"Lanata, escrachaste a Freiler en su casa; (batí dónde vive Rosenkrantz)."

«CHE, LANATA, TAMBIEN LE VAS A HACER UN ESCRACHE A ROSENKRANTZ? «

Por Ignacio Lisazo*

Avanzaba el otoño (sin peste) de 2014 y Jorge Lanata convocó a escrachar a los hijos de uno de los camaristas, Eduardo Freiler. De arranque era: «ché, ¿tu papá hizo eso?», y después había que putearlos en la verdulería, en un hotel alojamiento o la escuela (sic). Para que el ataque fuera infalible hasta dio el domicilio de Freiler. ¿Lo hará ahora, también con Rosencrantz?

Por Ignacio Lisazo

NAC&POP

05/05/2021

Ante el fresco desafío destituyente de Carlos Rosenkrantz y sus secuaces – «mezquina especulación política», descalifica Raúl Zaffaroni, genuino acto de terrorismo sanitario -, aquel intento de los camaristas de la sala 1 de apartar al juez Ariel Lijo de la causa Boudou (qué Ciccone…) se presenta como la imagen de María Eugenia Vidal y Laura Alonso jugando a la mancha frente a Echecolatz metiéndole la máquina en los testículos a algunos de los 30.000 desaparecidos o a Astiz marcando a las monjas francesas.

Avanzaba el otoño (sin peste) de 2014 y Jorge Lanata convocó a escrachar a los hijos de uno de los camaristas, Eduardo Freiler.

Desbordante en kilos y palabras, el Obús – más adelante se aportará el origen de este apodo de JL – llegó a dictar el texto de lo que debían decirles.

De arranque era: «ché, ¿tu papá hizo eso?», y después había que putearlos en la verdulería, en un hotel alojamiento o la escuela (sic).

Para que el ataque fuera infalible hasta dio el domicilio de Freiler.

Sin aparejar la magnitud de uno y otro episodio, le reclamamos a Lanata que dé el domicilio de Rosenkrantz, que día a día no cesa de sumar méritos para ser objeto de escraches que se prolonguen los años que le resta vivir. Escrache perpetuo.

Freiler reaccionó primero como padre: «atacar de esta forma a menores es cobarde, atroz, y además inédito», acusó.

Como camarista dijo: «un conductor de televisión no puede manejar los tiempos y fallos de la justicia».

Sin embargo, doctor Freiler, sí podían en 2014, hubo dos elecciones con resultado opuesto, y acontece que sí vuelven a poder en 2021.

Lanata concedió una explicación: «tuve un brote sicótico y dije cualquier barbaridad».

Habría que internarlo en el Borda, porque los brotes se suceden en serie.

Cómo no asociar lo monstruoso de su iniciativa de promover choques violentos entre niños por razones que les son impuestas, ajenas a su sentir, con el teatro de Bertolt Brecht.

Recordamos una escena en que un matrimonio, en su dormitorio, comenta angustiado la situación política de la Alemania 1936.

De pronto descubren que sin que lo percibieran ha entrado su hijo, miembro de las juventudes hitleristas.

No saben si ha escuchado lo que decían.

Aterrados por temor a que los delate, actitud de la que conocen varios casos, quedan esperando que del rostro de su chico surja algún indicio.

Brecht opta por un final abierto, la cara del hijo es de piedra.

No suena tan irreal la posibilidad de que JL regale el domicilio de Rosenkrantz a las fuerzas vivas con vocación de movilizarse.

Sus cambiantes pro-siciones nunca desmienten su condición de mercenario.

Cuando dirigía una versión efímera y fallida del diario «Crítica» (2008-2010), en otro de sus brotes le apuntó a Ricardo Kirchbaum, capo de la redacción de «Clarín», que lo había acusado de proclamarse opositor y ser sólo un travestido.

Tras denunciar que el eje del imperio creado por Héctor Magnetto «cobijaba el Boletín Oficial» disparó un dron al afirmar que Kirchbaum había dedicado «los mejores años de su carrera a avalar negocios y asesinatos de la dictadura».

«Ha vivido tanto tiempo agachado, diciendo que sí a todo», agregaba (lo de agachado era barata referencia a la estatura física de RK).

Aunque mencione a hoteles alojamiento la trayectoria laboral de JL ha sido una brochette de albergues transitorios.

No extrañó, entonces, que 4 años más tarde se los viera juntos coreando «queremos preguntar», show destinado a jaquear a la presidenta de la Nación.

Les habían puesto la misma camiseta.

El magno jefe manda.

Estar a un metro de distancia vociferando una misma inquietud llamó la atención de los colegas. Se cuenta que Kirchbaum habría dicho: «hay que dejarlo correr, antes del periodismo de guerra era un obeso, ahora es un obús».

Como Freiler, Rosenkrantz tiene dos hijos.

Siguiendo los pasos de su padre Julia es abogada. Una tabacalera de Salta demandó que Rosenkrantz se excusara de fallar en un caso que afectaba a empresas de ese rubro porque Julia era abogada de las poderosas Phillip Morris y Nobleza Piccardo.

¿Eco de la demanda?

Ni bola.

La especialidad de la doctora Rosenkrantz es defensa de la competencia.

Su hermano Juan es estudiante.

Si a algún lector se le ocurriera hacer extensivo a Julia y Juan el escrache al que, en buena ley, se ha hecho merecedor el padre, le aconsejamos que desista, paremos con los brotes sicóticos.

Durante una etapa de las tantas superadas (o no) quien conducía la producción del programa de tevé de JL era Gastón Cavanagh, familiar de la esposa de Rosenkrantz, Agustina Cavanagh.

Lanata es honesto pagador de sus deudas.

Así lo demostró al hacerse cargo de la reparación fijada – magros 15.000 pesos – al perder el juicio por injurias que iniciara Gabriela Cerruti, de quien JL dijo que para recibir información exclusiva como periodista, había tenido «relaciones cárnicas» con Carlos Menem y quizás Ramón Hernández.

Y no es rencoroso, según lo confirma su relación coral con el editor responsable de «Clarín».

En nombre de esas virtudes le rogamos que pegue un brinco más y bata la dirección del aguantadero de Rosenkrantz.

Hay que hacerle una visita al hombre, que sienta en carne propia el desprecio que supo conquistar.

Última curiosidad.

En su momento Carlos Pagni celebró el acceso de Axel Kicillof al primer plano político señalando su formación marxista y que es bisnieto de un rabino.

En nota de «La Nación», empresa que, con Macri como sólido accionista, está jugada en el lobby por la vacuna de Pfizer, Hugo Alconada Mon acaba de sostener que el rechazo a la Pfizer es orquestado por Kicillof, aprovecha para rememorar su filiación marxista y señala su adhesión a todo proyecto de origen ruso, chino o cubano.

Pagni y Alconada Mon fueron sometidos a espionaje por Macri, y a pesar de su pasta de rigurosos investigadores, no han dicho, siquiera, el mínimo «mu» y continúan navegando las tibias aguas del río Moldava.

Por qué será que ninguno de ellos desliza que Rosenkrantz es de origen judío polaco, y en una de ésas, flaco, quién te dice, no ha tenido la desgracia de ligar un tatarabuelo… no digamos rabino, conformémonos (andá a saber cómo se dice en yiddisch) con un monaguillo.

En cuanto a la ideología, es esencialmente m-arx-gnettista.

Hasta anoche, era.

IL/