Sobre la distancia entre Borges y Andahazi

DE BORGES A ANDAHAZI, DE FRANCISCO PETRONE A ALFREDO «FLAN» CASERO

Por Julio Fernández Baraibar

Se ha hecho casi un lugar común comparar las figuras artísticas e intelectuales de la vieja oligarquía con sus actuales reemplazantes. Así se compara a Borges con Andahazi, a Martínez Estrada con Sebrelli, a Alberto Girri con Kovadlof y a Francisco Petrone con Alfredo Casero, donde se hace evidente la entropía o decadencia.

 

 

 

 

Por Julio Fernández Baraibar

 

Se ha hecho casi un lugar común comparar las figuras artísticas e intelectuales de la vieja oligarquía con sus actuales reemplazantes. Así se compara a Borges con Andahazi, a Martínez Estrada con Sebrelli, a Alberto Girri con Kovadlof y a Francisco Petrone con Alfredo Casero, donde se hace evidente la entropía o decadencia.

Creo que no es una cuestión de mera decadencia.

La vieja oligarquía agroexportadora, con eje en la propiedad de la tierra más rica del planeta (la pampa húmeda) intentó, y en buena parte lo logró, construir un país sobre el cual ejercer su hegemonía, su dominio de clase.

La particular relación con el Reino Unido, como semicolonia próspera, le permitía esa construcción.

Los intelectuales que expresaban, en el dominio de sus especialidades -la historia, la sociología, la literatura o las artes escénicas-, esa hegemonía, contribuían al sostenimiento de un proyecto de país, injusto, para pocos, centrado en el puerto y su hinterland -la pampa húmeda-, con tuberculosis, mal de chagas y anquilostomiasis como enfermedades endémicas, pero en condiciones de presentarse ante el mundo con una personalidad propia y distintiva.

Esta nueva oligarquía, asentada principalmente sobre el capital financiero generado por la agroexportación, no necesita la construcción de un país y su consiguiente estado, sino en la destrucción de todo tipo de vinculación nacional, entre una población y su territorio, en el debilitamiento sistemático de toda superestructura científica, intelectual, artística que sea capaz de consolidar un proyecto de estado nacional.

La mediocridad, la ramplonería, la ignorancia pretenciosa e infatuada de las expresiones intelectuales y artísticas de esa neooligarquía no representan una decadencia, sino una modificación sustancial del proyecto originario del 80.

Son payasos globalizados, sin referencia local, sin patria a la cual expresar: expresión misma de una clase social formada por patanes enriquecidos con el interés compuesto y los mercados a término.

JFB