La guerra no ha cesado y la calidad de la soldadesca que tiene los cuarteles en Piedras al 1700 exhibe un creciente deterioro.

PERIODISMO DE GUERRA: DE MARIANO GRONDONA A JULIO BLANK

Por Ignacio Lisazo*

En 1966 el comunicado 150 obra del periodista Mariano Grondona, justificaba el golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Arturo Illia. Medio siglo después, Julio Blanck, jefe de política de «Clarín» afirmaba que el diario había hecho «periodismo de guerra», contra la presidencia de Cristina.

Por Ignacio Lisazo

NAC&POP

04/04/2021

En 1966 el comunicado 150 justificaba el golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Arturo Illia.

Su texto fue obra del periodista Mariano Grondona.

Medio siglo después un colega de Grondona, Julio Blanck, asumió la responsabilidad de admitir que «Clarín» había hecho «periodismo de guerra», sin eufemismos, marcadamente golpista, contra la gestión presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, que había llegado al gobierno sin proscripciones, es decir con mayor representatividad democrática que el de Illia.

Como el radicalismo en 1932, todo aroma a peronismo fue proscripto en 1964.

«Mis amigos, los coroneles Lanusse, Sánchez de Bustamante, López Aufranc – compañeros en la Escuela Superior de Guerra en que dicto cátedra -, me pidieron que redactara una proclama.

«Illia no entendió que las Fuerzas Armadas, cediéndole el gobierno, retenían el poder.»

«Ahora el gobierno y el poder se reconcilian, la Nación recobra su destino», explicó gentilmente Grondona como si en lugar de semejante comunicado se tratara del prólogo a un libro sobre el existencialismo o una carta de recomendación al jefe de personal de Techint (el programa televisivo de Grondona tenía apoyo publicitario de Paolo Rocca).

Me lo piden los amigos, qué querés que haga…, habría podido argumentar.

A ningún adulto medianamente informado que viva en tierra argentina se le escapa la catadura ideológica de Grondona.

Supo confesar: «lo racional en toda guerra es estar del lado de los ganadores».

Y también: «si no fuera por Pinochet, Chile sería otra Cuba». (Lástima que no se dio, lamentarán millones de chilenos a la luz de la realidad de uno y otro país frente a la pandemia).

Cocarda final: en 1974 su programa consagró hombre del año a José López Rega.

Blanck tenía 22 años menos que Grondona.

Y orígenes opuestos: Marianito venía de una familia de raigambre oligárquica, mientras que el joven Blanck había estudiado química y militado en la «Fede» del PC.

Después «cruzó el puente de plata que tendía Alfonsín a jóvenes de izquierda que abrazaban el sueño de un progresismo social demócrata», según el testimonio de un socio sirviente de Héctor Magnetto.

Del otro lado del puente, y de la plata, un par de décadas más tarde terminó levantando la bandera amarilla del Pro, lo que significaba renunciar al PRO gresismo social demócrata.

La nota de despedida de «la topadora» – apodo que conquistó en la redacción en que laburaran Raúl González Tuñón, Pepe Portogalo y Héctor Agosti, intelectuales del PC de los años 40/50, bancados por Roberto Noble – fue un reportaje a Mauricio Macri.

«Macri sabe qué hacer con el poder y cómo conservarlo», se atrevió a firmar.

En julio de 2016 se prestó a un reportaje despachándose a fondo.

«Hicimos periodismo de guerra.

Eso es mal periodismo.

Pero fuimos buenos haciendo ese trabajo.

Estamos vivos, llegamos vivos al final, al último día».

Tal declaración mereció distintas lecturas.

Fue tomada como una abnegada, valiente confesión.

Y no faltaron los que la interpretaron como un grito de victoria, un desafío.

Los interrogantes se amontonan haciendo cola.

¿Qué final?

¿Cuál fue el último día?

¿Quién no llegó vivo al final, al último día?

Resulta evidente que Blanck se creyó en condiciones de establecer que la fecha del final, el último día de la guerra, había sido el de las elecciones que previo patético bailecito sentaron a Macri en el sillón de Rivadavia.

No el de Yrigoyen, Perón, Illia y Alfonsín, el del vendido a la Baring Bothers.

Ocurre, sin embargo, que la vida, como el ajedrez, está llena de finales diversos y días con olor a último.

En 2018 muere Blanck y un año después el Frente para Todos triunfa en las elecciones.

Nadie fantaseó con que era una instancia final, ni que vivíamos un último día.

Hubo un indudable destinatario en el grito de victoria de 2016.

El único protagonista de esa etapa de la historia que no había llegado vivo al supuesto final, el presunto último día, era Néstor Kirchner.

En todo orden humano – en ocasiones la política no pierde humanidad – resulta jodido, sucio, los clásicos prefieren falto de ética, erigirse en vencedor, considerar vencido, a alguien que ha muerto.

Con ese gesto de jactancia de alardear a partir de quién está vivo, quién llega vivo al final, al último día, y por omisión apuntar al adversario que ha muerto, Blanck habilita a escribir estas líneas.

Kirchner no llegó al final que no fue, pero sigue y seguirá vivo, preparado para pelear los finales que vengan.

La guerra no ha cesado y la calidad de la soldadesca que tiene los cuarteles en Piedras al 1700 exhibe un creciente deterioro. Santoros, D´Alessios, Roas, como zaguero en la justicia independiente, Rosenkrantz.

Símbolo del derrumbe, sumándose a los cuarteles aliados asoma alguien al que a veces se le da por firmar Bartolomé Macri y otras Mauricio Mitre.

IL/