Vacuna argentina contra el covid-19 una cuestión de Soberanía

VAMOS CON LA VACUNA ARGENTINA JULIANA!!!

Juliana subraya que el trabajo por la vacuna se realiza en equipo. “No te olvides de nombrar a la doctora Karina Pasquevich, doctora Lorena Coria, técnica, Laura Bruno, doctor Diego Alvarez, doctora Eliana Castro, licenciado Lucas Saposnik y licenciada Celeste Pueblas”, manda un whatsapp tras la entrevista.

 

 

Populismo K

24 ABR 2021

JULIANA CASSATARO, DIRECTORA DE LA INVESTIGACION

Hace un par de días tomó estado público que la vacuna Sputnik V se iba a empezar a fabricar a la brevedad en la Argentina a través del laboratorio Richmond y ahora nos enteramos de un logro superior que es la creación de una vacuna completamente argentina. En la nota publicada originalmente en página doce se relata el proceso de realización de la vacuna y se cuenta parte de la historia de la investigadora que dirige el proyecto. Re Titulamos esta nota porque la soberanía científico- tecnológica es esencial para el logro de una soberanía integral.

Juliana vivió en Mar del Plata durante gran parte de su infancia y adolescencia y luego se mudó a la Ciudad de Buenos Aires, donde terminó la licenciatura en Ciencias Biológicas y realizó el doctorado. Participó en HIJOS. Durante siete años formó parte de la comisión Barrios, en apoyo escolar. “Cuando me llaman por el proyecto, quisiera hablar de su importancia. No importa que yo sea hija de desaparecidos. Lo importante para la Argentina es la vacuna para poder sustituir importaciones, no importa quién sea yo. Esto es un proyecto estratégico. Entonces, me conflictúa un poco el balance, quisiera que se desvincule. Tampoco me interesa que a la gente le interese un proyecto porque yo sea hija de desaparecidos. Lo importante es lo otro. O lo contrario, que alguien que deteste nuestra historia, deteste un proyecto nacional porque lo está llevando adelante una hija de desaparecidos. Eso también puede pasar”, reflexiona.
Casi antes de empezar, Juliana se define como “lo contrario de la heroína”. “Siempre trato de desmitificar, decir que no salen todas las cosas bien. Cuando vos pensás que todo es perfecto, es muy difícil encontrarte con la realidad de todos los días. Por lo menos para mí, con mi personalidad es mucho mejor saber que no voy a poder o que algo no va a funcionar. Entonces trabajo. Cuando uno transmite sólo discursos de que todo es fácil, de la heroína perfecta, de madre perfecta o de trabajadora perfecta, eso después en la realidad del día a día es terrible, porque uno solo siente que es uno el que no puede, porque tiene una falla”, plantea sobre las dificultades cotidianas que significa proponerse un objetivo difícil –como lograr una vacuna argentina—y llevarlo adelante.

Juliana subraya que el trabajo por la vacuna se realiza en equipo. “No te olvides de nombrar a la doctora Karina Pasquevich, doctora Lorena Coria, técnica, Laura Bruno, doctor Diego Alvarez, doctora Eliana Castro, licenciado Lucas Saposnik y licenciada Celeste Pueblas”, manda un whatsapp tras la entrevista.

Tiene dos hijas, de 14 y 17 años. “Eso es la gran diferencia. La pandemia me agarró casi en el mejor momento, porque ellas se organizaban solas, yo iba a trabajar todos los días y ellas estaban acá, se hacían las comidas. Y, además, justo por ser adolescentes, la diferencia es que cuando empiezan a ir al colegio, yo pienso dónde están, qué colectivo tomaron. En cambio, durante la pandemia estaba sabiendo que estaban encerradas en casa, las pobres, y yo estaba re tranquila en el trabajo. Entonces, también me hizo estar súper concentrada. Volvía y sabía que estaban las dos ahí, con las consecuencias que tiene para ellas haber estado así, encerradas. Se organizaron bárbaro. Mi marido también trabajaba todo el día, así que ellas dos se hacían la comida, limpiaban, todo…», relata.

–Si tus hijas hubieran sido más chicas, habría resultado más difícil…

–En el grupo nos pasó. Una cosa que se discute mucho de nuestro grupo, que todo el mundo destaca, es que son mayoría mujeres y yo siempre digo que en ciencias biológicas y ciencias médicas, nuestro grupo representa lo que pasa en general. La mayoría de los becarios y las becarias son mujeres. Lo que no pasa es que no están en la mayoría de los puestos de liderazgo, ahí se invierte la proporción. Lo que llama la atención es eso, no es que seamos tantas mujeres. Pero es inevitable que lleguemos.  La palabra es inevitable. Porque somos tantas que es una fuerza ya imposible de parar.

