplirse cinco años de su temprana muerte – no quiso viajar.

Teniendo en cuenta lo que fue el partido final los hinchas argentinos deberíamos agradecer doblemente su rechazo: al no venir fue solidario en el plano ideológico y evitó que su enorme calidad quizás terminara por inclinar el resultado a favor del equipo naranja.

El aparato de difusión de la dictadura parió una excusa: un par de meses antes Cruyff habría sido víctima de un secuestro.

En esta materia, secuestros y asesinatos, el 26 de julio de 1977 se había puesto en marcha el Centro Piloto de Paris, creación del grupo que operaba en la ESMA.

El embajador Tomás de Anchorena recibió 100.000 dólares para instalar el centro en la capital francesa, donde había comenzado a movilizarse un Comité de Boicot al mundial que denunciaba lo que no decían Clarín,

La Nación la televisión y la radio.

Enrolado en el radicalismo, luego de consultar con Ricardo Balbín, Anchorena aceptó la misión.

La primera directora del centro fue Elena Holmberg.

«Los argentinos somos derechos y humanos» fue un engendro parido entonces como lema redentor.

Un hecho del que nos tocó ser testigos corrobora que la acción del centro piloto no se circunscribió a Paris y apuntaba a controlar a compatriotas exiliados.

En Roma estaba afincada la sede central de Inter Press Service (IPS), agencia de noticias fundada por el periodista italiano Roberto Savio, que figuraba como cooperativa sin fines de lucro, pero (se aseguraba) era bancada con fondos aportados por el lider libio Muamar el Gadafi.

En octubre de 1977 los jefes eran los argentinos Pablo Piacentini y Juan Gelman, y entre los redactores estaban José María Pasquini Durán y Juan Francia.

Una mañana aterrizamos en la elegante casona cerca de piazza Venezia y Francia, amigo de años, nos dijo: elegí una máquina y ponete a laburar, falta gente.

Propuesta nada desdeñable.

A la una salimos a comer algo y ese día y el siguiente se repitió una escena.

Con la naturalidad con que se mueve un fotógrafo de casamiento un tipo se acercó a la puerta del edificio de IPS y nos escrachó sin disimulo.

La segunda vez fue inevitable preguntar quién era el fulano.

Ah, son los maringotes del centro piloto, fue la respuesta.

Como nuestro propósito era regresar a Buenos Aires seguimos viéndonos con Francia, pero lejos de vía Panisperna 21.

En diciembre de 1978 fue asesinada la Holmberg (de apellido materno Lanusse, familiar del ex presidente de facto).

Un libro escrito por sus hermanos atribuye la muerte a efectivos de la ESMA.

Tiempos oscuros…

Se viene «os brasileros somos direitos e humanos, sem cinta de queixo» (barbijo en portugués).

IL/