Las sociedades necesitan organizarse sobre estructuras legales y reglamentarias que controlen los abusos de poder de esos núcleos corporativos concentrados

LOS IMPUESTOS JUSTOS

Por Julián Denaro

Las posturas liberalistas, neoliberales, procapitalistas antisocialistas y libertarias, sostienen que el Estado no debe quedarse con el trabajo propio, bajo una argumentación enlazada con la meritocracia, que sugiere que cada uno tiene el mérito de tener lo que tiene y no debe dárselo al Estado. Sin embargo, estos enunciados olvidan que sus negocios prosperan porque viven en una sociedad cuyos habitantes consumen lo que ellos producen.

 

 

Por Julián Denaro

En Tapa

16 abril, 2021

 

Las posturas liberalistas, neoliberales, procapitalistas antisocialistas y libertarias, sostienen que el Estado no debe quedarse con el trabajo propio, bajo una argumentación enlazada con la meritocracia, que sugiere que cada uno tiene el mérito de tener lo que tiene y no debe dárselo al Estado.

Sin embargo, estos enunciados olvidan que sus negocios prosperan porque viven en una sociedad cuyos habitantes consumen lo que ellos producen.

De este modo, es prioritario, aun para sus propios intereses, que la sociedad disponga de un ingreso suficiente para poder gastarlo en ese consumo.

¿Existiría esto en un escenario de desregulación total?

Por un lado, la historia ha demostrado suficientemente que los herederos del poder económico, y por lo tanto político, actúan sucesivamente en pos de conservarlo.

De este modo, dejados en libertad, las disputas de poder siempre favorecen a estos sectores, tras lo cual la brecha de desigualdad se incrementa, aumentando la pobreza, exclusión y padecimiento de las mayorías.

En consecuencia, las sociedades necesitan organizarse sobre estructuras legales y reglamentarias que controlen los abusos de poder de esos núcleos corporativos concentrados, con vistas a mejorar la distribución de los ingresos, para obtener una mayor participación en la producción de riqueza total.

Los abusos de poder que ejercen las corporaciones se observan en las determinaciones de precios de compra y venta, en forzar salarios hacia la baja, en intentar flexibilizar condiciones laborales y en pretender utilizar sus ganancias para los mercados financieros en vez de estimular los productivos.

Como se ve, si la sociedad no regula ni controla, los salarios bajan, los precios que reciben los productores son menores, los precios que pagan los consumidores son mayores, y su excedente, en vez de ser reinvertido en la producción, se fuga hacia la especulación financiera.

Como resultado los trabajadores que colaboran con su tiempo de trabajo para el enriquecimiento de las corporaciones concentradas ven mermado su poder de compra.

Como contrapartida el excedente es retirado de la producción y colocado en el circuito de la valorización financiera, otorgando ganancias sin ningún esfuerzo.

Todo este descontrol que se ha sufrido y padecido en cuantiosas oportunidades debe ser evitado.

Para ello se requiere que la sociedad, a través del Estado, dirija sus recursos hacia la producción generadora de empleo, así como disminuir las penurias soportadas por los más vulnerables.

Ciertamente, para financiar la inversión social, el Estado debe recibir ingresos a partir de los impuestos.

El objetivo de dirigir un presupuesto hacia Salud, Educación, Ciencia y Tecnología, Conectividad, Transporte, Turismo, Vivienda, Agua Potable, Obra Pública, Desarrollo, Comercio, Finanzas, Combustible, Energía, Minería, Seguridad Social, Sueldos, Subsidios, Asignaciones y Planes de inserción y reinserción social y laboral, debe sustentarse en una recaudación suficiente.

Por cierto, y sabiendo que vivimos en un mundo muy injusto e inequitativo, antes de enumerar los diferentes impuestos que recibe el Estado, corresponde oportunamente distinguir entre impuestos progresivos y regresivos.

Los impuestos progresivos son aquellos proporcionales a los niveles de riqueza e ingresos.

A resumidas cuentas, más paga el que más gana.

En cambio, los regresivos son mayormente soportados por los que menos tienen. Ejemplo de los progresivos es el Impuesto a las Ganancias, así como representativo de los regresivos es el Impuesto al Consumo, ya que, si dos personas compran el mismo paquete de harina, ambos pagan el mismo IVA, pero si uno tiene un ingreso de 300.000 pesos por mes y el otro de 30.000, más incide sobre el de menores recursos.

Además, allí no hay mínimo no imponible, ya que todos lo pagan.

De la Recaudación total de la Administración Central, aproximadamente el 30% son Impuestos al Consumo, 20% Impuestos a las Ganancias, 25% Aportes y Contribuciones a la Inversión y Seguridad Social, 20% Comercio Exterior (Aranceles a las Importaciones y Retenciones a las Exportaciones) y un 5% otros impuestos como Bienes Personales.

Tras la presente exposición, viene suscita la moción de transformar esta estructura tributaria en más progresiva y menos regresiva.

Los Aranceles a las Importaciones, además de encarecer las importaciones de bienes transables para proteger nuestra industria generadora de empleo, son progresivos dado que se aplican sobre bienes suntuarios, de lujo, y aquellos que compiten con nuestra producción interna.

