Los resultados de no reconocer autoridad ni límites, no son ejemplo de nada potable desde la salud mental.

ENTRE INEPTOS, EUNUCOS E INOCENTES, VA LA VIDA

Por Laura Pereira *

En este contexto de “maldición covid 19”, los pibes suelen ser portadores; usinas de contagio a padres, abuelos, y en su inocencia, no está aún “la conciencia moral” de tal condición, hay que fomentarla, potenciarla (es nuestro rol como docentes y agentes de salud).

Por Laura Pereira *
NAC&POP
18/04/2021

Los niños son esponjas a la hora de aprender.

El aprendizaje “por imitación”, copia de la conducta adulta, es el método más eficaz de que incorporen comportamientos.

Asimilan con eficacia lo que hacen los adultos, observando al referente adulto, más que lo que se diga, ya que no reconocen clases magistrales, pero sí, modelos.

Este aprendizaje es muy poderoso, constitutivo de la supervivencia, no solo de nuestra especie; hasta garantizar, con buenos modelos, también la convivencia.

La teoría del “aprendizaje social”, conceptualizada por Bandura, aún desvela a la neurociencia en el estudio de la empatía, porque la empatía es un arma maravillosa de nuestro cerebro.

La empatía, nos permite ponernos en el lugar del otro, cuidarlo, “sentirlo”.

Ya lo decía Discépolo:- “vivir como propia, la cicatriz ajena”.

En este contexto de “maldición covid 19”, los pibes suelen ser portadores; usinas de contagio a padres, abuelos, y en su inocencia, no está aún “la conciencia moral” de tal condición, hay que fomentarla, potenciarla (es nuestro rol como docentes y agentes de salud).

Es aquí donde aparece el debate profundo: no se trata de ocultarles el horror de la pandemia, se trata sí, de darles el protagónico que tienen, enseñándoles lo que sirve para la vida, sin “campanas” que dividan a la realidad en dos mundos.

Como decía Jauretche que “la vida pasa a lo lejos”, (refiriendose a esa escuela “abstracta”).

En este marco, el dictado de clases presenciales que Larreta pretende, enseña que la autoridad no cuida ni protege la vida propia ni la de los otros.

Licencia para matar sin conciencia de portación.

Podrá cuestionarse y debatirse el rol del Estado, pero quienes nos pronunciamos por la justicia social, entendemos -desde la salud mental- que no es otra la función del padre: cuidar y proteger.

El Estado, en ese sentido, es la pronunciación más intensa del deber y del cuidado.

Ese es el rol sagrado, paterno, que nuestro Presidente hace consistir, por decreto, en el marco democrático y constitucional.

Estaría cuestionado criminalmente a quienes exponen a nuestros docentes al dictado de los conocimientos “in situ”.

La presencialidad compulsiva, es sinónimo de contagio.

El contexto es texto más que nunca, ¿O van a enseñar algoritmos de Khwarizmi?

Con docentes sin vacunación completa, con población escolar asintomática- en tanto “portadores” pobremente psicoeducados sobre la prevención básica-, lo único que debe enseñarse es la defensa de la vida y las medidas concretas que ello conlleva: prevención del contagio, importancia y cuidado de la vida propia y la de los otros, más aún, si son fuente de conocimiento.

La sobreexigencia de la comunidad educativa y su feroz contracara, la devaluación social hacia los educadores, no podría tener figura más siniestra que condenar al contagio y la portación del covid-19, con esta presencialidad evitable y letal.

Con intenso entrenamiento preventivo vía digital, con respeto y cuidado a maestros-docentes, el canal cara a cara siempre ha de ser el más saludable; no cuando acecha y mata un asesino invisible que no estamos controlando.

El Presidente de la nación, en su “decreto”, asume esa limitación.

Larreta, con argumentarios de eventual mitrismo se encapricha y enseña a desobedecer.

Debemos enseñar a pensar, a respetar, a cuidar.

Es inaceptable que, cuan Nerón de este siglo, alguien pretenda desacreditar la defensa de la vida, puesto que ni se ha dado el debate racional público con quienes dedicamos la vida a su cuidado y optimización.

Cuidado de la vida, responsabilidad, elocuente pronunciamiento de Valeria Carreras en este sentido; «escracha» atentado contra la salud pública” a claros fines destituyentes de agentes del partido PRO hacia el Presidente de la Nación argentina, Alberto Fernández.

Racionalmente es como penar el suicidio o el incesto: DNU 241/2021 en curso incorpora a CABA por más desbordes del poder de turno de quienes en el fondo, a conciencia o no, desprecian vida.

Es una lección de muerte, un “sálvese quien pueda,” más allá de toda intención.

Los resultados de no reconocer autoridad, ni límites, no son ejemplo de nada potable desde la salud mental.

Pero además de la antisocialidad monárquica, que sí se está enseñando con este dictado presencial, ya no se trata de la lucha de los federales o la defensa de nuestros docentes, abuelos, y cualquier víctima del COVID.

El Poder Ejecutivo cuestionó un canal, no la necesaria transmisión de conocimiento.

¿Cual conocimiento? es el debate de fondo.

¡Que estén dispuestos!

Mientras tanto, y lamentablemente solo podemos tratar de concientizar, de despertar a quienes han creído que gestionan una generación de burros y falazmente, nos quieren hacer creer que tendremos portadores y muertos pero con conocimiento.

Estado que cuide, niños con límite que defiendan la vida, es muy simple.

Niños que, además, han crecido con canales digitales.

Inocentes que no contagiaran a propósito.

A ver quién logró representarse la muerte.

Entre ineptos, eunucos e inocentes, va la vida de muchos.

LP/

 

NAC&POP: La Licenciada Laura Pereira, es psicóloga clínica (MN 32.120) MG/N&P