La corte suprema y sus "trasnochadas fantasías"

LA PARTE MÁS RICA DE LA TORTA ARGENTINA

Por Claudio Javier Castelli

Hay Jueces que juzgan un banquero, con el mismo criterio que un pibe chorro: Jueces que juzgan un militar genocida, con el mismo criterio de un ladrón de gallinas. Cómo si la distancia que los recorre no estuviera llena de historia: “lodo y sangre” que es como el capital ingresa en el mundo, al decir de Karl Marx.

 

 

Por Claudio Javier Castelli

Vagos y Vagas Peronistas

Mayo 2021

 

OBERTURA DE MAYO DE 2021:

Esta nota escribí luego del fallo de la Corte Suprema de Justicia en relación al «2X1». Fue el primer intento en convertir la juridicidad liberal de la Argentina en juridicidad neoliberal. No pudieron. Tuvimos la calle. Pero no se engañen acechan a un fallo similar en cualquier momento. El segundo momento y consumado es el fallo por la escuelas públicas y privadas y la presencialidad de los alumnos durante el gobierno de Alberto Fernández. También se discutía un tema relacionado con los derechos humanos y su basamento que es el derecho a la Vida. En esa oportunidad lo hizo. Habrá mucha repercusión de ese fallo en los Tribunales inferiores. Es el espíritu del fallo además el problema. Y ese espíritu se va a demostrar de diferente maneras y temas que atañen a otras áreas. Como por ejemplo el «Lawfare» o persecución fuera de toda institucionalidad a los adversario políticos -«enemigos» para ellos-, o también en cualquier cuestión jurídica que atañe o atañese al Corredor Litoral -Hidrovía- y llegue a los Tribunales. También en cuestión a los derechos de las minorías y diferentes que llegue a los Juzgados. Se como leen los «mensajes» de la Corte la mayoría de los Tribunales. Son algunos ejemplos. Sé que pensaran que siempre ha sido así. No, hasta el fallo era: a veces; a partir de ahora va a ser siempre. Ni qué hablar si en el Congreso «ellos» obtuvieran circunstancialmente mayoría. Recordemos siempre a «Dilma Rousseff» y cómo fue la forma de destituirla. A La Corte Suprema de Justicia le va a tocar intervenir ya sabemos de acorde al modelo de país que eligió con estos fallos, cuales van a ser sus fundamentos para justificar al «nuevo gobierno elegido». Se puede confiar en los Jueces de la Corte: definitivamente no. Puede convivir un gobierno popular con ellos: NO. Sé que es difícil pero hay que pensar como cambiarlos. Alcanza con las reformas al Poder Judicial que propuso Alberto: tampoco. Hasta que no se sancione el proceso -todo el proceso- oral en todos los fueros va a ser muy difícil. Empecemos a pensar con más seriedad en estas cosas. La reforma constitucional que tome como modelo la Constitución de 1949, así como muchos otros aspectos también es imprescindible. Pero también es muy difícil. No pensemos solo en cambiarla sino en cómo lo vamos a hacer, y cómo vamos a introducir en la población la necesidad irrefutable de su cambio que garantice que ganamos los diputados en la Convención Constituyente.

Otro tema: el Presidente habla de la necesidad del Estado de Derecho con equilibrio de poderes. Imposible lograrlo con esta Constitución y la elección del modelo de país elegido por la Corte actual. Pero además hay que discutir que no es lo mismo «El Estado de Derecho» y el «Estado social y democrático de Derecho». El primero es aceptar el orden jurídico liberal como tienen los europeos permisible al libre juego de los flujos financieros y las tasas de ganancias de las Corporaciones. El segundo tiene en su matriz la «Justicia Social», supone reestablecer en parte o en un todo la efectividad de los Derechos Sociales que quedaron truncos con la Derogación de esa Constitución por un Bando Militar (increíble pero real) de la dictadura posterior al General Perón. Alberto Fernández tiene que dejar de hablar de «Estado de Derecho» a secas, y hablar del «Estado Social y democrático de Derecho».

En el pensamiento marxista estos temas no son muy importantes, se los dejamos a los leguleyos y periodistas de Tribunales; es que son problemas de la «Superestructura jurídica». ¡Ahhh si!! Recién me entero. Yo creía que el mundo que veía como abogado de la matrícula era el mundo real que nos atañe a todos los argentinos, todos y todas y todes. Inclusive los excluídos, los diferentes, los pobres, pero también los elegidos. Eso sí, a estos últimos hay que vigilarlos y controlarlos. Es la parte más rica de la Torta argentina, más injusta, más egoísta, más hipócrita. Sobre ella hay que actuar no se trata solamente de palabras y gestos sino de un Estado que intervenga en la Economía y se dejan de embromar con estupideces del Estado mínimo liberal o neoliberal. Es otra época la que está empezando en consumarse en el país. En esta nueva época se esta definiendo el modelo histórico pendular de país. Y no estamos del lado de los ganadores.