Más tarde, Juliana vuelve sobre el tema. “Yo tuve la suerte de que me agarró la pandemia en este momento, pero las chicas del grupo no. Lorena tiene un nene de un año y medio, los de Carina tienen creo que 5 y 8. Laura tiene un nene de 5 años y medio. Ellas fueron a trabajar desde el día cero, todos los días, sin parar. Con marido, sin marido. Los maridos ayudaron muchísimo, seguro, pero todas lo resolvieron y fueron a trabajar”, destaca.

–¿La maternidad te hizo ver las inequidades en la carrera científica?

— Es verdad, yo hasta el momento de tener mis hijas pensaba que era lo mismo, que yo no tenía ningún tipo de cuestión de género que me cambiara mi trabajo, y es verdad que cuando nacieron mis hijas, bueno, al otro día de que nació, una se da cuenta de que ahora no puede ir a trabajar. Es increíble, porque mi mente realmente no estaba preparada. Yo no sé qué pensaba, por ahí porque yo no tenía ningún formato, no había escuchado. Cuando yo di mi tesis doctoral, estaba de ocho meses y medio. No había armado el bolso hasta el otro día. Nadie me estaba diciendo “mirá que ahora tu vida cambió”. Lo fui viviendo con la práctica, con lo que me fue pasando. Y siempre fui muy exigente con el trabajo, y al día de hoy lo soy. Esto lo hablé en una charla de feminismo. Nosotras tenemos todos los derechos, pero tenemos que también saber que al no estar en el trabajo, perdemos. Tenemos que tomar como un gran derecho poder estar ahí. Si una quiere estar ahí, ese es el tema muy complicado para el liderazgo. Una reivindicación importante, o algo a que luchar, para mí, es que la licencia por maternidad sea obligatoria para los dos sexos. No sólo tener la licencia, sino que sea obligatorio que la tomen ellos también, entonces ahí sería igualitario.

–¿Cómo nació el proyecto de desarrollar una vacuna propia?

–Cuando empieza la pandemia, nos llamaron desde el Ministerio de Ciencias a todos los investigadores con este problema. En esa primera reunión, lo que necesitaba Argentina muy rápido era test de diagnóstico porque no había. Se habló de eso y se habló de vacunas. Yo siempre trabajé en vacunas, en desarrollo de vacunas, compuestos para la administración de vacunas. Desde mi tesis doctoral hasta el día de hoy, en diferentes tipos de vacunas, contra la brucelosis y contra otras enfermedades infecciosas. Nuestro grupo siempre trabajó en estos temas. La verdad es que en ese momento no se sabía mucho del virus. Yo iba a trabajar en lo que fuera para aportar. Había que hacer diagnóstico, estábamos todos tratando de ver en qué podíamos ayudar, si bien ese era nuestro expertise, no propuse una vacuna porque una sabe que es un proyecto que necesita mucho financiamiento, muchos recursos, puede ser a largo plazo. Ni me animé a poner eso sobre la mesa. Sí dije “para cualquier cosa que necesiten, nosotras somos inmunólogas, así que si hay que poner a punto técnicas… bueno, trabajemos en lo que haya que trabajar”.

–Yo creo que siempre hay que hablar con datos, y me parece que los datos son abrumadores. Si uno ve los datos, las curvas desde que se aplica una vacuna en el calendario en el mundo y cómo se baja la incidencia de una enfermedad, me parece que no hay discusión posible. En el sentido de que es 100 por ciento o 99,9 por ciento. Es abrumador cómo baja la muerte y la incidencia de una enfermedad luego de la aplicación de la mayoría de las vacunas que nos damos con el calendario. Con lo cual, mirando esos datos, no sé qué discusión puede haber. Me da lástima, pero creo que esta pandemia muestra eso. Mi generación es una generación que no vio, o hasta ahora no había visto cómo una enfermedad infecciosa disminuía con la vacuna. Porque la generación de mi abuela vio la polio, vio a su hermano morir de polio y después a sus hijos no morir de polio, gracias a la vacuna. Es una generación que vio que luego de la aplicación de una vacuna, la gente se dejó de morir y de tener secuelas. Ojalá veamos cómo con la aplicación de esta vacuna disminuye la enfermedad, que ya se está viendo en Israel. Me parece que la discusión ya va a ser más ficticia. Porque la decisión de las vacunas es una decisión como comunidad. No somos individuos, somos parte de una comunidad y por más que mi hijo tenga una buena respuesta inmune, si el compañerito que va al jardín no la tiene, la decisión no la tengo que tomar yo como familia, la tengo que tomar como sociedad. Las vacunas son una forma de hacer justicia social.

