Desde Caín y Abel a Mauricio y Gianfranco, el tema de las yuntas bravas de hermanos ha descendido del teatro de Shakespeare y O´Neill a la crónica policial.

LOS BORN Y LOS SAGUIER, HERMANOS QUE PERDONAN.

Por Ignacio Lisazo*

Hermanos que supieron portar su lustroso patronímico, los Born (FOTO) y los Saguier han mostrado una marcada inclinación por mantener relaciones, de negocios y políticas, con sus secuestradores los Born, y con quién ordenó que se los sometiera a grosero espionaje, los Saguier.


Por Ignacio Lisazo
NAC&POP
09/04/2021

La figura del golpeador no cesa de crecer como amenaza a la sociedad que pretende sobrevivir en este siglo problemático y abusado por la última edición de la peste.

Ante el constante avance del fenómeno cabe preguntarse si en los adictos se condena el diario vómito de palabras que hieren y actos que humillan, que la agresión alcance a la cachetada o al uppercut, o que llegue a la muerte, en este tiempo representada por el femicidio, con cifras de víctimas acaso no menos tremendas que las del covid-19.

El secuestro extorsivo, la delictiva acción judicial que termina metiendo en la cárcel a un inocente por ser opositor político o para despojarlo de sus bienes, ser víctima durante años de oscuras tareas de espionaje que arrasan con las más recónditas zonas de privacidad.

¿No son otras formas de la conducta de los más elevados exponentes del golpeador, que ya no es un individuo y actúa como banda, a menudo desde el gobierno de turno?

Por supuesto, no caemos en emparejar a un femicida con quien exhuma el antiguo cuento del tío.
(Paréntesis casi ineludible: durante siete años de su vida de los que nada se sabe, el joven Gardel se ganó un par de prontuarios, destripados por sus amigotes conservadores de Avellaneda, por incurrir en esta vetusta y chamuyada modalidad de la estafa).

Desde Caín y Abel a Mauricio y Gianfranco, el tema de las yuntas bravas de hermanos ha descendido del teatro de Shakespeare y O´Neill a la crónica policial.

Abundan los apellidos con llamativo centimetraje en la materia.

Los Karamasov, Julio y Ataliva Roca, los Marx, los Frondizi.

Hermanos que supieron portar su lustroso patronímico, los Born y los Saguier han mostrado una marcada inclinación por mantener relaciones, de negocios y políticas, con sus secuestradores los Born, y con quién ordenó que se los sometiera a grosero espionaje, los Saguier.

Después de haber sido mancillado el honor de su capital, qué otro, Jorge y Juan Born fueron socios comerciales con Rodolfo Galimberti, sindicado como cabeza visible del comando de cuarenta miembros de Montoneros que los secuestraron en 1974.

Se trata del secuestro extorsivo de más elevado costo registrado en nuestro país.

Se pagaron 60 millones de dólares, que hoy equivaldrían a alrededor de 280.

Galimberti debió comer «el duro caviar del exilio» (el autor de la metáfora es el ex director-propietario de «La Prensa», Alberto Gainza Paz, tras regresar en 1955 de Montego Bay, en el Caribe).

Volvió en 1984 con documentos a nombre de César Shaffer.

Los Born seguían siendo eso, Born, dueños del más importante grupo económico de nuestro medio.

Se les adjudicaba sed de revancha, odio, esperanza de que la justicia
(cuando se entra en el área de los más altos tribunales impartiendo justicia conviene que la frase se esfume en un racimo de puntos suspensivos).

En 1989 Jorge Triaca, Julio Bárbaro, el Tata Yofre… y Galimberti acercan a Carlos Menem, candidato a presidente del peronismo, al riñón de los Born.

El resto es harto conocido

El riojano traiciona sus postulados de campaña y nombra ministro de economía al número 1 de Bunge&Born, Miguel Ángel Roig.

Toda carta tiene contra y toda contra se da, sentencian los versos de un tango.

Roig muere a cinco días de haber asumido.

Pero Menem maneja el mazo de naipes a piacere.

Su reemplazante es Néstor Rapanelli, casualmente quien era el segundo del extinto en la compañía.

Corcho Rodríguez (izq) con Jorge Born (centro) y su ex secuestrador Galimberti (der) en una foto de 1997.

Jorge Born y Galimberti posan para una foto en el hotel Lancaster.*

El neoliberalismo retoma 13 años más tarde la línea trazada a sangre y fuego por Joe Martínez de Hoz.

Se había acordado un armisticio, pero ¿en qué condiciones?

 

Se cuenta que Galimberti debía declarar que «el paco» (sigamos con la jerga tanguera) había pasado a «otras» manos.

