Una nota de Enrique Ascheri propone un camino desarrollista para la solución de nuestro drama histórico.

¿QUÉ NOS HACE MÁS COLONIA?

Por Néstor Miguel Gorojovsky

Sesenta años después del frondicismo y casi sesentaiséis del letal virus oligárquico-fusilador en el bombardeo liminar a la Plaza de Mayo, se ha dado el milagro de que los esquemas cirílicos de Rogelio Frigerio (abuelo), parezcan literatura política de avanzada.

Por  Néstor Miguel Gorojovsky

NAC&POP

19/04/2021

Sesenta años después del frondicismo y casi sesentaiséis años después de la exitosa inoculación masiva del letal virus oligárquico-fusilador en el bombardeo liminar a la Plaza de Mayo, se ha dado el milagro de que los esquemas cirílicos del Sastre Fundador del desarrollismo, Rogelio Frigerio (abuelo), parezcan literatura política de avanzada.

Es como si la figura del nieto homónimo no hubiese revelado ya que la utopía reaccionaria de forjar en la Argentina una nación burguesa sin eliminar económica y políticamente el peso aplastante del parasitismo oligárquico termina pariendo siempre cipayos despojados de todo sentido de Patria.

El Cohete a la Luna dio hoy lugar a una nota de Enrique Ascheri  en la que este habitualmente sagaz observador y crítico de las políticas económicas del bloque hoy llamado neoliberal propone un camino desarrollista para la solución de nuestro drama histórico («Qué nos hace más Nación?»).

Dice Ascheri: «Lo único leal a la Nación –sus trabajadores– debe [acordar] una relación con las corporaciones multinacionales que los beneficie en vez de perjudicarlos, como aquella otra respaldada por la derecha dura argentina que busca erigir una factoría de bajos salarios.»

«Si la Argentina no revierte la depreciación del factor trabajo, la muy buena calificación de éste en términos comparativos internacionales lo único que hará es acelerar la fuga de cerebros.»

«El capitalismo no necesita la pobreza, la misma es contingente, generada por las circunstancias políticas.»

En esos tres párrafos se condensa su tesis.

Que es la tesis básica de Frigerio abuelo: para industrializar, tenemos que acordar inteligentemente con las empresas imperialistas (es decir, entregarnos a ellas con habilidad).

Y que, tal como ella, no resiste los hechos.

En efecto, ni siquiera las muy particulares «corporaciones multinacionales» de la China, cuya visión estratégica no se inscribe ya en el objetivo de eternizar el intercambio desigual y la dependencia semicolonial, se arriesgarán a invertir en la Argentina tal y como lo necesita nuestro movimiento nacional si antes nosotros mismos no nos deshacemos políticamente de las rémoras sociales del bloque librecambista y agroexportador.

Bajo esta lápida destructiva, la «depreciación del factor trabajo» es inevitable, con todas las consecuencias que en parte Ascheri mismo puntualiza.

Y ni siquiera el Estado chino a través de sus empresas nos aliviará ese destino si nosotros no lo hacemos.

Hace décadas que China mantiene excelentes vínculos con Chile, y no vemos ninguna industrialización allí.

Y eso es así porque el «capitalismo», en efecto, no necesita la pobreza, pero sí necesita impedir la caída de la tasa de ganancia, que es el único motor de la inversión. Y la independencia de las semicolonias, así como su industrialización, son pelotones de fusilamiento para la tasa de ganancia a escala global.

Eso, no hay contratendencia que pueda revertirlo.

Y la dirigencia china sabe, por experiencia propia, que en ningún país del mundo estarán seguras sus inversiones «desarrollistas» mientras esté dominado por una oligarquía.

Eso que en China se conoció como «burguesía compradora», y ellos neutralizaron por vías políticas y militares en 1949.

Por eso mismo, porque ni siquiera una corporación sometida a la vigilancia del Estado y del Partido Comunista puede derribar el dominio oligárquico de ningún país semicolonial, el desarrollismo realmente existente ha pasado del abuelo al nieto, de Frondizi a Macri, de Ferrer a Sturzenegger, y de la amistad con el Che al seguidismo a Bannon.

Y porque las corporaciones multinacionales de otros orígenes, mal que le pese a los Frigerio, existen para petpetuarlo.

No hay en verdad salida desarrollista de la necesidad histórica de curar al pais del cáncer oligárquico.

Esto no implica rechazar a los nacionales que la proponen.

Pero si -tal como dice (y acierta) Ascheri- los trabajadores son «lo único leal a la Nación», entonces tendrán que ser ellos, con sus fuerzas, su inteligencia, su visión de mundo y sus métodos, los que decidan cómo construirla y, desde allí, sí relacionarse dignamente con las «corporaciones multinacionales».

Mientras nos lastren los oligarcas antinacionales no hay solución técnica ni alianza con fuerza global alguna que nos saque del marasmo en que terminamos de caer tras el.cuatrienio abyecto de Mauricio Macri, sus secuaces, sus cómplices y su séquito puestívoro de entenados.

Nadie lo explicó mejor que Jorge Enea Spilimbergo en su análisis de la Guerra Civil en los Estados Unidos.

NG/

https://www.elcohetealaluna.com/que-nos-hace-mas-nacion/