–¿Quién promovió esa inclinación por la ciencia de tu infancia?

–Mi abuela y mi abuelo… Ellos, siempre. En la primaria, sobre todo, porque yo en la secundaria dejé de ser tan nerd, para poder insertarme en la sociedad. No leí libros de ciencias. Pero sí me acuerdo en la primaria que yo tenía el libro del investigador, la lupa, todo eso. Mi abuelo me acompañaba, íbamos a la librería juntos, y yo me quedaba horas con él mirando los libros y después él alguno me compraba. En mi casa, en lo único que les interesaba gastar era en libros. Risas.

–¿Cuánto tiempo estuviste secuestrada cuando eras niña?

-Esa cuenta no la saco todavía. Pero le puedo preguntar bien a mi hermana y después te digo, yo tengo un tema con olvidarme las cosas, se ve que es a propósito. Pero casi dos meses. No sabemos dónde estuvimos. O sea, no sabemos.

–¿Declaraste en algún juicio?

–Fuimos para hacer la causa de Campo de Mayo, pero después no nos volvieron a llamar. Hice una declaración. Después voy a sacar bien la cuenta y te la voy a decir exacta, porque mi hermana se enoja. Hasta hace poco, yo ni siquiera decía que nos habían secuestrado a nosotras, decía que mis padres fueron secuestrados. Y mi hermana me dice: “Juliana, nosotras también”. Ah bueno, sí sí sí. Es como que lo olvidaba. En realidad, saben que aparecimos ahí el día que nos encuentran. No es que aparecemos. La historia es que mi tío abuelo Pochocho estaba buscando porque su hija había desaparecido con el marido, y el nieto, Arturo, tenía un mes. Entonces, él estaba llamando a todas las comisarías, a todos lados, averiguando por el nieto, que ya se lo había quedado un comisario y lo recuperó. Y en la Casa del Niño, de La Plata, le dicen acá en este lugar hay dos hijas nada más. Y corta. Y la esposa le dice “¿vos no preguntaste cómo se llamaban las chicas?”. No. Llama de nuevo y ahí les dicen Juliana y Rosana. Y ahí se dan cuenta de que habían desaparecido mis papás. Porque como estaban escondidos, ellos estaban clandestinos, ya no tenían contacto con la familia. Y ahí al otro día nos fueron a buscar y éramos nosotras.

–Para mí es muy simbólico que vos, con tu historia, seas quien está desarrollando esta vacuna.

–No sé, creo que hay mucha gente como yo, aunque no tuvo la historia, que tiene la misma forma de pensar. Creo que yo nunca quise ser una víctima… Por eso es casi todo lo que hago.

Juliana responde las preguntas, y también se queda pensando. “Esto que te digo de no ser víctima también lo aplico con todo. Me parece que empoderarse también es decir bueno, con todo esto que me pasa, y con todo esto que me cuesta, aunque tenga hijos y sea difícil, voy a tratar de hacerlo. No el pensamiento ‘ay bueno, porque yo, pobre, entonces no me queda otra’. Me parece que nuestro derecho casi es el hacer lo que queremos, lo que nos gusta”. Y destaca que eso es siempre con dificultades.

Casi al final, Juliana regala una reflexión. “Otra cosa interesante desde el punto de vista de la biología, que es lindo, es que en realidad, lo que vos generás con las vacunas es memoria. Justamente, entonces si hacés un juego de palabras, sí tiene que ver un poco con mi historia. Porque justamente el cuerpo recuerda, y es la respuesta de memoria la que te protege. Entonces, también hay una cosa ahí, si la querés mezclar. Sin haberlo querido, porque yo esto nunca lo pensé. Siempre me gustó hacer esto, trabajar en vacunas, en algo de la vida y de salvar, independientemente de quién sea. Pero si lo pensás, justo es una palabra que usamos los inmunólogos todo el tiempo y que también define a mi familia”