Grave error complicar al presidente y comprometer a Pfizer; si ella había hecho lobby por las vacunas de la corporación...Panorama negro.

PASPARTÚ

Por Ignacio Lizaso *

Como paspartú de ficción comenzó cumpliendo su vocación como guerrillera, y casi medio siglo después culmina su glamorosa campaña enrolada en el más impiadoso terrorismo de Estado.Lo atestiguan millones de jubilados compatriotas a quienes les mutiló los magros haberes, Milagro presa, los cadáveres de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel y…

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

28/05/2021

Los personajes de este relato son un par de destacados miembros de la oposición, léase colaboracionistas del invasor, que claman por la desaparición de quienes adhieren al gobierno elegido por la mayoría del pueblo, al país, a la vida.

Culminando su extensa, zigzagueante trayectoria política que muestra su vocación ideológica de renegada crónica, a Patricia Bullrich acaba de visitarla un sueño consolador (y sí, consolador) dividido en dos partes.

Primero surgieron borrosamente los preparativos de lo que el jefe montonero Rodolfo Galimberti llamó «último operativo de 1976», narrado en detalle por el periodista Ricardo Ragendorfer en su biografía de PB.

Los cuñados – RG era el marido de la hermana de PB – viajaban en un fiat 1600 que se detenía en Eduardo Costa y Ascasubi, Acassuso.

Temblando, subraya Ragendorfer, ella bajaba con un caño (denominación técnica, cartucho de gelamón) que debía explotar en tres minutos y lo depositaba en el porche del chalet donde vivía el coronel José María Pedro Noguer, intendente de San Isidro, objetivo de la acción.

Cuando el auto se alejaba por la avenida del Libertador se oía la explosión.

RG le guiñaba un ojo.

Ella, entonces Carolina Serrano, su nombre de guerra militante, todavía temblaba, insiste Ragendorfer.

Magia que el soñador no cuestiona, se iban reconstruyendo los pasos del episodio y los posteriores.

Noche de emociones recién inauguradas y copas de festejo.

La mañana siguiente PB compraba La Nación y veía que un título catástrofe copaba la portada: «asesinan al coronel Noguer en un atentado terrorista».

Aún al volante del fiat, sonriendo satisfecho, RG alzaba el índice y el mayor formando la v desafiante, ganadora.

Capricho del anónimo guionista de este sueño, la segunda parte transcurría 45 años más tarde, hace un rato, durante el reportaje fatal.

Con la jactancia que la caracteriza ella lanzaba la denuncia de las coimas requeridas por Ginés González García y afirmaba que Alberto Fernández no era ajeno a la maniobra.

Bruscamente la mitad de la pantalla del televisor que mostraba su rostro quedaba en blanco.

De inmediato sonaba el celular, desde el canal le avisaban que se había cortado la conexión.

No se escuchó tu voz, Patricia, tenemos que grabar todo de nuevo, fue el mensaje.

El sueño había concluido.

En estado de semivigilia creció un suspiro reconfortante.

Zafé, grabar de nuevo, un carajo, se dijo a mitad de camino.

No se había desprendido totalmente del clima de la fábula soñada, pero a lo lejos relampagueaban destellos de realidad.

El debut guerrillero había sido un éxito.

Y en el presente impostergable seguía siendo una edición acriollada de la-dama-de-hierro.

La bruma de la fantasía no demoró en empezar a esfumarse.

Se cubrió la cara con las manos y presionó sobre las sienes.

El sueño había salteado un punto fundamental: al producirse una falla en el mecanismo del artefacto la explosión se había reducido a poco más que el estruendo, el coronel había resultado ileso y la casa conservaba su fisonomía habitual.

Cómo olvidar la furia de RG, furia profunda, callada.

Le pasa a cualquiera, fue todo lo que dijo.

Y ahora, grave error complicar al presidente y sobre todo comprometer a Pfizer; contradicción al pedo, si ella había hecho lobby por las vacunas de la corporación.

Panorama negro.

Morales Solá y la Carrió se habían apurado a soltarle la mano.

Lilita, que los denunció por envenenamiento, ahora renacía como devota de la no violencia.

Hasta Gerardo, el Morales que menos importaba, se había tirado en contra.

Apenas consagrado gobernador vino especialmente a Buenos Aires a hablar con ella.

Sin pudor deschavó que no le daba el pinet para jugarse deteniendo a Milagro Sala.

¿Quién le había solucionado el problema mandando a sus gendarmes?