En 1990 Menem se permite una orgía de indultos: ordenados al revés de su relevancia el favor beneficia a los carapintadas, Galimberti, Firmenich, Massera y Videla.

En 1995 Jorge Born, Galimberti y el Corcho Rodríguez fundan Hard Communications.

-Y sí, flaco, qué querés… Galimberti cumple 50 años y el Corcho le regala el carné de socio del Buenos Aires Golf, club elitista capitaneado por Mauricio Macri.

Corcho traba estrecha relación con Susana Giménez y los muchachos de «Hard» arman con la Su,  como estrella, un programa de tevé que haría época y recaudaría vagones de guita.

Para reafirmar sus fines benéficos anuncian que una parte de los ingresos por las llamadas del público sería destinado a la Fundación” “Felices los Niños”.

La creada por el padre Grassi, claro.

Al margen (si se autoriza un margen) de la pedofilia se descubre una cuantiosa estafa.

De 18 millones de pesos aportados por los espectadores la fundación grassiosa apenas percibió 400.000.

Son procesados Born, Galimberti, Corcho, la Giménez y directivos de Telefé.

Tronará el rigor de la justicia, titula un matutino.

En 2002 los procesados son absueltos.

Galimberti pone una empresa de servicios privados de inteligencia y se lo menciona como hombre de la CIA.

Y muere justamente el año de su absolución.

La de la justicia, no otra.

A unas pocas víctimas de golpeadores se les oyó decir: –“El pobre no era malo, tenía ese defecto”.

La saga de los Saguier arranca con que Julio y Alejandro, son hijos de Matilde Noble Mitre de Saguier, esposa del ex intendente capitalino.

Sobrina del fundador de «Clarín» y nieta de un Mitre.

Qué sangre, elogiaría un turfman.

En 1994 la señora había perdido buena parte de sus acciones de «La Nación».

Fernán Saguier nuevo director deLa Nación

Su hijo Julio gestionó un préstamo de 40 millones de dólares del Credit Suisse y con paciencia oriental empezó a comprar acción por acción a los descendientes de Mitre.

Sólo Bartolomé se negó a vender.

De resultas de esta maniobra madame Saguier pasó a tener el 66 % de las acciones del diario, el Mitre resistente conservaba el 10% y el resto se repartía entre poseedores anónimos.

En ese momento circuló la versión de que los dueños del diario eran los titulares de la banca offshore Barton (las cinco letras iniciales eran todo lo que quedaba del fundador).

Datos claves.

Llamaban la atención los ceros del monto de tal préstamo.

Se dijo que detrás de Julio operaba «Clarín».

¿Quién era asesor del Credit Suisse para Argentina?

 

Agostino Rocca, capo de Techint. que moriría en un accidente aéreo junto al periodista Germán Sopeña (FOTO), elegido por los Saguier para sustituir a José Claudio Escribano al frente de la redacción del diario.

Impresiona tanta coincidencia.

 

 

 

Hace algo más de un mes se supo que Mauricio Macri había aportado 14 millones de dólares para relanzar la señal de televisión de La Nación.

En su pantalla aparecen los columnistas mercenarios de Macri: desde Majul a Leuco hijo, Viale hijo (Majul también es hijo).

A la patriada con el lema Macri 2023 se sumaron con su óbolo Toto Caputo y Marcos Galperin.

Poco antes de conocerse esta sociedad había saltado el eco de una investigación basada en pruebas concluyentes: Julio Saguier había sido prolijamente espiado por orden de Macri.

¿O alguien puede creer que Arribas, tutor del apache eólico, o Majdalani eran capaces de actuar por su cuenta frente a un peso pesado?

Ante tamaña afrenta y muestra de desprecio y falta de confianza hubo silencio absoluto del saguierismo.

Los Born en 1989 y los Saguier ahora confirman que no todos los golpeados se niegan a perdonar a sus secuestradores y espías.

¡Cómo no celebrar que prevalezca el espíritu cristiano!

Tal vez los Born hayan añorado detalles domésticos del secuestro, un cigarrillo o un scotch ofrecidos sin palabras.

Tal vez Julio Saguier ha aprendido a convivir con la extraña sensación de saber que a uno lo han espiado en su bunker y el hoyo 9 de los greens de golf, que grabaron su voz en seis celulares y la cama, y que trascendió que entre el 6 y el 13 de noviembre de 1917 su paso se agilizó rumbo al baño por efectos de una persistente diarrea.

No obstante poseer un diario del peso de «La Nación» no se permitieron una crítica, una queja, ni siquiera esbozar un pucherito de bebé.

IL/