Basta de alharacas y vamos al texto.

No escribo como abogado dedicado al derecho penal económico que soy sino desde las vísceras de caminar la injusticia de la historia de este país.

Hay un contrato con los derechos humanos que conquistó nuestro país desde «el 83», con el Juicio a las juntas; fue nuestro pacto de la Moncloa. Se quiso esconder bajo la alfombra con leyes de punto final y obediencia debida. Pero la alfombra se sacudió desde el 2003. Por supuesto: por  la persistente y continua lucha de los Organismos de derechos humanos: madres, abuelas, hijos, acompañados por mayorías populares.

La corte acaba de equiparar delitos comunes con crímenes de lesa humanidad hasta un niño se da cuenta de la diferencia, un primerizo estudiante de derecho advierte la desigualdad. Desigualdad vivida permanentemente por quienes ponemos nuestra lucha contra la delincuencia económica, delincuencia de los poderosos.

Los militares fueron muy poderoso en aquellos años, y en nuestra triste historia de interrupciones constitucionales. Pero aquellos años fue brutal, con todos.  Recuerdo una noche, en un bar de Palermo, que se llamaba “El altillo”: poetas, marginales, escritores, intelectuales nos reuníamos allí. Llegaron con colectivos del ejército para llevar a todos a la Comisaría, había un joven oficial del ejército que arma en mano gritaba desaforado recuerdo el miedo profundo que sentimos todos. Sólo tomábamos  ginebra y compartíamos una picada. Fueron varias de «esas», esos años para toda la población. ¡Qué hablar de los torturados, arrojados al mar, desaparecidos, violentados, quebrantados, humillados!.

No se puede más en el derecho, seguir pensando como leguleyos y proclamar: derechos abstractos, libertades abstractas, igualdades abstractas. Cuando los derechos se llenan de contenido y de vida. Se advierten claramente las diferencias. No es lo mismo un estado terrorista donde no hay forma que la víctima se escape con todo a favor del verdugo, medios, armas, estupor.

Hay Jueces que juzgan un banquero, con el mismo criterio que un pibe chorro:  Jueces que juzgan un militar genocida, con el mismo criterio de un ladrón de gallinas. Cómo si la distancia que los recorre no estuviera llena de historia: “lodo y sangre” que es como el capital ingresa en el mundo, al decir de Karl Marx.

Al papel de Carlos Rosenkrantz en la Corte algunos lo comparan con Rodolfo Barra en la «Corte menemista», y sus negociaciones espurias.

Rosenkrantz adscribe a la filosofía analítica y por ende es postivista. No como Carlos Nino, de quien fue discípulo, pues aquel cambió su seco postivismo por la fundamentación de los derechos humanos como base del derecho y la democracia en la primavera Alfonsinista, donde Rosenkrantz ocupó el cargo de asesor del Presidente.

Los filósofos analíticos en la argentina como Eugenio Buligyn (Primer Rector de la Facultad de Derecho de la UBA luego de la restauración democrática) niegan el concepto de los derechos humanos por impreciso, la misma idea tienen de los derechos sociales. Si Rosenkrantz, como analítico, está en la misma senda quiere decir que su papel en la Corte, es para destruir todo el andamiaje conceptual construido con los derechos humanos, que ponían a la Argentina a la vanguardia en el tema. Y también, Rosenkrantz se propone destruir lo poco que se ha avanzado en la efectivización de los derechos sociales en el país

Triste papel pero posible para un ex abogado de Clarín, y cercano a la embajada de los Estados Unidos, que es decir ser amigo del principal país encargado que la argentina no levante la cabeza nunca.

Cuando se discutió la declaración universal de los derechos humanos en las Naciones Unidas: un jurista, y una pensadora se opusieron. El jurista Hans Kelsen, pues iba contra su teoría pura positivista del derecho, aunque después cambió de opinión. La pensadora: Hannah Arendt también se opuso: eran demasiado universales.

La juridicidad nazi fue toda positivista. Jueces apegados a la Ley; en la Dictadura de Videla y asociados también. Sus fallos supuestamente se ajustaron a la «ley» pero claro no en justicia. Este fallo de la Corte Suprema de Justicia no solo es ilegal sino tremendamente injusto.

En grito agónico en los ochenta, Alfonsín, en un discurso por televisión ante un intento de golpe se refirió a los militares: “pretenden volver con sus trasnochadas fantasías”.

Es la misma pesadilla que regresa para retrotraernos al reino del revés.

No se la hemos de hacer fácil.