Un turro, radical, qué querés.

Tomó un café amargo.

Puteando con unción al universo trataba de desterrar la fugaz ilusión del sueño.

De una mirada al enorme plácar surgió la salida.

Cuánto falta para el 4 de julio, se planteó.

Apenas una semana, calculó trocando «n» por «l» a su favor.

En el placár tenía colgado el traje de vaquero, obsequio del embajador.

De cowboy, dijo ella.

De cowgirl, eres una dama, corrigió el embajador.

Le quitó la funda de plástico que lo protegía y se paró frente al espejo.

-¡Come on,!, gritó burlona, y con un látigo imaginario le sacudió un chirlo al potro que montaba.

Es el turno de una dama de zinc.

Cuando quedó atrás la penosa pantomima de simular mamarse con dióxido de cloro, declarándose humilde discípula de PB, Viviana Canosa redimió el fallido caño de gelamón transformándolo en una pila de latas de nafta y un encendedor.

Para que tan ambicioso emprendimiento llevara su sello en lugar de quebrar la bucólica paz de Acassuso retrocedió dos estaciones y dedicó el incendio a la residencia de Olivos.

De acuerdo con una versión de fuentes bien informadas la incontinente VC habría volado de incógnito a Río de Janeiro, se dice que acompañada por Laura Alonso, listas para aplicarse la segunda dosis.

Tres meses antes se las ubicaba integrando el selecto grupo de amigos que en la embajada yanqui tuvieron privilegiado acceso a la vacuna patrocinada por la CIA, la Mc Carthy.

En la composición de esta vacuna hay un fármaco que provoca un intenso brote de hipo que advierte a los que la recibieron que se encuentran a menos de dos metros de distancia de una persona vacunada con la Sputnik.

Alerta rojo.

Con recomendación especial de Jair Bolsonaro – hermanas en la cruzada del cloro, las distinguió – en el Copacabana Palace les preguntaron por qué vacuna optaban.

La Mc Carthy.

Meneo de testa del infectólogo carioca.

-¿Existe otra más eficaz?, fue pregunta obligada.

Entonces les explicaron que el tratamiento óptimo se completaba con otra marca.

-¿Cuál?

El investigador que dirigió el equipo que definió la fórmula es polaco, pidió que la llamaran Paderewsky, pero todos le decimos la Ku Klux Klan, explicó el infectólogo.

Silla eléctrica para el virus, festejaron las chicas.

Atento a todo objeto con olor a mensaje revelador con lo que tropieza en sus incursiones aeróbicas, trotando por los pasillos de la villa 31 Luis Majul descubrió que encima de un bidón de querosene había una caja de fósforos.

La asociación fue automática: fuego en la residencia presidencial, fuego en las tripas del suburbio.

Esa noche, mientras le hacía un reportaje a un oso hormiguero, de apellido con B inicial, de pronto bramó irritado: ¡esto explota ya!

El plantígrado esbozó un gesto de evasiva y siguió con su monólogo.

Un minuto más tarde LM reanudó la ofensiva: ¡explota, no da para más!

El hormiguero se hizo el oso.

Entonces LM se abalanzó sobre su presa: ¡en las elecciones explota!, a más tardar un día después…

Olió el bidón, probó un fósforo raspando una pared y tirado sin asco en el suelo de tierra se mandó veinte abdominales.

Bomba, incendio, explosión con pretensiones de que sea nuclear.

PB, VC y LM son terroristas.

La única coherente es la de pretendida alcurnia familiar: Bullrich, Luro, Pueyrredón y siguen las firmas de próceres.

Empilchada de cowboy, con aire de taquero taura a lo Evaristo Menezes o de abuela a la que el nieto le atiende las llamadas de Pepín o D´Alessio, PB es una auténtica self made woman.

Comenzó cumpliendo su vocación como guerrillera, desde abajo, y casi medio siglo después culmina su glamorosa campaña enrolada en el más impiadoso terrorismo de Estado.

Lo atestiguan millones de jubilados compatriotas a quienes les mutiló los magros haberes, Milagro presa, los cadáveres de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, la estatua que erigió para honrar a gatilllo fácil Luis Chocobar, las hazañas con pecado concebidas en la mesa judicial, el espionaje urbi et orbi que no perdonaba hermanos, amigos, compañeros y entenados, y ciertas frases vomitadas desde su despacho de ministra de seguridad: aquí el que quiere ir armado, va armado.

IL/