"Lo veo muy macrista, muy boludo. Así ya no va a ser el jugador del pueblo", sentenció Maradona a Carlos Tévez en 2018.

EL APACHE EÓLICO (MANCHA LA PELOTA*)

Por Ignacio Lizaso*

En caída libre al abismo la semana pasada Tévez se sumó a Héctor Magnetto, Cristiano Ratazzi, Eduardo Costantini, los Caputo, Paolo Rocca y otros capos de poderosas corporaciones que se niegan al pago del razonable impuesto a las grandes fortunas.


Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

19/04/2021

«Lo veo muy macrista, muy boludo. Así ya no va a ser el jugador del pueblo», sentenció Maradona a Carlos Tévez a mediados de 2018.

Agregó que iba a reunirse con él.

No se sabe si hubo tal encuentro.

Tévez se declaró afectivamente golpeado por la muerte de Diego.

Después saltaron dos hechos que corroboran aquella visión de Diego.

El diputado Rodolfo Tailhade denunció que Tévez había cobrado 9 millones de dólares por ser insólito inversor en una de las empresas fantasmas que sin licitación se apropiaron del negocio de los parques eólicos, con participación prioritaria de Gianfranco Macri y, claro, se repartieron el botín.

En caída libre al abismo la semana pasada Tévez se sumó a Héctor Magnetto, Cristiano Ratazzi, Eduardo Costantini, los Caputo, Paolo Rocca y otros capos de poderosas corporaciones que se niegan al pago del razonable impuesto a las grandes fortunas.

En principio actúan en obscena defensa de La Guita, pero hay un último objetivo, destituyente, golpista: lograr que Alberto, Cristina, Axel fracasen en la lucha contra la pandemia y toda otra gestión de gobierno, paso inicial para arrasar con el sistema democrático que le negó continuidad a la banda integrada por Mauricio Macri, los citados buenos muchachos (dixit Scorsese), el coach judicial Edward Prado y siguen las firmas.

«Ya no me conmueven 10 palos verdes, estoy hecho», se jactó Tévez en ocasión de su sospechoso viaje a China.

Que desmintiendo esa jactancia aparezca negándose a aportar mucho menos que esa cifra sugiere que está sometido a cumplir las directivas de Macri.

Hizo y hará política nacional a favor de su patrón y también en la interna de Boca Juniors, donde el enemigo es Juan Román Riquelme.

Testaferro, ladero, sirviente, el tronpa manda.

 

«Diego hay uno solo, es un dios para nosotros», declaró Tévez.

A esta altura conviene preguntarle quiénes forman parte de ese nosotros.

¿Macri, Angelici, Gustavo Arribas y quiénes más?

En vida de Diego semejantes sujetos fueron sus enemigos.

Cómo olvidar cuando emparejó a Macri con el cartonero Báez.

El primer espaldarazo en el camino de ídolo de Tévez partió de la tribuna popular de la Bombonera (en los hipódromos se usa un nombre más genuino: la perrera).

En la cancha de Boca hay un montón de banderas de todo tamaño.

La Bombonera es un templo.

En la perrera de ese templo nació la idolatría por Tévez.

Conocemos a un hincha que domingos, miércoles y siempre entrega su voz y su almita abrazado a la bandera de Ingeniero Budge.

Se llama Roque.

Desde el debut de Tévez ese hombre grita sus goles y festeja cada jugada.

Siendo mozo de un restaurante, la mano viene jodidamente barajada.

El impuesto a las grandes fortunas fue diagramado con el fin de contribuir a aliviar la malaria de tanto laburante que ha quedado decúbito dorsal.

Como Roque.

A Roque ahora lo conmueven 10 lucas.

Si hoy no estuviera vedado ir a la cancha desde su humilde baldosa el buen Roque le rajaría una rotunda puteada a ese Tévez que según un informe de la encuestadora especializada en ingresos y caudales Wageindicator Foundation sería titular de una fortuna de 32 millones de libras esterlinas.

 

Tévez nació en Fuerte Apache y su cuerpo lleva una marca que es crudo testimonio de una niñez de pobreza y escaso nivel cultural.

A los diez meses se le derramó encima una pava con agua hirviente y al ser conducido a un hospital fue envuelto en bolsas de plástico, lo que fijó las heridas en cicatrices que aún perduran.

¿Quién no valoró la actitud de aquel muchacho que cuando asomaba como crack declaró que no iba a eliminar esa especie de signo de yerra que acreditaba su pertenencia al barrio, en este caso barrio es clase social?

Los sucios 9 millones de dólares de los parques eólicos – doble contra sencillo que el arreglo era que se quedara con una punta del toco – y la negativa a ponerse con el impuesto a los Bill Gates nativos equivalen a haberse sometido a una cirugía plástica que venda una piel aterciopelada, una piel Pro.

Otra veta altamente sospechosa es la de su relación con Gustavo Arribas y el viaje a China.

Avanzado el año 2016, Arribas, manager de Tévez, fue acusado de recibir coimas de la empresa Odebrecht por 850.000 dólares por las obras de soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, en las que, oh casualidad, estaba prendido Angelo Calcaterra, primo del patrón.

El funcionario de Odebrecht que confesó haberle entregado el dinero fue condenado a 40 años de cárcel.

Juez argentino 2015-2019 durante la Suprema Corte de Rosenkrantz, Canicoba Corral sobreseyó a Arribas, designado por Macri al frente de le AFI.

Pero la cosa pintaba fiera.

Arribas había quedado pegado a todas las transferencias de Tévez, en particular la primera, a un ignoto club de Maldonado Uruguay, triangulada con paraísos fiscales.

Detrás aparecían los destinos reales: Corinthians (por este pase a Arribas lo acusaron por evasión y lavado de dinero), West Ham, Manchester United, Manchester City y Juventus.

Cuando se acentuaban los cargos contra Arribas, citado a declarar por el Parlamento, a fines de 2016, Boca informó que Tévez había sido contratado por un club chino.

Sin problemas de dinero y con rollo para seguir jugando en su casa – hoy, 4 años después, sigue en la brecha -, qué sentido tenía internarse en un fútbol de categoría inferior.

Entonces circuló la versión de que ante el cerco que soportaba Arribas, a Tévez, su más notorio representado y con el fantasma de sus transferencias ilegales, lo podía convocar la justicia.

Al margen de esta eventualidad, sin dudas sería acosado por el periodismo.

Para evitar situaciones incómodas y peligrosas se habría armado el pase a Shangai.

Mutis por el foro.

El gordo (había subido de peso y no entrenaba a fondo) jugó 16 partidos y apenas anotó 4 goles.

Lo cierto es que no cumplió el contrato y retornó en 2018.

El juez Canicoba Corral había acatado la orden «de arriba».

«El más vivo de todos», definición del propio Macri, todavía era intocable.

No se disipa el eco de aquella frase: «Diego es un dios para nosotros».

 

 

Un dios peronista, Tévez, acordate.

Como tantos cristianos, vos te cagaste en ese dios.

 

IL/