Las Retenciones a las Exportaciones son progresivos porque aprovechan el diferencial cambiario entre la industria y el campo, producto de nuestros costos relativos favorables para el campo y desfavorables para la industria.

Bienes Personales son pagados proporcionalmente en función de las posesiones inmobiliarias y de tierras tanto productivas como no. Aportes y Contribuciones también son proporcionales, y la referencia a ganancias y consumo fue previamente mencionada.

Respecto al Impuesto a las Ganancias, se ha subido el mínimo no imponible a $150.000, quedando exentos los ingresos menores al mismo.

Por un lado, una lectura podría sostener que se aconseja de este modo para que ese dinero, que los sectores medios no usan para pagar impuestos, lo puedan volcar al consumo que es el principal motor de la actividad económica.

Pero, sin embargo, por otro lado, queda exceptuado de un impuesto progresivo un importante porcentaje de la sociedad, tras lo que la financiación del Estado percibe un caudal menor para financiar asignaciones de recursos que esos mismos sectores necesitan.

¿Cómo llegar al equilibrio en esta cuestión?

Una visión podría sugerir que se diseñe una escala de porcentajes crecientes desde un piso inferior, o sin piso, para que todos paguen, pero sin disminuir la capacidad de consumo de ninguna persona.

Esto podría ejemplificarse con poner una tasa del 2% hasta $80.000, luego 5% hasta 120.000 y así progresivamente para no desfinanciar al Estado y al mismo tiempo conservar un peso progresivo en la estructura tributaria total.

Por cierto, sería conveniente cambiarle la denominación al impuesto, ya que el salario no es ganancia, y entonces llamarlo Impuesto al Ingreso sería más correcto.

Además, es sabido que muchas empresas pasan parte de sus ganancias a sueldos gerenciales para disminuir el pago de ganancias.

Todo esto debe tratarse de manera urgente e impostergable en el Congreso de la Nación Argentina, para diseñar un esquema más inteligente, oportuno y justo.

Pero avanzando seriamente con esta problemática, urge encarar el problema de la evasión fiscal.

Por un lado, desvelar las falsas y mentirosas declaraciones de aquellos que poseen viviendas de lujo y están declaradas como baldíos o terrenos vacíos.

De esta forma se hará justicia con el resto de la sociedad honesta que paga sus impuestos como corresponde y se conseguirá un caudal constante de ingresos para el Estado que es indispensable para su correcto funcionamiento.

Por otro lado, intensificar los controles sobre las grandes firmas exportadoras, cuyas evasiones, elusiones y tercerizaciones con sucursales de la propia firma en el exterior, se traducen en una estafa al fisco, lo cual es delito, y escasez de divisas al país, lo que significa un saqueo a través de un engaño.

Asimismo, de igual modo que es impostergable atender al manejo del producto de la Pampa Húmeda, es imprescindible poner el foco en la Pampa Azul

. Esto es, revertir el mecanismo constante de saqueo que efectúan los buques factoría extranjeros en la mayor región de pesca del mundo, que es nuestro Mar Argentino.

Al mismo tiempo, implementar un celoso control sobre la navegación fluvial, que también posee una inmensa riqueza ictícola, pero que, especialmente para los ríos Paraná y Uruguay, constituye una vía de comercio internacional con los países vecinos que está siendo utilizada como mecanismo de fuga y evasión.

Luego de la descripción de varios aspectos de la problemática, se puede abordar la discusión sobre la Presión Fiscal.

Esto es, el porcentaje del producto total (PBI) que la administración central recauda (Impuestos).

Realizando el cociente de impuestos dividido PBI se obtiene la presión fiscal de cada país.

En Argentina oscila alrededor del 33%. En los países desarrollados, en los cuales hay menores inequidad y pobreza, la presión fiscal es mayor.

 

Por ejemplo, Reino Unido tiene una presión fiscal cercana al 38%, en Alemania 42%, Francia 46%, Dinamarca 50%, Suecia 53%.

Del mismo modo, países con mayores niveles de pobreza e inequidad, presentan una presión fiscal menor, como Chile 20% o México 16%.

Por lo tanto, pareciera evidenciarse que nuestro problema no es la presión fiscal, sino que los sectores de mayores ingresos no aportan lo que deberían aportar.

Piénsese lo siguiente: en el país A la presión fiscal es del 42% y los más ricos pagan, mientras que en el país B la presión fiscal es del 20% pero los más ricos no pagan.

¿Qué pasa en el país B? Todo el impuesto cae sobre los no ricos.

En cambio, en el país A, el peso de los impuestos es afrontado por los ricos. Claramente, el principal problema a resolver es la evasión fiscal.

Es sabido que los sectores de derecha rechazarían una mayor rigurosidad fiscal, así como se enfrentaron al Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas.

Para pensar acerca de esto, es fundamental tener presente que la velocidad de acumulación de riqueza por parte de los capitales concentrados se ha incrementado.

Vale decir, los ricos la acumulan cada vez más rápido.

Entonces, esto quiere decir que este asunto debería tratarse como un Impuesto

Permanente para todos los años, y no como un aporte “solidario” por única vez.

Y el resultado no es quitarles riqueza sino disminuir su velocidad de acumulación.

Planteado todo esto sí, hablemos de impuestos.

Hablemos de Impuestos Justos.

JD/

 

*Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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